26.11.21

"Tesis letal": otro caso de la inspectora Susana Gutiérrez


He perdido ya la cuenta de las veces que he dicho que quería dedicar este blog a cosas serias y no a mis veleidades literarias, pero... Bueno, el caso es que en esta ocasión quizá pueda conjugar ambas cosas, mi trabajo y mis historietas que, con no poca osadía, llamo novelas. Y es que en esta ocasión los programitas de control de plagio tienen un papel protagonista. Hasta ahí puedo leer. Una tesis desaparecida es el centro de esta intriga, en la que además intento dejar atrás la pandemia. Mucho me he quejado para mis adentros por que las ficciones, televisivas y no televisivas, hayan obviado muchas veces lo que venimos padeciendo desde finales del invierno de 2020, pero he llegado a un punto en que tengo que coincidir con ellos y, al igual que hicieron en una serie de médicos como The Good Doctor, en la que después de dedicar todo un episodio al maldito virus salió su protagonista a decir que desde ese momento harían como si no existiera, en esta he acabado despachando las mascarillas y demás cuestiones. Ya está bien.

Tras este preludio, quiero reproducir aquí el "Agradecimiento" que, de forma excepcional, encabeza esta novela:

La literatura (pido disculpas por siquiera insinuar que son literatura las cosas que borrajeo)  no tiene por qué reflejar la realidad tal y como es. Sin embargo, no creo que eso esté reñido con que a la hora de escribir sobre lo que sea se intenten evitar los disparates. Por eso procuro informarme y documentarme; sigo a magistradas en las redes sociales con una gran vocación pedagógica que poca gente les agradece. Muy al contrario, los periódicos siguen diciendo muchas barbaridades, en gran medida derivadas de las series americanas que con tanto gusto consumimos («libertad con cargos», por poner solo un ejemplo). Pues bien, en mi caso ya tengo, aparte de esas juezas que admiro y sigo en las redes, a mi sobrino Sergio Martín Retana, flamante miembro del Cuerpo Nacional de Policía, al que consulto mis dudas y siempre me las resuelve con la amabilidad y simpatía que le son inherentes. Gracias, sobrino.

Como siempre, esta novela la tenéis disponible en Amazon, en este enlace.

22.9.21

Dos aniversarios y una reseña

(Juro y perjuro que quiero dedicar esta bitácora a otras cosas, no solo a hablar de mí y de mis criaturitas literarias. Prometo enmendarme, pero entre tanto he aquí otra entrada de las que "no quiero hacer".)

Dos aniversarios

Hoy me caen once por cinco. Número redondo, bonito según me han dicho algunas personas, con el que no puedo hacer la gracia de "tengo cuarenta y seis al revés". La verdad, me miro al espejo y me digo "tío, tienes cincuenta y cinco tacos" y no me lo creo mucho. Bueno, sí me lo creo al contemplar el cuerpo serrano que se refleja. Y se acabó hablar de mí, porque otro ente (un "ente de razón" que diría un filósofo) también cumple años este día. Se trata de mi criaturita literaria más querida, mi inspectora Susana Gutiérrez Mon, que tuvo a bien nacer un 22 de septiembre de 1982 en la maternidad de Santa Cristina de Madrid. Treinta y nueve le caen, le sobreviene una crisis existencial, la de los cuarenta. ¿Lo reflejaré en alguna de las futuras historias que cuente sobre ella? No lo sé. De momento, estoy enredado con la novela numero quince de las que le he dedicado y que espero acabar antes de que concluya este segundo año de la pandemia. Por cierto, en la novela intento liberarme de ella; no de Susana, evidentemente, sino de la dichosa covid-19. 

En otras ocasiones os he comentado por aquí que, en mis delirios, me imagino sus historias convertidas en serie televisiva y he hecho un "casting" en el que su papel se lo encomiendo a Marta Nieto (que nació el mismo año que ella). Siempre que veo salir a esta actriz murciana en la tele me digo "Anda, Susana". Me lo digo a mí mismo y también a quien tenga al lado, que me suele mirar entre sorprendido y condescendiente. Aquí hay una foto de Marta Nieto en la que veo siempre a Susana. Y aquí otra:


Hecha en los premios Goya de 2019 y cuyo autor (CC BY-SA) es Pedro J. Pacheco.

(Por cierto, en ese "casting" imaginario he asignado más actrices -con los caballeros tengo más dudas- a determinados personajes como la comisaria Menéndez, la inspectora jefa Mínguez, la subinspectora Fajardo, Isolda Ríos o Nines del Campo, sus amigas las detectives privadas, pero eso ya es demasiado y me lo guardo para mí.)

Una reseña



Jamás hago reseñas. Esta va a ser la primera y seguro que la última. Acabo de terminarme Feria, el primer libro de la joven escritora Ana Iris Simón que la hecho famosa no sé si a su pesar. Antes de hincarle el diente escuché y leí críticas feroces provenientes de cierto sector político que ponían a la pobre autora de hoja de perejil. Y como no me gusta que me presten las opiniones, en cuanto pude me lancé a leerlo.

Feria es, ante todo, un relato nostálgico de una infancia feliz. O al menos esa es la impresión que a mí me ha dado. Una infancia vivida en el mundo rural que tan desconocido es para quienes habitamos en las ciudades. Y sentir esa nostalgia no ha de ser algo tan raro. Hay una frase que circula por ahí que dice más o menos que la única patria de las personas es la infancia (creo que su padre es Rilke). No creo que idealizar esos recuerdos (y constatar que, dadas las circunstancias, la autora envidia la vida que tenían sus padres a su edad) sea algo retrógrado o incluso algo peor (un palabro, fascista, que está tan sobajado que al final va a ser desprovisto de significado, con el grave peligro que eso conlleva). ¿Es tan extraño pensar que hace treinta años, sin demasiados estudios aunque con un trabajo estable (sus padres son carteros los dos) se podían hacer muchas más cosas que hoy en día con un grado, un máster y tres idiomas a las espaldas? ¿No existe la precariedad laboral entre los jóvenes? ¿No se tienen que ir muchos a trabajar fuera? ¿No se pretende que desempeñen trabajos especializadísimos cobrando una miseria? Se puede criticar todo lo que se quiera y se pueden buscar todos los culpables que se deseen, pero negar la realidad no es una buena solución. Ojalá no fuese verdad; sin embargo yo, que soy casi tres años mayor que la madre de Ana Iris Simón, tengo claro que mis hijos lo van a tener bastante más difícil de lo que lo tuve yo. Lamentablemente, o cambian muchos las cosas o me temo que mi hija, cuando tenga la edad que yo tenía cuando ella nació, haga entonces una reflexión muy parecida a la de la autora de Feria. El mundo real es eso, por desgracia. Y sé que en esta época de mundos virtuales hay a quien le cuesta creer que hay vida más allá de Twitter o Instagram pero, creedme, la hay.

Otras críticas que se han vertido tienen que ver con la supuesta postura de la autora ante el feminismo o por haber citado -y acaso elogiado- un libro de Ramiro Ledesma Ramos, uno de los fundadores de las JONS e ideólogo fascista. En cuanto a lo primero, lo que yo creo entender es que lo que hace Ana Iris Simón es una crítica de lo que yo llamo "política homeopática". Como seguramente sabréis, la homeopatía es una pseudociencia que decía curar "lo mismo con lo mismo" (similia similibus curantur). La política homeopática, por tanto, lo que pretendería sería eliminar una tiranía con otra tiranía. Si para liberarnos de un yugo hemos de caer bajo otro, no hemos adelantado nada. El primer yugo imponía esto y aquello y, para librarnos de él, imponemos otras normas, aunque estas consistan en no hacer nada de lo que antes se nos obligaba a hacer. Yo creo que la verdadera libertad es poder elegir lo que se quiera, no que para considerarte liberado tengas que cumplir con unos nuevos preceptos aunque sean la negación de lo opuesto a los anteriores. Y en su totalidad, porque esta "política homeopática" es, además, dogmática y maniquea. No se admite el menor matiz, todo es blanco o negro, estás conmigo o estás contra mí, me tienes que comprar el paquete completo y, si no es así, ya sabes: fascista.

Otra vez el palabro. Cómo me acuerdo de ese personaje de la película de Pixar Los Increíbles, Síndrome se llamaba, que pretendía vender sus inventos a todo el mundo. Eran máquinas que otorgaban superpoderes y podían convertir en superhéroe a cualquiera. Su reflexión: "Todo el mundo será un superhéroe y entonces nadie lo será".

Apliquemos esto a esos calificativos. Si todo es fascismo, nada lo será y esto servirá para que cuando vengan los fascistas de verdad, no los veamos. (Lo mismo se aplica para otra jaculatoria habitual: el machismo).

En cuanto a lo de Ledesma Ramos, el libro que cita Ana Iris Simón es El Quijote y nuestro tiempo, escrito en 1924 (durante la dictadura de Primo de Rivera, esa con la que colaboró algún sindicato de clase y su dirigente), cuando su autor tenía diecinueve años y no sé si ya había sentado las bases ideológicas del fascismo español. No lo conozco, así que no voy a opinar, de igual modo que no opinaré sobre dirigentes o exdirigentes políticos que manejan y citan libros de cierto Carl Schmitt, cuya obra de igual modo desconozco.

En definitiva, os recomiendo el libro, que además está muy bien escrito y rezuma emoción por todas partes.

11.6.21

"Testigo imprescindible": Novela de la "fatiga pandémica"

 


Acabo de publicar por medio de la plataforma KDP Testigo imprescindible, el nuevo caso que hago protagonizar a mi querida inspectora Susana Gutiérrez. Han sido bastantes meses de una tarea un poco irregular. Empecé con ganas, como suele ser habitual, pero luego fui subiendo y bajando (sobre todo bajando), como los datos de la maldita pandemia. En octubre estábamos comenzando a salir de la segunda ola, pero no sabíamos que poco antes de Navidades se iba a desencadenar la tercera (en la que hizo acto de presencia Filomena, con la nevada más grande que yo haya visto), a la que casi no dio tiempo a bajar cuando llegó la cuarta, por suerte más suave que las anteriores... No estoy descubriendo nada nuevo, todos lo hemos padecido, a todos nos ha llegado la dichosa fatiga pandémica, que supongo que se manifestará de maneras muy diversas. En mi caso creo que ha impregnado la redacción de esta historia, que ha coincidido con la secuencia temporal que os acabo de describir; ya lo he comentado en las redes cuando he anunciado la aparición del libro, pero como la repercusión de esos anuncios es más o menos cercana a épsilon, no creo ser reiterativo si de nuevo hago el símil por aquí.

¿Por qué es una novela de la fatiga pandémica? Porque en ella creo que Susana ha hecho casi todo lo que se nos ha vetado durante estos larguísimos meses. En ninguna otra de las novelas la he puesto a hablar con tanta gente ni la he obligado a ir a tantos sitios, justo lo que yo no he podido hacer. Es más, la resolución se da a más de mil quinientos kilómetros del barrio de Chamberí, su entorno habitual (la foto de la cubierta es una pista). Todo esto no es una garantía de que la historia sea decente, de que entretenga a quien tenga la amabilidad de leerla. He de confesar que he tenido grandes tentaciones de dejar esta novela guardada indefinidamente en un cajón pero, al fin y al cabo, esa misma tendencia a épsilon que tiene la difusión de mis anuncios en Twitter o Instagram la tiene la distribución de mis novelas, que suelen ser leídas por un pequeño (mejor dicho, pequeñísimo) grupo de irreductibles que en ocasiones me animan para que siga. Así que al final me dije ¿por qué no? Los churros no siempre salen perfectos, en ocasiones alguno da pena verlo pero igualmente nos lo comemos e incluso puede que sepa bien... Así que ahí la tenéis. Ya os he puesto el enlace en la primera frase de este texto, pero si de nuevo os digo que la podéis conseguir aquí (gratis en formato Kindle si tenéis suscripción a Kindle Unlimited):


no creo que eso altere mucho el valor de épsilon...

15.12.20

Llegó el 15 de diciembre... Llegó el "Día de Garabitas"


Año raro este... En la primera entrada del olvidable 2020 hablé de orillar un tanto mis veleidades literarias y de tratar aquí más bien cosas prácticas relacionadas con mi verdadera profesión, la de bibliotecario. En parte lo cumplí, pero la maldita pandemia se puso por medio y el propósito se ha quedado más bien en eso, en un deseo. Ahora vuelvo a tener abandonado el blog, sin publicar nada desde agosto, pero... Ha llegado el 15 de diciembre, el que audazmente declaré hace ya tres años como el "Día de Garabitas". Os remito a esta entrada de 2017 para la explicación de esta osada frivolidad. Y a esta de justo hace un año para que leáis el primero de los capitulillos que tiene El cerro de Garabitas, mi segunda novela. En el mensaje de este año os voy a contar algo más de la historia de ese texto.


Hará un cuarto de siglo, año arriba o año abajo, empecé a borrajear algo que titulé Cuatro relatos madrileños, cuatro historias que tendrían en común el protagonismo de la villa que me vio nacer y que se ubicarían en cada una de las cuatro estaciones del año. La única que adquirió algo de cuerpo fue la del invierno, que, como os imaginaréis, fue el germen de El cerro. Más de veinte años durmió el sueño de los justos hasta que me decidí a volver sobre ella y convertirla de relato más o menos breve en novela. Pensé que no estaba del todo mal y, por tanto, decidí probar suerte en una editorial que acababa de conocer. Sé que me repito mucho (mi vanidad me lleva a veces a releer lo que publico por estos pagos), así que no voy a contar aquí esto, pues ya lo hice en su momento (en esta entrada de julio de 2015).

Lo que quiero contar hoy aquí es que después de cinco años y en vista de que la novela apenas se vendía, me decidí a pedir la resolución del contrato que me vinculaba con la editorial Libros.com (a la que siempre estaré agradecido) para poder publicarla por mi cuenta en Amazon. Y allí es donde ahora se adquiere (os pongo el enlace, está tanto en formato papel como Kindle), después de que hiciese levísimas correcciones. Levísimas por poco necesarias, ya que es la única de mis novelas que ha sido sometida al escrutinio de un corrector (que, todo hay que decirlo, tampoco me indicó demasiados fallos).

Pues bien, llegó el "Día de Garabitas", llegan las Navidades y por fin se va este 2020. No voy a expresar deseo alguno sobre el año que viene, ya que el dichoso Coronavirus no sabe ni de fronteras, ni de horas del día, ni de meses del año. El que arbitrariamente consideremos que el 1 de enero se pasa una página y empieza algo totalmente nuevo le da igual a ese amasijo de moléculas que tanto daño es capaz de hacer. He dicho que no voy a expresar deseos, pero de inmediato me retracto. Deseo una vacuna, deseo una inmunidad de rebaño, deseo poder abrazar de una vez a la gente que quiero sin tener miedo a nada más que a producir algún chasquido con la apretura. También deseo que si no sabéis que regalar, probéis con esta novelita madrileña, navideña y creo que optimista. Si es así, muchas gracias y espero que quien la reciba disfrute, casi tanto como yo lo hice al escribirla.

28.8.20

Novedad en Turnitin: Marcas de alerta


A la vuelta de las (presuntas) vacaciones y al entrar por primera vez a Turnitin, me he encontrado con una novedad: las "marcas de alerta" (o "flags" en la versión en inglés). Como os imaginaréis, me llevé una buena sorpresa y como mi curiosidad es casi patológica, me puse a indagar (ya que en ninguno de los informes que saqué desde entonces me salió nada en este apartado)

¿Qué son las marcas de alerta?

Si no lo he entendido mal, a partir de ahora el algoritmo de Turnitin no solo detectará coincidencias de texto, sino también otras cosas "sospechosas". Fundamentalmente dos, lo que llama (como veis en la imagen), "texto oculto" y "caracteres reemplazados".

Consultando la ayuda, he leído con cierta sorna cómo hablan de los vídeos que proliferan en YouTube con diversos trucos para "engañar" a Turnitin. Uno de esos trucos es, al parecer, la inclusión de texto oculto. El ejemplo que ponen es colocar comillas antes y después de un texto plagiado. De ese modo, si tenemos activa la opción de excluir citas, el programa no consideraría esa parte como una coincidencia, sino como una cita y no la resaltará. Pues desde ahora se acabó el chollo, ya que se nos indicará como una marca de alerta.

En cuanto a los caracteres reemplazados, otro truquito de los tramposillos es sustituir alguna letra del alfabeto latino por otra que sea parecida del griego o del cirílico, por ejemplo. De ese modo, el programa tampoco encontraría la coincidencia. Pues otra picardía que tampoco va a valer ya, pues desde ahora se nos señalará como otra marca de alerta.

Si queréis ver la explicación que da Turnitin y algún ejemplo gráfico de cómo nos señalarán esos caracteres reemplazados (que no pongo aquí para que no se considere plagio), consultad la página correspondiente (en inglés).

6.8.20

"Las hermanas Sutil": nuevo caso de la inspectora Susana Gutiérrez (en la pandemia)


Sigo con el paréntesis literario, propiciado por las vacaciones. Pronto volveré con otras cosas más serias y prácticas, pero dejadme que ahora os presente al último miembro de la familia, Las hermanas Sutil, el nuevo caso que ha de resolver mi querida Susana. Os voy a copiar aquí el prólogo que por primera y acaso por única vez he puesto a una de sus novelas (en seguida sabréis por qué), no sin antes indicaros que, como veis en la foto, hay un marcapáginas en el libro: se lo está leyendo mi chica, que es la crítica más implacable de mis garabatos (¡a ver qué me dice!...) Ahí va el prólogo, que a la vez sirve como presentación:

Nunca he sentido la necesidad de poner un prólogo a las historias de la inspectora Susana Gutiérrez Mon. Siempre he pensado que hay que cederle la voz, para que cuente sus peripecias y nos haga partícipes de ellas. Sin embargo, voy a hacer una excepción, sobre todo para explicar el subtítulo de «novela de la pandemia» que lleva este relato. 

El embrión de la historia de las hermanas Sutil se me ocurrió un par de meses antes de que la dichosa pandemia entrase en nuestras vidas. Fue curioso, pues creo que fue la primera vez que elegí el título de una novela –una tarea que siempre me cuesta mucho trabajo– antes de comenzar a escribirla. Pero luego, como digo, la pandemia no solo entro en mi vida, sino que se coló en la novela que empecé a escribir en los peores momentos, a finales de marzo, cuando la transmisión del maldito virus parecía no tener freno y aún se veía muy lejano el ya célebre y tan deseado «pico». Fue inevitable, por tanto, que esta situación horrible no interviniera como un personaje más en la trama que había ideado antes de su llegada y a la que no había sido invitada.

Pero quizá el impulso principal de este prólogo-explicación haya sido leer a ciertas personas renegar de la cantidad de «basuras escritas en quince días» que iban a aparecer como consecuencia de estos momentos de cruel confinamiento (hay que decir que, para asombro de muchos, el filósofo esloveno Slavoj Žižek ya publicó a finales de marzo un libro titulado Pandemic! acerca de la COVID-19 y la necesidad de reformar la sociedad actual, cuando ni siquiera se atisbaba el tremendo alcance que tendría la epidemia; estuvo disponible en español en el mes de mayo). «No habrá escritorzuelo que no pretenda dar su versión de esta época que nos ha tocado vivir, y ¿a quién le importa eso?», decían algunas voces, lamentándose de esta marea de gente que escribe –y que se cree escritora– propiciada por las redes sociales y las plataformas de autopublicación. 

Quien escribe se refleja siempre en sus obras de una u otra manera y quien diga lo contrario miente. Por muy fantasiosa que sea la historia, por muy alejada que parezca de la experiencia vital de quien la ha creado, siempre hay algo que se trasluce en los personajes que ideamos. Yo he utilizado mil veces a mi inspectora Gutiérrez para expresar mis opiniones sobre muchos de los aspectos de la sociedad en que vivo. ¿Por qué no convertirla ahora en vehículo de la multitud de sentimientos que una situación así ha provocado en mí y en quienes me rodean? 

Quizá sean fundadas las quejas de quienes ven intrusos en todas partes borrajeando páginas y más páginas sobre cómo ha afectado la pandemia a sus vidas –o sobre cualquier otra cosa. No obstante, en descargo de quienes lo han hecho –de quienes lo hemos hecho– habría que decir que esta «generación sin tragedia», como alguien que no recuerdo la ha calificado, ya tiene la suya. ¿Acaso habría que reprochar a las que vivieron la segunda guerra mundial, por ejemplo, que tal acontecimiento influyese en lo que escribieran o que impulsaran a mucha gente a poner por escrito sus experiencias relacionadas con aquella terrible tragedia? 

En definitiva, aquí tenéis un nuevo caso de la inspectora Susana Gutiérrez donde además os contará cómo ha reaccionado ante las diferentes etapas que hemos vivido durante la pandemia provocada por el coronavirus, desde el estricto confinamiento inicial hasta la «nueva normalidad» –de nombre tan inquietante–, pasando por las sucesivas suavizaciones del encierro. Es muy probable que sus reacciones coincidan, al menos en algún caso, con las vuestras y os identifiquéis con ella.

Si he sido capaz de suscitar vuestro interés, tenéis esta novela disponible en Amazon, tanto en formato Kindle como en papel.


12.5.20

Tres nuevos títulos (breve paréntesis literario)

Cuando comenzó este 2020 (vaya añito que se nos está quedando...) me propuse dar un pequeño giro a este mi blog más antiguo y dedicarlo ya no solo a mis veleidades literarias, sino a hablar de algunas de las cosas que hago en mi verdadero trabajo, el de bibliotecario. Mi intención no ha cambiado, pero como estamos en la época de los paréntesis, en este que ha abierto ese virus de cuyo nombre no quiero acordarme, voy a hacer otra breve incursión en mi faceta de aprendiz de escritorcillo. Después seguiré con Turnitin y cosas por el estilo.

La última vez que hablé de una de mis criaturitas literarias fue allá por el mes de septiembre. Desde entonces han visto la luz tres libros más sobre los que os voy a decir cuatro palabras en esta entrada.

La Quinta de Canillas


Iba a decir que se trata de "mi proyecto más ambicioso", pero os confieso que ya de por sí el poner el adjetivo "literario" en el título de esta entrada me parece una pretenciosidad... Por tanto, mejor comentaré que es mi novela más larga, la que más tiempo me ha llevado escribir (casi dos años) y que sería la primera de varias que contarían el devenir de dos familias en el Madrid del siglo XX (y quizá del XXI). Esta primera historia arranca en 1919 y llega hasta 1926 y en ella conoceremos a los Mejía Oviedo, familia aristocrática y empresarial, que vive sus momentos más prósperos, y también a Reme Gallardo, una joven que se tiene que buscar la vida de cualquier manera y a la que una gran desgracia conduce al punto de partida de lo que se convertirá en su triunfo... O no. Quienes hayáis tenido la amabilidad y la paciencia de leer alguna de mis otras historias (como Variaciones sobre tres nombres, El cerro de Garabitas o La vida ha de seguir) os vais a encontrar con personajes ya conocidos. Y una de las grandes protagonistas, como siempre, es Madrid, algo que he querido resaltar al elegir el plano de Facundo Cañada para la cubierta del libro. Como siempre, está disponible en Amazon en formato papel y Kindle.

Operación Hidra


Confieso sin rubor (porque si no, me lo guardaría para mí) que este libro y el siguiente son fruto de una superstición. Ignoro si esa manida frase que se atribuye a los gallegos ("yo no creo en meigas, pero haberlas, haylas") es cierta o un invento de algún gracioso, pero yo me la aplico. No soy supersticioso, pero la siguiente novela protagonizada por mi querida inspectora Gutiérrez iba a ser la decimotercera. El trece. ¿Qué habrá hecho ese pobre número, que tan mala fama tiene? El caso es que recurrí a un subterfugio (como Mahler con su Canción de la Tierra, para no escribir la Novena Sinfonía y morirse después) a la par que intentaba ensayar otro tipo de historia. Y salió Operación Hidra. Una novela en la que intenté plantear la trama de un modo semejante a como lo hicieron los guionistas de la serie Bron/Broen. Para quien no la haya visto (craso error): aparecen diversos personajes que no parecen tener relación alguna entre sí, pero al final... Eso no se cuenta. El caso es que entre esos personajes está mi querida Susana, que esta vez no lleva la voz cantante. ¿Es una novela suya? Sí y no, no y sí. Si lo queréis descubrir, ya sabéis, Amazon.

El libro de Susana


Trampas, subterfugios... Algún arrepentimiento tenía que surgir entre tanta picardía y por eso, en medio de Operación Hidra, escribí este librito. Era una forma de resarcirme con Susana, superar ese número fatídico junto con la otra novela y, de paso, arreglar varias cosas. Una es contar un par de sucedidos que muchas veces aparecen en las otras novelas y que nunca se aclaran. Son, en concreto, el caso del cadáver andarín (que se narra en El cerro de Garabitas desde otro punto de vista; ahora había que conocer el de Susana y Mena) y la tantas veces aludida trifulca que tuvo la comisaria Menéndez con los Mossos d'Esquadra. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, he introducido un par de textos, unas efusiones un tanto nostálgicas sobre el barrio de San Blas, donde viví hasta mi treintena, que difícil salida habrían tenido de otra manera. También en Amazon lo tenéis en ambos formatos.

26.2.20

Cómo interpretar un informe de Turnitin (I)

Así se ve un informe de similitud en Turnitin. Resaltado en rojo, el texto "fusilado" sin piedad

Bien, ya tengo mi informe de similitud de Turnitin. ¿Y ahora qué? Tengo un porcentaje, unas partes del texto marcadas con colorines... ¿Qué hago con todo esto? Ahí es donde está lo más arduo de un control de plagio, en la interpretación de los informes.

En un informe de Turnitin lo primero que siempre vemos es el porcentaje de coincidencia. Tienen un código de colores que van del azul (que correspondería a una coincidencia del 0 %; no os creáis que eso no existe, esta misma semana he obtenido una cosa así) al rojo.


¿Con esto ya nos vale? Sí y no. Sí, si obtuviésemos ese rarísimo 0 % o si el porcentaje es excesivamente elevado (¡ese 88 %...!), lo cual da para pocas dudas. Sin embargo, en la enorme escala de grises que hay entre uno y otro caso la cuestión se complica un poco.

Hace un tiempo me pidieron que buscase revistas que utilizaran por norma el control antiplagio para ver si tenían establecido un porcentaje por encima del cual rechazarían (o devolverían para corrección) los artículos que se les enviasen. No encontré prácticamente nada. Y esto es así porque solo el porcentaje (salvo en los casos que os he mencionado en el párrafo anterior) no tiene por qué ser un indicador de plagio flagrante. Dicho de otro modo, un feo resultado de un 35 % tal vez no suponga plagio mientras que uno de un angelical 8 % sí que lo puede ser. Tened en cuenta que esos porcentajes lo que nos indican es el número de palabras coincidentes que ha encontrado el programa. Pensad en una tesis doctoral de 800 páginas con 200 000 palabras (que las hay, ¿verdad, amiguis de Derecho?); un 8 % de 200 000 son 16 000 palabras, esto es, varios artículos completos que podrían haber sido "fusilados" sin contemplaciones.

En el otro caso, el del 35 %, nos podemos encontrar, por ejemplo, con tesis doctorales que sean recopilaciones de artículos que ha tenido que publicar previamente, como requisito para llegar a la defensa, su autor o autora. En ocasiones se trata incluso de reproducciones exactas del artículo tal y como apareció en su momento. Es un caso que se nos ha dado aquí, en la UC3M y que se ha resuelto estableciendo que en tesis de este tipo haya que indicar, al comienzo de la memoria, en qué artículos se basan total o parcialmente los diferentes capítulos del texto.

Otra situación relacionada con este segundo caso es la de las citas literales. No siempre se cita bien, se respeta el entrecomillado o el resaltado tipográfico, aunque luego la cita esté reflejada en el texto mediante el sistema Harvard -ya sabéis, eso de (Wilson, 2017)-, el numérico (utilizado, por ejemplo, en el estilo IEEE, donde las citas se señalan con un número encerrado entre corchetes [2]) o mediante una nota al pie, como en el estilo Chicago. En principio Turnitin está preparado para excluir las citas literales, pero otra cosa es que sea capaz de detectarlas:


Como veis en la imagen anterior, no solo se pueden excluir las citas, sino también las referencias bibliográficas, que, como es lógico, aparecerán en otros muchos textos y no son plagio. Además, tenemos la opción de no tener en cuenta un número determinado de grupos de palabras (ya se sabe que hay modismos del idioma que se repiten mucho y siempre aparecerían resaltados en los informes) o un porcentaje mínimo de coincidencia. En este segundo caso os comento como ejemplo que en la UC3M solo se consideran las fuentes de coincidencia que tienen más de un 1 % de similitud.

(Una curiosidad: sobre todo en artículos cortos que tienen mucha bibliografía, muchas veces Turnitin nos lo indica -si la bibliografía supone más del 15 % del texto del artículo- por si queremos desactivar esa opción.)

Para otro mensaje dejo cómo acceder a las fuentes originales para comparar los textos e indagar si en realidad ha habido "fusilamiento", vamos a repartir un poco la caridad...



29.1.20

Más sobre Turnitin: cómo excluir fuentes


¡Aaaaaargh! ¡He sacado el informe de Turnitin sobre un trabajo que me han entregado y ha salido un 97 % de coincidencia! ¡Plagio! ¡Anatema! ¡Horror! Como se sepa... ¡Ya no seré nunca ministro, ni siquiera director general...!

Venga, venga, no caigamos en histerismos, por mucho que el clima político-social de hoy en día sea un perfecto caldo de cultivo para ello. En esta vida casi todo tiene remedio...

Partamos de ese resultado: un porcentaje elevadísimo de coincidencia en un informe de Turnitin. ¿Qué quiere decir esto?

La respuesta es de cajón: el programa ha detectado que el 97 % del texto que hemos subido aparece también en otras fuentes, en las fuentes que suele consultar: repositorios de Internet, revistas de acceso abierto, páginas Web y (tengamos esto muy en cuenta) su propio repositorio interno.

¿Cómo lo interpretamos? Es evidente que esto puede querer decir que quien ha escrito el trabajo ha plagiado miserablemente. Si es así, asunto terminado. Expulsión a las tinieblas exteriores, donde todo es llanto y crujir de dientes...

Pero también hay otras interpretaciones y ahí es donde recupero la cuestión del repositorio interno de Turnitin que acabo de mencionar. En la entrada anterior ya os hablé de él. Cuando se configura un ejercicio en Turnitin una de las opciones que hay es almacenar los archivos que se suban en ese repositorio. Esto tiene sus ventajas y también sus inconvenientes.

La ventaja fundamental es que desde ese momento Turnitin también considerará ese archivo a la hora de comparar otros trabajos y así podremos saber si otra persona ha copiado el primer trabajo. Dicho a las claras, si mi estudiante del curso pasado le ha pasado su trabajo a un amiguete del curso presente y lo ha fusilado, sin más. Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones ni los trabajos de fin de máster ni los de fin de grado se almacenan en repositorios institucionales, de modo que esta sería la única forma de saber si son objeto de plagio.

Ahora, también presenta inconvenientes. En el caso de las tesis doctorales, por ejemplo, no lo hacemos (hablo del caso que conozco, que es el de mi universidad), porque muchas veces se producen modificaciones y correcciones de última hora y se han dado casos de tesis que han pasado hasta cuatro veces por el control antiplagio antes de seguir con el procedimiento. Si las hubiésemos almacenado, la segunda vez que las hubiéramos subido saldrían esos porcentajes horribles dado que suelen ser simples retoques.

Y claro, están los "accidentes". Esta especie de histeria propiciada por las noticias relacionadas con el plagio ha hecho que mucha gente se ponga un poco nerviosa. Nervios que yo siempre considero un tanto infundados, porque quien no ha plagiado (que es la inmensa mayoría) no debería tenerlos. Cierto que hay gente que tiene ciertas dificultades a la hora de citar bien los textos, sobre todo cuando las citas son literales, pero para eso está la interpretación de los informes, para distinguir entre una cita mal hecha y un plagio.

Pero no me quiero ir por los cerros de Úbeda. Esa "histeria" ha propiciado que haya gente que quiera pasar su propio "control" antes del oficial y, por ejemplo, le pide el favor a un amiguete de la Universidad X, donde también se usa Turnitin, a ver qué pasa. Y lo que pasa es que cuando nos llega a nosotros sale un muchísimo por ciento de plagio cuya fuente es un trabajo entregado a la Universidad X, con lo que ello supone a la hora de identificarlo con precisión (véase la entrada anterior).

Vaya follón, ¿no? Pues no, porque es fácilmente solucionable. Si sabemos con toda certeza que ese tremendo porcentaje de coincidencia proviene de un "errorcillo" es fácil excluir la fuente para que el informe que salga se ajuste a la realidad, es decir, que no estemos comparando nuestro trabajo consigo mismo. ¿Cómo hacerlo? Vayamos al informe de Turnitin; en él pulsaremos en el porcentaje que nos sale a la derecha de la pantalla para que nos aparezcan las fuentes de coincidencia:


La columna de la derecha se abre y muestra dichas fuentes:



¡Huy, esa del 16 % qué poco me gusta! Si resulta que entro y es una versión anterior en la que he basado esta y que publiqué en... Luego, me interesaría prescindir de ella. ¿Cómo lo hago? Primero, pulsando sobre la figura en forma de flecha que hay a su derecha:


La pantalla cambiará y aparecerá algo así:


¿Habéis visto el botón que está abajo del todo? "Excluir fuentes". ¡Ahí está la magia! Pulsémoslo:


Seleccionemos luego el cuadrito que os he marcado con un óvalo rojo; así marcaremos tanto la fuente principal como todas las "subfuentes" (otros documentos del mismo repositorio donde se han encontrado mínimas coincidencias). Veremos que entonces el botón gris que abajo nos dice "No se ha seleccionad..." cambia y se convierte en esto:


Una vez pulsemos "Excluir", el programa eliminará esa fuente de coincidencia y recalculará el porcentaje de similitud. En nuestro caso, hemos pasado de un sospechosillo 29 % a un mucho más presentable 17 %:


Así que, como veis, es bastante sencillo excluir fuentes y de ese modo corregir "pequeños deslices" causados bien por despistes o bien por esa ansiedad que si no es por tenerte en mis brazos musitando palabras de amor no es buena.

Por cierto, el proceso es reversible. Si por el motivo que sea queremos restaurar las fuentes no tenemos más que pulsar en el icono que representa una señal de prohibición:


En la siguiente pantalla tendremos la opción de restaurar todas las fuentes excluidas o bien las que seleccionemos mediante los correspondientes cuadritos:


Y eso es todo, amigos.








21.1.20

"Turnitin Paper View Request": ¿Qué hago si me llega un correo con este asunto?

En los últimos tiempos he dedicado este blog más bien a mis veleidades literarias. Sin embargo, este año que acaba de comenzar quisiera recuperar, al menos en parte, la idea original que me llevó a crearlo: hablar de cuestiones relacionadas con mi trabajo como bibliotecario. Y eso es lo que voy a intentar en esta entrada.

Aunque en la Universidad Carlos III de Madrid, en cuya biblioteca trabajo, se lleva utilizando Turnitin (un programa de control de plagio) desde hace muchos años, es ahora cuando se está empleando con más profusión. Creo que no es necesario mencionar los escándalos periodísticos que lo han traído al primer plano de la actualidad. Es muy probable que ello haya provocado que su uso en nuestras instituciones aumente considerablemente.

Aquí en mi universidad, por ejemplo, ahora es obligatorio que se emita el informe de coincidencia para que una tesis doctoral siga adelante con el procedimiento para su defensa. También empieza a ser común que los trabajos de fin de estudios, ya sean de grado o máster, pasen por este control.

De ahí que también empiece a ser común que a un docente le aparezca un mensaje de correo con asunto "Turnitin Paper View Request". Me han llegado algunas consultas al respecto, ya que el mensaje suele desconcertar bastante a quien lo recibe. Por eso voy a intentar explicar de qué va la cosa.


El mensaje misterioso

Cuando Turnitin elabora un informe de coincidencia lo que hace es señalar en el texto de nuestro archivo las similitudes que ha encontrado al comparar con diferentes fuentes (Internet y repositorios internos). También nos relaciona las fuentes donde ha localizado esas coincidencias. La mayor parte de las veces son revistas en acceso abierto, páginas web o documentos encontrados en repositorios de libre acceso. Sin embargo, también hay veces que la fuente es un trabajo entregado en otra universidad o institución similar. ¿Por qué ocurre esto?

Cuando se configura una tarea en Turnitin, entre las diferentes opciones que hay está la de almacenar o no los archivos que se suban en su repositorio interno. Esto tiene ventajas e inconvenientes. En el caso de trabajos de fin de grado o máster, si se almacenan en tal repositorio, nos servirá para ver si en cursos posteriores un estudiante ha copiado el trabajo de otro porque se lo hayan pasado, por ejemplo. Sin embargo, en los casos en que se permitan correcciones y, por tanto, se puedan subir los archivos varias veces no es conveniente hacerlo ya que en una segunda subida el trabajo tendría un porcentaje de coincidencia cercano al 100 % pues se estaría comparando consigo mismo (aunque esto se puede solucionar fácilmente, en otra ocasión hablaré de ello).

Sea como sea, a veces Turnitin nos indica que una de las fuentes de coincidencia es un trabajo entregado a otra universidad:


¿Cuál es el problema aquí? En cualquier otro caso, desde el informe podemos acceder a la fuente original para hacer nuestras pesquisas, pero si la fuente es de este tipo, Turnitin no lo permite por cuestiones de propiedad intelectual:


Esto no quiere decir que no lo podamos ver, el programa nos da la opción de "enviar una solicitud de permiso al instructor del autor" si pulsamos sobre el nombre de la institución. Entonces nos aparecerá lo siguiente:


Si pulsamos en "Enviar una solicitud para ver este trabajo" es cuando Turnitin genera de forma automática el "mensaje misterioso".

Ahora bien, ¿a quién se lo envía? Porque esta es otra cuestión que genera confusiones. Lo hace a quien considera "instructor", que no tiene por qué coincidir con la persona que ha creado el ejercicio. En nuestro caso, con Turnitin "incrustado" dentro de Moodle, suele ser quien figura coordinando el espacio (la "asignatura") en que se crea el ejercicio. Muchas veces esa persona es quien dirige el máster en cuestión o quien coordina el tribunal del trabajo de fin de grado, pero no el docente que ha creado y valorado el trabajo. Por eso, cuando llega el correo, no sabe de qué va. Así que en esos casos consultad a quienes se encarguen de dar apoyo en el uso de Turnitin (en nuestro caso se hace desde la Biblioteca) para que os lo aclaren (si es que no os habéis enterado con mis explicacioncillas).

¿Y qué hacer cuando nos llega ese correo? Si queremos que la otra persona acceda a ese documento para comprobar si hay plagio, simplemente se contesta, sin más. Así llegará automáticamente al otro instructor. Yo siempre digo que es conveniente dar esta ayuda (de no ser que haya alguna causa importante para no hacerlo), por una simple cuestión de reciprocidad. En un futuro puede ser nuestra universidad la que necesite hacer una consulta semejante y si en su día nos negamos o no contestamos...

15.12.19

Otra vez 15 de diciembre, otra vez, "Día de Garabitas"


No voy a volver a explicar mi osadía al haber declarado el 15 de diciembre «Día de Garabitas» al igual que el 16 de junio es el «Bloomsday». En un 15 de diciembre empieza la acción de mi novela El cerro de Garabitas, la primera que una editorial tuvo a bien publicar. No me enrollo más, porque lo que en realidad quería era dejaros el primero de sus capítulos (son muchos, cuarenta y seis, pero todos muy breves). Y si os gusta, al final os pongo los enlaces para obtenerla. Allá va.

Navidad en Madrid. Fechas odiadas por unos, indiferentes para otros, símbolo de felicidad y reencuentro para los más. Sin embargo, para los solitarios, para algunos solitarios, es el momento en que se exacerba más la sensación de vacío que siempre les acompaña. Ello a pesar de las multitudes que se reúnen sobre todo en determinados sitios, como la Puerta del Sol y sus aledaños. Vomita el Tragabolas chorros de gente que han traído aquí el metro o el tren de cercanías, que nada más salir, tras fijarse —o no— en los cimientos de la iglesia del Buen Suceso, se encontrarán con el enorme cono verde que quiere representar un árbol de Navidad, con el cartel de Tío Pepe cambiado de sitio por voluntad de una multinacional, con grupos de personas con extraños tocados —cuernecitos de reno, gorritos de Papá Noël, diademas de lucecitas, a cual más absurdo, que luchan por avanzar en la inundación humana. 

En las últimas tardes del otoño el cielo y el aire tienen una luz apagada, una bruma que vela el horizonte más lejano. Aunque los hornos y estufas de leña o carbón no son ya más que un recuerdo, aún parece que oliesen las hogueras que antaño calentaban las casas y los fogones; ese peculiar aroma entra en una nariz a la que el frío enrojece, un frío que no mitiga el calor humano, ni siquiera en el espantoso atasco que se forma, en estas fechas, entre las calles del Arenal y Mayor y hace de cruzar el breve trecho que las separa una verdadera odisea. 

Y es que, en general, atravesar la Puerta del Sol en Navidad es una odisea. Desde el Tragabolas, pasar por delante de la Casa de Correos, enfrente de la cual el Kilómetro Cero tan admirado por los forasteros se convierte en un punto de encuentro y aglomeración, y alcanzar la calle de Postas y dirigirse a la Plaza Mayor para pasear delante de los puestos y golpearse la cabeza con lo que tienen colgado en sus viseras, todo esto es una aventura para muchos deseada, terrible para otros, un agobio para la mayoría. En las variopintas tiendas que se encuentran en este trillado camino no cabe un alfiler; los bares, ayudados por la temperatura gélida, están llenos. Los puestos de los manteros, en las orillas de la calle, estrechan el chorro de viandantes que van y vienen. Todo es ruido, luz, humo, estridentes villancicos y otras músicas ratoneras que salen de los altavoces que usan algunos comerciantes como reclamo. En agudo contraste, las ancestrales tiendas de hábitos, con su muestrario que recuerda al espectador el color que corresponde a cada orden, como una ventana que se asomase hacia el pasado. 

Malos tiempos y malos lugares, pues, no sólo para quienes huyen de las aglomeraciones, sino también para los misántropos, para quienes han hecho de la soledad su compañera fiel y también para quienes la padecen sin desearlo. En estos tiempos y en este lugar sufrirán el azote de una alegría carente de motivo, un estado que hay que alcanzar porque sí, porque las fechas lo piden y porque todo el mundo está contento. «¡Es Navidad!» repetirán los lemas publicitarios de los grandes almacenes. «Es tiempo de paz, de amor, de regalos…». Sobre todo de regalos. Es tiempo de vaciarse los bolsillos, de comer y beber sin freno, de estar feliz porque hay que estarlo, de querer mucho a todo el mundo… Cuando tienes alguien a quien querer.

Pues nada, si os ha gustado y queréis mas, aquí la podéis conseguir.

20.9.19

"Carambola": nuevo caso para la inspectora Susana Gutiérrez


Esta vez ha tardado más, pero ahí esta la duodécima novela que he dedicado a mi personaje predilecto, la inspectora Susana Gutiérrez. Poco os voy a hablar de ella, no sin indicar que esta vez me ha costado mucho sacarla adelante. En contra de mi costumbre, han sido muchos meses de gestación, con numerosos parones y ha habido que limar incoherencias y cambios de ideas que luego no fraguaron en el resultado final. Además, en estos meses que han pasado desde que en abril tecleé las primeras palabras ha habido momentos en los que el acto de escribir no ha tenido para mí el efecto catártico que siempre busco.

Por tanto, quiero más bien fijarme en el tipo de novela que es. ¿Policíaca? ¿Negra? Creo que ni lo uno ni lo otro, lo cual quizá sea buena cosa en esta época de superabundancia de escritores y dizque escritores (o de aprendices, como un servidor) de novelas de este género llegadas desde múltiples rincones del mundo y con un positivísimo auge de protagonistas mujeres. ¿Por qué digo que ni es policíaca ni negra? Los crímenes que resuelve mi inspectora no son más que excusas para hablar de lo que sucede a mi alrededor y expresar, por medio de ella, de sus compañeros y de sus amigos y familiares, lo que pienso sobre ello. En este caso me he explayado sobre las redes sociales, sobre su huida del mundo real, sobre las "estrellitas" de oropel que se forjan a su amparo, sobre los disparates y barbaridades que se dicen escondiéndose en su anonimato y, lo que es peor, el eco que los medios de comunicación considerados "serios" les dan, excesivo y peligroso. (Hasta me he inventado un nuevo oficio nacido a la sombra de Twitter, el de "buscamierda"). No se puede tomar lo que se dice en las redes como la vox populi, tal y como se hace hoy en día, porque luego nos podemos dar el baño de realidad en forma, por ejemplo, de resultados electorales inesperados para ciertos partidos muy presentes en las redes pero cuya vida fuera de ellas es más que precaria. Esto en el mejor de los casos, pues las redes sociales suelen dictar veredictos de culpabilidad que luego, aunque los cargos sean falsos, son imposibles de borrar del todo. Se han convertido en terribles altavoces de la típica charluza de bar o corrillo de escalera, que antiguamente no solían verter sus soeces excrecencias más allá de la entrada del establecimiento o el portal de la finca.

En todas las demás novelas protagonizadas por mi querida Susana he intentado tocar palos de este tipo. En ellas no solo se resuelven crímenes, se repasa ese mundo real del que tantas personas quieren huir. Me gustaría que la poquita gente que me lee se hubiese dado cuenta de ello...

Si queréis, podéis conseguir el libro, tanto en papel como en formato electrónico, en Amazon, como siempre, a precios populares.

17.7.19

El 18 de julio de 1936 en Madrid, según Clara Ruiz

Foto de Mikhail Koltsov
(Dominio público)

Mañana es 18 de julio, una fecha de infausta memoria pues tal día del año 1936 se consumó el golpe de estado que acabó con el primer intento de dar un régimen realmente democrático a España. Os traigo unas páginas de mi novela La vida ha de seguir, en las que su protagonista, Clara Ruiz de Segovia, narra cómo lo vivió ella.

En Madrid el ambiente era caluroso y tenso. Tras los asesinatos de Castillo y Calvo Sotelo las posturas políticas se habían enconado y se temía un enfrentamiento muy grave y violento. Sin embargo, al margen de la política, los altercados y tiroteos que veníamos padeciendo desde febrero parecían haber remitido y se podía hacer una vida casi normal. Las terrazas de los bares y cafés estaban llenas, la gente paseaba al fresco en cuanto se iba el sol y se mitigaba un poco el tórrido calor. Por muy mala que fuese la situación, por muy duros que fuesen los choques dialécticos en las Cortes, la mayoría de los madrileños, incluso los pocos que se interesaban por lo que pasaba y procuraban informarse, como Juan y yo, ni sospechábamos lo que se estaba fraguando. 

El sábado 18 de julio, muy temprano, comenzamos a escuchar un tumulto por la calle que nos llamó la atención; al poco empezaron a sonar disparos. Pusimos la radio a ver si decía algo sobre la cuestión, pero no fue así. Los gritos que entraban por la ventana nos dieron pistas de lo que sucedía:
–¿Qué pasa?
–¡Están pegando tiros al Cuartel de la Montaña! ¡Se han sublevado los militares! 

Seguimos atentos a la radio, donde no se tardó mucho en anunciar que el ejército se había levantado en armas en África pero que el pronunciamiento había sido desbaratado. 
–¿Otra vez? ¿Como en el 23? –me dijo Juan. 
–Pero en esta ocasión no han tenido éxito, al parecer –le contesté, deduciéndolo de lo que se comentaba en la radio. 

Sin embargo, la situación se complicó y las noticias que llegaban eran cada vez más confusas. En la calle arreciaron los gritos. A lo largo del día se supo que se habían alzado contra el Gobierno no solo los de África, sino guarniciones de media España. En Madrid hubo movimiento en algunos cuarteles, pero yo no veía militares por las calles, sino más bien grupos de obreros que pedían armas para «aniquilar a los fascistas». Muchos iban hacia la calle de Piamonte, muy cerca de nuestra casa, ya que allí estaban la Casa del Pueblo y la sede de las Juventudes Socialistas. 

Nos enteramos por fin de que los pocos militares sublevados de Madrid se habían encerrado en el Cuartel de la Montaña, tal y como habíamos oído por la mañana, y se habían hecho fuertes allí. Las tropas leales y milicianos armados iban a reducirlos. Tras varias horas de titubeo –y de varios cambios en la presidencia–, el Gobierno accedió a la petición de repartir armas a esas turbas que llevaban reclamándolo desde el principio y muchos se unieron a los sitiadores del cuartel. 

Vista esta situación, pensamos que todo había sido una simple algarada que el Gobierno, con la ayuda del pueblo, había sofocado sin problemas. No obstante, pronto nos dimos cuenta de que no fue así. Juan me llamó desde el hospital diciendo que tardaría en volver a casa, ya que había multitud de heridos a los que atender. 
–¿Heridos? –le dije–. ¿Pero tan grave es la cosa? 
–Mucho más de lo que pensamos –me contestó–. Me han dicho que medio ejército se ha sublevado y que se preparan para marchar sobre Madrid. Habrá guerra. 
–¿Guerra? ¿Pero qué dices? 
–Sí, Clara, guerra… 

La última frase la pronunció con la voz entrecortada por la emoción. Yo colgué el teléfono y me derrumbé en la silla. ¡Guerra! ¡El ejército marchando sobre Madrid! No me despegaba de la radio para ver si me podía enterar de algo. Se decía que al mando de todo estaba el general Mola, que se había sublevado en Pamplona. Otras ciudades como Sevilla, Salamanca, Burgos, Valladolid, estaban también en manos de los rebeldes. ¡Valladolid! De inmediato me acordé de mi tío y de mi abuela y mi madre, en la casa de Cercedilla. ¿Qué habría pasado? Si los sublevados venían desde el norte a tomar Madrid, tendrían que cruzar la sierra y ese era sin duda un punto fuerte para la defensa. ¡Y Cercedilla estaba al lado!

Lo anterior pertenece al capítulo VII de esta novela, en la que he reflejado algunos de los recuerdos que me transmitió mi abuela Asunción, que pasó la guerra en Madrid. Si os ha gustado y tenéis interés en esta historia, donde se cuentan muchas cosas más, la podéis conseguir en Amazon en formato papel o Kindle. Si es así, os lo agradezco de antemano.

5.3.19

"Asesinato en la embajada", un nuevo caso para la inspectora Susana Gutiérrez


Tenemos nuevo caso para mi querida inspectora Gutiérrez. Esta vez se enfrenta a un reto complicado, un crimen que se perpetra en el interior de una embajada, con todo lo que eso conlleva: extraterritorialidad, inmunidad diplomática... Se tendrá que empollar la Convención de Viena y también elegir entre el gran muestrario de enemigos de todo tipo que tenía la embajadora Astrid Nilsson (a quienes gusten de la música de Wagner les sonará este nombre).

En definitiva, aquí está la undécima novela que he dedicado a mi personaje predilecto. Como siempre, dentro de la trama policial propiamente dicha he ido dejando algunas pildoritas relacionadas con la actualidad que nos toca vivir. La hipocresía de los políticos, el odio como eje de las disputas entre partidos, la actuación de ciertas potencias extranjeras para desestabilizar las democracias occidentales por medio tanto del crimen organizado como de partidos extremistas... Lo habitual. Y también es habitual mi guiño a los Asperger por medio del personaje de Cris, la documentalista de la comisaría, que tiene su papel en esta historia.

Quienes tengáis la amabilidad y la paciencia de seguir estas entradas, podréis comprobar que ha habido un cambio de diseño en la cubierta del libro. Ello se debe a que Amazon ha trasladado su plataforma de autopublicación de Create Space a KDP y el editor de cubiertas es diferente. Ya no está la plantilla que yo utilizaba, así que ha habido que renovarse. Espero que sea para bien.

Si queréis leer esta historia, la tenéis tanto en formato Kindle (ahí podéis leer las primeras páginas) como en papel, a precios populares.

22.12.18

¡Felices fiestas!


Llega la Navidad, época de costumbres arraigadas, como la de felicitar a todo el mundo y tener los mejores deseos para el año que está a punto de comenzar. No voy a ser menos; ahora bien, voy a dejar que sea mi personaje más querido, la inspectora Susana Gutiérrez, la que os haga un modesto regalito: las primeras páginas de la sexta novela de la que es protagonista, Los papeles de Juana, una historia que justo arranca un 22 de diciembre y en la que mi inspectora tiene un doble desafío: investigar el asesinato de uno de los agraciados con el Gordo y la primera visita de los padres de su novio, Asís. Sirva esto no solo como felicitación sino como agradecimiento por mi parte a quienes seguís estás páginas. (Y de paso, como muestra de estas novelas, «a cala y a prueba», como decían en mi barrio los meloneros ambulantes de mi niñez). Allá va:

Ante la Navidad, no caben medias tintas: o te encanta o la odias. Yo pertenezco al primer grupo, pues siempre he disfrutado con esas fechas en las que se dispara el consumismo, se muestran con poco pudor determinados sentimientos que parecen aletargados el resto del año y todo el mundo se siente impelido a hacer cosas que en otros momentos ni se les ocurriría intentar porque lo impiden el sentido común y lo poco que queda en el bolsillo a fin de mes. Cuando diciembre avanza ya voy notando la aproximación de los días señalados, esos en los que el ambiente parece distinto, cuando el cielo velado de un año ya agonizante va a dejar paso al nuevo, en que el aire será más luminoso y límpido, después de la ceremonia casi pagana de la reunión familiar ante la tele para devorar doce uvas al son del reloj de la Puerta del Sol. Fue tal vez en la época en la que más distanciada estuve de mi familia cuando me di cuenta de estas cosas, que antes pasaban casi desapercibidas. Y por eso ahora lo vuelvo a valorar mucho más. Mi trabajo no me permite disponer de estos días de fiesta como yo quisiera, pero de unos pocos años a esta parte procuro disfrutar de las fechas más típicas de la Navidad con mi familia. 

Además, este año iba a ser especial, pues los padres de Asís, mi novio, por fin se dignarían venir a Madrid desde su adorada Cartagena para pasar por primera vez tan entrañables días con nosotros y con mi familia, en un innecesario gesto de «formalización» del vínculo que ya desde hacía bastante tiempo nos unía. A mí tal cosa me importaba poco, pero sí quería que al menos nuestros padres se conociesen; no soy amiga de convenciones ni de ceremonias, pero no creo que hubiesen de seguir actuando como si Asís y yo no tuviésemos nuestras respectivas familias y, así, prescindiésemos de ellas. 

Por tanto, ese día, 22 de diciembre, tenía una cita ineludible, que no era otra que acudir, junto a Asís, a la estación de Atocha a recoger a sus padres, que llegarían en el tren de las 14.16 proveniente de Cartagena. Pero, antes, por la mañana, había que ir a trabajar. 

La comisaría parecía haberse contagiado de eso que llaman «espíritu navideño». No solo porque a alguno se le hubiese ocurrido poner un arbolito de Navidad y dos o tres guirnaldas raquíticas, sino porque, aprovechando la ausencia de la comisaria Menéndez, de viaje oficial en Argentina, había quien se había colocado un gorrito de Papá Noël e incluso varios compañeros se estaban permitiendo el lujo de seguir el sorteo de la Lotería en una de las televisiones que habitualmente usábamos para ver qué decían o, más bien, interpretaban a su manera los informativos de nuestras actuaciones. Tengo que confesar que en más de una ocasión, cuando acertaba a pasar al lado, me quedé embobada escuchando la habitual jaculatoria de los niños de San Ildefonso. «Miiiiil eeeeuros…» ¡Qué recuerdos me traía la dichosa cantinela! Hacía ya algunos años que no me había detenido ante una pantalla para verlo y aquella mañana ese gesto insignificante me retrotrajo a la niñez, cuando lo que se escuchaba era «ciento veinticinco miiiiil peseeeetas…» y yo tenía claro que ya habían empezado las vacaciones y con ellas las cenas y comidas con abuelos y primos, los regalos, las visitas a Cortylandia –en hombros de mi padre, para poder ver algo– y a los Reyes Magos para pedirles todo lo que se me ocurriera, es decir, todo lo que había visto en esos bonitos folletos llenos de preciosos juguetes que por arte de magia aparecían en nuestro buzón… 

Fue mi compañero Mena quien me sacó de este ensueño. 
–¿Todavía por aquí, Gutiérrez? –me dijo–. ¿No te ibas a buscar a los suegros? 
–Aún no. He quedado con Asís en casa a la una y media. Tengo cosas pendientes. 
 –No creo que sea nada que no pueda esperar hasta mañana… Vete ya, mujer, son más de las once y media. 
 –Tengo tiempo… Pero, espera… 

Interrumpí a Mena porque los niños acababan de indicar que iba a salir un premio de los grandes. Y tan grande… ¡Era el Gordo! Otro año que se había hecho de rogar… El niño y la niña, ambos de aspecto sudamericano, andaban marcando el paso y con una enorme sonrisa, una mano alzada con las bolitas y la otra situada en la espalda, hacia la mesa, donde otro grupo de sonrientes damas y caballeros esperaban para ratificar el premio. Con una rapidez que de pequeña –cuando la informática no se había hecho aún dueña de nuestras vidas– siempre me pasmaba, los locutores de la televisión apenas tardaron unos segundos en indicar los muchos lugares de España en los que se había repartido el premio. La Coruña, Sort (como no podía ser menos), Vitoria, Madrid, Écija, Villarrobledo, San Cristóbal de La Laguna… No tardaríamos en ver en esa misma pantalla a los afortunados saltando, riendo y brindando con cava o sidra en vasos de plástico para celebrar su suerte y luego decir que el dinero les iba a venir muy bien para tapar agujeros o ayudar a los hijos...

Una de las compañeras elevó su voz por encima del tumulto formado sobre todo por lamentos de los que no habían sido señalados por la fortuna. 
–¡Anda, si también ha tocado por aquí! 
–¿Cómo dices? 
 –Sí, creo que han dicho la administración número 645, «El pececillo de plata». ¿No es esa la que está…? 
–En Trafalgar, al lado de mi casa –dije yo, desolada–. Ahí echo todas las semanas la Primitiva y compro la lotería de Navidad, pero me temo que de ese número no… 

Era cierto, no es que fuese una gran jugadora de lotería; de hecho solo me hacía con algún décimo para Navidad por una costumbre adquirida en la universidad. Solía intercambiar participaciones con mis padres y mi hermano y con algunas amigas, algo que en realidad me servía para mantener el contacto con ellas aunque solo fuese por ese medio, es decir, la felicitación navideña que siempre acompañaba el papelito de la suerte. La verdad es que sentí cierta desazón… ¡Qué faena! Tantos años comprando allí y para una vez que toca, tengo otro número… 

Poco me duró el mal sentimiento. En seguida y entre todos cumplimos con esa tradición que hace del primer día oficioso de las Navidades el de la «salud». Que, por supuesto, es lo que de verdad importa, mucho más que la fortuna. Y además, como todo el mundo sabe, en el sorteo de Navidad es en el que menos dinero toca… 

 –En fin, ahí os quedáis –dije a Mena–. Voy a ver si acabo un par de cosas que tengo aún pendientes y ya me voy.

Lo dicho, os deseo una muy feliz Navidad y un maravilloso año 2019.

11.10.18

"La mujer de la foto": un nuevo caso de la inspectora Susana Gutiérrez



Quienes tengáis la amabilidad (y la paciencia) de seguir estas páginas tal vez os hayáis dado cuenta de que he tardado un poquito más de lo habitual en poner a trabajar de nuevo a mi inspectora predilecta. Esta novela, que ya es la décima, ha tenido un proceso de "cocinado" algo más lento. Se lo debía a Susana, después de las dos "locuras" anteriores, una dedicada a mis veleidades (o delirios) literarios y otra en la que mi intervención como autor iba mucho más allá de lo aconsejable. Se lo debía. Tenía que hacerla de nuevo protagonista absoluta de una historia en la que yo me limitase a poner en el papel su narración (aunque tal vez haya una mínima excepción, quién sabe...)

En esta ocasión una fiscal es asesinada con un peculiar ritual y sin que su asesino haya dejado pista alguna; a esta dificultad se suma que el caso lo instruye la temible juez Alicia Salguero, que además es amiga de la interfecta. Pero, ¿qué son las dificultades para Susana Gutiérrez Mon? ¡Un aliciente más! Así que su tenacidad, su cabezonería y su imposibilidad para aceptar que un caso se cierre en falso la llevarán a buscar al culpable pasando por encima de quien haya que pasar.

Si he logrado que os intereséis por esta nueva aventura de mi inspectora, ya sabéis que la podéis conseguir en Amazon tanto en formato papel como para Kindle. ¡Que la disfrutéis!

14.8.18

Segunda edición de "Fanny y otros relatos"


En la entrada anterior expliqué los motivos que me habían llevado a sacar por mi cuenta una segunda edición de mi novela La vida ha de seguir y, por lo tanto, a ella me remito, pues no son distintos para este caso. Lo que sí voy a repetir es que deseo que la aparente desaparición de la editorial Playa de Ákaba sea eso, solo aparente, y pronto la tengamos de nuevo dando difusión a la obra de autores desconocidos. En el caso del libro del que trata esta entrada, Fanny y otros relatos, hay otra: la inclusión de un par de cuentos que por uno u otro motivo no pudieron aparecer en la primera edición de marzo de 2017. Agotados los 140 ejemplares de esa primera edición, la segunda está disponible en Amazon, tanto en papel como en formato Kindle.

Como en el caso de La vida ha de seguir, os incluyo aquí el prólogo a esta segunda edición, donde explico con más detalle lo que se puede encontrar en este libro, en cuya cubierta, por cierto, he conservado el dibujo que hizo mi hija Inés.

PRÓLOGO PARA LA SEGUNDA EDICIÓN 

En marzo de 2017 publicó Playa de Ákaba la primera edición de este volumen, que contiene la novela corta Fanny y todos los cuentos sueltos que he conseguido terminar en los últimos veinte años, más o menos. Alguien se podría preguntar cómo es posible, si el intervalo es tan largo, que el tomo sea más bien poco grueso. La respuesta es sencilla: siempre me ha gustado escribir, pero durante mucho tiempo era uno de esos pasatiempos que se dejan al margen, porque siempre aparece algo más importante que hacer. Sin embargo, desde que en junio de 2015 la editorial Libros.com aceptó publicar mi novela El cerro de Garabitas (la segunda que completé desde que en las Navidades anteriores comenzó mi efusión literaria) me lo tomé algo más en serio, después de años y años de barbecho. Luego, por medio de Paz Martín-Pozuelo, escritora y compañera en la Universidad Carlos III, conocí Playa de Ákaba, la magna empresa de Noemí Trujillo, poeta e incansable «agitadora cultural», que fue la primera que tuvo a bien dar a la imprenta uno de mis cuentos, en concreto El viaje de Beatriz, en el segundo tomo de la antología Generación Subway. La sensación que tuve al ver por primera vez mi nombre y mis palabras en las páginas de un libro no la olvidaré jamás y solo por eso se merecen tanto esa mítica y laurentina playa como Noemí mi eterna gratitud. 

¿Por qué esta segunda edición? Aparte de corregir algunas erratas de la primera, debidas a mis prisas porque apareciese el libro cuanto antes, he querido incluir un par de relatos que no estuvieron allí. Uno se titula Un escritor en ciernes (*), de los primeros cuentos que escribí –y que conservo–, cuyo tono tal vez demasiado sarcástico me impidió proponerlo para su inclusión en alguna de las antologías en las que sí aparecieron muchos de los otros. El segundo es Patricia, del que os hablo un poco más abajo. 

Voy aprovechar, además, para dar una somera descripción de lo que tú, que has tenido la amabilidad de abrir este libro, te vas a encontrar. 

Fanny es una breve novela que está basada en un personaje real al que tengo gran aprecio: Fanny Giannatasio del Río. Se trata de una dama vienesa que, en el primer tercio del siglo XIX, tuvo tratos con Ludwig van Beethoven y dejó plasmada en su diario la fascinación que sintió por el gran genio de la música. Siempre he pensado que los biógrafos del compositor la han tratado con cierto paternalismo no exento de burla y por eso he querido homenajearla convirtiéndola en la heroína de mi texto, basado –con bastante fidelidad– en su diario pero cuya acción se traslada de la Viena del Congreso al Madrid de 1964-69.

He dicho heroína pero sería más propio llamarla antiheroína. Fanny es una mujer de su tiempo (la Viena del Biedermeier o la España de los «veinticinco años de paz»), es todo lo contrario a lo que puede y debe aspirar una joven de hoy en día. Sin embargo, su sentimiento es tan sincero y conmovedor que, si procuramos no cometer el error, tan habitual hoy en día, de sacarlo de contexto, nos puede contagiar sus emociones y no dudo de que Fanny gozará de la simpatía de quienes la conozcan.

Tras Un escritor en ciernes viene El loco del puente, poco más que una tragicomedia juvenil que data, con seguridad, de los años inmediatamente posteriores a la finalización de mi carrera, cuando aún sentía cierta nostalgia por mi época estudiantil –y cuando mi forma de escribir era más que ampulosa... 

Vanidad fue mi primera incursión en el género fantástico y también el primer relato que presenté a un concurso literario, por supuesto sin éxito. 

Huellas ferroviarias en el valle del Alberche más que un cuento es un breve ensayo, unas impresiones causadas por los restos del modesto ferrocarril nonato que tuvo la pretensión de unir Madrid con Extremadura y Portugal pero apenas pasó de San Martín de Valdeiglesias. Es el único de mis textos que ha obtenido un premio. 

Revancha fue fruto de eso que he llamado «efusión literaria», que proseguía tras la terminación de Variaciones sobre tres nombres, la primera novela que fui capaz de concluir. Tiene mucho que ver con ella, aunque no lo parezca. 

Viaje astral por Getafe es un arabesco hecho en homenaje a la ciudad en la que vivo desde hace más de veinte años y a sus gentes, aunque sea a través de la ironía –no siempre piadosa. 

Con El viaje de Beatriz quise compensar, de alguna manera, a un importante personaje de mi novela El cerro de Garabitas, por su tardía aparición en la historia. 

Próxima estación… está bastante en su línea; él y el anterior son los relatos más «Generación Subway» de todos. 

El asunto de Una cantata de Navidad no es muy difícil de deducir; su fuente de inspiración fue la maravillosa obra musical del mismo nombre, del compositor francosuizo Arthur Honegger. 

Al intento de incursión en la lírica de El paraíso es… sigue La residencia, un cuento que es un homenaje a Poe y que se basa en un relato que escribí en 2002, tras una visita estival a una residencia similar en la costa de Málaga, y cuya versión original incluyo en el Apéndice de este libro. 

Mas para incursión en lírica la de Un beso, un sueño, lo más cercano a la poesía que haya escrito jamás. 

Otra vez el Edén en el título de Dos paraísos, donde se nos propuso la utilización de la célebre frase de Borges relativa a las bibliotecas. 

En Lo importante destaco el contraste entre la superficial vida que llevamos hoy en día y la sencillez de quienes saben lo que merece la pena de verdad. 

El Villancico de los niños que ya no tienen casa vuelve a la Navidad y vuelve a la música, pues ese es el título de la canción de Claude Debussy que me dio pie para este texto. Más que un cuento es una pequeña escena teatral de la cual hago protagonistas a mi querida inspectora Susana Gutiérrez y a su pareja, Asís. 

Por último, Patricia, que no dio tiempo a insertar en la primera edición y que es un homenaje a Virginia Woolf y a su forma de entender la literatura –con la que coincido bastante– y la vida de las mujeres. 

Para terminar, me vuelvo a dirigir a ti, que tienes este libro abierto, para desear que disfrutes de él.

(*) Ni que decir tiene que la novela del mismo título, protagonizada por la inspectora Gutiérrez y de la que ya hablé por estos pagos, está basada en parte en este cuento.