(Imagen creada con Gemini)
Estamos en septiembre y esta es la primera entrada del año en este blog, que creé en 2005 para hablar de todo, de muchas cosas y en el que ahora apenas digo nada. Ni siquiera de mis novelillas, que antes era capaz de concluir en poco tiempo y que en la actualidad me llevan meses y meses. Y es que, en contra de lo que decía un conocido anuncio de hace algún tiempo, en mi caso pesan más los años que los kilos.
No, aún no he asimilado el cambio de dígito. Y eso que esta misma mañana, hablando con una compañera y amiga, hemos llegado a la conclusión de que eso de tener sesenta años no es más que una forma arbitraria de medir algo, dada esa extraña necesidad que tiene la raza humana de medir todo. Es tan arbitrario como una de las cosas que digo a la gente cuando enseño el fondo antiguo de mi biblioteca y hablamos de incunables. Los incunables son los libros impresos en Europa antes del día de Pascua de 1501. Si se imprimieron en Pentecostés, ya no lo son.
Pues nada, que me apetecía decir cualquier cosa en un día como hoy, el día de mi cumpleaños. Como ya he hecho en otras ocasiones por estos pagos al caerme una cifra redonda. También, porque no se pase el año 2026 con este blog en blanco. Aunque sea este conjunto de bobaditas, al menos algo hay por aquí. Espero que lo próximo no aparezca en el día en que celebraré mi jubilación.

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