22.5.07

¡Lo de Second Life es increíble!

Llevo desde ayer lunes dándome vueltas por Second Life, visitando los lugares en los que se han instalado bibliotecas y centros de enseñanza y, la verdad, estoy alucinando. ¡Qué posibilidades ofrece! Desde un simple soporte publicitario hasta crear un magnífico sistema de referencia con una interfaz bien atractiva. En la imagen os muestro el Centro de Rercursos para el Aprendizaje que está montando la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido). Tiene un mostrador de información aulas para formación de usuarios, mesas, sillas, ordenadores y hasta una tienda.

No es gratis aparecer en Second Life, pero sí que se ofrecen descuentos del 50% a entidades educativas. Tener una "isla privada" le puede costar a una Universidad unos 600 euros (precio de compra) más unos 100 y pico euros al mes por "mantenimiento".

La verdad, no es lo mismo intentar describirlo que experimentarlo. Os recomiendo que os registréis y visitéis Info Island, Cybrary City, Eduisland, etc., además de las "islas privadas" que se han creado algunas universidades como la indicada de Hertfordshire (casi dedicada al 100% a su biblioteca o Centro de Recursos para el Aprendizaje) o la más cercana Universidad de Aveiro (Portugal). Puedo garantizar que quien no lo conozca no va a quedar indiferente.

Acabo de leer en un foro sobre Second Life que muchas empresas no se atreven aún a aparecer por allí; se compara la situación a la que hubo con Internet a mediados de los años 90: las empresas sabían que tenían que estar allí aunque no sabían muy bien lo que iba a pasar. Puede que este caso sea semejante. De momento, os presento una lista de instituciones educativas (universidades, bibliotecas) con presencia en Second Life. Se pueden leer nombres como Harvard, UCLA o Stanford. Está claro que la cosa va en serio.

18.5.07

Second Life: ¿El futuro del servicio de referencia?


La utilización de sistemas como el chat para los servicios de referencia en las bibliotecas no es nada nuevo. Es un sistema ágil y cómodo para el usuario, con el único inconveniente de que o bien se tiene siempre a un bibliotecario "de guardia" o bien se limita su horario. Para mí también hay otro inconveniente: la despersonalización. Seguro que hay muchos usuarios que prefieren aún el trato directo y rehúyen ese hablar por medio de una pantalla.

¿Podría ser Second Life una solución intermedia? Posiblemente sí.

Ayer, 17 de mayo, fue el día de Internet y se habló mucho de Second Life (iba a decir el "juego" Second Life, pero creo que ha excedido ya esos límites con creces); como suele ocurrir, los periodistas hicieron hincapié en los aspectos meramente lúdicos (salían un montón de figuritas bailando en una discoteca), cuando no escabrosos (el "incendio" de las sedes de dos partidos políticos en SL, un tenebroso asunto de "pederastia virtual" en Alemania), aunque también se habló profusamente de la cultura en ese entorno, con la apertura de "La Casa Encendida" como noticia estrella.

Repasando el artículo de Gabe Rios sobre las diez tendencias tecnológicas que todo bibliotecario debería conocer, se ve que una de ellas es precisamente Second Life. Traduzco lo escrito por Rios:

Second Life es un mundo virtual abierto creado para ofrecer interacciones sociales entre tu "avatar" (yo virtual) y otros "avatares". Ya hay un grupo de bibliotecarios que han desarrollado la "Info Island" y un mostrador de referencia virtual. Este es otro ejemplo de tecnología que tiene el potencial de encontrar a la gente allá donde esté.

¿Se podría utilizar Second Life para crear servicios de referencia virtuales, algo más "humanos" que un simple chat, en nuestras bibliotecas, universitarias o públicas? Yendo más lejos, ¿podría servir para formar clubes de lectura, para dar conferencias y cursos de formación, para conseguir que la gente sea competente a la hora de buscar y utilizar la información? Me parece una idea enormemente atractiva. No hace mucho un compañero colombiano (Andrés Ovalle) preguntó en Iwetel si alguien se había puesto con ello y no recibió respuestas. Yo ayer mismo me dí de alta en Second Life y me voy a poner a buscar. Me gustaría que si algunos de los lectores de esta bitácora tienen experiencias al respecto lo comentasen aquí.

9.5.07

Library Marketing for Dummies VI: Evaluación y calidad de los servicios, 1ª parte


Entramos en la final de este pseudocursillo "copia-pega" de mercadotecnia bibliotecaria para principiantes metiéndonos de lleno con dos conceptos muy en boga hoy en día: "evaluación" y "calidad"

Pero antes...

La justificación del servicio bibliotecario

Está claro que nuestra misión fundamental es dar servicio a nuestros usuarios, pero también hemos de justificar estos servicios ante la sociedad y sus autoridades políticas de las que depende nuestra financiación. Hasta ahora no se consideraba esto necesario; casi siempre la preocupación máxima de los bibliotecarios ha sido el proceso técnico dejando de lado otros aspectos, como reflexionar sobre los servicios que se prestan y si realmente se adecúan a las necesidades de los usuarios.

En una sociedad democrática la opinión pública es un factor importante para marcar el camino que han de seguir los servicios públicos. La administración está siempre en el punto de mira de la sociedad y ha de demostrar la rentabilidad del dinero que cuesta el mantenimiento de los servicios que presta; esta rentabilidad viene marcada por la calidad de esos servicios. Es evidente, pues, que las bibliotecas sostenidas con dinero público han de justificarse ante esa opinión pública, a la que han de mostrar que se esfuerzan por prestar unos servicios cada vez mejores y que rectifican cuando es necesario.

Pero esto no es aún habitual en España. Por ello, ni la sociedad ni los políticos (que son los que sueltan el dinero) las valoran adecuadamente. Nosotros mismos no nos preocupamos de demostrar la utilidad y los beneficios de lo que ofrecemos y ello causa, bien que involuntariamente, el poco aprecio que la sociedad tiene por nuestro trabajo. La imagen que se tiene de nostros es irreal, lejana, incluso equivocada (sala de estudios). Los políticos, que siempre tienen muy presente lo que piense la sociedad, esto es, la opinión pública, tampoco nos ven como algo útil (a no ser que haya por medio una inauguración en campaña electoral).

A todo esto se une que las bibliotecas no disponen de mecanismos adecuados para presentar datos que justifiquen su servicio. Lo que se presenta o es muy pobre o dice muy poco. El número de volúmenes, de ejemplares de revistas o de bases de datos accesibles no dicen nada sobre el funcionamiento de la biblioteca. Es preferible que estos datos se relaciones con los usuarios, es decir, que sean dinámicos y no estáticos; si se relacionan con un grupo de usuarios determinado se tendrá esa visión dinámica que es la realmente interesante. Vamos, que dice más el número de préstamos per capita que el número total de préstamos.

Lo importante, pues, es cambiar nuestra visión: de algo estático, que trata datos absolutos a otra cosa, más dinámica, donde lo que realmente vale son los datos sobre las relaciones que la biblioteca establece con sus usuarios mediante los servicios que presta. Así se mejoraría la percepción que se tiene de nuestro trabajo.

Continuará (me temo)...

24.4.07

Día del libro reivindicativo (con retraso)


Lo normal es que el 23 de abril sea un día lleno de actividad en las bibliotecas, y así fue en la mía... Recibimos la visita de los niños de 3º y 4º de Primaria un colegio que resultó enormemente divertida y gratificante y de la que todos salimos encantados. Posiblemente hable de ella en alguna próxima entrada. El jaleo del día me impidió escribir aquí en el día "correcto". Pero más vale tarde que nunca...
Ayer celebramos un día de libro marcado por nuestra reivindicación contra el canon que se nos impone desde la Unión Europea y que, por muchas explicaciones que se den, aún no sé muy bien a quien beneficia. ¿A un país donde casi la mitad de la gente no lee nunca? ¿A los de por sí raquíticos presupuestos de las bibliotecas? ¿A un negocio editorial que disfruta de pingües subvenciones estatales? ¿A los miles de autores que jamás en la vida podrán vivir de lo que escriben porque tienen cedidos los beneficios de sus derechos de autor a sus editores? Yo no sé ni cómo van a calcular lo que reciban, cómo lo va a gestionar la entidad privada que va a recibir ese dinero público ni cómo se van a compensar los recortes presupuestarios que van a padecer las bibliotecas obligadas a pagar que van a ser en muchos casos las que tienen una situación más precaria (las de municipios de más de 5.000 habitantes, por ejemplo), ni hay nadie que lo aclare, oiga.
Así que, ahora más que nunca: NO AL PRÉSTAMO DE PAGO.

10.4.07

Primera tendencia tecnológica: la informática social

Dice Gabe Ríos en su decálogo:

La informática social (social software): A medida que el trasiego general de usuarios continúa disminuyendo en nuestras bibliotecas "físicas" se va incrementando la necesidad de explorar nuevos métodos para implicar a los usuarios. La informática social tiene el potencial de suministrar un muy necesario vínculo entre la biblioteca y nuestros usuarios virtuales. No digo que las bibliotecas hayan de precipitarse e instalen un montón de nuevos programas informáticos y pongan en marcha nuevos servicios. Las bibliotecas deberían seleccionar bien qué programas informáticos instalan y siempre tendrían que solicitar las observaciones de los usuarios sobre estos servicios (retroalimentación). Las bitácoras, los sistemas "wiki" y Facebook son tres ejemplos de informática social que tienen la capacidad de implicar a los usuarios allí donde estén.

"Casualmente" el último número (que acaba de empezar a distribuirse) de El profesional de la información está dedicado a lo que se ha dado en llamar Web 2.0 o Biblioteca 2.0, un modelo de Red o de biblioteca en la que los usuarios están directamente implicados, en la que la relación deja de ser unívoca para convertirse en interactiva, donde se da una importancia capital a la participación de lectores o usuarios para mejorar continuamente los servicios que se ofrecen (huy, qué moderno me estoy volviendo...)

Pues en ese número han tenido la humorada de publicar un artículo firmado por un servidor y su colega Odd Librarian, donde hablamos precisamente de una de estas aplicaciones: el uso de una bitácora como medio de animación a la lectura. Voy a cometer la inmodestia de citarnos para glosar esta primera tendencia tecnológica que todo bibliotecario debería conocer. Cuando nos preguntamos "¿por qué una bitácora?" nos contestamos lo siguiente:

Es un medio profusamente utilizado por los jóvenes, un 84% de los cuales navega habitualmente por internet, el 53% utiliza la Red para buscar información sobre ocio, cultura y espectáculos y de los que sólo un 20% lee los medios tradicionales de prensa. Ello, unido a que el 60% de los españoles leen libros después de una recomendación personal, llevó a la biblioteca a una conclusión: el fomento de la lectura para los jóvenes podría hacerse por medio de sugerencias a través de un medio digital y participativo como es una bitácora bibliotecaria.

En mayo de 2006 la bitácora de la Sedic lanzó la siguiente pregunta: ¿por qué hay tan pocas bibliotecas españolas que dispongan de este medio de difusión? Unas 600 en el mundo lo tenían por aquellas fechas, de las cuales eran españolas menos de 15, y de ellas sólo 2 universitarias, mientras que en EUA había más de 100.

Abrimos una cuenta en Blogspot para su alojamiento y comenzamos a publicar reseñas de novedades bibliográficas, invitando a la participación de los lectores. Pretendemos una actividad que fomente tanto la lectura como el aspecto social de la biblioteca. Mediante la exposición periódica de libros, por géneros, y comentados, nuestra intención es potenciar el uso de las colecciones de literatura e invitar a la colaboración en su selección. Se informa directamente a los usuarios sobre las novedades bibliográficas, se comentan las reseñas de los libros que se incorporan a la colección y es posible establecer una conversación sobre un libro determinado durante varios días. Además, crea una agenda cultural dinámica que sirve para anunciar actividades como presentaciones de nuevos títulos, foros sobre libros, conferencias de autores, relaciones entre el libro y el cine, cursos de verano o de humanidades basados en lecturas de narrativa, etc.

El resultado es 365 días de libros. Visitadla a ver qué os parece.

Parece que la primera tendencia sí que la conocemos...

28.3.07

Library Marketing for Dummies V: ¿Cómo organizar los servicios?

Para que los usuarios encuentren lo que necesitan en la biblioteca es esencial que esté bien organizada tanto en sus fondos como en los servicios que ofrece. Los aspectos que se han de tener en cuenta son los siguientes:

Organización del espacio y la circulación

Es fundamental: los usuarios han de poder ver desde fuera el interior de la biblioteca. Es la mejor forma de atraer a los no usuarios; además podemos (o tenemos que) contar con unas entradas amplias, unos espacios abiertos y una posibiliudad de salida clara y bien señalizada.

Organización y distribución de la biblioteca

Los servicios, a partir de la entrada a la biblioteca, se han de organizar según su facilidad de uso y su interés general. Los más fáciles e interesantes primero y a partir de ahí los demás. En la entrada es mejor poner lo más informal, lo cual inspirará confianza a los que acudan por primera vez. Con un buen diseño y una buena iluminación, se conseguirá que el usuario vea muy positivamente el entorno con el que está entrando en contacto. Se pondrán en esta zona las informaciones generales sobre la biblioteca y sobre la localidad en la que se encuentra, junto con un mostrador de información general para los usuarios. Se podrán presentar aquí las nuevas adquisiciones además de realizar exposiciones y otras actividades. La zona ha de ser distendida, una preparación para acceder a otros servicios, que serán más complejos a medida que nos alejemos de la entrada.

La señalización

Una buena señalización es la que permite a los usuarios moverse por la biblioteca con facilidad sin que tengan que recurrir continuamente a su personal. En bibliotecas de nueva creación, lo mejor es que todos los servicios se puedan contemplar desde la entrada. Eliminando la compartimentación de espacios se facilita la orientación y circulación y se simplifica la señalización. En edificios antiguos, con poca visibilidad de los servicios y compartimentación es necesaria una señalización más completa que en muchas ocasiones se deberá apoyar en planos de situación y códigos de colores que faciliten la localización de los servicios.

Hojas informativas

Además de los folletos que las bibliotecas suelen poner a disposición de sus usuarios para explicar su funcionamiento, los servicios ofrecidos y las condiciones para acceder a ellos, es aconsejable tener hojas informativas de cada servicio para no aturullar a los usuarios con un exceso de información en un solo espacio. Así, también, la biblioteca se puede adaptar a los diferentes grupos de usuarios. Es aconsejable utilizar un lenguaje coloquial para explicar los servicios más sencillos a un público amplio; el lenguaje técnico, siempre empleado con mucha cautela, se dejará para los servicios más complejos. Las hojas informativas son un medio barato de informar sobre los servicios: se pueden editar en programas informáticos muy asequibles y extendidos y se pueden reponer y actualizar de manera inmediata.

La presentación de los fondos

Una biblioteca con estanterías abarrotadas de libros que sólo muestran sus lomos es muy útil para los bibliotecarios, pero es un problema para muchos usuarios. Mucho mejor es no tener las estanterías llenas e incluso utilizar un mobiliario que permita mostrar los libros de lado, especialmente en las zonas cercanas a la entrada. Para captar usuarios quizá incluso sería bueno prescindir de la CDU que, sí, es muy enciclopédica y sistemática, pero es bastante ininteligible incluso para muchos bibliotecarios, y sustituirla por un agrupamiento de fondos por centros de interés.

Sugerencias de lectura

Desde la biblioteca se puede orientar a los usuarios en el maremágnum de publicaciones que continuamente aparecen. Partiendo de suplementos literarios de periódicos y de publicaciones especializadas se puede presentar al potencial lector una información que le ayude a elegir. Estas presentaciones son un complemento muy eficaz a las habituales guías de lectura; se pueden elaborar en todas las secciones de la biblioteca y situarse en diferentes lugares. Si se realizan con variedad de criterios y se intenta que lo presentado sera lo más plural posible, facilitarán el encuentro entre el usuario y lo que busca. Se pueden asimismo complementar con exposiciones periódicas de los fondos de la biblioteca.

Formación de usuarios

La formación de usuarios es un aspecto muy complejo que requiere un tratamiento diferenciado, pero dentro del campo en que nos movemos se pueden señalar algunas ideas útiles:

  • Realización de visitas guiadas a la biblioteca, práctica muy habitual en las bibliotecas públicas europeas con la que se favorece el acercamiento espontáneo de los usuarios para que sepan qué se les puede ofrecer.
  • Sesiones de aprendizaje del manejo del catálogo
  • En momentos de gran afluencia un bibliotecario se puede ir moviendo por la biblioteca para orientar a los usuarios que pululan sin rumbo por ella sin haber consultado en los puntos de información general.
Horario y personal

El horario de la biblioteca pública se ha de adecuar a las costumbres y forma de vida de la población a la que atiende. Un horario amplio, sin embargo, puede conllevar el problema de la coordinación e integración del personal, que pertenece a turnos que no coinciden. Hay quien ha propuesto que para favorecer la coordinación se cierre una mañana o una tarde a la semana, como se hace en otras instituciones culturales como los museos. El personal es una pieza clave en la atención a los usuarios: si está motivado, si tiene una buena formación, si está acostumbrado al trabajo en equipo y a la delegación de funciones contribuirá decisivamente a la buena marcha d ela biblioteca. Quizá éste sea uno de los asuntos más peliagudos de todos...

Continuará...

19.3.07

Diez tendencias tecnológicas que todo bibliotecario debería conocer


El pasado 14 de marzo María Jesús del Olmo, de la Embajada de los Estados Unidos en Madrid, envió un mensaje a Iwetel que pasó casi desapercibido. Era una entrada de una bitácora, en concreto de Medical Library Tech Trends 2007, obra de Gabe Rios y se titulaba Top 10 Technology Trends Librarians Should Be Conversant With, o sea, "Diez tendencias tecnológicas que todo bibliotecario debería conocer". En estos tiempos de especulación, de irse por las ramas teóricas, de cambiar nombres a cosas viejas para hacerlas nuevas y presuntamente interesantes, me extraña que estas diez tendencias en conjunto y la necesidad de que todos nosotros estemos al tanto de ellas no mereciesen siquiera un comentario en la lista, a pesar de que algunas (o muchas) de ellas suelen ser asunto de conversación. Por eso poco a poco voy a ir cotilleándolas y hablando de ellas. Su enumeración es:

1 - La Web social

2 - Los programas de código abierto
3 - Los dispositivos móviles de información
4 - Las herramientas de colaboración
5 - Second Life (el célebre juego)
6 - Arquitectura de nubes (folksonomías y nubes de etiquetas)
7 - Tecnología sin hilos
8 - Aplicaciones Web híbridas (mashups)
9 - Medios de descarga y reproducción simultáneas (streaming)
10 - Otras formas de presentar los catálogos

Continuará.

1.3.07

Library Marketing for Dummies IV: ¿Quiénes son y qué necesitan nuestros usuarios?


Las bibliotecas públicas, en principio, tienen como usuarios potenciales a todos los que viven en la comunidad a la que sirven. Sin embargo, y aunque en España se han desarrollado bastante, aún parecen servir sobre todo a las clases medias.

Las encuestas que realizan las bibliotecas públicas muestran varias cosas. En 1998, la proporción de ciudadanos inscritos era del 19%; es más del doble de la que había en 1990, pero aún queda lejos de la media de otros países europeos. Más de la mitad de los inscritos tenían menos de 35 años y casi un 68% poseían estudios universitarios. La deducción lógica, pues, es que la mayoría de usuarios de las bibliotecas en 1998 eran jovenes con estudios superiores. En el lado opuesto estaban los mayores de 65 años (sólo un 3,3% de usuarios) y sin estudios (2,4%).

Si comparamos estos datos con los del conjunto de la sociedad, donde no hay una mayoría de titulados superiores y el segmentos de población mayor de 65 años es cada vez mayor, podemos comprobar que hay un fuerte desequilibrio entre usuarios y no usuarios. La elevada fidelidad de los usuarios es un dato que corrobora este desequilibrio. La afluencia de público y el uso de los servicios aumentan, aunque no el número de usuarios. No hay más usuarios, sino que los que ya hay vienen más a menudo. Más de la mitad de los usuarios de bibliotecas públicas acuden a ellas más de una vez por semana.

Si se tienen en cuenta estos datos, los indicadores que se utilizan en las bibliotecas, como la circulación per cápita, las visitas anuales per cápita o las consultas de referencia anuales per cápita pierden fiabilidad. Es importante, pues, matizar los datos obtenidos a partir de estos indicadores con los provenientes de las encuestas a los usuarios.

Una primer dato importante que se puede sacar de ellas es el grupo de usuarios hacia el que habrá que orientar las actividades de atracción de la biblioteca: será el de los adultos mayores de 35 años sin estudios y con formación profesional media-baja.

La biblioteca que desee atraer a estos grupos deberá hacer un esfuerzo por aproximarse a su realidad social y a sus necesidades informativas. Es aquí donde se presenta uno de los problemas más graves, pues estas necesidades difícilmente se expresan e incluso pueden no sentirse como tales necesidades. Este problema se añade al desconocimiento que muchas veces tienen estas personas sobre lo que significa la biblioteca pública, que para ellos puede ser un lugar para personas "cultas" o bien, como sucede en la mayoría de los casos, para estudiantes que preparan sus exámenes.

Los estudios de usuarios combinados con la evaluación de la calidad de los servicios bibliotecarios, por tanto, se han hecho imprescindibles hoy en día. Para suplir las deficiencias de los datos cuantitativos de uso de servicios se puede utilizar el conocimiento del grado de satisfacción de los diferentes grupos de usuarios.

Aplicar la mercadotecnia en las bibliotecas ha servido para favorecer el cambio. Se pasa de un mero estudio de indicadores cuantitativos a preocuparse por el usuario, por la imagen que tiene de la biblioteca, por la mejora de la accesibilidad y la comunicación, por una atención especializada, etc.

El problema es que con todo esto la biblioteca ha dejado de lado a los no usuarios. En la biblioteca pública es muy difícil el acercamiento a ellos, pues son un grupo amplio y disperso, a diferencia de otras bibliotecas con unos usuarios muy delimitados, como pueden ser las universitarias o especializadas.

Las encuestas por correo o en persona, realizadas por entrevistadores, pueden ser muy útiles para conocer las necesidades y expectativas de los no usuarios. Este procedimiento, a pesar de que puede servir para realizar un análisis útil, tiene graves inconvenientes como la escasez de respuestas o su elevado coste.

Hay que buscar otros métodos. Se pueden visitar, por ejemplo, los lugares habituales de reunión de estos grupos de usuarios o sus asociaciones, se puede charlar informalmente con ellos, observar. Se puede requerir el apoyo de trabajadores sociales, que suelen conocer bien las necesidades y problemas de estas personas.

Si somos capaces de delimitar las necesidades y expectativas de los no usuarios y nos hacemos una idea de por qué están alejados de la biblioteca, podemos hacer un cotejo con las necesidades de los usuarios reales y con lo que ofrece la biblioteca y de esa manera ver el grado de concordancia o discordancia. Lo mejor que nos da la mercadotecnia en este proceso de acercamiento a las necesidades reales de usuarios y no usuarios es la separación por grupos, que permite una mejor atención a los diferentes segmentos que existan.

(Continuará)

19.2.07

Maribel y las secuencias lógicas (cuento monterrosiano)


Llegaban las elecciones y el concejal se empecinó en prestar ordenadores portátiles en la biblioteca. Maribel lo tendría que hacer manualmente, pues diez años después de comprar un programa informático, aún no se había instalado el módulo de circulación por falta de fondos.
¡Vivan las secuencias lógicas!

7.2.07

Decisión polémica


La Universidad de Santiago de Compostela ha tomado una decisión inédita relativa a sus bibliotecas. Cuando la moda es prolongar sin mesura ni límite el horario de las bibliotecas (y las noticias sobre estas irracionales aperturas nocturnas se repiten hasta la náusea en los medios de comunicación, como si fuese lo único interesante que hay que decir sobre las bibliotecas), ha decidido que la Biblioteca General de Santiago no abra de madrugada en la llamada "época de exámenes". La reacción de algunos estudiantes ha sido encerrarse como señal de protesta en esa biblioteca y okuparla.

La noticia se puede leer en El Correo Gallego. Los argumentos que da el Rectorado -que opina que tal encierro es un "capricho" de los estudiantes- a mí me parecen de lo más razonables: ya hay casi 1.400 puestos de lectura en las bibliotecas que abren de noche en Santiago, a partir de las 21.00 horas la afluencia de estudiantes se reduce mucho y a partir de las 12 de la noche apenas la mitad de los puestos de lectura están ocupados (10-30% a las 2 de la madrugada). Con estos datos, no parece lógico gastar el dineral que supone tener abierto un edificio -el Fonseca, en la foto que encabeza este texto- que además es antiguo y presenta problemas de climatización para tomar una medida que en mi opinión es puramente de imagen.

Pues no, los "apuntófagos noctámbulos" (una de las especies más peligrosas) no se atienen a razones. Véase cómo, en los comentarios a la noticia, se tiran al cuello de los pocos que han aplaudido la medida. ¡Qué bonito es no haber conocido la penuria bibliotecaria que vivimos algunos en nuestras épocas universitarias!

2.2.07

Library Marketing for Dummies III: Toma de decisiones y objetivos


El asunto que nos ocupa es cíclico, pues siempre empieza y termina en el mismo sitio. Partimos de estudios de usuarios, se toman decisiones basadas en esos estudios y se ejecutan tales decisiones. Luego habrá que estudiar de nuevo el impacto que hayan tenido sobre los usuarios y su relación con la biblioteca. En las decisiones tomadas se han de plantear una serie de objetivos que hay que alcanzar. Habitualmente se dividen estos objetivos en tres grupos:
  • Objetivos dirigidos a los no usuarios de la biblioteca: de lo que se trata es de captarlos, ya sea en general o haciendo hincapié en un grupo determinado.
  • Objetivos dirigidos a los usuarios de la biblioteca: la variedad es infinita: que tengamos más, que no se nos vayan los que tenemos... Pero también que utilicen más los servicios ofrecidos, por ejemplo.
  • Objetivos dirigidos a los responsables políticos de quienes dependemos: hay que conseguir que nos vean como algo últil y eficaz, así que hay que mantenerlos al tanto para que vean que los recursos se han empleado bien (y de paso explicarles que hay más mejoras aparte de incrementar horarios para los"apuntófagos")

La mercadotecnia basa la toma de decisiones en las llamadas "cuatro P":

  • Producto: Servicios, en nuestro caso; los datos recopilados han de permitirnos decidir qué servicios se ofrecerán, si hay que suprimir o crear alguno, mejorar lo que esté mal y reforzar lo que está bien.
  • Plaza (distribución): en una empresa comercial sería la distribución de sus productos; para nosotros es acercar los servicios al usuario, ubicando bien las bibliotecas, diseñando adecuadamente los itinerarios de los bibliobuses u ofreciendo servicios por Internet.
  • Precio: El cobro de servicios en las bibliotecas públicas es considerado la "P" débil por los defensores acérrimos de la aplicación en crudo de la mercadotecnia a nuestros centros. Desde el punto de vista ético, una biblioteca pública no debe cobrar por los servicios que ofrece (he dicho).
  • Promoción: Es lo más conocido y visible de todo este tinglado (muchos confunden -confundimos- este aspecto particular con toda la mercadotecnia, que es un concepto mucho más amplio). Sin embargo, su aplicación en las bibliotecas aún está casi en pañales.

Los objetivos, ya sean generales (aplicables a toda la biblioteca) o particulares de cada servicio ofrecido han de adaptarse a lo siguiente:

  • Se emplearán como incentivos para el personal, que tendrá el servicio al usuario como su función principal.
  • Se formularán de manera que se puedan cuantificar.
  • Se concebirán como algo factible y real.

Cuantificable. Pero, ¿como? Del atolladero nos sacan los "indicadores", entre los que están la pertinencia (si realmente el objetivo sirve a las necesidades de los usuarios), la adecuación (si los recursos que tenemos son los que realmente necesitan los usuarios), el grado de satisfacción, la eficacia y la eficiencia. Lo de eficacia-eficiencia no es ni una adivinanza ni un juego de palabras; eficacia se refiere al grado de cumplimiento de los objetivos y eficiencia al coste de los mismos (la pela, vamos).

Continuará...

25.1.07

Mario y los tumultos en época de exámenes


Mario siempre pensaba que lo que se conoce como "época de exámenes" no se caracteriza precisamente porque los estudiantes hayan de demostrar lo que han aprendido en unas pruebas orales o escritas, sino porque, cada vez más, en ella mostraban sus instintos más reptilianos. Recordaba un incidente que ocurrió en cierta ocasión (ni siquiera había exámenes cercanos, eran los días previos a las vacaciones de Navidad, cuando se suelen aumentar los plazos de préstamo), cuando dos alumnos, chico y chica, compitieron por sacar el mismo libro. La chica era más alta, el libro estaba en la última balda y ganó por la mano al chico. Ambos se dirigieron al mostrador de préstamo, con el chico haciendo una especie de "marcaje" a la chica. Ya ante Mario, él le pregunto a ella:

-¿Lo piensas tener prestado todas las vacaciones?
-Sí.
-Pues... ¡ojalá se te atragante!

También recordaba ese grupito de "listillos" que, tras hacer cola para entrar, tomaban al asalto los mejores puestos de lectura (en los que ni siquiera se permitía estudiar, pues estaban reservados para la consulta de revistas u obras de referencia) para luego, de inmediato, salir a la cafetería y no volver en una hora. Cierta vez Mario se hartó y les retiró sus pertenencias. Al volver y encontrar los puestos ocupados por otras personas, uno de estos seres se puso a vociferar como un loco y le gritó a Mario:

-¿Pero tú sabes desde que hora estoy haciendo cola para entrar?

Mario, que cree mucho en Santa Rita, intentó explicar al adolescente tardío que una biblioteca es más que una sala de estudio... Le llegó a preguntar, ingenuo de él, si sabía realmente para qué sirve una biblioteca, a lo que el otro respondió:

-¡Sirve para estudiar y hoy por tu culpa no lo voy a poder hacer! ¡En tu conciencia queda!

(Mario durmió perfectamente esa noche)

Pero esto no fue nada con la que se montó el día en que la Universidad decidió, ante las aglomeraciones y las quejas de los estudiantes, regular la entrada de alumnos de otros centros a su biblioteca. Nada más poner el anuncio, que venía avalado con la firma de todos los vicerrectores responsables de las bibliotecas universitarias de la región, empezaron a acercarse a su mostrador hordas de estudiantes indignados que invocaban nada menos que la Constitución y la igualdad entre todos los españoles para quejarse de la medida. Otros eran más comedidos y se limitaban a decirle a Mario: "esto ya lo veía yo venir. En la biblioteca de mi facultad lo llevan haciendo varios años..."

Llegaron a aparecer carteles convocando a los "afectados" a una concentración con lanzamiento de huevos a la fachada de la biblioteca incluidos. No se llegó a producir, pero sí metió el miedo en el cuerpo a Mario y a sus compañeros. ¡Tan imprevisible podía llegar a ser un "apuntófago" sin sitio para ejercer su vicio!

Lo peor vino el día en que se hizo efectiva la medida. Se restringió el acceso durante las primeras horas de la mañana a los alumnos de la propia universidad. Ese día, un grupo bastante numeroso de alumnos de otros sitios se agolpaba a la entrada para ejercer eso tan español del "por si cuela". Pero no coló. Los vigilantes jurados empezaron a pedir el carné y se desató el tumulto. Un grupo de unos 30 energúmenos, al grito de "¡fascistas!" rodeó a la directora de la biblioteca y la acorraló contra una pared del edificio. Mario llegó a temer que la lincharan. Algunos de estos alumnos incluso llamaron a la policía porque no se les dejaba entrar (lógicamente, los agentes llegaron, vieron el percal y se marcharon: allí no pintaban nada). Por suerte al final se fueron no porque entraran en razón, sino porque no les quedó otro remedio. Eso sí, hubo quien al final se enfrentó al vigilante jurado llegando a chocar con él y, al irse, se despidió haciendo el saludo "alla romana".

Mario, que tampoco hacía tanto que había terminado sus estudios, no podía entender estas actitudes y pensaba "¿de verdad les exigen tanto o es que esta generación está idiotizada?" Difícil respuesta para una difícil pregunta...

(P.S.- Este tipo de cosas no suele salir en la prensa. En estos días, las bibliotecas sólo existen en los medios de comunicación porque amplían sus horarios. Terrible.)

19.1.07

Más sobre el mal uso del lenguaje


Los más viejos del lugar tal vez recuerden que allá por 1998-99 escribí en Iwetel una serie de mensajes criticando el mal uso que de la lengua española solemos hacer en nuestro mundillo, mensajes que he ido reproduciendo en esta bitácora. Un mundillo en el que el trato cuidadoso al idioma no se considera precisamente una virtud, sino todo lo contrario. Un mundillo donde el extranjerismo o el neologismo innecesario son, al parecer, valores muy apreciados. Nótese que digo “innecesarios”, porque mi postura no excluye en absoluto el neologismo o extranjerismo cuando no existe en nuestro idioma una palabra que defina lo queremos transmitir. Así, no se me ocurriría traducir “Web” (aunque en numerosas ocasiones hablo de "la Red", así, en mayúsculas) o buscar una palabra más ajustada al español que “Internet”. Incluso hay un neologismo que me encanta y se está convirtiendo en una de mis palabras favoritas, a pesar de su más que dudosa construcción: “infoxicación”. Pero lo que sobra, sobra.

Sobra maltraducir un vocablo y utilizarlo sin rubor. Tal es el caso del engendro de origen informático que es “dar soporte”, del que ya me he ocupado en otras ocasiones. Mal traspaso del verbo inglés “to support”. ¿A los usuarios que “damos soporte” los “soportamos” o los apoyamos?

Últimamente estaba albergando sospechas sobre la palabra “tutorial”, que cada vez me encuentro más por ahí. Cierto es que tales sospechas estaban amortiguadas por algo que me había ocurrido no ha mucho con otro vocablo: “repositorio”. Me sonaba bastante mal y pensé que era otro trasvase en crudo desde el inglés, pero comprobé con gozo que sí que se emplea bien (“Lugar donde se guarda algo” dice el Diccionario). Con estos precedentes, quise comprobar antes que nada si “tutorial” estaba aceptado, pero en este caso no es así. Es una palabra inglesa que suplanta a “tutoría”. ¿Qué tiene de malo tutoría, aparte de no estar escrita en ese “spanglish” que es tan caro a nuestro mundillo? Alguien me podrá decir que es muy ambigua, que se podría confundir con esas horas que cada semana los profesores universitarios dedican a sus alumnos fuera de las clases regulares. Yo podría contestar que en el lenguaje el contexto es tan importante como el significado de las palabras. Si yo digo “cubo”, ¿a qué me estoy refiriendo? ¿A un recipiente para albergar agua? ¿A una figura geométrica? ¿Al resultado de multiplicar un número por sí mismo tres veces? Será el contexto lo que me resuelva la duda. Así, si veo la palabra “tutoría” al frente de una página Web donde se explica de forma interactiva cómo usar el catálogo de una biblioteca no creo que pueda haber malentendidos. ¿Por qué, entonces, no hablar de “tutoría del catálogo”?

No sé por qué el buen uso del español no se valora, por ejemplo, a la hora de publicar artículos en revistas especializadas. No sé si nuestras asociaciones profesionales tienen comisiones que se dediquen a velar por una buena utilización de la herramienta más importante que empleamos. Porque sí, ni Internet, ni el más complejo navegador, programa o equivalente son nuestras herramientas más importantes. Pensemos que trabajamos con información y, como indica la etimología de esa palabra, “información” es “dar forma” a un pensamiento o un hecho para poderlo transmitir. Esa forma es el lenguaje, hablado o escrito, independientemente del soporte en que se presente. Entonces, ¿por que no lo cuidamos?

8.1.07

Library Marketing for Dummies II: Planificación y análisis


La planificación

Una biblioteca se debe a sus usuarios y sólo ellos son quienes justifican su existencia. Una biblioteca sin usuarios es una biblioteca muerta. Por lo tanto es necesario poner en práctica procesos de promoción de sus servicios teniendo en cuenta las necesidades del usuario. En paralelo con la empresa comercial, estaríamos hablando de "estudios de mercado".

No podemos ir a tontas y a locas; hay que tener muy claro lo que se quiere hacer y, cuando se tomen decisiones, las actividades que se realicen habrán de cumplir con lo siguiente:
  • Que estén dentro de la política general de la biblioteca
  • Que tengan en cuenta los recursos de que disponemos
  • Que sean sostenibles a medio y largo plazo (vamos, no de "usar y tirar")
  • Que las pueda llevar a cabo la propia biblioteca, que tendrá que asumir los problemas que se deriven de ellas tras haber puesto los medios que se requieran.

Si queremos planificar hay que partir de algo, hay que tener datos, evaluar. Para ello nos pueden valer los estudios de usuarios (paralelo a los "estudios de mercado"). Cuando emprendamos una nueva aventura bibliotecaria, hay que hacer un seguimiento para comprobar si realmente se cumple lo que nos hemos propuesto. Por lo tanto, es necesario que eso que nos proponemos se pueda medir y comparar (esto es, que no sea una mera abstracción). Midiendo el grado de cumplimiento podremos evaluar lo que hacemos. Si no partimos de estas bases, estamos perdiendo el tiempo. Si no sabemos a cuántos usuarios va dirigida una campaña o ni siquiera si esos usuarios se van a enterar de su existencia, entonces apaga y vámonos. La planificación y la evaluación evitan este desperdicio de tiempo.

El análisis de la situación

Sin datos no se pueden tomar decisiones. Si queremos aplicar la mercadotecnia a las bibliotecas precisamente lo que estamos buscando es tomar decisiones y llevar a cabo actividades que hagan que se cumplan los objetivos que nos marcamos.

En las empresas comerciales existe un concepto mercadotécnico que se conoce como "espacio" o "distanciamiento", existente entre lo que ellas creen que es lo mejor para sus clientes y lo que realmente piensan los propios clientes. La moderna gestión empresarial tiene como una de sus tareas fundamentales eliminar este espacio y ha dado origen a lo que se denomina "orientación hacia el cliente" de la actividad de las empresas.

Si nos referimos a las bibliotecas, podemos ver cómo los bibliotecarios muchas veces nos erigimos en "tutores" de nuestros usuarios pensando que sólo nosotros seremos capaces de darles lo que realmente necesitan. De esta manera, tomamos decisiones sobre selección de fondos, uso de salas de lectura, plazos de préstamo y demás sin contar con ellos. La opción contraria sería que los usuarios y sólo los usuarios tuviesen que ser consultados para tomar dichas decisiones. Ni tanto ni tan calvo: ambas opciones son malas. Ni bibliotecarios "tutores" ni "tiranía del usuario".

Es, por tanto, fundamental realizar un análisis de los usuarios. Para ello, se puede aplicar uno de los aspectos de la mercadotecnia que mejor se puede adaptar a nuestro mundillo: la "segmentación del mercado", que podríamos traducir como "análisis de los grupos de usuarios". Nos basamos en que los usuarios son distintos entre sí por diferentes razones (sexo, edad, profesión, nivel cultural...) y esta diferencia da lugar a variadas necesidades y demandas. Con la segmentación pretendemos aplicar técnicas de mercado diferenciadas para cada uno de los grupos que identifiquemos y satisfacer así mejor sus expectativas.

No hablamos de nada nuevo en nuestro mundo. Las bibliotecas universitarias siempre han diferenciado varios grupos con necesidades y demandas distintas: alumnos de primeros ciclos, alumnos de tercer ciclo, profesores, PAS... e incluso en la biblioteca pública existe una separación entre el público infantil y el adulto, aunque se han ido incorporando posteriormente otros grupos claramente distintos (amas de casa, ancianos, inmigrantes...) A pesar de ello, se sigue insistiendo en la adaptación de la biblioteca a las necesidades del usuario. Algunas han pretendido realizar la división atendiendo no a los criterios objetivos indicados, sino en función de elementos subjetivos que influyen sobre el uso de la biblioteca, como las actitudes de grupo, las expectativas, la comodidad, etc. Se ha estudiado, por ejemplo, el grado de utilizacíón de los servicios, lo cual da otro punto de vista para la relación con los usuarios y ayuda a tomar decisiones relativas al incremento o disminución de lo que se ofrece, la importancia que le dan los usuarios, la ubicación de los diferentes servicios o su promoción.

Además de los estudios que la biblioteca pueda realizar de sus grupos de usuarios, es muy importante que las autoridades de las que dependen, ya sean locales o autonómicas, pongan a su disposición datos de los estudios que realizan, como los de tipo demográfico, de nivel de lectura, de uso de nuevas tecnologías, etc., muy útiles para tomar decisiones.

(Continuará)

22.12.06

¡Feliz Navidad bibliotecaria!


En el portal de Belén
ha entrado un bibliotecario
y a todos los que allí había
los ha alfabetizado...

Ande, ande ande,
la marimorena,
en la biblioteca
siempre hay cosas buenas.

¡Feliz Navidad a todos, desde un punto situado -si Google Earth no miente- en los 4º 00' 45'' de longitud O y 40º 32' 33'' de latitud N!

20.12.06

Library Marketing for Dummies I: Fijemos los conceptos

Lo prometido es deuda; voy a ir publicando, cual folletín decimonónico, los apuntes que tomé para un nonato curso de mercadotecnia para bibliotecas públicas que mi compañero Julio Macías y yo íbamos a haber dado en Valencia. Realmente es una recopilación informativa hecha a partir de una serie de artículos cuya referencia bibliográfica publicaré al final de la serie. No voy a descubrir las sopas de ajo con lo que sigue, pero si alguien lo lee y le puede servir de algo me alegraré bastante. He de advertir que lo escribí como guión de un curso y no como un artículo que se pudiera publicar, por lo que no me corté un pelo al copiar casi literalmente párrafos enteros de los artículos que consulté; intentaré utilizar palabras más llanas, más "mías", pero si aparecen esos "plagios" pido disculpas: no son tales.

A pesar del humorístico título, hablaré siempre de "mercadotecnia" y no de márketing. Aunque esta segunda palabra aparece en el Diccionario de la Real Academia, prefiero seguir la recomendación de esa misma obra de referencia y utilizar el otro término, quizá menos empleado, pero no tan chirriante para mis oídos de purista de la lengua castellana.

Todos hemos oído hablar de la mercadotecnia. El estudio de los mercados es una táctica fundamental para que las empresas comerciales funcionen. Existe, pues, desde que se inventó el comercio, aunque no haya sido fijada como disciplina económica hasta principios del siglo XX.

La mercadotecnia se mueve alrededor de las relaciones establecidas entre alguien que ofrece algo (un proveedor) y alguien que lo consume (cliente). Si no hay cliente que consuma, ningún proveedor puede producir nada.

La mercadotecnia se ha aplicado a las bibliotecas, y ya hay quien se ha encargado de definirla en ese contexto (Blaise Cronin):

Por lo que se refiere a las bibliotecas, mercadotecnia significa el intento de maximizar la satisfacción del usuario. Esto puede llevar a incrementar el uso (tal y como éste se entiende siempre), pero no es ésta siempre la manera más importante de ver las cosas.

Hasta aquí nada nuevo, nada extraño. Sin embargo, la aplicación de la mercadotecnia a los servicios públicos es algo que ha entrado recientemente en España y que no termina de ser polémico. Para algunos, se puede trasladar sin problemas el modo de gestión empresarial a los servicios públicos. Para otros (entre los que me cuento), dado que la máxima de la gestión empresarial es la rentabilidad económica, es muy difícil una adaptación directa a entidades que no han de tener ánimo de lucro.

Como no podía ser de otra manera, se puede encontrar el origen de todo esto en Estados Unidos, a finales de los, años 70 del siglo XX. Sin embargo, hasta que estalló la crisis del petróleo (1973) y, posteriormente, durante la era Reagan (1981-89), con el triunfo del neoliberalismo como doctrina económica, no se empezaron a aplicar técnicas empresariales a la gestión de bibliotecas. Uno de los principios que rigen esas técnicas es la orientación hacia el mercado.

Partiendo de estos supuestos, el paralelismo entre las empresas comerciales y las bibliotecas podría ser más o menos así:

  • Una empresa ofrece un producto a un consumidor. Una biblioteca ofrece un servicio para que alguien lo utilice. En ambos casos hay que conocer las expectativas de aquellos a los que van destinados el producto y el servicio.
  • Una empresa ha de atraer nuevos clientes. Una biblioteca ha de conseguir que nuevos usuarios las utilicen. Aquí se señala el concepto de "competencia", que a mi juicio es el menos afortunado cuando se hace una mera aplicación directa de la mercadotecnia. El problema está en discernir con quién han de competir las bibliotecas por esos usuarios.
  • Una empresa ha de conseguir que sus clientes no le den la espalda. Una biblioteca ha de conseguir que los usuarios no la abandonen.

(Continuará)

11.12.06

Formación de usuarios: mercadotecnia pedestre


Aunque hoy en día utilizamos más la cuarta acepción de "pedestre" (esto es, "llano, vulgar, inculto, bajo"), yo rescato la primera y la segunda ("que anda a pie", "que se hace a pie") para referime a la forma de promocionar un tipo de formación de usuarios que me parece la que más futuro tiene (la llamada "formación a la carta") que tuvimos mi compañero Julio Macías y yo hace algunos años.

Fue concretamente en 2001, cuando yo trabajaba en la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III de Madrid, en Leganés. Por entonces ya nos planteamos alguna forma de potenciar la formación de usuarios especializada, siempre tan alicaída. Mi compañero Julio, que de formación de usuarios (y de todo tipo de formación) sabe bastante, tuvo la idea de ofrecer a los directores de doctorado un guión básico que ellos se encargarían de rellenar con los contenidos que fuesen los más adecuados para los alumnos de esos programas. Para ello se envió a todos los directores un correo ofreciendo el curso y pidiendo una cita personal para explicarlo de una manera más cercana.

No todos contestaron a la primera. Algunos, tras nuestra insistencia, dieron señales de vida. Otros no se dignaron contestarnos, ni siquiera para llamarnos "pesados". Tras esta primera fase "electrónica" llegó la fase "pedestre" y hete aquí a los dos coordinadores de Atención a Usuarios, cual vendedores de enciclopedias, acudiendo a los despachos de estos profesores a "vender su producto".

En algún caso el profesor mostró interés y nos agradeció el esfuerzo, pero el programa tenía tan pocos alumnos que no merecía la pena (pero al menos pudimos probar un excelente licor de café casero elaborado por la madre de nuestro amigo el profesor y que amablemente nos ofreció). Otros aceptaron, sin más y el curso se realizó posteriormente, pero hubo uno que se lo tomó tan en serio que nos pidió que expidiésemos un certificado de asistencia a los alumnos que él luego les iba a exigir para matricularse en el doctorado. (Nihil novus sub sole).

Fue una experiencia buena, para mí una muestra clara de que no es necesario cambiar nombres ni hacer llamamientos dramáticos o declaraciones grandilocuentes, sino saber promocionar bien la formación, aunque sea de forma "pedestre".

28.11.06

Los problemas de la formación de usuarios


Más que clara ya mi postura como “alfinescéptico” (para mí, lo de la “alfabetización en información” no es más que un cambio de nombre, una operación cosmética que es una dramática llamada a la sociedad para que deje de ignorar nuestra existencia) y dado que me gusta ir a lo práctico (y aquello me parece que no ha pasado de lo teórico, leed este mensaje que publicó en Iwetel Víctor Quintanar García, que lo expresa mucho mejor que yo), quisiera analizar los problemas que padece la formación de usuarios, o al menos los problemas que yo he podido ver como testigo privilegiado tras doce cursos académicos dando formación de usuarios de todo tipo.

¿Por qué cuando organizamos un curso determinado muchas veces no acude nadie? ¿Es poco interesante el curso? ¿Somos malos formadores? ¿Aburrimos a las ovejas? No lo creo. Cierto es que las capacidades de comunicación de unos y otros son diferentes, pero cuando uno acude a un curso de formación de usuarios no creo que espere una actuación de “El club de la comedia”. A la pregunta de si es poco interesante el curso parece lógico responder que no, pero... ¿Acaso hemos pensado seriamente si ese u otro curso interesarán de verdad a nuestros usuarios? O, aún peor, ¿nos hemos parado a pensar si los usuarios a quienes estamos ofreciendo el curso sabían si existía o no la base de datos cuyo funcionamiento les queremos mostrar? Esta última pregunta contiene el que para mí es el meollo de la cuestión: el problema fundamental de la formación de usuarios es la falta de promoción de los servicios que ofrece la biblioteca, que además es un problema que no sólo afecta a la formación de usuarios, sino en general al concepto que de la biblioteca se tiene fuera de ella.

¿Hay que reaccionar ante esto cambiándonos de nombre y considerando analfabetos en información a todos los ciudadanos para hacernos valer? No lo creo. (Y menos cuando ocurren cosas como ésta, que para algunos de nosotros parecen no existir aun cuando demuestran a las claras que muchos pretenden comenzar la casa por el tejado). Hace falta mucha promoción, mucha mercadotecnia. Si alguien no sabe qué diantres es Inspec, Web of Knowledge, ABI-Inform, Aranzadi, difícilmente podremos ofrecerle un curso para aprender a manejarlos. Primero tendrá que saber que la biblioteca es más que un repositorio de apuntófagos, que ya no tenemos armaritos con fichas de cartón para saber dónde están los libros y que no todos somos señoras mal encaradas de 55 años con moño, gafas de pasta, rebeca y falda gris por debajo de la rodilla. Promoción, promoción y promoción. Mercadotecnia. Sirva esto como introducción para futuros mensajes, donde quiero hablar de esto. Para que veáis que soy capaz de otras cosas además de meterme con lo habitual y de criticar el neoliberalismo. Hablaré de experiencias propias de mercadotecnia tipo “vendedor de enciclopedias” y me aprovecharé de unos densos apuntes que recopilé para un curso que iba a dar en Valencia hace algunos años y que al final no pudo ser (¡la burocracia!) cuando ya teníamos billete de tren y habitación de hotel. Continuará...

22.11.06

Soy un anticuado...

(Foto "prestada" del espacio Flickr de mi compañero de fatigas Odd Librarian)

Sí, soy un anticuado. Aunque lleve navegando por Internet desde 1993, aunque desde ese mismo año esté trabajando en una biblioteca automatizada, aunque sea suscriptor de Iwetel desde 1995, aunque tenga cuatro bitácoras activas (¡¡el Web 2.0!!), aunque esté a cargo de algunos de los medios tecnológicos más punteros de mi biblioteca, soy un anticuado. ¿Por qué?

Razón 1: soy y seré un bibliotecario que trabaja en una biblioteca

Y, por lo tanto, ni soy ni seré (con todos mis respetos para quien sí quiera o desee serlo) un "alfinero" (luego voy con ello, paciencia) ni trabajo ni trabajaré en un "CRAI". ¿Quiere decir esto que soy el espíritu de la contradicción como me decía mi abuelita? No. Con lo del "alfinerismo" iré luego, pero ahora me quedo en lo de bibliotecario y biblioteca disfrazada tras las siglas CRAI. Tras la revelación que para mí supuso el artículo de Stephen Foster del que hablé en la anterior entrada, me encontré con otro que más o menos va en la misma línea (y no he hecho más que empezar a buscar), firmado esta vez por David Isaacson (bibliotecario de la Western Michigan University) y que se titula Hablemos de bibliotecas, no de "alfabetización en información" (por si alguien lo quiere consultar, he aquí su referencia: Isaacson, D. "Let's Talk Libraries, Not 'Information Literacy'" Library Journal, 2003, vol. 128, núm. 19, p. 42). Varias frases entresacaré de ese interesante (y reciente) texto, la primera de las cuales es:

Sé que muchos bibliotecarios quieren llamarse a sí mismos cualquier cosa menos bibliotecarios

Y yo digo ¿por qué? Hace tiempo publiqué un artículo en el que reflexionaba sobre la "crisis de identidad" que nos afectaba y nos sigue afectando. Una crisis que nos lleva a cambiarnos el nombre para que no nos relacionen con el pasado. Ya no tenemos bibliotecas universitarias, tenemos CRAI (o eso pretendemos, más adelante hablaré de esto), ya no formamos a los usuarios, los alfabetizamos. Todo como consecuencia de, en palabras de Foster:

... el hecho de ser olvidados por el Sistema, un esfuerzo para negar la posición auxiliar de las bibliotecas inventando un mal social contra el cual los bibliotecarios, como “profesionales de la información”, son los únicos cualificados para luchar.

Como yo creo que nuestra lucha ha de ir en otro sentido (¡comunicación, promoción!), me niego a cambiarme el nombre y a cambiar el nombre de lo que hago. Por otra parte, un estudio detallado de lo que se propone dentro del modelo CRAI (como modelo sí que me parece estupendo, como simple cambio de nombre, no) comparándolo con lo que, por ejemplo, ahora mismo ofrece la biblioteca en que yo trabajo, me hace ver que la inmensa mayoría de lo propuesto ya lo cumplimos. Se nos dice que estas adaptaciones responden al presumible "cambio de paradigma en la enseñanza" que supone el llamado Espacio Europeo de Educación Superior, pero de esto hablaré un poquitín más adelante.

Razón 2: como creo que mis usuarios no son analfabetos, no sé por qué tengo que alfabetizarlos además de formarlos

Siempre me ha parecido en exceso agresivo eso de la "alfabetización". ¿Acaso tenemos que considerar analfabetos a todos nuestros usuarios? En algunos casos me parece que esa es la idea y por supuesto no la comparto. ¿Se puede considerar que todo el que no ha pasado por un supuesto programa de "alfabetización en información" es un analfabeto, que no cumple las premisas que determinadas organizaciones han propuesto para considerar lo contrario? De todos modos, antes de empezar la casa por el tejado, tal vez habría sido necesario estudiar el grado de "alfabetización en información" existente en la actualidad. ¿Alguien se ha molestado en hacerlo? (Sé que en este punto habrá quien piense en la llamada "brecha o fractura digital", pero eso no es más que la constatación de un problema socioeconómico real, no un estudio de la alfabetización digital o en información) ¿Alguien ha definido un método normalizado, preciso, exacto y repetible -como ha de ser en todo método que quiera ser medianamente científico- para determinar el grado de analfabetismo en información que padecen nuestras poblaciones? Y después, ¿alguien ha pensado en un método normalizado, preciso, exacto y repetible para deteminar el grado el alfabetización conseguido después del paso por los supuestos programas? Porque lo que no me vale es por un lado decir que, por ejemplo, los alumnos de cierta universidad no saben dónde buscar información (¿es un problema de "analfabetismo" o de mala promoción de los servicios bibliotecarios?) como "prueba" de que es necesaria esa alfabetización o que durante X años han pasado tropecientos y pico usuarios por los supestos programas como "prueba" de que esa población pasa a estar alfabetizada. Y cuando digo "supuestos" para referirme a los programas no es que dude de su existencia, simplemente es que me parece que no son sino los programas de formación de usuarios de toda la vida adaptados a la tecnología actual, pero con otro nombre, más "mesiánico", más "sexy", más "presentable" al mundo no bibliotecario. En palabras de Isaacson:

Yo quiero hablar a la gente sobre la utilización de las bibliotecas (...) Me importa un bledo si están alfabetizados en información o no.

Por tanto seguiré trabajando en la formación de usuarios para hacerla cada vez mejor y más eficaz, para lograr que los usuarios consigan saber dónde buscar y me dejaré de milongas sobre "aprender a aprender" y sobre si el uso que hagan esas personas de la información será bueno o malo o servirá para "generar conocimiento". Ése no es mi negocio.

Razón 3: albergo serias e inquientantes dudas sobre lo que se nos viene encima

Y me refiero a "lo de Bolonia". No me voy a meter en consideraciones sociopolíticas como la posible entrega de la universidad a la empresa privada y a que sea el mercado de trabajo el único eje de su funcionamiento. Me refiero al tan nombrado "cambio de paradigma" en la enseñanza: de la actual transmisión de conocimientos al "aprendizaje casi autónomo". Se habla de que en los créditos constarán las "horas de trabajo personal" de los alumnos. ¿Cómo se van a medir? ¿Van a hacer fichar a los alumnos cuando entren y salgan de la biblioteca? ¿Nos van a poner a los bibliotecarios a controlarlo? Y el estudio en su casa ¿cómo se va a medir? Demasiadas preguntas con difícil respuesta. Pero la que últimamente yo me hago mucho es otra: ¿realmente ese cambio de "paradigma" es un progreso, una ventaja? Creo que todo el mundo está de acuerdo en que hay que reformar la manera de enseñar, que la clase magistral y los apuntes tienen que quedar atrás como única forma de transmitir el saber pero, ¿como reacción hay que dejar que el alumno "se busque la vida" con el profesorado quedando en mero "asesor"? Hago mía la opinión del colectivo "Profesores por el conocimiento":

Sin que nadie cuestione la necesaria proyección profesional de los estudios universitarios, cabe preguntarse a quién beneficia tan completa subordinación de la enseñanza superior a las exigencias del mercado laboral y si la generación, preservación y transmisión de valores cognitivos que tradicionalmente ha caracterizado a la universidad, primero, no es la forma de servicio a la sociedad propia de esta institución y, segundo, a qué razones obedece el hecho de que ahora dicha transmisión se presente en abierta oposición al ejercicio profesional como si ambas cosas resultaran incompatibles.
Si la universidad ya no debe transmitir conocimiento, el profesor deja de ser un docente, para convertirse en un consejero, un motivador, un orientador, un compañero, e incluso un colega. El profesor ya no es el responsable de la estructuración del proceso de aprendizaje, y sí en cambio se le atribuye un papel coadyuvante en la adquisición de las diferentes destrezas instrumentales, interpersonales y sistémicas, entre las cuales se incluyen la “capacidad de expresar las propias emociones”, la “capacidad de liderazgo”, “motivación de logro”, “apreciación de la multiculturalidad”. En este sentido se comprende la casi completa sustitución de las clases magistrales por tutorías orientadas a facilitar “el uso de competencias y destrezas”.

Creo que está meridianamente claro. Basta por hoy.

16.11.06

Mi héroe bibliotecario

El señor de la foto es Stephen Foster, bibliotecario en la Wright State University de Ohio. Acabo de leer un artículo suyo, publicado el año 1993 en la revista American Libraries (Vol. 24, nº 4, p. 344) que coincide punto por punto con mi forma de pensar sobre uno de los asuntos más de moda hoy en día en nuestro mundillo. Creo que es muy interesante, más que nada para acabar con la monotonía del discurso de valores dominante. Habrá quien diga que desde 1993 hasta la actualidad han pasado muchas cosas en el mundo de las bibliotecas y la información. Les contestaré con una pregunta: ¿a qué alturas temporales estamos en España con respecto a Estados Unidos? ¡Ojalá estuviéramos ahora, en 2006, como ellos en 1993! Además, por si acaso, recomiendo que se mire cuál es el primero de los enlaces que aparecen en esta bitácora en el epígrafe "Biblogsfera": uno quiere ser equitativo.

Yo había traducido el artículo y lo había colgado aquí, pero luego me he dado cuenta de que se trata de una obra derivada y todo eso y para no tener problemas con los derechos de copia y demás, me limito a dar la referencia bibliográfica. Como imagino que todos los que trabajamos en esto estamos muy "alfabetizados en información", no creo que tengamos mucho problema en localizarlo...: Foster, S. "Information Literacy: Some Misgivings" American Libraries, 1993, vol. 24, núm. 4, p. 344. Leedlo, leedlo.

10.11.06

Pensemos...


...que es muy sano.

Hay en el seno de la Universidad española un grupo de profesores e investigadores que ven con bastante preocupación lo que se nos viene encima. Yo coincido con ellos en ese temor, que no es otro que la mercantilización de la universidad para servir exclusivamente a los intereses del mercado de trabajo. Quizá haya quien diga que esta afirmación es muy radical. Si piensan así, les invito a leer en este artículo las opiniones de Justo Nieto, antiguo rector de la Universidad Politécnica de Valencia y actual Consejero de Empresa, Universidad y Ciencia (¡ojo al nombre de la Consejería!) de la Generalidad Valenciana. Entresaco algunas frases:

«Formación a la carta», «Transcompromiso entre la Universidad y la Empresa» y un Ministerio de Educación y Ciencia que se limite a coordinar a las universidades y buscar oportunidades conjuntas para ellas son algunas de las piedras de toque de su discurso, en el que no falta una crítica abierta al proceso de Bolonia: «Se ha quedado obsoleto», afirma. De los rectores dice que «se convierten a menudo en guardianes de esencias, arcanos y privilegios».

P.— Todavía hay muchos que tiemblan cuando se habla de simbiosis entre la Universidad pública y la Empresa privada.
R.— Sí, esos recelos existen en los dos sentidos aunque, afortunadamente, cada vez son más los que apuestan por esa relación Universidad-sociedad. Otra cosa es cómo se puede materializar, y yo estoy convencido de que sólo existe una forma posible: el transcompromiso.
P.— ¿En qué consiste?
R.— En que la Universidad, la Empresa y la Ciencia sean un solo elemento, cada uno de ellos impregnado de la filosofía del resto y más allá de una buena relación de vecindad. Un ejemplo de esto sería la formación a la carta que nosotros perseguimos: que un bufete de abogados pueda reclamar a una universidad licenciados con 50 horas en Derecho Comunitario, formados por un prestigioso jurista...


Creo que está muy claro: "sociedad" se hace equivalente a "empresa" y se ve con buenos ojos que sean las empresas las que diseñen el modo de preparar a los futuros titulados, en función de sus propias necesidades.

Por otra parte, está el cambio de paradigma educativo: se elimina el concepto de "transmisión de conocimientos" por el de "aprendizaje". Creo que es muy útil leer lo que opina un grupo de profesores de la Universidad Complutense de Madrid sobre éste y otros aspectos de la Convergencia Europea. El documento no tiene desperdicio. Lo dicho: pensemos.

6.11.06

(Re)definiendo el libro

Carmen Calvo, ministra de Cultura

Curiosamente, hace más o menos de un mes hablé por aquí sobre la redefinición del concepto de libro y su actualización, aunque más bien fuese para defenderlo como vehículo de cultura ante quienes pudieran considerarlo como una reliquia del pasado innecesaria ante los vertiginosos avances tecnológicos. Pues bien, en el último Consejo de Ministros el Gobierno aprobó el proyecto de Ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, donde precisamente una de las cosas que pretenden hacer es redefinir el concepto de libro para ampliarlo, no para declararlo obsoleto. En la nota de prensa del Ministerio de Cultura donde se anuncia esta aprobación se indica que la definición de libro que se propondrá es:

Se entiende por libro la obra científica, literaria o de cualquier otra índole que constituye una publicación unitaria editada en uno o varios volúmenes y que puede aparecer impresa o en cualquier otro soporte susceptible de lectura. En esta definición quedan incluidos los materiales complementarios de carácter impreso, visual, audiovisual o sonoro que sean editados conjuntamente con el libro y que participen del carácter unitario del mismo, así como cualquier otra manifestación editorial.

Habrá que estar atentos al texto y a las modificaciones que sufra en las Cortes, pero al menos esta definición no me parece mala: es lo suficientemente ambigua como para abarcar todas las formas en que puede presentarse la información y no trata el tradicional libro en papel como un trapo viejo. Ya veremos.

¡¡Por fin...

...una aplicación práctica y, sobre todo, "evaluable"!!

2.11.06

Declaración de principios


Concedo que es extraño plantear una “declaración de principios” tras año y pico de publicación de una bitácora, pero es que hasta este momento no había pensado que fuese necesario.

Sin embargo, lo es. Lo es porque no quiero que se malinterprete lo que aquí se escribe. Una bitácora personal, como ésta, es la voz de cada cual, es el medio que utiliza para decir lo que piensa en uso de uno de sus derechos fundamentales: la libertad de expresión. En una sociedad democrática, su único límite ha de ser el respeto a la legalidad. Algo tan de perogrullo como no injuriar, no calumniar, no vulnerar el derecho al honor y a la propia imagen de los demás, etc. Criticar las ideas de otros no estimo que se encuentre entre los delitos antes mencionados. Y creo que hay un derecho que todos debemos aceptar sin excepción: el derecho a equivocarse. Yo nunca planteo mis ideas como la verdad absoluta y acepto que puedo estar siempre equivocado.

El método científico ha de excluir necesariamente los dogmas. Quiere esto decir que cualquier teoría que se plantee se puede someter a críticas en tanto en cuanto no se demuestre que es una ley inmutable de la naturaleza. Es decir, que E=mc2 por mucho que yo me empeñe en otra cosa. Sin embargo, otras propuestas, que por mucha aceptación que tengan nunca podrán tener la categoría de las universales leyes de la física o la matemática, han de ser conscientes de que pueden ser sometidas a críticas, incluso a oposición, sin que ello suponga ni menosprecio a quienes las sustentan y abrazan con entusiasmo ni su negación tajante, de no ser que, como digo, se nos quieran presentar como dogmas intocables (algo que para mí, quizás a causa de mi formación científica, me parece rechazable de plano).

Es por ello que podría resultar paradójico que una teoría que plantea precisamente esfuerzos para que los ciudadanos puedan utilizar la información de manera crítica no admitiera críticas sobre ella misma. Este “si no estás conmigo estás contra mí y si te opones a lo que yo pienso eres un radical” es un mal de hoy en día, propiciado por esa falaz teoría de la muerte de las ideologías, del triunfo de un “pensamiento único” que no admite que haya muchas formas válidas de afrontar los problemas: sólo hay una, una “gran unificación” que se encuentra por encima de toda ideología.

Yo, por suerte o por desgracia, sí que tengo ideología y no me considero precisamente un radical. No me gusta la idea neoliberal de que todo servicio público ha de justificar siempre su existencia para no cargar con impuestos a los ciudadanos (lo cual no implica necesariamente que quiera acabar con la economía de mercado). Y menos que en ningún campo, en el mío. Las bibliotecas, sean del tipo que sean, jamás habrán de buscar la rentabilidad económica, sino la social. Sé que esto parece pasado de moda y que muchos dicen que lo más importante es gestionar bien lo público aplicando las técnicas de la empresa privada. Yo no lo niego, pero no creo que el superávit económico deba estar entre nuestros principales objetivos.

Sin embargo, la idea de la “justificación a ultranza” se ha impuesto y quizá ahí esté el origen de mis críticas a determinados conceptos que no veo muy claros. Creo apreciar que nos estamos inventando muchas cosas para hacer ver a los políticos –los que manejan los cada vez más escasos fondos- lo necesarios que somos.

Yo, modestia aparte, no me considero un mal profesional y sé que voy a tener que aplicar en mi trabajo ideas y conceptos con los que no estoy muy de acuerdo. Pero precisamente porque creo que no soy un mal profesional, lo haré lo mejor que sé, más que nada porque no me gusta hacer un trabajo mal hecho y soy mi crítico más feroz. Además, no me van a mandar a degollar niños, no son cosas que estén en contra de mis principios morales. Sin embargo, mis ideas seguirán siendo las mismas y, dentro de la legalidad y con el máximo respeto a sus defensores, continuaré criticando (y utilizando la ironía, que me parece la forma más inteligente de hacerlo) los aspectos que me parecen dignos de ello: tengo derecho a equivocarme.

6.10.06

Entre todos lo mataron y él nunca se murió


Siempre he contemplado la sociedad en que vivo, la española, como muy maniquea. O estás conmigo o estás contra mí. Quiere esto decir que muchas veces las cosas se hacen o se piensan "contra" algo (y no me refiero a esa memez idiomática que a veces perpetran los informáticos cuando buscan "contra" una base de datos).

Leo en Iwetel y en la bitácora de Francisco Tosete (Tentándole) que las nuevas tecnologías que van a pemitir el uso de equipos más pequeños y manejables y conexiones vertiginosas a la Red hacen necesario "redefinir el concepto de libro". No tengo nada que objetar a lo dicho allí, salvo a un párrafo que no me resisto a citar:

¿Tiene sentido seguir manteniendo hoy día el limitado concepto de libro que tenemos como una unidad finita, física, cerrada, de práctica o nula interactividad, no participativo ni colaborativo, o deberíamos comenzar a cambiarlo en los manuales y comenzar a pensar en términos de lo que ofrecen las nuevas plataformas y tecnologías?

Lo más probable es que no haya entendido bien el párrafo o que lo esté sacando de contexto, pero, ¿realmente un libro es una cosa tan fea y tan mala? En el mismo texto se cita a Nicholas Negroponte y su libro El mundo digital, que leí hace bastante tiempo y del que me llamaron la atención dos cosas. Una, que el autor se confesase como "disléxico" (es como si un tartamudo fuese a dar un curso práctico de elocuencia) y otra que, para defender o augurar la muerte de los libros (= átomos) como "inevitable" consecuencia del auge de los "bits" (= los medios electrónicos de almacenamiento informativo) escribiese precisamente un libro. ¡Oh, paradoja de las paradojas!

Dicho esto, invoco el primer párrafo de este texto, del que supongo que alguien habrá pensado "¿y eso del maniqueísmo a qué viene?". Lo invoco porque no creo que para lisonjear las nuevas posibilidades que nos ofrece la tecnología haya que tratar al libro como un trapo. Yo sólo tengo clara una cosa: la tecnología es buena y necesaria, pero tiene sus inconvenientes. ¿Estos magníficos sistemas de almacenamiento servirán igual dentro de 50 ó 100 años? ¿O deberemos cambiar de tecnología como de camisa porque cuando algo se queda obsoleto pasa a ser inservible? (¡Ah, la "incompatibilidad tecnológica"! ¡Oh, la economía de mercado!) Sin embargo, osaría profetizar que el libro que ayer salió de la imprenta seguirá siendo igual de válido como medio de transmisión cultural dentro de 50 ó 100 años. Por muy "finito, físico, cerrado, de práctica o nula interactividad, no participativo ni colaborativo" que sea. Señores maniqueos, no me llamen ludita.


3.10.06

"Biblogsfera"

No suelo escribir dos mensajes en un día (la irregularidad es uno de mis muchos defectos como "escritor de bitácoras"), pero hoy la cosa se presta a ello. He sabido que se ha publicado un artículo que firma Mariela Ferrada y en el que se ocupa de la comunidad de autores de bitácoras sobre bibliotecas y documentación en la red, la llamada "bibliogsfera" (o "blogosfera", "biblioblogsfera", etc...) Hay que comentarlo, pues. En mi caso, solo puedo entonar una especie de mea culpa, porque aunque hace tiempo que formo parte del grupo Biblogsfera, voy bastante a mi aire. En mi descargo diré que muchas veces estimo que las cosas que a mí me interesan (que no voy a enumerar porque se pueden leer en los casi 60 textos que forman esta bitácora) a muchos otros les parecen de poca importancia (tengo el síndrome de "voz que grita en el desierto"). Pero lo que no tiene perdón es el no haber ni siquiera enlazado algunas otras bitácoras, como una mínima etiqueta de "biblogsférico" exige. Esto lo he empezado a subsanar hace pocos días y espero seguir con ello. Un saludo a mis colegas "biblogsféricos", me propongo haceros más caso desde ahora y ocuparme más de la "biblogsfera" como comunidad de la que pueden salir experiencias muy útiles (ahora, que tendréis que seguir aguantando a Mario, Maribel, al reciente Fray Eulogio y mis diatribas contra el neoliberalismo y el papanatismo idiomático...)

6.9.06

La realidad (casi) siempre supera la ficción



Últimamente están dominando esta bitácora ciertas veleidades "literarias" que he dado en llamar "ficción bibliotecaria". Siguiendo en esa línea, vamos a contar un cuento.

Había una vez, en una Comunidad Autónoma muy lejana, una presidenta enemiga declarada de personalismos pero que gustaba bastante de dar la nota. Acérrima defensora de la cultura, se declaró en su día fiel seguidora de la insigne escritora portuguesa Sara Mago, ganadora del premio Nobel; también mostró su admiración por la triste y prematuramente desaparecida poetisa Dulce Chacón (fallecida el 8 de diciembre de 2003) preguntando hace pocos meses a su madre si la hija se hallaba en Cuba.

Esta presidenta, tan culta ella, visitó cierto barrio del sur de la capital hace aproximadamente año y medio. Fue recibida por las protestas de los vecinos, que no querían que se cumpliese la amenaza de cierre que se cernía sobre su biblioteca pública. "Soy la más interesada en que no se cierre", dijo sin dudar, mientras lanzaba una autoritaria mirada sobre el concejal responsable del distrito. Éste hizo de político y se limitó a responder con palabras vacuas el requerimiento de su superiora. A ella no le pareció suficiente y llegó a dar su teléfono a los interesados para que la llamasen si la biblioteca llegaba a cerrarse.

Ayer mismo la situación de esa biblioteca era... que ya no era una biblioteca. Libros y personal habían desaparecido hace tiempo; sólo se abría una sala de estudio; una vez a la semana y durante una hora (de 11 a 12 de la mañana) llegaba un bibliobús para que los ciudadanos pudieran llevarse algún libro en préstamo.

Y no se le ocurrió otra cosa a la presidenta de nuestro cuento que volver a ese mismo barrio, pero a visitar las cercanas obras del metro. Un grupo de vecinos se aproximaron para afearle el notorio incumplimiento, lo cual picó de veras a nuestra heroína, que se dirigió con gran confianza a una ciudadana que la increpaba: "¿A que no tienes narices a venir conmigo? Vamos a ver si están los libros." Y, ni corta ni perezosa, abandonó el plan establecido y se dirigió al centro cultural donde supuestamente estaba la biblioteca. Una vez allí, la ciudadana en cuestión emplazó a la presidenta para que se llevase en préstamo alguno de los inexistentes libros de aquella calurosa sala de estudio. Y aunque nuestra heroína contestó "protesta menos y mira más" fue incapaz de encontrar documento alguno por allí. Mas como los políticos siempre tienen salida para todo, al final pretendió tener la razón: "Yo lo que prometí es que seguiría abierta", añadiendo además que si ella fuese una usuaria de "aquello" lo que realmente pediría es que se instalase aire acondicionado. Finalmente tuvo que ser el concejal quien reconociese que esa sala de estudio no cumplía con las premisas de lo que debe ser una biblioteca. Y dio la solución: "dentro de nada vamos a empezar a construir una gran biblioteca que va a costar 79 millones de euros."

Pues bien, si esta historia fuese real, me daría la razón en muchas de las cosas que pienso y que en ocasiones me hacen sentir como "voz que grita en el desierto": los políticos no tienen ni idea de para lo que sirve una biblioteca y sólo se ocupan de ellas cuando pueden sacar algún tipo de rentabilidad política. Es más importante la prolongación de horarios que la presencia de personal cualificado o incluso de libros. Es más importante el aire acondicionado que el servicio de préstamo, que cualesquiera de los otros servicios que ha de prestar la biblioteca (excepto, claro está, el de lectura en sala, que es el único que conocen).

Lo dicho, la realidad siempre supera la ficción.

31.8.06

Maribel, la concejala y los horarios

La cara del director de la biblioteca era un poema. Hay quien dice que la labor principal de un director de biblioteca municipal es saber lidiar con los políticos y salir con las menores cornadas posibles. Esta vez parecía que el director tenía algo más que un pitonazo...

¿Qué había ocurrido? Maribel sabía que la concejala de cultura del ayuntamiento no ocupaba el cargo precisamente por ser una gran gestora, por haberse dedicado de forma notoria a favorecer la cultura en el municipio... La pobre mujer se había quedado sin trabajo y, al ser una militante del partido en el gobierno con bastantes buenos contactos hubo que buscarle una canonjía.

La señora había debido de oir por ahí que las bibliotecas sirven fundamentalmente para que los jóvenes en edad de estudiar estuviesen recogiditos en épocas de exámenes para que no diesen la lata a sus padres y no formasen botellones en las plazas públicas. En definitiva, un medio para tener contenta a la gente e incluso para recoger votos. Esta buena mujer debía de haber visto en algún informativo de la televisión noticias en las que se hablaba de bibliotecas, alumnos y exámenes. Posiblemente había escuchado decir a aquellos devoradores de apuntes que en su casa no podían estudiar por culpa de "las ventanas", "mi hermano pequeño", "la tele" o "la nevera". Que preferían ir a la biblioteca porque como allí veían a mucha gente estudiando buscaban contagiarse de ese ambiente. Pocas referencias a libros, revistas u otros documentos que, casualmente, también suele haber en las bibliotecas. Así que la buena señora se dijo "¿y por qué no?"

Por eso, aquel día que Maribel la había visto entrar en el despacho de su jefe, ya se olía algo malo. "Ésta sólo viene aquí para darnos malas noticias". Que ya no había dinero para suscripciones (había que pagar el campo de fútbol), que querían endosarle la biblioteca a la Comunidad Autónoma...

-¿Qué es lo que pasa? -preguntó Maribel intrigada.
-Quiere que abramos hasta las 10 de la noche y los domingos.
-¿Cómo?
-Lo que oyes.
-¿Y, por qué?
-Porque estamos en época de exámenes y dice que es una demanda de los ciudadanos...

Maribel dejó marchar a su jefe, que sin duda tendría que empezar a hacer encaje de bolillos para poder cumplir con la voluntad de su responsable política; con escasez de personal y de medios tenía que asumir lo inasumible.

"Lo mejor de todo", pensaba Maribel, "es que esta señora quiere abrir hasta las esas horas y en esos días cuando la mayoría de nuestras bibliotecas, en cualquier época del año, abren sólo por la tarde..."

Menos mal que ya era la hora de irse a casa...

23.8.06

Nueva crónica del "todo incluido"

(Playa en el parque natural de las Dunas de Corralejo, Fuerteventura)

Quizá sea pretencioso hablar ya de "tradiciones" en esta bitácora, que apenas tiene un año de antigüedad; sin embargo calificaré de "tradicional" este mensaje sobre mis vacaciones que se sale por completo de lo que aquí se suele tratar.

He repetido Fuerteventura este año. No he querido volver al sur, a Jandía, pues son más de 100 los kilómetros que hay que hacer por carretera después de un de por sí fatigoso viaje en avión. Este año ha sido Corralejo, al norte, en el municipio de La Oliva, a poco más de media hora del aeropuerto. Otra vez la pulserita-etiqueta, de la que aún me queda la marca en el bronceado de mi muñeca, y otra vez lo mismo. Falta de pudor para enseñar michelines, celulitis varias, vello en la espalda... Tatuajes cada vez más feos (quisiera saber lo que dicen esas letras chinas o japonesas que parecen estar de moda; imagino que quienes las tatúan podrían hacer unas bromas estupendas con efectos en un posible viaje a China o Japón), extranjeros cada vez más raros... La novedad de este año ha sido el "aerobic". Me llamó la atención ver ese grupo de guiris, casi todas mujeres, casi todas entraditas en carnes, casi todas carentes de forma física, intentar copiar los movimientos que la joven y atlética animadora hacía sin parar subiéndose y bajándose a una plataforma. Mi pregunta era si en esos ocho o diez días estas damas pretendían ponerse en forma o perder todo aquello que habían acumulado de más durante once meses.

¡Qué maravilla de playa! Lástima que siempre estuviese yo ubicado en la única zona del parque natural donde se ha consentido la construcción de dos hoteles (los lunes tocaba protesta laboral, cencerros en mano, del personal; curiosamente su pancarta reivindicativa estaba escrita en alemán y sólo en alemán). Enormes dunas, mar esmeralda, viento siempre, las islas de Lobos y Lanzarote en el horizonte... Un paraíso.

¿Repetiré el "todo incluido"? No lo sé. Me empieza a aburrir un poco y mi ya de por sí deteriorada figura se resiente ante la incontenible hemorragia cervecera. Tal vez sea hora de pensar en otros destinos...
¡Ah! Y una curiosidad. Me he encontrado muchos camareros italianos. Me dijeron que allí les pagaban mejor que en su país y que la vida es mucho más barata... No todos los inmigrantes son iguales, por desgracia...