26.2.20

Cómo interpretar un informe de Turnitin (I)

Así se ve un informe de similitud en Turnitin. Resaltado en rojo, el texto "fusilado" sin piedad

Bien, ya tengo mi informe de similitud de Turnitin. ¿Y ahora qué? Tengo un porcentaje, unas partes del texto marcadas con colorines... ¿Qué hago con todo esto? Ahí es donde está lo más arduo de un control de plagio, en la interpretación de los informes.

En un informe de Turnitin lo primero que siempre vemos es el porcentaje de coincidencia. Tienen un código de colores que van del azul (que correspondería a una coincidencia del 0 %; no os creáis que eso no existe, esta misma semana he obtenido una cosa así) al rojo.


¿Con esto ya nos vale? Sí y no. Sí, si obtuviésemos ese rarísimo 0 % o si el porcentaje es excesivamente elevado (¡ese 88 %...!), lo cual da para pocas dudas. Sin embargo, en la enorme escala de grises que hay entre uno y otro caso la cuestión se complica un poco.

Hace un tiempo me pidieron que buscase revistas que utilizaran por norma el control antiplagio para ver si tenían establecido un porcentaje por encima del cual rechazarían (o devolverían para corrección) los artículos que se les enviasen. No encontré prácticamente nada. Y esto es así porque solo el porcentaje (salvo en los casos que os he mencionado en el párrafo anterior) no tiene por qué ser un indicador de plagio flagrante. Dicho de otro modo, un feo resultado de un 35 % tal vez no suponga plagio mientras que uno de un angelical 8 % sí que lo puede ser. Tened en cuenta que esos porcentajes lo que nos indican es el número de palabras coincidentes que ha encontrado el programa. Pensad en una tesis doctoral de 800 páginas con 200 000 palabras (que las hay, ¿verdad, amiguis de Derecho?); un 8 % de 200 000 son 16 000 palabras, esto es, varios artículos completos que podrían haber sido "fusilados" sin contemplaciones.

En el otro caso, el del 35 %, nos podemos encontrar, por ejemplo, con tesis doctorales que sean recopilaciones de artículos que ha tenido que publicar previamente, como requisito para llegar a la defensa, su autor o autora. En ocasiones se trata incluso de reproducciones exactas del artículo tal y como apareció en su momento. Es un caso que se nos ha dado aquí, en la UC3M y que se ha resuelto estableciendo que en tesis de este tipo haya que indicar, al comienzo de la memoria, en qué artículos se basan total o parcialmente los diferentes capítulos del texto.

Otra situación relacionada con este segundo caso es la de las citas literales. No siempre se cita bien, se respeta el entrecomillado o el resaltado tipográfico, aunque luego la cita esté reflejada en el texto mediante el sistema Harvard -ya sabéis, eso de (Wilson, 2017)-, el numérico (utilizado, por ejemplo, en el estilo IEEE, donde las citas se señalan con un número encerrado entre corchetes [2]) o mediante una nota al pie, como en el estilo Chicago. En principio Turnitin está preparado para excluir las citas literales, pero otra cosa es que sea capaz de detectarlas:


Como veis en la imagen anterior, no solo se pueden excluir las citas, sino también las referencias bibliográficas, que, como es lógico, aparecerán en otros muchos textos y no son plagio. Además, tenemos la opción de no tener en cuenta un número determinado de grupos de palabras (ya se sabe que hay modismos del idioma que se repiten mucho y siempre aparecerían resaltados en los informes) o un porcentaje mínimo de coincidencia. En este segundo caso os comento como ejemplo que en la UC3M solo se consideran las fuentes de coincidencia que tienen más de un 1 % de similitud.

(Una curiosidad: sobre todo en artículos cortos que tienen mucha bibliografía, muchas veces Turnitin nos lo indica -si la bibliografía supone más del 15 % del texto del artículo- por si queremos desactivar esa opción.)

Para otro mensaje dejo cómo acceder a las fuentes originales para comparar los textos e indagar si en realidad ha habido "fusilamiento", vamos a repartir un poco la caridad...



29.1.20

Más sobre Turnitin: cómo excluir fuentes


¡Aaaaaargh! ¡He sacado el informe de Turnitin sobre un trabajo que me han entregado y ha salido un 97 % de coincidencia! ¡Plagio! ¡Anatema! ¡Horror! Como se sepa... ¡Ya no seré nunca ministro, ni siquiera director general...!

Venga, venga, no caigamos en histerismos, por mucho que el clima político-social de hoy en día sea un perfecto caldo de cultivo para ello. En esta vida casi todo tiene remedio...

Partamos de ese resultado: un porcentaje elevadísimo de coincidencia en un informe de Turnitin. ¿Qué quiere decir esto?

La respuesta es de cajón: el programa ha detectado que el 97 % del texto que hemos subido aparece también en otras fuentes, en las fuentes que suele consultar: repositorios de Internet, revistas de acceso abierto, páginas Web y (tengamos esto muy en cuenta) su propio repositorio interno.

¿Cómo lo interpretamos? Es evidente que esto puede querer decir que quien ha escrito el trabajo ha plagiado miserablemente. Si es así, asunto terminado. Expulsión a las tinieblas exteriores, donde todo es llanto y crujir de dientes...

Pero también hay otras interpretaciones y ahí es donde recupero la cuestión del repositorio interno de Turnitin que acabo de mencionar. En la entrada anterior ya os hablé de él. Cuando se configura un ejercicio en Turnitin una de las opciones que hay es almacenar los archivos que se suban en ese repositorio. Esto tiene sus ventajas y también sus inconvenientes.

La ventaja fundamental es que desde ese momento Turnitin también considerará ese archivo a la hora de comparar otros trabajos y así podremos saber si otra persona ha copiado el primer trabajo. Dicho a las claras, si mi estudiante del curso pasado le ha pasado su trabajo a un amiguete del curso presente y lo ha fusilado, sin más. Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones ni los trabajos de fin de máster ni los de fin de grado se almacenan en repositorios institucionales, de modo que esta sería la única forma de saber si son objeto de plagio.

Ahora, también presenta inconvenientes. En el caso de las tesis doctorales, por ejemplo, no lo hacemos (hablo del caso que conozco, que es el de mi universidad), porque muchas veces se producen modificaciones y correcciones de última hora y se han dado casos de tesis que han pasado hasta cuatro veces por el control antiplagio antes de seguir con el procedimiento. Si las hubiésemos almacenado, la segunda vez que las hubiéramos subido saldrían esos porcentajes horribles dado que suelen ser simples retoques.

Y claro, están los "accidentes". Esta especie de histeria propiciada por las noticias relacionadas con el plagio ha hecho que mucha gente se ponga un poco nerviosa. Nervios que yo siempre considero un tanto infundados, porque quien no ha plagiado (que es la inmensa mayoría) no debería tenerlos. Cierto que hay gente que tiene ciertas dificultades a la hora de citar bien los textos, sobre todo cuando las citas son literales, pero para eso está la interpretación de los informes, para distinguir entre una cita mal hecha y un plagio.

Pero no me quiero ir por los cerros de Úbeda. Esa "histeria" ha propiciado que haya gente que quiera pasar su propio "control" antes del oficial y, por ejemplo, le pide el favor a un amiguete de la Universidad X, donde también se usa Turnitin, a ver qué pasa. Y lo que pasa es que cuando nos llega a nosotros sale un muchísimo por ciento de plagio cuya fuente es un trabajo entregado a la Universidad X, con lo que ello supone a la hora de identificarlo con precisión (véase la entrada anterior).

Vaya follón, ¿no? Pues no, porque es fácilmente solucionable. Si sabemos con toda certeza que ese tremendo porcentaje de coincidencia proviene de un "errorcillo" es fácil excluir la fuente para que el informe que salga se ajuste a la realidad, es decir, que no estemos comparando nuestro trabajo consigo mismo. ¿Cómo hacerlo? Vayamos al informe de Turnitin; en él pulsaremos en el porcentaje que nos sale a la derecha de la pantalla para que nos aparezcan las fuentes de coincidencia:


La columna de la derecha se abre y muestra dichas fuentes:



¡Huy, esa del 16 % qué poco me gusta! Si resulta que entro y es una versión anterior en la que he basado esta y que publiqué en... Luego, me interesaría prescindir de ella. ¿Cómo lo hago? Primero, pulsando sobre la figura en forma de flecha que hay a su derecha:


La pantalla cambiará y aparecerá algo así:


¿Habéis visto el botón que está abajo del todo? "Excluir fuentes". ¡Ahí está la magia! Pulsémoslo:


Seleccionemos luego el cuadrito que os he marcado con un óvalo rojo; así marcaremos tanto la fuente principal como todas las "subfuentes" (otros documentos del mismo repositorio donde se han encontrado mínimas coincidencias). Veremos que entonces el botón gris que abajo nos dice "No se ha seleccionad..." cambia y se convierte en esto:


Una vez pulsemos "Excluir", el programa eliminará esa fuente de coincidencia y recalculará el porcentaje de similitud. En nuestro caso, hemos pasado de un sospechosillo 29 % a un mucho más presentable 17 %:


Así que, como veis, es bastante sencillo excluir fuentes y de ese modo corregir "pequeños deslices" causados bien por despistes o bien por esa ansiedad que si no es por tenerte en mis brazos musitando palabras de amor no es buena.

Por cierto, el proceso es reversible. Si por el motivo que sea queremos restaurar las fuentes no tenemos más que pulsar en el icono que representa una señal de prohibición:


En la siguiente pantalla tendremos la opción de restaurar todas las fuentes excluidas o bien las que seleccionemos mediante los correspondientes cuadritos:


Y eso es todo, amigos.








21.1.20

"Turnitin Paper View Request": ¿Qué hago si me llega un correo con este asunto?

En los últimos tiempos he dedicado este blog más bien a mis veleidades literarias. Sin embargo, este año que acaba de comenzar quisiera recuperar, al menos en parte, la idea original que me llevó a crearlo: hablar de cuestiones relacionadas con mi trabajo como bibliotecario. Y eso es lo que voy a intentar en esta entrada.

Aunque en la Universidad Carlos III de Madrid, en cuya biblioteca trabajo, se lleva utilizando Turnitin (un programa de control de plagio) desde hace muchos años, es ahora cuando se está empleando con más profusión. Creo que no es necesario mencionar los escándalos periodísticos que lo han traído al primer plano de la actualidad. Es muy probable que ello haya provocado que su uso en nuestras instituciones aumente considerablemente.

Aquí en mi universidad, por ejemplo, ahora es obligatorio que se emita el informe de coincidencia para que una tesis doctoral siga adelante con el procedimiento para su defensa. También empieza a ser común que los trabajos de fin de estudios, ya sean de grado o máster, pasen por este control.

De ahí que también empiece a ser común que a un docente le aparezca un mensaje de correo con asunto "Turnitin Paper View Request". Me han llegado algunas consultas al respecto, ya que el mensaje suele desconcertar bastante a quien lo recibe. Por eso voy a intentar explicar de qué va la cosa.


El mensaje misterioso

Cuando Turnitin elabora un informe de coincidencia lo que hace es señalar en el texto de nuestro archivo las similitudes que ha encontrado al comparar con diferentes fuentes (Internet y repositorios internos). También nos relaciona las fuentes donde ha localizado esas coincidencias. La mayor parte de las veces son revistas en acceso abierto, páginas web o documentos encontrados en repositorios de libre acceso. Sin embargo, también hay veces que la fuente es un trabajo entregado en otra universidad o institución similar. ¿Por qué ocurre esto?

Cuando se configura una tarea en Turnitin, entre las diferentes opciones que hay está la de almacenar o no los archivos que se suban en su repositorio interno. Esto tiene ventajas e inconvenientes. En el caso de trabajos de fin de grado o máster, si se almacenan en tal repositorio, nos servirá para ver si en cursos posteriores un estudiante ha copiado el trabajo de otro porque se lo hayan pasado, por ejemplo. Sin embargo, en los casos en que se permitan correcciones y, por tanto, se puedan subir los archivos varias veces no es conveniente hacerlo ya que en una segunda subida el trabajo tendría un porcentaje de coincidencia cercano al 100 % pues se estaría comparando consigo mismo (aunque esto se puede solucionar fácilmente, en otra ocasión hablaré de ello).

Sea como sea, a veces Turnitin nos indica que una de las fuentes de coincidencia es un trabajo entregado a otra universidad:


¿Cuál es el problema aquí? En cualquier otro caso, desde el informe podemos acceder a la fuente original para hacer nuestras pesquisas, pero si la fuente es de este tipo, Turnitin no lo permite por cuestiones de propiedad intelectual:


Esto no quiere decir que no lo podamos ver, el programa nos da la opción de "enviar una solicitud de permiso al instructor del autor" si pulsamos sobre el nombre de la institución. Entonces nos aparecerá lo siguiente:


Si pulsamos en "Enviar una solicitud para ver este trabajo" es cuando Turnitin genera de forma automática el "mensaje misterioso".

Ahora bien, ¿a quién se lo envía? Porque esta es otra cuestión que genera confusiones. Lo hace a quien considera "instructor", que no tiene por qué coincidir con la persona que ha creado el ejercicio. En nuestro caso, con Turnitin "incrustado" dentro de Moodle, suele ser quien figura coordinando el espacio (la "asignatura") en que se crea el ejercicio. Muchas veces esa persona es quien dirige el máster en cuestión o quien coordina el tribunal del trabajo de fin de grado, pero no el docente que ha creado y valorado el trabajo. Por eso, cuando llega el correo, no sabe de qué va. Así que en esos casos consultad a quienes se encarguen de dar apoyo en el uso de Turnitin (en nuestro caso se hace desde la Biblioteca) para que os lo aclaren (si es que no os habéis enterado con mis explicacioncillas).

¿Y qué hacer cuando nos llega ese correo? Si queremos que la otra persona acceda a ese documento para comprobar si hay plagio, simplemente se contesta, sin más. Así llegará automáticamente al otro instructor. Yo siempre digo que es conveniente dar esta ayuda (de no ser que haya alguna causa importante para no hacerlo), por una simple cuestión de reciprocidad. En un futuro puede ser nuestra universidad la que necesite hacer una consulta semejante y si en su día nos negamos o no contestamos...

15.12.19

Otra vez 15 de diciembre, otra vez, "Día de Garabitas"


No voy a volver a explicar mi osadía al haber declarado el 15 de diciembre «Día de Garabitas» al igual que el 16 de junio es el «Bloomsday». En un 15 de diciembre empieza la acción de mi novela El cerro de Garabitas, la primera que una editorial tuvo a bien publicar. No me enrollo más, porque lo que en realidad quería era dejaros el primero de sus capítulos (son muchos, cuarenta y seis, pero todos muy breves). Y si os gusta, al final os pongo los enlaces para obtenerla. Allá va.

Navidad en Madrid. Fechas odiadas por unos, indiferentes para otros, símbolo de felicidad y reencuentro para los más. Sin embargo, para los solitarios, para algunos solitarios, es el momento en que se exacerba más la sensación de vacío que siempre les acompaña. Ello a pesar de las multitudes que se reúnen sobre todo en determinados sitios, como la Puerta del Sol y sus aledaños. Vomita el Tragabolas chorros de gente que han traído aquí el metro o el tren de cercanías, que nada más salir, tras fijarse —o no— en los cimientos de la iglesia del Buen Suceso, se encontrarán con el enorme cono verde que quiere representar un árbol de Navidad, con el cartel de Tío Pepe cambiado de sitio por voluntad de una multinacional, con grupos de personas con extraños tocados —cuernecitos de reno, gorritos de Papá Noël, diademas de lucecitas, a cual más absurdo, que luchan por avanzar en la inundación humana. 

En las últimas tardes del otoño el cielo y el aire tienen una luz apagada, una bruma que vela el horizonte más lejano. Aunque los hornos y estufas de leña o carbón no son ya más que un recuerdo, aún parece que oliesen las hogueras que antaño calentaban las casas y los fogones; ese peculiar aroma entra en una nariz a la que el frío enrojece, un frío que no mitiga el calor humano, ni siquiera en el espantoso atasco que se forma, en estas fechas, entre las calles del Arenal y Mayor y hace de cruzar el breve trecho que las separa una verdadera odisea. 

Y es que, en general, atravesar la Puerta del Sol en Navidad es una odisea. Desde el Tragabolas, pasar por delante de la Casa de Correos, enfrente de la cual el Kilómetro Cero tan admirado por los forasteros se convierte en un punto de encuentro y aglomeración, y alcanzar la calle de Postas y dirigirse a la Plaza Mayor para pasear delante de los puestos y golpearse la cabeza con lo que tienen colgado en sus viseras, todo esto es una aventura para muchos deseada, terrible para otros, un agobio para la mayoría. En las variopintas tiendas que se encuentran en este trillado camino no cabe un alfiler; los bares, ayudados por la temperatura gélida, están llenos. Los puestos de los manteros, en las orillas de la calle, estrechan el chorro de viandantes que van y vienen. Todo es ruido, luz, humo, estridentes villancicos y otras músicas ratoneras que salen de los altavoces que usan algunos comerciantes como reclamo. En agudo contraste, las ancestrales tiendas de hábitos, con su muestrario que recuerda al espectador el color que corresponde a cada orden, como una ventana que se asomase hacia el pasado. 

Malos tiempos y malos lugares, pues, no sólo para quienes huyen de las aglomeraciones, sino también para los misántropos, para quienes han hecho de la soledad su compañera fiel y también para quienes la padecen sin desearlo. En estos tiempos y en este lugar sufrirán el azote de una alegría carente de motivo, un estado que hay que alcanzar porque sí, porque las fechas lo piden y porque todo el mundo está contento. «¡Es Navidad!» repetirán los lemas publicitarios de los grandes almacenes. «Es tiempo de paz, de amor, de regalos…». Sobre todo de regalos. Es tiempo de vaciarse los bolsillos, de comer y beber sin freno, de estar feliz porque hay que estarlo, de querer mucho a todo el mundo… Cuando tienes alguien a quien querer.

Pues nada, si os ha gustado y queréis mas, aquí la podéis conseguir.

20.9.19

"Carambola": nuevo caso para la inspectora Susana Gutiérrez


Esta vez ha tardado más, pero ahí esta la duodécima novela que he dedicado a mi personaje predilecto, la inspectora Susana Gutiérrez. Poco os voy a hablar de ella, no sin indicar que esta vez me ha costado mucho sacarla adelante. En contra de mi costumbre, han sido muchos meses de gestación, con numerosos parones y ha habido que limar incoherencias y cambios de ideas que luego no fraguaron en el resultado final. Además, en estos meses que han pasado desde que en abril tecleé las primeras palabras ha habido momentos en los que el acto de escribir no ha tenido para mí el efecto catártico que siempre busco.

Por tanto, quiero más bien fijarme en el tipo de novela que es. ¿Policíaca? ¿Negra? Creo que ni lo uno ni lo otro, lo cual quizá sea buena cosa en esta época de superabundancia de escritores y dizque escritores (o de aprendices, como un servidor) de novelas de este género llegadas desde múltiples rincones del mundo y con un positivísimo auge de protagonistas mujeres. ¿Por qué digo que ni es policíaca ni negra? Los crímenes que resuelve mi inspectora no son más que excusas para hablar de lo que sucede a mi alrededor y expresar, por medio de ella, de sus compañeros y de sus amigos y familiares, lo que pienso sobre ello. En este caso me he explayado sobre las redes sociales, sobre su huida del mundo real, sobre las "estrellitas" de oropel que se forjan a su amparo, sobre los disparates y barbaridades que se dicen escondiéndose en su anonimato y, lo que es peor, el eco que los medios de comunicación considerados "serios" les dan, excesivo y peligroso. (Hasta me he inventado un nuevo oficio nacido a la sombra de Twitter, el de "buscamierda"). No se puede tomar lo que se dice en las redes como la vox populi, tal y como se hace hoy en día, porque luego nos podemos dar el baño de realidad en forma, por ejemplo, de resultados electorales inesperados para ciertos partidos muy presentes en las redes pero cuya vida fuera de ellas es más que precaria. Esto en el mejor de los casos, pues las redes sociales suelen dictar veredictos de culpabilidad que luego, aunque los cargos sean falsos, son imposibles de borrar del todo. Se han convertido en terribles altavoces de la típica charluza de bar o corrillo de escalera, que antiguamente no solían verter sus soeces excrecencias más allá de la entrada del establecimiento o el portal de la finca.

En todas las demás novelas protagonizadas por mi querida Susana he intentado tocar palos de este tipo. En ellas no solo se resuelven crímenes, se repasa ese mundo real del que tantas personas quieren huir. Me gustaría que la poquita gente que me lee se hubiese dado cuenta de ello...

Si queréis, podéis conseguir el libro, tanto en papel como en formato electrónico, en Amazon, como siempre, a precios populares.

17.7.19

El 18 de julio de 1936 en Madrid, según Clara Ruiz

Foto de Mikhail Koltsov
(Dominio público)

Mañana es 18 de julio, una fecha de infausta memoria pues tal día del año 1936 se consumó el golpe de estado que acabó con el primer intento de dar un régimen realmente democrático a España. Os traigo unas páginas de mi novela La vida ha de seguir, en las que su protagonista, Clara Ruiz de Segovia, narra cómo lo vivió ella.

En Madrid el ambiente era caluroso y tenso. Tras los asesinatos de Castillo y Calvo Sotelo las posturas políticas se habían enconado y se temía un enfrentamiento muy grave y violento. Sin embargo, al margen de la política, los altercados y tiroteos que veníamos padeciendo desde febrero parecían haber remitido y se podía hacer una vida casi normal. Las terrazas de los bares y cafés estaban llenas, la gente paseaba al fresco en cuanto se iba el sol y se mitigaba un poco el tórrido calor. Por muy mala que fuese la situación, por muy duros que fuesen los choques dialécticos en las Cortes, la mayoría de los madrileños, incluso los pocos que se interesaban por lo que pasaba y procuraban informarse, como Juan y yo, ni sospechábamos lo que se estaba fraguando. 

El sábado 18 de julio, muy temprano, comenzamos a escuchar un tumulto por la calle que nos llamó la atención; al poco empezaron a sonar disparos. Pusimos la radio a ver si decía algo sobre la cuestión, pero no fue así. Los gritos que entraban por la ventana nos dieron pistas de lo que sucedía:
–¿Qué pasa?
–¡Están pegando tiros al Cuartel de la Montaña! ¡Se han sublevado los militares! 

Seguimos atentos a la radio, donde no se tardó mucho en anunciar que el ejército se había levantado en armas en África pero que el pronunciamiento había sido desbaratado. 
–¿Otra vez? ¿Como en el 23? –me dijo Juan. 
–Pero en esta ocasión no han tenido éxito, al parecer –le contesté, deduciéndolo de lo que se comentaba en la radio. 

Sin embargo, la situación se complicó y las noticias que llegaban eran cada vez más confusas. En la calle arreciaron los gritos. A lo largo del día se supo que se habían alzado contra el Gobierno no solo los de África, sino guarniciones de media España. En Madrid hubo movimiento en algunos cuarteles, pero yo no veía militares por las calles, sino más bien grupos de obreros que pedían armas para «aniquilar a los fascistas». Muchos iban hacia la calle de Piamonte, muy cerca de nuestra casa, ya que allí estaban la Casa del Pueblo y la sede de las Juventudes Socialistas. 

Nos enteramos por fin de que los pocos militares sublevados de Madrid se habían encerrado en el Cuartel de la Montaña, tal y como habíamos oído por la mañana, y se habían hecho fuertes allí. Las tropas leales y milicianos armados iban a reducirlos. Tras varias horas de titubeo –y de varios cambios en la presidencia–, el Gobierno accedió a la petición de repartir armas a esas turbas que llevaban reclamándolo desde el principio y muchos se unieron a los sitiadores del cuartel. 

Vista esta situación, pensamos que todo había sido una simple algarada que el Gobierno, con la ayuda del pueblo, había sofocado sin problemas. No obstante, pronto nos dimos cuenta de que no fue así. Juan me llamó desde el hospital diciendo que tardaría en volver a casa, ya que había multitud de heridos a los que atender. 
–¿Heridos? –le dije–. ¿Pero tan grave es la cosa? 
–Mucho más de lo que pensamos –me contestó–. Me han dicho que medio ejército se ha sublevado y que se preparan para marchar sobre Madrid. Habrá guerra. 
–¿Guerra? ¿Pero qué dices? 
–Sí, Clara, guerra… 

La última frase la pronunció con la voz entrecortada por la emoción. Yo colgué el teléfono y me derrumbé en la silla. ¡Guerra! ¡El ejército marchando sobre Madrid! No me despegaba de la radio para ver si me podía enterar de algo. Se decía que al mando de todo estaba el general Mola, que se había sublevado en Pamplona. Otras ciudades como Sevilla, Salamanca, Burgos, Valladolid, estaban también en manos de los rebeldes. ¡Valladolid! De inmediato me acordé de mi tío y de mi abuela y mi madre, en la casa de Cercedilla. ¿Qué habría pasado? Si los sublevados venían desde el norte a tomar Madrid, tendrían que cruzar la sierra y ese era sin duda un punto fuerte para la defensa. ¡Y Cercedilla estaba al lado!

Lo anterior pertenece al capítulo VII de esta novela, en la que he reflejado algunos de los recuerdos que me transmitió mi abuela Asunción, que pasó la guerra en Madrid. Si os ha gustado y tenéis interés en esta historia, donde se cuentan muchas cosas más, la podéis conseguir en Amazon en formato papel o Kindle. Si es así, os lo agradezco de antemano.

5.3.19

"Asesinato en la embajada", un nuevo caso para la inspectora Susana Gutiérrez


Tenemos nuevo caso para mi querida inspectora Gutiérrez. Esta vez se enfrenta a un reto complicado, un crimen que se perpetra en el interior de una embajada, con todo lo que eso conlleva: extraterritorialidad, inmunidad diplomática... Se tendrá que empollar la Convención de Viena y también elegir entre el gran muestrario de enemigos de todo tipo que tenía la embajadora Astrid Nilsson (a quienes gusten de la música de Wagner les sonará este nombre).

En definitiva, aquí está la undécima novela que he dedicado a mi personaje predilecto. Como siempre, dentro de la trama policial propiamente dicha he ido dejando algunas pildoritas relacionadas con la actualidad que nos toca vivir. La hipocresía de los políticos, el odio como eje de las disputas entre partidos, la actuación de ciertas potencias extranjeras para desestabilizar las democracias occidentales por medio tanto del crimen organizado como de partidos extremistas... Lo habitual. Y también es habitual mi guiño a los Asperger por medio del personaje de Cris, la documentalista de la comisaría, que tiene su papel en esta historia.

Quienes tengáis la amabilidad y la paciencia de seguir estas entradas, podréis comprobar que ha habido un cambio de diseño en la cubierta del libro. Ello se debe a que Amazon ha trasladado su plataforma de autopublicación de Create Space a KDP y el editor de cubiertas es diferente. Ya no está la plantilla que yo utilizaba, así que ha habido que renovarse. Espero que sea para bien.

Si queréis leer esta historia, la tenéis tanto en formato Kindle (ahí podéis leer las primeras páginas) como en papel, a precios populares.

22.12.18

¡Felices fiestas!


Llega la Navidad, época de costumbres arraigadas, como la de felicitar a todo el mundo y tener los mejores deseos para el año que está a punto de comenzar. No voy a ser menos; ahora bien, voy a dejar que sea mi personaje más querido, la inspectora Susana Gutiérrez, la que os haga un modesto regalito: las primeras páginas de la sexta novela de la que es protagonista, Los papeles de Juana, una historia que justo arranca un 22 de diciembre y en la que mi inspectora tiene un doble desafío: investigar el asesinato de uno de los agraciados con el Gordo y la primera visita de los padres de su novio, Asís. Sirva esto no solo como felicitación sino como agradecimiento por mi parte a quienes seguís estás páginas. (Y de paso, como muestra de estas novelas, «a cala y a prueba», como decían en mi barrio los meloneros ambulantes de mi niñez). Allá va:

Ante la Navidad, no caben medias tintas: o te encanta o la odias. Yo pertenezco al primer grupo, pues siempre he disfrutado con esas fechas en las que se dispara el consumismo, se muestran con poco pudor determinados sentimientos que parecen aletargados el resto del año y todo el mundo se siente impelido a hacer cosas que en otros momentos ni se les ocurriría intentar porque lo impiden el sentido común y lo poco que queda en el bolsillo a fin de mes. Cuando diciembre avanza ya voy notando la aproximación de los días señalados, esos en los que el ambiente parece distinto, cuando el cielo velado de un año ya agonizante va a dejar paso al nuevo, en que el aire será más luminoso y límpido, después de la ceremonia casi pagana de la reunión familiar ante la tele para devorar doce uvas al son del reloj de la Puerta del Sol. Fue tal vez en la época en la que más distanciada estuve de mi familia cuando me di cuenta de estas cosas, que antes pasaban casi desapercibidas. Y por eso ahora lo vuelvo a valorar mucho más. Mi trabajo no me permite disponer de estos días de fiesta como yo quisiera, pero de unos pocos años a esta parte procuro disfrutar de las fechas más típicas de la Navidad con mi familia. 

Además, este año iba a ser especial, pues los padres de Asís, mi novio, por fin se dignarían venir a Madrid desde su adorada Cartagena para pasar por primera vez tan entrañables días con nosotros y con mi familia, en un innecesario gesto de «formalización» del vínculo que ya desde hacía bastante tiempo nos unía. A mí tal cosa me importaba poco, pero sí quería que al menos nuestros padres se conociesen; no soy amiga de convenciones ni de ceremonias, pero no creo que hubiesen de seguir actuando como si Asís y yo no tuviésemos nuestras respectivas familias y, así, prescindiésemos de ellas. 

Por tanto, ese día, 22 de diciembre, tenía una cita ineludible, que no era otra que acudir, junto a Asís, a la estación de Atocha a recoger a sus padres, que llegarían en el tren de las 14.16 proveniente de Cartagena. Pero, antes, por la mañana, había que ir a trabajar. 

La comisaría parecía haberse contagiado de eso que llaman «espíritu navideño». No solo porque a alguno se le hubiese ocurrido poner un arbolito de Navidad y dos o tres guirnaldas raquíticas, sino porque, aprovechando la ausencia de la comisaria Menéndez, de viaje oficial en Argentina, había quien se había colocado un gorrito de Papá Noël e incluso varios compañeros se estaban permitiendo el lujo de seguir el sorteo de la Lotería en una de las televisiones que habitualmente usábamos para ver qué decían o, más bien, interpretaban a su manera los informativos de nuestras actuaciones. Tengo que confesar que en más de una ocasión, cuando acertaba a pasar al lado, me quedé embobada escuchando la habitual jaculatoria de los niños de San Ildefonso. «Miiiiil eeeeuros…» ¡Qué recuerdos me traía la dichosa cantinela! Hacía ya algunos años que no me había detenido ante una pantalla para verlo y aquella mañana ese gesto insignificante me retrotrajo a la niñez, cuando lo que se escuchaba era «ciento veinticinco miiiiil peseeeetas…» y yo tenía claro que ya habían empezado las vacaciones y con ellas las cenas y comidas con abuelos y primos, los regalos, las visitas a Cortylandia –en hombros de mi padre, para poder ver algo– y a los Reyes Magos para pedirles todo lo que se me ocurriera, es decir, todo lo que había visto en esos bonitos folletos llenos de preciosos juguetes que por arte de magia aparecían en nuestro buzón… 

Fue mi compañero Mena quien me sacó de este ensueño. 
–¿Todavía por aquí, Gutiérrez? –me dijo–. ¿No te ibas a buscar a los suegros? 
–Aún no. He quedado con Asís en casa a la una y media. Tengo cosas pendientes. 
 –No creo que sea nada que no pueda esperar hasta mañana… Vete ya, mujer, son más de las once y media. 
 –Tengo tiempo… Pero, espera… 

Interrumpí a Mena porque los niños acababan de indicar que iba a salir un premio de los grandes. Y tan grande… ¡Era el Gordo! Otro año que se había hecho de rogar… El niño y la niña, ambos de aspecto sudamericano, andaban marcando el paso y con una enorme sonrisa, una mano alzada con las bolitas y la otra situada en la espalda, hacia la mesa, donde otro grupo de sonrientes damas y caballeros esperaban para ratificar el premio. Con una rapidez que de pequeña –cuando la informática no se había hecho aún dueña de nuestras vidas– siempre me pasmaba, los locutores de la televisión apenas tardaron unos segundos en indicar los muchos lugares de España en los que se había repartido el premio. La Coruña, Sort (como no podía ser menos), Vitoria, Madrid, Écija, Villarrobledo, San Cristóbal de La Laguna… No tardaríamos en ver en esa misma pantalla a los afortunados saltando, riendo y brindando con cava o sidra en vasos de plástico para celebrar su suerte y luego decir que el dinero les iba a venir muy bien para tapar agujeros o ayudar a los hijos...

Una de las compañeras elevó su voz por encima del tumulto formado sobre todo por lamentos de los que no habían sido señalados por la fortuna. 
–¡Anda, si también ha tocado por aquí! 
–¿Cómo dices? 
 –Sí, creo que han dicho la administración número 645, «El pececillo de plata». ¿No es esa la que está…? 
–En Trafalgar, al lado de mi casa –dije yo, desolada–. Ahí echo todas las semanas la Primitiva y compro la lotería de Navidad, pero me temo que de ese número no… 

Era cierto, no es que fuese una gran jugadora de lotería; de hecho solo me hacía con algún décimo para Navidad por una costumbre adquirida en la universidad. Solía intercambiar participaciones con mis padres y mi hermano y con algunas amigas, algo que en realidad me servía para mantener el contacto con ellas aunque solo fuese por ese medio, es decir, la felicitación navideña que siempre acompañaba el papelito de la suerte. La verdad es que sentí cierta desazón… ¡Qué faena! Tantos años comprando allí y para una vez que toca, tengo otro número… 

Poco me duró el mal sentimiento. En seguida y entre todos cumplimos con esa tradición que hace del primer día oficioso de las Navidades el de la «salud». Que, por supuesto, es lo que de verdad importa, mucho más que la fortuna. Y además, como todo el mundo sabe, en el sorteo de Navidad es en el que menos dinero toca… 

 –En fin, ahí os quedáis –dije a Mena–. Voy a ver si acabo un par de cosas que tengo aún pendientes y ya me voy.

Lo dicho, os deseo una muy feliz Navidad y un maravilloso año 2019.

11.10.18

"La mujer de la foto": un nuevo caso de la inspectora Susana Gutiérrez



Quienes tengáis la amabilidad (y la paciencia) de seguir estas páginas tal vez os hayáis dado cuenta de que he tardado un poquito más de lo habitual en poner a trabajar de nuevo a mi inspectora predilecta. Esta novela, que ya es la décima, ha tenido un proceso de "cocinado" algo más lento. Se lo debía a Susana, después de las dos "locuras" anteriores, una dedicada a mis veleidades (o delirios) literarios y otra en la que mi intervención como autor iba mucho más allá de lo aconsejable. Se lo debía. Tenía que hacerla de nuevo protagonista absoluta de una historia en la que yo me limitase a poner en el papel su narración (aunque tal vez haya una mínima excepción, quién sabe...)

En esta ocasión una fiscal es asesinada con un peculiar ritual y sin que su asesino haya dejado pista alguna; a esta dificultad se suma que el caso lo instruye la temible juez Alicia Salguero, que además es amiga de la interfecta. Pero, ¿qué son las dificultades para Susana Gutiérrez Mon? ¡Un aliciente más! Así que su tenacidad, su cabezonería y su imposibilidad para aceptar que un caso se cierre en falso la llevarán a buscar al culpable pasando por encima de quien haya que pasar.

Si he logrado que os intereséis por esta nueva aventura de mi inspectora, ya sabéis que la podéis conseguir en Amazon tanto en formato papel como para Kindle. ¡Que la disfrutéis!

14.8.18

Segunda edición de "Fanny y otros relatos"


En la entrada anterior expliqué los motivos que me habían llevado a sacar por mi cuenta una segunda edición de mi novela La vida ha de seguir y, por lo tanto, a ella me remito, pues no son distintos para este caso. Lo que sí voy a repetir es que deseo que la aparente desaparición de la editorial Playa de Ákaba sea eso, solo aparente, y pronto la tengamos de nuevo dando difusión a la obra de autores desconocidos. En el caso del libro del que trata esta entrada, Fanny y otros relatos, hay otra: la inclusión de un par de cuentos que por uno u otro motivo no pudieron aparecer en la primera edición de marzo de 2017. Agotados los 140 ejemplares de esa primera edición, la segunda está disponible en Amazon, tanto en papel como en formato Kindle.

Como en el caso de La vida ha de seguir, os incluyo aquí el prólogo a esta segunda edición, donde explico con más detalle lo que se puede encontrar en este libro, en cuya cubierta, por cierto, he conservado el dibujo que hizo mi hija Inés.

PRÓLOGO PARA LA SEGUNDA EDICIÓN 

En marzo de 2017 publicó Playa de Ákaba la primera edición de este volumen, que contiene la novela corta Fanny y todos los cuentos sueltos que he conseguido terminar en los últimos veinte años, más o menos. Alguien se podría preguntar cómo es posible, si el intervalo es tan largo, que el tomo sea más bien poco grueso. La respuesta es sencilla: siempre me ha gustado escribir, pero durante mucho tiempo era uno de esos pasatiempos que se dejan al margen, porque siempre aparece algo más importante que hacer. Sin embargo, desde que en junio de 2015 la editorial Libros.com aceptó publicar mi novela El cerro de Garabitas (la segunda que completé desde que en las Navidades anteriores comenzó mi efusión literaria) me lo tomé algo más en serio, después de años y años de barbecho. Luego, por medio de Paz Martín-Pozuelo, escritora y compañera en la Universidad Carlos III, conocí Playa de Ákaba, la magna empresa de Noemí Trujillo, poeta e incansable «agitadora cultural», que fue la primera que tuvo a bien dar a la imprenta uno de mis cuentos, en concreto El viaje de Beatriz, en el segundo tomo de la antología Generación Subway. La sensación que tuve al ver por primera vez mi nombre y mis palabras en las páginas de un libro no la olvidaré jamás y solo por eso se merecen tanto esa mítica y laurentina playa como Noemí mi eterna gratitud. 

¿Por qué esta segunda edición? Aparte de corregir algunas erratas de la primera, debidas a mis prisas porque apareciese el libro cuanto antes, he querido incluir un par de relatos que no estuvieron allí. Uno se titula Un escritor en ciernes (*), de los primeros cuentos que escribí –y que conservo–, cuyo tono tal vez demasiado sarcástico me impidió proponerlo para su inclusión en alguna de las antologías en las que sí aparecieron muchos de los otros. El segundo es Patricia, del que os hablo un poco más abajo. 

Voy aprovechar, además, para dar una somera descripción de lo que tú, que has tenido la amabilidad de abrir este libro, te vas a encontrar. 

Fanny es una breve novela que está basada en un personaje real al que tengo gran aprecio: Fanny Giannatasio del Río. Se trata de una dama vienesa que, en el primer tercio del siglo XIX, tuvo tratos con Ludwig van Beethoven y dejó plasmada en su diario la fascinación que sintió por el gran genio de la música. Siempre he pensado que los biógrafos del compositor la han tratado con cierto paternalismo no exento de burla y por eso he querido homenajearla convirtiéndola en la heroína de mi texto, basado –con bastante fidelidad– en su diario pero cuya acción se traslada de la Viena del Congreso al Madrid de 1964-69.

He dicho heroína pero sería más propio llamarla antiheroína. Fanny es una mujer de su tiempo (la Viena del Biedermeier o la España de los «veinticinco años de paz»), es todo lo contrario a lo que puede y debe aspirar una joven de hoy en día. Sin embargo, su sentimiento es tan sincero y conmovedor que, si procuramos no cometer el error, tan habitual hoy en día, de sacarlo de contexto, nos puede contagiar sus emociones y no dudo de que Fanny gozará de la simpatía de quienes la conozcan.

Tras Un escritor en ciernes viene El loco del puente, poco más que una tragicomedia juvenil que data, con seguridad, de los años inmediatamente posteriores a la finalización de mi carrera, cuando aún sentía cierta nostalgia por mi época estudiantil –y cuando mi forma de escribir era más que ampulosa... 

Vanidad fue mi primera incursión en el género fantástico y también el primer relato que presenté a un concurso literario, por supuesto sin éxito. 

Huellas ferroviarias en el valle del Alberche más que un cuento es un breve ensayo, unas impresiones causadas por los restos del modesto ferrocarril nonato que tuvo la pretensión de unir Madrid con Extremadura y Portugal pero apenas pasó de San Martín de Valdeiglesias. Es el único de mis textos que ha obtenido un premio. 

Revancha fue fruto de eso que he llamado «efusión literaria», que proseguía tras la terminación de Variaciones sobre tres nombres, la primera novela que fui capaz de concluir. Tiene mucho que ver con ella, aunque no lo parezca. 

Viaje astral por Getafe es un arabesco hecho en homenaje a la ciudad en la que vivo desde hace más de veinte años y a sus gentes, aunque sea a través de la ironía –no siempre piadosa. 

Con El viaje de Beatriz quise compensar, de alguna manera, a un importante personaje de mi novela El cerro de Garabitas, por su tardía aparición en la historia. 

Próxima estación… está bastante en su línea; él y el anterior son los relatos más «Generación Subway» de todos. 

El asunto de Una cantata de Navidad no es muy difícil de deducir; su fuente de inspiración fue la maravillosa obra musical del mismo nombre, del compositor francosuizo Arthur Honegger. 

Al intento de incursión en la lírica de El paraíso es… sigue La residencia, un cuento que es un homenaje a Poe y que se basa en un relato que escribí en 2002, tras una visita estival a una residencia similar en la costa de Málaga, y cuya versión original incluyo en el Apéndice de este libro. 

Mas para incursión en lírica la de Un beso, un sueño, lo más cercano a la poesía que haya escrito jamás. 

Otra vez el Edén en el título de Dos paraísos, donde se nos propuso la utilización de la célebre frase de Borges relativa a las bibliotecas. 

En Lo importante destaco el contraste entre la superficial vida que llevamos hoy en día y la sencillez de quienes saben lo que merece la pena de verdad. 

El Villancico de los niños que ya no tienen casa vuelve a la Navidad y vuelve a la música, pues ese es el título de la canción de Claude Debussy que me dio pie para este texto. Más que un cuento es una pequeña escena teatral de la cual hago protagonistas a mi querida inspectora Susana Gutiérrez y a su pareja, Asís. 

Por último, Patricia, que no dio tiempo a insertar en la primera edición y que es un homenaje a Virginia Woolf y a su forma de entender la literatura –con la que coincido bastante– y la vida de las mujeres. 

Para terminar, me vuelvo a dirigir a ti, que tienes este libro abierto, para desear que disfrutes de él.

(*) Ni que decir tiene que la novela del mismo título, protagonizada por la inspectora Gutiérrez y de la que ya hablé por estos pagos, está basada en parte en este cuento.

9.7.18

Segunda edición de "La vida ha de seguir"



¡Una segunda edición! ¡Gran noticia! No, no es una gran noticia. No es que la gente se haya peleado por conseguir la primera y la hayan agotado en nada de tiempo. En octubre de 2016 salieron a la luz los cien ejemplares (¡cien ejemplares!) de La vida ha de seguir, publicados por Playa de Ákaba. Yo me encargué de distribuir bastantes de ellos (sobre todo entre familiares, amigos y conocidos) y el resto, supongo, se fueron vendiendo poco a poco. Muy poco a poco. El pasado mes de mayo, no me preguntéis por qué -más que nada porque no podría responderos-, me hice con todo lo que quedaba de aquella tirada inicial, que, a decir verdad, tampoco era mucho. Así que ya no es posible conseguir el libro editado por Playa de Ákaba. Esta benemérita editorial, a la que debo la salida a la luz de mis primeros textos de ficción, parece haber desaparecido, por desgracia (probad a entrar en el enlace que os acabo de poner). Espero que no sea más que un paréntesis y que pronto vuelva a la carga, con Noemí Trujillo al frente.

Dicho esto, es evidente que quiero que mi novela siga disponible, aunque no mucha gente se interese por ella. Lo quiero porque según la crítica más implacable que conozco, mi chica, es lo mejor que he escrito. Me gustaría que mucha gente pudiera leer estas memorias de Clara Ruiz, en las que he intentado repasar un periodo interesantísimo de nuestra historia a través de las vivencias de una persona que se tuvo que abrir camino sorteando muchas dificultades. Por eso, y gracias a la generosidad de Playa de Ákaba, que no se reserva ningún derecho sobre los textos que publica -salvo, claro está, en lo referido a su edición-, saqué esta segunda edición autopublicada y disponible en Amazon (tanto en papel como en formato Kindle).

No voy añadir más a este preámbulo, pues quiero compartir aquí el prólogo -aunque lo llamé "proemio" para no confundirlo con el "prólogo" que viene inmediatamente después- que escribí para esta segunda edición (también podéis leerlo de forma gratuita en Amazon, junto con las primeras páginas de la novela). Aquí lo tenéis:

PROEMIO PARA LA SEGUNDA EDICIÓN  

Al decidirme a sacar por mi cuenta una segunda edición de esta novela, he creído conveniente escribir esta breve introducción para explicar los motivos que me han llevado a ello. Antes que nada, he de agradecer a la editorial Playa de Ákaba y a su alma, Noemí Trujillo, la oportunidad que dieron a estas memorias de ficción para que vieran la luz por primera vez en octubre de 2016. Sin embargo, mi proverbial precipitación me llevó a no revisar todo lo concienzudamente que hubiese debido el manuscrito, de modo que en la primera edición aparecen bastantes erratas y errores que es muy posible que pasen desapercibidos para una gran mayoría, pero que a mí me zahieren cada vez que caigo sobre uno de ellos. Así que me he puesto a la tarea de limpiar el texto para presentarlo exento de esas erratas y esos errores cuya responsabilidad, como he dicho antes, es solo mía. 

Quiero además indicar que casi todo lo que sigue en el texto es ficticio, incluida la autora del prólogo, Clara Aguilera. Digo esto porque en algún sitio he visto que hablan de ella como si hubiese existido en la realidad y hubiese firmado la introducción (y el epílogo) de mi novela. Por supuesto que tiene relación conmigo, pero es la del creador con su criatura, nada más. Tan producto de mi imaginación es esta Clara como la que es protagonista de la novela, a la que he utilizado para dar un repaso a una época de la historia de España que me fascina. Por cierto, he intentado ser lo más riguroso posible en la adecuación histórica de la narración, aunque me he tomado alguna pequeña licencia –sin gran transcendencia– que supongo detectarán quienes conozcan muy bien el devenir histórico de nuestro país. 

Nótese que en una frase anterior he dicho que «casi todo» lo que sigue es ficticio; es cierto, pero no puedo negar que los recuerdos de aquellos tiempos difíciles que tantas veces me contó mi abuela Asunción se han colado de una u otra manera entre las peripecias de Clara Ruiz de Segovia, sobre todo en los capítulos referidos a la guerra civil en Madrid. Además, alguno de los personajes y alguno de los escenarios tienen su inspiración real. Pero creo que esto no es importante para seguir esta historia. Solo espero que quien la lea disfrute al menos tanto como yo lo hice al escribirla.

Aunque ya lo he puesto antes, aquí tenéis el enlace por si tenéis interés en leer estas memorias de Clara Ruiz.

28.5.18

"Variaciones sobre tres nombres": una presentación virtual


Como ya me encargué machaconamente de recordar en este y otros lugares, el pasado jueves, 24 de mayo, estaba prevista una presentación de mi novela Variaciones sobre tres nombres en la Biblioteca Pública "Eugenio Trías", de Madrid. Esa biblioteca tiene una ubicación magnífica, en pleno parque del Retiro, donde antiguamente estaba la Casa de Fieras (que servidor llegó a conocer). Aquel día los hados meteorológicos se conjuraron para evitar el acontecimiento y el riesgo de tormentas con fuertes vientos provocó el cierre del parque y, con él, de la biblioteca. Así que mi pobre novela (tiene mala suerte) se quedó compuesta y sin presentación. Por eso voy a recurrir a este sitio virtual para, aprovechando las preguntas que amablemente me adelantó Jesús de Matías Batalla, periodista y escritor que iba a encargarse de la presentación, hablar de ella, siquiera brevemente, como tal vez lo hubiera hecho aquel día de haber podido. Vamos allá:

Pregunta: Variaciones sobre tres nombres es una novela histórica ambientada en el Madrid de comienzos de siglo y cuenta las tres historias relacionadas, entretejidas, de tres mujeres jóvenes y pioneras; Adriana, Rosalía y Josefa. Háblanos en primer lugar de cómo Madrid es una ciudad literaria en tu novela.

Respuesta: En casi todo lo que he escrito Madrid es protagonista o al menos así lo he intentado. Desde muy pequeñito me ha encantado la villa que me vio nacer, que me parece la más bonita del mundo (aunque sé que no lo es, en este caso no puedo ser objetivo). De hecho, tengo otro blog dedicado a los nombres de sus calles. Creo que no podría haber concebido la novela con una ubicación diferente. Incluso los apellidos, los títulos de algunos de los personajes, ciertos lugares (Valnegral, Alcubilla, Sotillo, Luján...) tienen mucho que ver con Madrid y su historia. Y hablando de historia, yo tampoco llamaría a Variaciones una novela histórica, yo diría que es una novela de amor situada en cierto contexto temporal, que podría haber sido otro cualquiera.

P.: Estas tres mujeres son pioneras, aunque no públicamente, por la reivindicación de la libertad de la mujer, Sobre todo de dos libertades: la de pensamiento por medio de la literatura y la cultura y de la sexual. En primer lugar, cuéntanos cuál es el papel de la literatura en la vida de estas mujeres.

R.: Para Adriana es una vía de escape, un modo de huir de sí misma, así que se puede tener una idea ambivalente de cómo la utiliza. Por un lado es su modo de acceder a la cultura, a crearse un pensamiento propio, lo cual, cree ella, la hará más libre, pero por otro es un parapeto tras el cual esconderse y de ese modo no enfrentarse a sus miedos, a su realidad, a lo que siente de verdad. Para Josefa, sin embargo, es su ventana al mundo, por la que se puede asomar desde el cerrado círculo en el que vive. Rosalía es un caso aparte, ella piensa en otras cosas y actúa de una manera del todo diferente.

P.: Madrid, España y el mundo entero siguen hipócritas en muchos sentidos. La libertad sexual, la intimidad sexual de las personas, sigue siendo un tabú enorme. Estados Unidos es al mismo tiempo el país más puritano y el que más pornografía crea. En Madrid, en esta época, ¿cómo es el ambiente sexual que retratas en Variaciones sobre tres nombres?

R.: En la novela se narra sobre todo la intimidad de las protagonistas, así que su vida sexual no se airea, aunque en algunos momentos quieran hacer un intento de mostrar sin tapujos sus sentimientos. En cualquier caso, si en la actualidad todavía hay que reivindicar que no se estigmatice o se agreda a la gente por mostrar en público lo que siente, cabe imaginar lo que ocurriría a finales del siglo XIX, cuando además esas cosas se consideraban "enfermedades". De todos modos, mis protagonistas son unas privilegiadas, están en la capa más alta de la sociedad, donde siempre es más fácil ser hipócrita...

P.: Cuéntanos lo que quieras sobre el libro Les chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs, y de su importancia en la trama.

R.: Sabía de la existencia de esos poemas desde hace mucho, ya que Claude Debussy puso música a tres de ellos (y también compuso algunas piezas para acompañar al recitado de otros), aunque no conocía a fondo su historia. En mi novela sirve para que las protagonistas despierten, de una manera u otra, y no piensen que lo que sienten es enfermizo o inmoral. En esos poemas se cuenta el amor sáfico por primera vez como algo puro, bello y no como una tragedia que siempre tiene que acabar con la muerte de la protagonista o su caída en la locura. Y fue, por desgracia, un caso aislado. No hace mucho vi Carol, la película basada en una novela de Patricia Highsmith de la que se dice precisamente lo mismo (¡pero ya en los años cincuenta del siglo XX!): por entonces había bastantes historias en las que se contaba el amor entre mujeres, pero siempre terminaban mal y The Price of Salt (la novela en la que se basa la película) fue una pionera excepción.

P.: Estos dos son los ejes principales de la novela. Pero también hay una parte de retrato social de la capital de España y la ciudad por antonomasia de veraneo de las clases pudientes españolas, como es Santander. ¿Cómo es la sociedad en la que se mueven Adriana, Rosalía y Josefa?

R.: Ellas viven, como he dicho un poco antes, en lo más alto de la sociedad. Son unas privilegiadas. Sus problemas son otros, no los que tenían la mayor parte de los madrileños y los españoles por entonces. En esta novela no hay crítica social, no siendo la de su hipocresía y su rigidez, algo que aún hoy perdura, tal vez de otro modo, pero ahí sigue.

Bueno, es todo. Poca cosa, pero como se suele decir, menos es nada; espero que os haya servido para saber algo más acerca de Variaciones sobre tres nombres.

8.5.18

"Un escritor en ciernes" y "La novena", dos nuevos casos de la inspectora Gutiérrez


Marta Nieto
(Foto CC BY-SA 3.0 Jerry Management)

¿Que por qué empiezo esta entrada con una foto de la actriz Marta Nieto? Muy sencillo. Es un regalo por aguantarme. Si os queréis imaginar el aspecto de la inspectora Susana Gutiérrez, pensad en ella. Si algún día hicieran una serie con mi inspectora de protagonista y si me dejasen elegir ella sería quien interpretase a una de mis criaturas favoritas... (Si la queréis ver más "en Susana", mirad aquí). 

Pero bueno, hemos comenzado desvariando un poco, ¿no? Sí, bastante. Aunque no os ha de extrañar demasiado, ya que las dos novelas de las que os voy a hablar hoy son, en cierto modo, fruto del desvarío, pues algo de locura hay en esto de que a uno le guste escribir y en ocasiones se desata...

Un escritor en ciernes


Hace unos veinte años escribí un cuento que se titulaba así, Un escritor en ciernes. El protagonista, un aprendiz de escritor, un aficionadillo con ciertas ínfulas, se enfrentaba al proceloso mundo de los premios literarios. La idea me vino de una noticia que vi en un telediario, relacionada con un certamen en el que el jurado tenía la deferencia de recibir a los participantes no premiados para explicar el motivo de que su magnífica obra no hubiese sido la elegida. Lo que vi y oí en ese reportaje se me quedó grabado, tanto como para incluir la escena en aquella historia que, dicho sea de paso, tenía mucho de sarcástica (y tal vez algo de mala baba...) Pasado el tiempo, metido yo mismo de uno un otro modo en ese mundillo de los aprendices de escritores, sentí la necesidad de reírme un poco de mis propias ínfulas, algo que nunca viene mal. (¿Que no tengo ínfulas? Releed el primer párrafo de este mensaje...) Por suerte para mí, mi chica, una de las personas más sensatas que conozco, me suele poner los pies en el suelo. En mis delirios, a veces la comparo con esos esclavos que en los triunfos de los generales romanos iban a su lado para decirles al oído "recuerda que eres mortal" y que así las muestras de admiración que veían no se les subieran a la cabeza. En mi caso no es que haya habido muchas muestras de esas, pero también necesitaba flagelarme un poquito. Y para ello me aproveché de mi querida inspectora Gutiérrez, a la que hice pelearse con aspirantes a escritores en esta historia, en la que nos la encontramos estupefacta en más de una ocasión a cuenta de lo que se encuentra. También saqué partido a aquel añejo cuento, alguna de cuyas frases -incluso algún párrafo- recuperé en esta breve novela que escribí entre octubre y diciembre del año pasado y de la que no hablé en el momento de sacarla a la luz porque estaba ocupado con otros asuntos, como bien sabréis quienes tengáis la tremenda amabilidad de frecuentar esta bitácora. Y, cómo no, me serví de mi experiencia personal en estos meses, muchas veces gratificante, otras no tanto.

La novena


Y, claro, Susana se tendría que vengar por utilizarla así... Mucha autoflagelación, sí, pero eso de creerse un diosecillo y hacer con tus personajes lo que te venga en gana... Llegó la novena novela protagonizada por ella, una historia que tenía que ser singular por cuanto el nueve es un número mágico para los amantes de la música, como lo soy yo y como lo es ella. Nueve sinfonías compuso Beethoven, al igual que otros grandes genios como Schubert, Bruckner, Dvořák, Mahler... Bueno, en realidad Schubert terminó siete y media, Bruckner compuso once, Mahler, supersticioso él, hizo una trampa para que la Novena fuese realmente la Décima... ¡Vale, vale! Me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Esto no es Modus mixolidius. Como iba diciendo antes de esta digresión musical, la novena historia protagonizada por Susana tenía que ser especial y he procurado que lo sea. Quien lea las primeras páginas -gratis en Amazon- no tardará en darse cuenta. Daré una pista: siempre me llamó la atención lo que hizo don Miguel de Unamuno en su "nivola" Niebla, o, para ser más exacto, lo que hace Augusto Pérez, uno de sus personajes. Una cita de esa "nivola" encabeza el "preludio" de este caso de la inspectora Gutiérrez. Si en Un escritor en ciernes yo saldaba de alguna manera cuentas conmigo mismo como aprendiz de escritor, en La novena es mi personaje más querido quien lo hace. Y aquí lo dejo. En la trama, un estudiante muerto en una biblioteca -otra obsesión del autor, ¿por qué será?- y una secta de chiflados buscando hacer una fechoría importante.

(Por cierto, he sabido que hay otra novela que se titula así, La Novena -en mayúsculas, ahora veréis por qué-, cuya autora es la escritora chilena Marcela Serrano. La suya va en mayúsculas porque se refiere a una finca -un fundo, como dicen por allí- donde vive su exilio interior el protagonista, durante la dictadura de Pinochet. La mía no es más que un humilde ordinal...)

¿Dónde consigo estas dos nuevas historias?

Muy sencillo, en Amazon las tenéis tanto en papel como en formato Kindle. Os pongo los enlaces para que tardéis menos:



Epílogo

Y no os olvidéis de que el 24 de mayo se presenta Variaciones sobre tres nombres. Es en la Biblioteca "Eugenio Trías", en pleno Retiro. No faltéis.