22.11.06

Soy un anticuado...

(Foto "prestada" del espacio Flickr de mi compañero de fatigas Odd Librarian)

Sí, soy un anticuado. Aunque lleve navegando por Internet desde 1993, aunque desde ese mismo año esté trabajando en una biblioteca automatizada, aunque sea suscriptor de Iwetel desde 1995, aunque tenga cuatro bitácoras activas (¡¡el Web 2.0!!), aunque esté a cargo de algunos de los medios tecnológicos más punteros de mi biblioteca, soy un anticuado. ¿Por qué?

Razón 1: soy y seré un bibliotecario que trabaja en una biblioteca

Y, por lo tanto, ni soy ni seré (con todos mis respetos para quien sí quiera o desee serlo) un "alfinero" (luego voy con ello, paciencia) ni trabajo ni trabajaré en un "CRAI". ¿Quiere decir esto que soy el espíritu de la contradicción como me decía mi abuelita? No. Con lo del "alfinerismo" iré luego, pero ahora me quedo en lo de bibliotecario y biblioteca disfrazada tras las siglas CRAI. Tras la revelación que para mí supuso el artículo de Stephen Foster del que hablé en la anterior entrada, me encontré con otro que más o menos va en la misma línea (y no he hecho más que empezar a buscar), firmado esta vez por David Isaacson (bibliotecario de la Western Michigan University) y que se titula Hablemos de bibliotecas, no de "alfabetización en información" (por si alguien lo quiere consultar, he aquí su referencia: Isaacson, D. "Let's Talk Libraries, Not 'Information Literacy'" Library Journal, 2003, vol. 128, núm. 19, p. 42). Varias frases entresacaré de ese interesante (y reciente) texto, la primera de las cuales es:

Sé que muchos bibliotecarios quieren llamarse a sí mismos cualquier cosa menos bibliotecarios

Y yo digo ¿por qué? Hace tiempo publiqué un artículo en el que reflexionaba sobre la "crisis de identidad" que nos afectaba y nos sigue afectando. Una crisis que nos lleva a cambiarnos el nombre para que no nos relacionen con el pasado. Ya no tenemos bibliotecas universitarias, tenemos CRAI (o eso pretendemos, más adelante hablaré de esto), ya no formamos a los usuarios, los alfabetizamos. Todo como consecuencia de, en palabras de Foster:

... el hecho de ser olvidados por el Sistema, un esfuerzo para negar la posición auxiliar de las bibliotecas inventando un mal social contra el cual los bibliotecarios, como “profesionales de la información”, son los únicos cualificados para luchar.

Como yo creo que nuestra lucha ha de ir en otro sentido (¡comunicación, promoción!), me niego a cambiarme el nombre y a cambiar el nombre de lo que hago. Por otra parte, un estudio detallado de lo que se propone dentro del modelo CRAI (como modelo sí que me parece estupendo, como simple cambio de nombre, no) comparándolo con lo que, por ejemplo, ahora mismo ofrece la biblioteca en que yo trabajo, me hace ver que la inmensa mayoría de lo propuesto ya lo cumplimos. Se nos dice que estas adaptaciones responden al presumible "cambio de paradigma en la enseñanza" que supone el llamado Espacio Europeo de Educación Superior, pero de esto hablaré un poquitín más adelante.

Razón 2: como creo que mis usuarios no son analfabetos, no sé por qué tengo que alfabetizarlos además de formarlos

Siempre me ha parecido en exceso agresivo eso de la "alfabetización". ¿Acaso tenemos que considerar analfabetos a todos nuestros usuarios? En algunos casos me parece que esa es la idea y por supuesto no la comparto. ¿Se puede considerar que todo el que no ha pasado por un supuesto programa de "alfabetización en información" es un analfabeto, que no cumple las premisas que determinadas organizaciones han propuesto para considerar lo contrario? De todos modos, antes de empezar la casa por el tejado, tal vez habría sido necesario estudiar el grado de "alfabetización en información" existente en la actualidad. ¿Alguien se ha molestado en hacerlo? (Sé que en este punto habrá quien piense en la llamada "brecha o fractura digital", pero eso no es más que la constatación de un problema socioeconómico real, no un estudio de la alfabetización digital o en información) ¿Alguien ha definido un método normalizado, preciso, exacto y repetible -como ha de ser en todo método que quiera ser medianamente científico- para determinar el grado de analfabetismo en información que padecen nuestras poblaciones? Y después, ¿alguien ha pensado en un método normalizado, preciso, exacto y repetible para deteminar el grado el alfabetización conseguido después del paso por los supuestos programas? Porque lo que no me vale es por un lado decir que, por ejemplo, los alumnos de cierta universidad no saben dónde buscar información (¿es un problema de "analfabetismo" o de mala promoción de los servicios bibliotecarios?) como "prueba" de que es necesaria esa alfabetización o que durante X años han pasado tropecientos y pico usuarios por los supestos programas como "prueba" de que esa población pasa a estar alfabetizada. Y cuando digo "supuestos" para referirme a los programas no es que dude de su existencia, simplemente es que me parece que no son sino los programas de formación de usuarios de toda la vida adaptados a la tecnología actual, pero con otro nombre, más "mesiánico", más "sexy", más "presentable" al mundo no bibliotecario. En palabras de Isaacson:

Yo quiero hablar a la gente sobre la utilización de las bibliotecas (...) Me importa un bledo si están alfabetizados en información o no.

Por tanto seguiré trabajando en la formación de usuarios para hacerla cada vez mejor y más eficaz, para lograr que los usuarios consigan saber dónde buscar y me dejaré de milongas sobre "aprender a aprender" y sobre si el uso que hagan esas personas de la información será bueno o malo o servirá para "generar conocimiento". Ése no es mi negocio.

Razón 3: albergo serias e inquientantes dudas sobre lo que se nos viene encima

Y me refiero a "lo de Bolonia". No me voy a meter en consideraciones sociopolíticas como la posible entrega de la universidad a la empresa privada y a que sea el mercado de trabajo el único eje de su funcionamiento. Me refiero al tan nombrado "cambio de paradigma" en la enseñanza: de la actual transmisión de conocimientos al "aprendizaje casi autónomo". Se habla de que en los créditos constarán las "horas de trabajo personal" de los alumnos. ¿Cómo se van a medir? ¿Van a hacer fichar a los alumnos cuando entren y salgan de la biblioteca? ¿Nos van a poner a los bibliotecarios a controlarlo? Y el estudio en su casa ¿cómo se va a medir? Demasiadas preguntas con difícil respuesta. Pero la que últimamente yo me hago mucho es otra: ¿realmente ese cambio de "paradigma" es un progreso, una ventaja? Creo que todo el mundo está de acuerdo en que hay que reformar la manera de enseñar, que la clase magistral y los apuntes tienen que quedar atrás como única forma de transmitir el saber pero, ¿como reacción hay que dejar que el alumno "se busque la vida" con el profesorado quedando en mero "asesor"? Hago mía la opinión del colectivo "Profesores por el conocimiento":

Sin que nadie cuestione la necesaria proyección profesional de los estudios universitarios, cabe preguntarse a quién beneficia tan completa subordinación de la enseñanza superior a las exigencias del mercado laboral y si la generación, preservación y transmisión de valores cognitivos que tradicionalmente ha caracterizado a la universidad, primero, no es la forma de servicio a la sociedad propia de esta institución y, segundo, a qué razones obedece el hecho de que ahora dicha transmisión se presente en abierta oposición al ejercicio profesional como si ambas cosas resultaran incompatibles.
Si la universidad ya no debe transmitir conocimiento, el profesor deja de ser un docente, para convertirse en un consejero, un motivador, un orientador, un compañero, e incluso un colega. El profesor ya no es el responsable de la estructuración del proceso de aprendizaje, y sí en cambio se le atribuye un papel coadyuvante en la adquisición de las diferentes destrezas instrumentales, interpersonales y sistémicas, entre las cuales se incluyen la “capacidad de expresar las propias emociones”, la “capacidad de liderazgo”, “motivación de logro”, “apreciación de la multiculturalidad”. En este sentido se comprende la casi completa sustitución de las clases magistrales por tutorías orientadas a facilitar “el uso de competencias y destrezas”.

Creo que está meridianamente claro. Basta por hoy.

3 comentarios :

Ana Bande dijo...

Me gusta este espacio, vendrá más a menudo.

Paco López-Hernández dijo...

Siempre serás bienvenida. Un saludo cordial.

Cigarra dijo...

¿Tu conoces el chiste del loro? ¿Aquel que decía, "pues para no saber volar, arriesgas bastante"?