24.9.16

Medio siglo


El abajo -o arriba- firmante nació un jueves, 22 de septiembre de 1966. Eso quiere decir que otro jueves, el pasado 22 de septiembre, le cayó el medio siglo encima. Y pesó, pesó mucho. Intentó esconderse por todos los medios, borrar la huella del día de su nacimiento en las redes sociales para que nadie se acordase de él y casi tuvo éxito. Sin embargo, fecha tan redonda -qué manía esa de las personas de conmemorar los números redondos- tampoco ha de quedar olvidada del todo por mucho que su protagonista quiera quedar en la sombra. Aprovechará, pues, el yo escritor que cada vez con más intensidad va surgiendo de ese cuerpo hipertenso y con sobrepeso para dar siquiera unas pinceladas de estos cincuenta años de vida, por medio de algunas fechas importantes.

Si bien los primeros recuerdos del caballero están en su operación de tonsilitis -vulgo anginas-, allá por septiembre del 69, la primera frase célebre que se le puede atribuir la espetó hacia el 4 de mayo de 1971, cuando nació su hermano pequeño y soltó aquello de "otro gamberro como yo", sin duda para alegrar el día a sus padres.

Fue otro 4 de mayo, el de 1975, cuando se sintió protagonista por primera vez -algo que con el tiempo fue detestando más y más-, el día de su primera comunión, un día en el que no sólo se celebró eso, sino el cuarto cumpleaños del niño pequeño y el Día de la Madre -por entonces las comuniones no eran bodas en pequeño, como ahora, y se hacían en domingo, no en sábado para que la fiesta sea completa.

También quedó en su memoria el 15 de diciembre de 1976, no tanto porque se celebrase el referéndum en el que se suicidaba el régimen franquista, sino por la maratón de dibujos animados que se ofreció a todos los chavales del país, sin duda para que participaran de la euforia de sus padres, protagonistas de un cambio histórico.

Saltemos unos años y lleguemos a los primeros días de julio de 1984, en los que el caballero hizo la selectividad y no le dio la nota para hacer Medicina, como él quería. Al final acabó en Farmacia y este hecho marcó el resto de su vida, como veremos más adelante.

Tras la carrera y la mili, el 27 de noviembre de 1991 consiguió su primer trabajo, en una farmacia sita en el madrileño-vallecano barrio de Palomeras, de donde sacó grandes amistades -de las que ya no se acuerda- y buenas relaciones con las parroquianas, además de la certeza de que aquello no era lo suyo.

Así que se dedicó a otras cosas y se puso a estudiar, tanto que aprobó unas oposiciones y el 13 de septiembre de 1993 empezó a trabajar en la biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid, donde aún sigue dando guerra,

Pero nos hemos saltado una fecha importante: un día de noviembre de 1991 acudió al teatro Nuevo Apolo, en la plaza de Tirso de Molina, a ver el espectáculo Terrific, del Tricicle. Allí conoció a una chica flacucha, vestida de negro, que respondía al nombre de Raquel. No se hicieron mucho caso de momento. Hay que decir que este encuentro se debió a la torpeza de su amigo Alvarito, que tardó años y años en sacarse la carrera (aunque ahora él tiene una farmacia, así que tampoco le fue tan mal) y de ese modo conoció -y algo más- a otra dama a la que los estudios se le atravesaron, doña Pili, amiga íntima de la tal Raquel.

Da la casualidad que esa Raquel a la que conoció en el teatro también es bibliotecaria y, por tanto, algo tenían en común -no el peso ni la figura, desde luego- y unas cosas llevaron a las otras, la tontería, la bobada... Y el 15 de marzo de 1996 se hicieron novios en un pub en el que dejaron a deber 500 pesetas que aún no han pagado.

No pasó mucho tiempo hasta el 28 de febrero de 1998, cuando se casaron para regocijo general y fiesta multitudinaria. Los retoños no tardaron en llegar, el 12 de enero de 2000 el cabezón y el 3 de octubre de 2002 la cabezona.

Y estas son las grandes fechas de este caballero. Quizá se podían añadir algunas de los últimos 22 meses, en los que le ha dado por escribir como un fiera y le han publicado una docena de cuentos y tres novelas -una ya, las otras dos a puntito-. Pero de eso ya hablaremos con más detenimiento cuando toque.

8.8.16

"Variaciones sobre tres nombres": una novela de amor en el Madrid de 1898


La Puerta del Sol, hacia 1900
Este aspecto, más o menos, tenía la plaza cuando 
pasearon por ella las protagonistas de esta historia.

El verano pasado ya hablé por aquí de mi novela El cerro de Garabitas, que por entonces fue aceptada por la editorial Libros.com pero con la condición de culminar una campaña de micromecenazgo en la que debería conseguir más de 100 apoyos. Aquello se logró y la novela se publicará espero que muy pronto, ya que acabo de dar el visto bueno a los archivos que se van a enviar a la imprenta.

El cerro de Garabitas no es, sin embargo, la primera novela que escribí, aunque sus orígenes se remonten a más de veinte años. La que en realidad acabé antes es Variaciones sobre tres nombres, el primer producto de la efusión creadora que me ha llevado a estar estos últimos veinte meses escribiendo sin parar y que ha tenido como fruto no sólo la próxima aparición de Garabitas, sino la publicación, en el último año, de varios de mis relatos breves en diferentes antologías de la editorial Playa de Ákaba (antologías como Generación Subway, Cuentos de Navidad, Madrid en feria o Ángel de nieve) y alguna otra cosa de la que espero poder hablar pronto por aquí.

Cuando envié Garabitas a Libros.com, pues, ya había terminado una versión preliminar de Variaciones sobre tres nombres, con la que estuve ocupado desde las postrimerías de 2014 hasta que empezó la primavera de 2015 y que luego he revisado bastante -nunca estoy conforme con los resultados-, casi hasta hace unos días, cuando la mandé a Amazon para su publicación. ¿Por qué no envié ésta a la editorial? Porque pensé que acaso su temática (se trata de amores sáficos y hay alguna escena "subidita de tono") podía indigestársele a más de uno... Pero, leída sin prejuicios cavernícolas, creo que es una bonita novela de amor, que no romántica, en la que además la villa de Madrid, sus jardines, sus teatros, sus librerías, adquieren bastante protagonismo, junto a cierto poemario francés, Les chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs, que conocí porque Debussy puso música a tres de sus piezas y que es una especie de hilo conductor de la trama. Y ahí me quedo: no se me va a ocurrir hacer una suerte de crítica de la novela, eso no me corresponde a mí...

El título, tan musical, se refiere a las relaciones que se crean (y se destruyen) entre las tres jóvenes protagonistas: Adriana, encerrada y parapetada en su biblioteca por miedo a sí misma, Rosalía, con su regalada doble vida y Josefa, aún saliendo del cascarón. Esos son los tres nombres, los de Adriana, Rosalía y Josefa. Unos personajes a los que tomé un gran cariño, tanto que dos de ellas aparecen en otro de mis textos. Pero eso es otra historia y ya llegará el momento de hablar de ello.

Variaciones no tuvo tanta suerte como Garabitas. Envié el manuscrito a dos sitios y, muchos meses después, aún estoy esperando la respuesta -ni siquiera me han mandado una negativa. Así que me he decidido por la autopublicación. De las diversas opciones, Create Space de Amazon me ha parecido la más sencilla y asequible, así que si tenéis curiosidad u os apetece sumergiros en esta historia, no tenéis más que buscar su título allí. La podéis obtener tanto en papel como en versión electrónica para Kindle. Yo, de todos modos, os dejo aquí un atajo por si queréis llegar antes.

Y si al final os hacéis con ella -gracias por adelantado- y la leéis, me encantaría que llegasen vuestros comentarios, ya sean positivos o negativos, que de todos ellos se aprende. 

30.7.16

Lo zafio y lo heroico


Así lució la luna llena de julio sobre la costa de Taramay, cerca de Almuñécar.
(Foto del autor)

Hace ya algunos años dediqué varios espacios de esta bitácora a narrar mis peripecias en diferentes hoteles de Canarias y la Península en régimen de "todo incluido", a describir los especímenes que por allí circulaban -circulábamos-, a comparar las rarezas de los alemanes y otros foráneos con nuestras bonitas costumbres patrias... Pues bien, acabo de volver de unas merecidísimas vacaciones en la Costa Tropical granadina, no en régimen de todo incluido pero sí en un hotel en el que he convivido con muchas personas que, como nosotros, disfrutaban de sus también merecidísimas vacaciones.

Lo que me ha decidido a realizar de nuevo una crónica de este breve descanso no ha sido la zafiedad que han lucido muchos de quienes han compartido conmigo y con mi familia aquellas instalaciones, esas familias que sueltan a sus hijos como bestezuelas salvajes en medio del bufé, unas bestezuelas que, con la sonriente bendición de sus progenitores, atropellan, plato en mano, a todo aquél que se le ponga por delante en su camino hacia los zumos del desayuno, las patatas fritas, el jamón braseado, los helados o las cucharillas que tan necesarias son para tomarlos. Unas bestezuelas que eran capaces de birlarte una mesa en los concurridísmos desayunos cuando a tu bolsa le faltaban apenas milímetros para posarse en ella y luego te miraban con cara de inocencia, en crudo contraste con la de oler un alpechín de su mami o de progenitor de Peppa Pig de su papi, orgullosos con la hazaña de la nena. O que pululaban felices en torno a la mesa en la que sus padres comían tranquilamente sin hacer el menor caso, con un mínimo e inestable plato que contenía algún elemento comestible cuya característica principal era que podía manchar terriblemente cualquier prenda que tocase. Las de los ocupantes de la mesa de al lado, quiero decir.

Ya no tan responsables eran esas bestezuelas, sino sus despreocupados progenitores, de que las papeleras estuviesen medio vacías mientras había vasos de plástico y otras inmundicias por el suelo -los pobres gorriones no daban abasto. Ni de que, a pesar de las advertencias, a primera hora de la mañana ya estuviesen muchas hamacas de la piscina reservadas con toallas -¡pero si estábamos a cincuenta metros de la playa! Y ya que he mencionado las playas y para no centrarme sólo en los huéspedes de mi hotel, qué se puede decir de los domingueros de nevera y dosel, que ocupan sus buenos metros cuadrados de arena para después, al marcharse, dejar como recuerdo bolsas de patatas fritas vacías, envases de plástico y cristal y otras porquerías, amén de miles de colillas...

Como digo, no son estas miserias y zafiedades las que me han llevado a escribir esto. Han sido dos ejemplos que a mí me han parecido heroicos y que me han hecho olvidar toda esa vulgaridad. Dos ejemplos, cómo no, protagonizados por mujeres.

Una estaba en mi hotel y la otra no. Empezaré por la segunda. Coincidíamos en la playa de Velilla, ancha, larga, un tanto pedregosa, de aguas casi siempre limpias, de profundo escalón. De hecho, en ella y a causa de ese escalón aprendí a nadar, hace ya cuarenta años. Pero eso es otra historia de la que me ocuparé en la siguiente entrada, voy al grano. Allí pudimos ver a una mujer joven que bajaba todos los días con otra mujer que es probable que fuese su madre y con una niña pequeña que es probable que fuese su hija. Hasta aquí todo normal, porque la chica llegaba, ayudaba a colocar la sombrilla, las toallas, se metía en la playa a bañarse, incluso un día la vi bucear. Además, tomaba el frasco del protector solar y se lo untaba a la niña. ¿Qué tiene todo esto de especial? Que la joven no tenía brazos. Le faltaban desde el hombro. Todo lo hacía con los pies y de qué forma... En esos momentos es cuando uno se da cuenta de que la mayor parte de las veces se queja de vicio, que querer es poder y que si alguien se lo propone puede afrontar no se si todos, pero sí muchos problemas que pueden incluso parecer infranqueables.

El otro ejemplo estaba en mi hotel y, por tanto, contrastaba más con la zafiedad que abundaba por doquier. Otra mujer joven, esta vez en silla de ruedas. No estaba confinada del todo a ella, pues se podía levantar y mantenerse en pie -y entrar en la piscina a nadar-, pero no podía andar. Lo que me llegó no fue sólo su actitud, sino también la de su pareja, un hombre que estaba pendiente en todo momento tanto de ella como de su hija y que, por la forma en que se reían, bailaban, se besaban, acariciaban, ayudaba en grado sumo a la felicidad que siempre mostraba ella, que en realidad mostraban los tres. Sin duda, ver a esta familia borraba en gran medida lo vulgar que pudiera estar rodeándola, rodeándonos a casi todos.

Han sido dos breves ejemplos de lo que he vivido en estas vacaciones, que han sido especiales por otro motivo. Pero, como he sugerido antes, me lo guardo para otra entrada.

2.6.16

Ayer fue un buen día para ser "ministérico"


Desde el pasado 23 de mayo (día en que se emitió el último capítulo) hasta el próximo domingo, 5 de junio, se puede ver en mi biblioteca (la de Humanidades, Comunicación y Documentación de la UC3M) una exposición sobre El Ministerio del Tiempo, esa serie que nos ha encandilado a tantos y nos ha convertido en "ministéricos". Gracias a los desvelos de su comisaria, Conchi Cascajosa (@TVConchi), profesora de Comunicación Audiovisual de la UC3M, y de mi compañera Mar Bujalance (@MarBPa), la encargada de las exposiciones de la biblioteca, hemos reunido fotos, fanart, algunos libros de nuestro fondo antiguo y un montón más de nuestras otras colecciones, todos relacionados con cada uno de los 21 capítulos de las dos temporadas que hasta ahora ha tenido la serie.

También hay otros documentos como guiones de alguno de los capítulos o material didáctico de Primaria y Secundaria que se ha basado en la serie para crear juegos que ayuden a aprender a los alumnos, uno de los aspectos -junto con el movimiento que ha arrastrado en las redes sociales, sobre todo en Twitter, encabezando nada menos que por la Biblioteca Nacional- que hacen de El Ministerio del Tiempo un producto televisivo diferente a todos las demás.

El punto culminante tuvo lugar ayer, cuando recibimos la visita de Javier Olivares (@olivares_javier), uno de los creadores de la serie (al otro, su hermano Pablo Olivares, la ELA no le permitió conocer el gran éxito de su idea) y de Anaïs Schaaff (@Anais_Schaaff), guionista. Se aprovechó para hacer una especie de "inauguración oficial" de la exposición, en la que, además de ellos y su comisaria, hablaron el decano de la Facultad y la directora de la Biblioteca.

Lo cierto es que fue una presentación muy diferente a todas las que hemos tenido hasta ahora, pues al final se abrió un improvisado turno de preguntas. Surgió, ya que era inevitable, la cuestión de la continuidad de la serie. La idea que nos transmitieron es que ellos quieren seguir adelante (Javier Olivares incluso habló de que le gustaría, "en una quinta o sexta temporada", que un capítulo entero estuviese hablado en latín), pero que aún no hay nada resuelto ni planificado. Están negociando, pero no sabemos con quién. Es una pena que la televisión pública dude sobre un producto como éste, que ha generado tanto revuelo a pesar de que un dato tan obsoleto en nuestra época como los datos de audiencia digan que programas tan edificantes como el de Bertín Osborne sacan una enorme ventaja a esta serie cuando se emite a la vez.

También se les planteó que hubiese más protagonistas femeninas; ellos contestaron, con toda la lógica del mundo, que la historia había sido muy injusta con la mujer tanto desde el punto de vista político como en el arte, pero que tampoco podían forzarla para que pareciese que así no había sido. Además indicaron, con toda la razón, que personajes como Amelia Folch o Irene Larra tienen una fuerza tremenda y son fundamentales para el desarrollo de la serie. Aparte de esto, hubo quien sintió curiosidad por la "desaparición" de Julián en la segunda temporada, una desaparición ante la que tuvieron que improvisar, con la fortuna de crear el personaje de Pacino, que se convirtió en uno de los favoritos de los ministéricos.

Al comienzo de este mensaje os he dejado la foto de familia que nos hicimos con esta gente tan encantadora y que tanto nos ha hecho disfrutar. Como dice el título, ayer fue un buen día si eres "ministérico".



29.4.16

"Hablar de mi libro" (21 de abril)

Siguiendo con las celebraciones que tuvimos la semana pasada en mi biblioteca con motivo del Día del Libro y del aniversario cervantino, me voy a ocupar ahora de "Hablar de mi libro", un acto en el que tenía un especial interés por varios motivos. Bien, en realidad, por uno en particular: me hubiese gustado que mi novela El cerro de Garabitas hubiese estado ya publicada y haberla presentado aquí, en la que en cierto modo considero mi casa. Pero no pudo ser, aunque no me quedé sin meter mi cuñita, como descubrirá quien tenga la paciencia de leer esta entrada hasta el final.

Si bien el pasado año este acto fue el más importante de la semana dedicada a festejar el Día del Libro y contó con la presencia de diversas autoridades y de bastante público, en esta ocasión se puede decir que estuvimos en familia: los autores, algunos amigos y gente de la biblioteca. A mí me cupo... iba a decir el "honor", pero casi prefiero que sea el "placer" de presentarlo. Antes que nada, y siguiendo el consejo de uno de los autores presentes, que pidió que lo explicásemos sobre todo para los más jóvenes, voy a poner aquí el legendario fragmento de la intervención de Paco Umbral en un programa de televisión que da nombre a esta actividad y que ha generado una frase, "yo he venido a hablar de mi libro", que casi se puede decir que se ha incorporado al lenguaje popular. Por si acaso queda alguien que no sepa de qué va el asunto...



Bien, pues a eso fuimos, a hablar de los libros que han publicado alumnos y profesores de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación. Demos un breve repaso a las intervenciones.

La primera fue Leila Nachawati, profesora del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual.


Tras un breve debate sobre mi forma tirando a hebraica de pronunciar su apellido, esta joven profesora de padre sirio y madre española, que estudió la Primaria en Siria y luego marchó a Galicia, nos presentó su novela Cuando la revolución termine, muy cercana a aparecer, en la que nos intenta contar la realidad de un país que, en sus propias palabras, está viviendo la guerra más mediática de la Historia y del que sin embargo desconocemos casi todo.

Después fue el turno de Cristina Bermejo Rey, alumna de Periodismo.


Cristina, que dijo estar muy nerviosa pero hizo una presentación magnífica, nos habló de su novela Dama de la noche, una historia de vampiros y de amor que aseguró que no se parece en absoluto a la saga Crepúsculo. Y la creímos.

A continuación tuvimos a José Alejandro Melero, profesor del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual.


Su criatura literaria es el libro de relatos La escalera oscura, en cuya cubierta, según nos confesó, aparece él con su hermano siendo niños, a pesar de lo cual, nos aseguró, no tiene nada de autobiográfico.

Después, sin seguir el orden del folleto que hicimos, llamamos a Luis Bravo, alumno de Comunicación Audiovisual.


Luis nos habló con cariño, como no podía ser de otro modo, de su libro de relatos -que no novela, como dije por error- Mala sombra y con el mismo entusiasmo declaró que su objetivo es poder vivir en un futuro de la literatura. ¡Buena suerte!

El siguiente fue David García Hernán, el único profesor que no era de periodismo, ya que pertenece al Departamento de Humanidades: Historia, Geografía y Arte.


Su libro, el primero de no ficción que se presentaba, se titula Carlos V: Imperio y frustración y, según nos dijo, con él pretendía acercarnos a la figura del césar y su tiempo en un lenguaje que sirva para todo el mundo y no sólo para sesudos investigadores.

Con Francisco Seoane volvimos al Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual, del que es profesor.


En este caso no nos habló de un libro, sino de un capítulo, titulado "Cubrir Europa: las claves para informar sobre un sistema político multi-nivel, desde Bruselas a las regiones", dentro de la obra colectiva Estudios de periodismo político y económico. Nos dijo cosas de ese monstruo que son las instituciones europeas -monstruo por lo enorme, complejo y arcano- y me quedé sobre todo con el apelativo cariñoso de "Misa de doce" que se da a la diaria rueda de prensa de los representantes de la Comisión.

Fue el último -en este caso me gustaría que tuviésemos en español un equivalente al last but not least inglés- Borja Ventura, profesor también del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual.


Borja habló de su libro Guztiak ("todos", en euskera), que ha publicado en la editorial Libros.com, con lo cual ha compartido conmigo la inefable experiencia de mantener una campaña de mecenazgo. En mi caso tuve que obtener 100 apoyos; el suyo fue más arduo, pues le pidieron 250, pero los consiguió sin problema -eso es lo que se dice siempre al final, cuando la campaña ha tenido éxito, claro está. En su libro Borja ha entrevistado a diversas personas del País Vasco, de todas las extracciones políticas y sociales -o al menos eso intentó- y con esos testimonios ha documentado el drástico cambio que se ha dado en aquel territorio desde que ETA dejó de matar. Aquí, tras la presentación, hubo un pequeño debate, que ni siquiera fue tal, pues no se enfrentaron opiniones contrapuestas; lo que quedó claro es que el proceso que se ha vivido allí es impresionante. Borja contaba con gracia -ahora se puede hacer- su experiencia en tiempos más difíciles cuando se presentaba en una Herriko taberna con intención de hablar con alguien y primero decía su nombre -que no acompañaba, nos dijo-, luego que era de Madrid y, para rematar, que era periodista...

Nos faltaban aún dos autores, pero no habían llegado, así que improvisé y hablé de Generación Subway, un libro de relatos de muchos escritores diferentes que tenía una doble relación con el acto. Por un lado, su tercer tomo -que es el que presentaba- era un homenaje a Cervantes ya que todos los cuentos tenían una cita del Quijote o del Coloquio de los perros. Y por otro lado, tanto su editora, Noemí Trujillo (alumna del Grado de Humanidades), como alguna de las autoras (Paz Martín-Pozuelo e Isabel del Río, profesoras, respectivamente, del Departamento de Biblioteconomía y Documentación y de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas) tienen relación con la UC3M. Y yo también he publicado un cuento titulado Próxima estación... en esa antología; leí un pequeño fragmento. En una próxima entrada hablaré más de este libro de relatos -y de la Generación Subway-, ya que dos días después, el 23 de abril, se presentó en Getafe.

Por tanto y por desgracia no dio tiempo a que hablasen de su libro los dos autores que quedaban: David Felipe Arranz, con Sueños de tinta y celuloide: de la palabra a la pantalla y Farshad Zahedi, con El pasado es un prólogo: conversaciones con Emilio Martínez Lázaro e Historia de la televisión (escrito en colaboración con C. Cascajosa), ambos profesores del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual. A cambio, obtuvieron una magnífica sesión de fotos a cargo de Mariví Ibarrula y sus alumnas, que nunca faltan a estos eventos -aunque esta vez también llegaron tarde. ¿Fui demasiado rápido como presentador?

Todas las fotos de esta entrada son obra de mi querida compañera Mar Bujalance. ¡Gracias!

26.4.16

El Día del Libro y el IV centenario de la muerte de Cervantes en la Biblioteca

Sí, ya sé que han pasado varios días, pero la semana pasada fue frenética en mi biblioteca, así que hoy me decido a escribir sobre lo que sucedió allí -y, de paso, doy algo de vida a esta pobre bitácora, que tengo tan abandonada. Se celebraron tanto el Día del Libro (que cayó en sábado, con lo cual los fastos tuvieron lugar entre semana) y también -dado lo tendentes que somos los humanos a festejar los números redondos- que se cumplían 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes, genial autor de nuestra novela más universal, el Quijote. Este año el acto central fue la representación de una obra, mejor dicho, un monólogo titulado La confesión del Quijote, obra de Lola Blasco -profesora de la UC3M-, que estuvo interpretada -estupendamente, por cierto- por Juan Codina.


Como se puede ver, despejamos por completo la zona de la planta baja que llamamos "La Catedral" y allí montaron esa especie de trono rodeado por luces en donde se desarrolló gran parte de la obra, que pretende evocar la confesión que Alonso Quijano hace antes de morir al Cura y en la que se explaya sobre lo divino y lo humano, sin dejar de hacer alusión a asuntos de rabiosa y triste actualidad, como la tragedia de los refugiados y el lamentable tratamiento que de ella está haciendo la Unión Europea.

Después, se inauguró una exposición bibliográfica sobre Cervantes en la que hemos expuesto libros de y sobre el escritor alcalaíno, nuestros Quijotes y otras obras -algunas también prestadas por nuestros usuarios-, además de algunos libros del Fondo Antiguo. En él no tenemos, por desgracia, libros de Cervantes, pero sí algunos que hemos relacionado con él, por ejemplo, una Bibliotheca Hispana Nova de Nicolás Antonio, editada en 1783, cuya entrada dedicada a Cervantes mostramos. Por cierto, el padre de la bibliografía española recoge una creencia habitual en su época (el siglo XVII): que Cervantes era sevillano. También se expone una Ciudad de Dios de San Agustín impresa por Juan de la Cuesta -el mismo que sacó a la luz el Quijote- en el año 1614, esto es, uno antes que la segunda parte de la inmortal obra cervantina.


En una sala de la planta baja se proyecta, también, la lectura del Quijote que han hecho alumnos, profesores y PAS de la Facultad -entre ellos, un servidor de ustedes- para la que, como veis en la foto, hemos puesto unas sillas si se quiere ver con comodidad. Asimismo, se ha decorado la sala con la celebérrima frase que da comienzo a la novela en diferentes idiomas e incluso alfabetos.

Para otra entrada dejo mi comentario sobre el otro acto que se llevó a cabo la semana pasada, Hablar de mi libro. Así garantizo la continuidad de esta bitácora...



13.7.15

Gracias, gracias, gracias... y así hasta 112.


La Plaza de Oriente. Uno de los escenarios de El cerro de garabitas
Foto: CC BY-SA Luis García

El pasado día 23 de abril, con motivo del Día del Libro, hubo en mi biblioteca un acto más que interesante. Varios profesores y tres alumnas de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la UC3M presentaron sus propios libros. Me llamó la atención sobre todo el caso de las alumnas, tan jóvenes y ya con obras publicadas. Y me llamó la atención porque justo me pilló en plena efusión creadora; estaba a punto de terminar mi segunda novela, titulada El cerro de Garabitas (que en realidad es la primera, ya que la empecé hace 20 años...) Nunca me había planteado que alguna de las cosas que he escrito (dejemos aparte los artículos sobre cuestiones bibliotecarias) pudiera llegar a aparecer publicada y que alguien la leyese. En ese acto una de las alumnas nos contó que precisamente en ese momento estaba en medio de una campaña para que se publicase su libro, ya que la editorial que lo había aceptado funcionaba con el sistema de micromecenazgo o crowdfunding, es decir, que se intentaba lograr que mucha gente pusiera pequeñas cantidades de dinero para sufragar los costes de edición. La joven, que estaba avalada por numerosos premios obtenidos por otras obras suyas, lo logró sin problemas.

Y yo pensé, "andá, y si me atrevo..." Así que, después de mucho cavilar, envié mi Cerro de Garabitas a la editorial, que no es otra que Libros.com. No contaba con que les fuese a interesar; yo soy el más duro y despiadado crítico de mí mismo, además de un tipo bastante ciclotímico. Unas veces me siento orgulloso de lo que he escrito y otras me parece una auténtica bazofia. Así que vencí los escrúpulos, aprovechando que estaba en uno de esos días de euforia (contenida) y lo mandé. Pasaron un par de semanas y cuál no fue mi sorpresa cuando me contestaron aceptando la propuesta y planteándome que consiguiese 100 apoyos, 100, en un plazo de 30 días para que la novela se publicase.

No os podéis imaginar la inyección de moral que supuso esto, Pero pronto siguió un sentimiento de desasosiego (¡la ciclotimia!) ¿100 apoyos en un mes? Empecé a echar cuentas y entre amigos, familiares y compañeros de trabajo me salían unos 40, tal vez 50 de los que pudiera estar seguro hasta cierto punto, pero 100... Eso me parecía más que lejano. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo pedir apoyo moral, un "me gusta" en Facebook, un retuiteo o una palmadita en la espalda que pedir dinero. Aunque solo fuesen seis euros. Puede parecer poco, pero, diga lo que diga el Gobierno, hay mucha, muchísima gente en España que no puede gastarse esa cantidad en nada que no sea esencial. Y mis veleidades literarias no son algo esencial, desde luego. Por eso valoro enormemente esas donaciones que han hecho muchas personas, algunas sin conocerme siquiera personalmente, que sé que han supuesto un esfuerzo enorme. Eso me da una responsabilidad muy grande y hace que desee de todo corazón que cuando les llegue la novela les guste y les haga pasar cuando menos un rato agradable.

No me puedo quejar de mi campaña... Lo bueno de estar en las redes sociales es que se puede difundir un mensaje bastante bien, procurando no ser pesado. Creo que no ha estado nada mal, ya que a pesar de mis prevenciones iniciales, al cabo de diez días ya había conseguido los 100 apoyos. Así que la novela se va a publicar y va a ser gracias a esas 112 personas que han pensado que merecía la pena apoyar económicamente este caprichito mío. No tengo palabras para agradecéroslo y valga este humilde mensaje -en una bitácora que tengo casi abandonada y que muy poca gente lee- como un intento de hacerlo.

Y para quienes lean esto y no hayan participado en la campaña pero tengan curiosidad por esta criatura salida de mi imaginación, a partir de ahora pueden reservarla en la página Web de la editorial, concretamente en este enlace. Si así lo hacéis, muchas gracias y espero que, cuando finalmente aparezca y la leáis, os guste.

25.3.15

Jornada sobre Educación Abierta en la UC3M (12 de marzo) Segunda y última parte.


Como dije en el anterior mensaje, la segunda parte de la Jornada se dedicó a la exposición, por parte de sus protagonistas, de tres experiencias llevadas a cabo en la UC3M que se pueden contemplar como una evolución lógica de los cursos en abierto: la creación de uno en OCW, la conversión de un curso OCW en un MOOC y la construcción directa de un MOOC.

Comenzó el profesor Javier Pozuelo, del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales e Ingeniería Química. En el curso 2003-04 desarrolló la asignatura Química de los Materiales, que en el año 2005, con el apoyo del Taller del Aula, convirtió en una Web. Al año siguiente, 2006, fue uno de los diez primeros cursos presentados a OCW por la Universidad. En el año 2008 ganó un accésit del MEC, lo cual le animó a reformarlo y mejorarlo, lo cual llevó a la obtención de un premio internacional en 2012.

Los elementos que conforman el curso son materiales de estudio y prácticos, pruebas de autoevaluación y fuentes bibliográficas. Sin embargo, se planteó si era suficiente con esto, si era posible el autoaprendizaje, con lo cual pensó en añadir un extra. Intentó plantear de forma visual procesos muy difíciles de explicar solo con un texto.

El curso ha sido muy exitoso; hasta el momento acumula casi un millón de visitas, provenientes de más de 80 países. El profesor Pozuelo dijo que al elaborar el curso encontró un gran apoyo del equipo OCW de la Universidad y que ha sido una experiencia muy gratificante tanto en lo personal como en lo institucional. Preguntado por si veía factible convertir su curso en un MOOC, contestó que no era muy fácil, ya que se sentía presionado por el entorno, ya que su curso tenía "muchos padres" y era difícil hacer nada nuevo con él. Además, le parece difícil mantener el contacto con los alumnos en un MOOC.

La segunda experiencia fue la de José Vida, profesor de Derecho Público, que convirtió su curso OCW en un MOOC. Para él hubo dos acicates: la incorporación de las TIC a la enseñanza y el cambio de paradigma que supuso el proceso de Bolonia, así como la apuesta de la UC3M por la educación abierta; la Universidad ha de organizar las iniciativas y poner los medios, pero no solo los materiales, hacen falta también formación para el profesorado y un personal de apoyo especializado.

En OCW tienen cuatro cursos de Derecho Administrativo, que tienen dos limitaciones importantes; la primera es el idioma, ya que solo están en español, y la segunda el ámbito de su aplicación, que es España. A pesar de ello han recibido más de 2000 visitas (el 90 % desde España) y varios premios.

Para él, la diferencia fundamental entre un curso OCW y un MOOC es la interactividad que tienen los segundos, mientras que los primeros son más "estáticos" en ese sentido. Para convertir su curso en un MOOC aprovecharon parte de los materiales, pero hubo mucho trabajo audiovisual, ya que tuvieron que rodar unos 36 vídeos. Además entró en juego esa interactividad, ya que hubo que hacer un seguimiento y mantener la relación con los estudiantes.

Su MOOC se elaboró en la plataforma Miríada-X y se desarrolló en 2013. Se apuntaron 2000 personas, de las que acabaron un 10 %. Preguntado por cuánto tiempo les llevó la conversión y cuánta gente se implicó en ello, contestó que eran tres y que el trabajo se desarrolló utilizando al menos 2-3 días completos a la semana durante tres semanas. También se le preguntó sobre la evaluación por pares que tuvo el MOOC, a lo que respondió que era un sistema que ya venía dado en la plataforma, que no desarrollaron ellos y que veía mejorable.

La última experiencia de la Jornada fue la de Carlos Santiuste, profesor del Departamento de Mecánica de Medios Continuos y Teoría de Estructuras, que es pionero en la elaboración de MOOC en nuestra Universidad. Para él son un territorio virtual por explorar, formado por relaciones humanas de la misma forma que la educación lo es. Se construye a la vez que se explora, por lo cual se descubren nuevas vías y es difícil indicar cuál será el final del camino.

Él no solo ha creado un MOOC en Miríada-X y otro en edX, sino que también tiene un canal en YouTube con 15 000 visitas. El MOOC de Miríada-X era una adaptación de una asignatura a este nuevo entorno; el de edX, que tiene unas 3 500 inscripciones, pretende ser más ameno y divulgativo.

Para él, hay muchos elementos de la educación actual que cambiarán en un futuro más o menos próximo, pero lo fundamental será que el foco pasará del profesor al alumno, de enseñar a aprender, será todo un cambio de paradigma. Pero así ha de ser, ya que la evolución no es una elección sino una ley universal.

Preguntado por las ventajas e inconvenientes del modelo, señala como ventaja lo que acaba de indicar, el cambio de foco, lo que se ha dado en llamar flipping the classroom. Sobre inconvenientes, dijo que todo cambio, y más aún si parece tan radical, acarrea miedos y resistencias. También le preguntaron acerca de licencias de uso de los materiales, a lo que contestó que por sistema eran Creative Commons BY-NC-SA.

Terminada la intervención del profesor Santiuste, se inició un breve debate en la mesa, moderada por mi compañera Susan Webster, en la que se comentaron los cambios predichos por Carlos Santiuste en la educación. Se dijo que, aunque costará, la Universidad se acabará adaptando a ellos, aunque la clase presencial no desaparecerá. Y también se señaló que el problema cultural, la resistencia al cambio no solo está en los profesores, sino también en los estudiantes, que a pesar de su familiaridad con lo digital no parecen asimilar bien un cambio como es el que se ha tratado en esta Jornada. Una Jornada que, por ausencia del Vicerrector, clausuró nuestra directora, Teresa Malo de Molina.

18.3.15

Jornada sobre Educación Abierta en la UC3M (12 de marzo) Primera parte


El 12 de marzo pasado asistí a una Jornada sobre Educación Abierta que tuvo lugar en la UC3M, en Leganés, en el marco de la Open Education Week 2015. Allí me encargué de tuitear las intervenciones desde la cuenta de la Biblioteca y lo que traigo aquí es un resumen de esos tuits.

La Jornada se dividió en dos partes. En la primera se presentaron tres ponencias sobre educación abierta en la UC3M y en la TU Delft y también sobre derechos de autor en este ámbito. En la segunda se habló de tres experiencias en tres etapas evolutivas diferentes de la educación en abierto: un curso OCW, una transformación de un curso OCW en un MOOC y la creación de un MOOC partiendo de cero.

Abrió la Jornada Carlos Delgado Kloos (@cdkloos), vicerrector de Infraestructuras Académicas de la UC3M y también director de la Cátedra Unesco de Educación Digital Escalable para Todos. Lo primero que hizo fue indicar las ventajas de la transparencia, de lo abierto, frente a una opacidad que origina mercados cautivos, barreras y obstáculos para la competencia y la competitividad.

En su presentación puso dos ejemplos, a modo de metáfora, sobre la posesión frente a la compartición de medios y servicios. Uno era el fenómeno del car sharing, la digitalización del automóvil de forma que no sea necesario tener uno en propiedad, sino que se podrán usar los que uno se vaya encontrando por la calle a medida que los necesite. Hay varias empresas trabajando en este aspecto, como Uber, que, según él, no pretende en realidad destruir el mercado del taxi, sino que va más allá en la línea que acabamos de mencionar. Su competencia es, de momento, Google, pero las empresas de automoción de toda la vida, como BMW, van a reaccionar para que en un futuro no sea Google quien domine el mercado del automóvil.

Otro ejemplo es el de un libro, Engineering Software as a Service, que se ha publicado siguiendo unos cauces completamente diferentes a los habituales. El libro se ha creado utilizando ciclos cortos y ágiles frente a los lentos sistemas habituales; el modo de edición tampoco ha sido el tradicional ni tampoco la forma de enseñar sus contenidos, que se hace por medio de MOOC y SPOC, que se ofrecen a universidades y son personalizables y multimedia. Se crea así un "ecosistema educativo" frente a los métodos de toda la vida.

¿Cómo ha de reaccionar la universidad ante estos retos? Lo mejor es adoptar una postura intermedia: ni catastrofista -¡Esto acaba con la universidad!- ni pasiva, muy atenta a lo que vaya sucediendo para adaptarse a ello.

La segunda ponencia se debió a Anka Mulder, vicerrectora de Educación y Operaciones de la TU Delft, que habló de la educación abierta en su centro. Se remontó a la "invención" de Open Course Ware (OCW) por el MIT, una actividad en la que, por cierto, España es uno de los países más activos.

Recalcó que lo más importante de la educación abierta es el acceso, esto es, que llegue a todo el mundo, esté donde esté, con el único requisito de una conexión a Internet. Reflexionó también sobre lo sucedido tras la explosión de la educación en abierto en los años 2012-14, con los MOOC y, a pesar de las ventajas expuestas, sobre el miedo de los gestores universitarios por la posibilidad de que sus centros ya no sirviesen y desaparecieran. En eso estamos ahora, pero hay que plantearse el futuro. Para ella, lo que probablemente suceda será lo siguiente:

  • Se combinarán la educación presencial y en línea (lo conocido como blended learning)
  • Aparecerán nuevas redes de universidades y de aprendizaje (formadas por estudiantes), ya que los MOOC no solo son una cuestión educativa, sino de crear nuevas redes.
  • Habrá una educación hecha a medida, con más diversidad a la hora de ofrecerla, a lo que contribuirá la investigación en big data y el análisis del aprendizaje.
  • El aprendizaje no se relegará a una etapa concreta, sino que se prolongará a lo largo de toda la vida.
  • Habrá una nueva mezcla de aprendizaje e investigación, los MOOC se utilizarán también como recursos de investigación.
  • Habrá que convertir de nuevo la educación en el corazón de la universidad.
  • Y, sobre todo, el acceso, que la educación pueda llegar a cualquier parte.
Mencionó Anka Mulder en su ponencia otra modalidad de cursos, los OOC (Open Online Courses) y se le preguntó por ellos y por su diferencia con los MOOC. Contestó que los OOC están recién inventados, así que era difícil responder, pero sí que podía decir que se distinguirían sobre todo por el tiempo de preparación y la atención prestada a los estudiantes.

La tercera intervención de esta primera parte estuvo a cargo de Teresa Malo de Molina, directora de la Biblioteca de la UC3M y de Paloma Jarque (@JarqueP), una compañera experta en cuestiones de derechos de autor y propiedad intelectual. Y de eso trató lo que nos contaron, de estas cuestiones en el campo de la educación abierta. Teresa nos definió un Recurso Educativo en Abierto (REA) y nos explicó que el grado de "apertura" podía ser variable, de menor a mayor posibilidad de modificación y reutilización. Para definir ese grado están las licencias de uso, como las Creative Commons, cuyo uso ha crecido enormemente. En 2006 había unos 50 millones de obras con licencias de este tipo; en 2014 ya eran 882 millones. El 58 % de las obras licenciadas permiten su uso comercial y el 76 % su reutilización.

La importancia de los RAE nos la puede indicar un dato: los libros de texto en abierto han supuesto un ahorro para los estudiantes de 100 millones de dólares.

Paloma recalcó la importancia de utilizar materiales propios, es decir, "limpios", en la elaboración de RAE -en este caso habría que tener en cuenta los derechos de imagen de los estudiantes. Si se utilizan materiales ajenos hay más problemas y hay que tener mucho cuidado, por se toma un gran número de Internet y ahí no todo es libre. Por eso nos podemos apoyar en buscadores que nos recuperan materiales con diferentes licencias de uso. En cualquier caso, siempre hay que fijarse en la fuente, para saber si es fiable y si hay seguridad en hacer un buen uso del material.

En un siguiente mensaje resumiré la segunda parte de la Jornada.

16.6.14

I Seminario GATE: "Las redes sociales en el ámbito educativo" (y II)



Tras la pausa del café, llegó el turno de Tíscar Lara (@tiscar), directora de comunicación de la Escuela de Organización Industrial y que también fue profesora en la UC3M. Nos habló del modelo de uso de dispositivos móviles para el aprendizaje en su centro, que se basa en una máxima muy clara: "aprender más allá del aula". Empezaron en el curso 2009-2010 entregando teléfonos inteligentes a sus alumnos (en aquella época su uso no estaba ni mucho menos generalizado) y en el curso siguiente lo que les dieron fueron tabletas. Hoy en día el modelo ha cambiado mucho y vivimos en lo que se ha dado en llamar "política BYOD", con lo cual cada quien se trae su propio dispositivo y funciona con él.

Pero no solamente se trataba de utilizar un dispositivo u otro, sino de emplear herramientas colaborativas como apoyo del proceso de aprendizaje: blogs, wikis, todo encaminado a que los alumnos aprendan a trabajar con las redes sociales de forma natural. Con estos mimbres, han conseguido poner en marcha tres MOOC sobre competencias digitales en los que han hecho hincapié en un concepto que me gustó mucho, el de "civismo digital".

Después tuvo lugar la intervención de Oriol Borrás Gené (@oriolupm), técnico del GATE y profesor del MOOC titulado Aplicación de las redes sociales a la enseñanza: comunidades virtuales, que se preguntó ante nosotros si el uso de las redes sociales como apoyo al aprendizaje en un MOOC es una solución o una tortura.

Él sí que se planteó tal uso y lo primero que hizo fue valorar una serie de redes sociales para seleccionar la que le pareció más adecuada, en su caso Google+. Los alumnos fueron bastante participativos: subieron sus trabajos, resolvieron dudas planteadas, empezaron debates, pero no todo fueron ventajas. También aparecieron una serie de problemas relacionados con el desconocimiento de la herramienta, un uso incorrecto de las categorías y un exceso de publicaciones. Preguntado por cuánto tiempo se tardó en crear la comunidad en su curso, contestó que muy poco tiempo, mérito que atribuye a los propios alumnos.

Tras las intervenciones, empezó una mesa redonda moderada por Alegría Blázquez (@Alegriabs), del GATE, en la que se plantearon tres preguntas. La primera fue: ¿Qué diferencia las redes sociales de cualquier otro recurso educativo? En las respuestas se hizo hincapié en que servían para algo muy importante: la incorporación del aprendizaje informal para aprovecharlo y llevarlo al terreno que nos interesa. Hay que tener en cuenta que las redes sociales no son un invento de la era de Internet: han existido siempre. Lo que ocurre ahora es que hay medios tecnológicos para potenciarlas y ampliarlas. Por eso sonaron un tanto extrañas preguntas como que si los perfiles públicos en las redes sociales podrían "cortar" a los alumnos o si acaso se considera que las redes sociales son la "panacea universal" que solucionará todo...

La segunda pregunta se planteaba si los docentes están preparados para utilizar las redes sociales como recursos de aprendizaje o si todavía están adaptándose. Aquí se habló, más que de soluciones, de problemas: necesidad de apoyo técnico y, sobre todo, institucional, falta de reconocimiento del trabajo desempeñado por los profesores, poca disposición o miedo a compartir, sin que además haya visos de cambio, incluso se llegó a hablar de "tecnofobia", muy habitual en campos como el de las Humanidades. En cualquier caso se valoró la actitud de aquellos que se "tiran a la piscina" a pesar de todos estos problemas, ya que son quienes van desbrozando el camino.

La última pregunta planteaba si las redes sociales serán un recurso pasajero o si se implantarán de manera más o menos permanente en el aula. Aquí se volvió a insistir en la idea de la red social como algo no nuevo, sino inherente a la condición humana, y por lo tanto hay que favorecer y "educar" en su uso. Es decir, no hay que "prohibir" el empleo, por ejemplo, de teléfonos móviles en el aula, sino enseñar a utilizarlos de manera provechosa. (En este punto, y casi como anécdota, contaré que hubo alguien que preguntó, y creo que fue en serio, si había medios tecnológicos para mostrar en la pantalla lo que estuviese viendo en cada momento un alumno en su móvil...)

Terminada la mesa redonda, Luis Catalán, responsable del GATE resumió lo hablado en esta primera Jornada y nos emplazó para las siguientes que, si son tan interesante como lo fue esta, sin duda serán un éxito.

(Por cierto, todas las intervenciones están ya disponibles.)

6.6.14

I Seminario GATE: "Las redes sociales en el ámbito educativo" (I)


El pasado miércoles día 4 de junio asistí en Madrid al primer seminario organizado por el Gabinete de Tele-Educación de la Universidad Politécnica, titulado "Las redes sociales en el ámbito educativo". Voy a hacer un breve resumen de lo que allí se habló.

Se presentaron cuatro ponencias y el acto culminó con una mesa redonda en la que participaron todos los ponentes. Inauguró el acto el vicerrector de Planificación Académica y Doctorado de la UPM, Juan José Moreno Navarro, que nos presentó brevemente la trayectoria del GATE y, con respecto a las redes sociales, dejó una frase que, a mi juicio, es destacable: "La falta de cultura corporativa de las redes sociales ha dificultado su incorporación a la universidad."

Comenzaron las intervenciones con la de Melchor Gómez García (@Melchor), de la Universidad Autónoma de Madrid, donde es Coordinador de Docencia en Red e Innovación Docente; versó sobre redes sociales verticales en la formación universitaria, entendiendo como "verticales" aquellas herramientas que no permiten hacer "de todo" (tipo Facebook), sino otras en las que no haya anonimato y en las se pueda ejercer un mayor control.

Su equipo de trabajo, que es bastante heterogéneo, tiene en cuenta que en la actualidad ya no solo "hay" ordenadores en la universidad, sino herramientas para comunicarse entre ellos y con otros dispositivos, lo cual ha hecho que lo "social" ya no sea algo ligado exclusivamente a lo presencial. Lo digital, entendido como una filosofía y no simplemente como un formato, abre enormes campos de trabajo, teniendo en cuenta, además, que en muchas ocasiones la distancia en un medio presencial puede ser mayor que en una interacción digital.

El objetivo, por tanto, es crear una red social de aprendizaje, aprovechando alguna de las herramientas existentes que se integre bien para la docencia. ¿Cuál elegir? ¿Alguna que ofrezca todo tipo de recursos o más especializadas? Como antes se ha indicado, se optó por redes "verticales", que facilitan el seguimiento y dificultan o impiden el anonimato. Será una red social que se integre bien en la plataforma docente y que además sea multidispositivo, ya que es imprescindible tener en cuenta el papel fundamental que desempeñan los teléfonos inteligentes o las tabletas en la interacción social. De esta manera se pretende potenciar el compromiso de los estudiantes, un logro cuya consecución es objeto de debate, no para todo el mundo se ha logrado este objetivo.

Expuso Melchor algunos casos en los que se puso en práctica su trabajo, como el seguimiento de prácticas externas en estudios de Grado, los grupos de investigación y las comisiones de alumnos, en los cuales el éxito ha sido desigual. Buen resultado en el primer caso, una más fácil organización en el segundo y mejorable el tercero.

En el turno de preguntas hubo quien señaló que sería una buena cosa que se utilizase una sola red social o herramienta para todas las universidades. La respuesta fue que si ya es difícil ponerse de acuerdo dentro de un mismo centro, querer poner de acuerdo a todas las universidades sería una tarea titánica...

El segundo ponente fue Carlos Alario Hoyos (@calahoy), profesor de la Universidad Carlos III, que nos habló de las redes sociales como clave del éxito de los MOOC. Sin duda estos cursos abiertos, masivos y en línea son un campo muy adecuado para la creación de comunidades virtuales que son la esencia de las redes sociales, aunque hay que tener en cuenta que los participantes en estos cursos forman un grupo tan heterogéneo como los objetivos que persiguen al empezarlos.

Partiendo de la idea de redes sociales que se crean para realizar un "consumo colaborativo" (por ejemplo, para compartir transporte o para intercambiar alojamiento) se llega al concepto de "aprendizaje colaborativo", en grupos grandes. De esta manera, el MOOC se podría convertir en una red social en sí mismo. De hecho, las plataformas de MOOC suelen incluir herramientas sociales como foros, aunque también es posible el uso de redes externas con tal fin.

Dado el volumen de participantes en estos cursos, es muy difícil para el profesor su "control". De ahí que sea muy importante el papel de los "líderes" dentro de ese grupo, es decir, de estudiantes que mueven al resto y pueden convertirse en importantes apoyos para los profesores. En cualquier caso, estas comunidades acaban creándose con o sin la intervención o dirección del profesor y en algunas ocasiones incluso "sobreviven" al curso.

Tampoco se pueden obviar los inconvenientes que conlleva el uso de herramientas sociales: spam, plagio, aparición de mensajes que no tienen nada que ver con el curso... En todo caso, merece la pena el riesgo. Relacionado con esto estuvo una de las preguntas, en la que se planteaba la tendencia de los estudiantes a escribir trivialidades en las redes sociales. ¿Falta de madurez o falta de competencia lingüística? Espinosa cuestión, cuando además, como asimismo se recalcó, los estudiantes son reticentes al nuevo paradigma educativo del aprendizaje basado en ellos mismos más que en la tradicional clase magistral del profesor en la que ellos son meros sujetos pasivos.

En el turno de preguntas surgió la cuestión de si la participación del profesor en las redes sociales podría incrementar el porcentaje, usualmente bajo, de alumnos que finalizan el MOOC. Se contestó que es evidente la dificultad para dar un apoyo adecuado por parte de los profesores y que seguramente muchos alumnos abandonaban por esta causa, pero tampoco se veía clara una relación directa entre un mayor apoyo y una tasa de abandono inferior.

Con esto, nos fuimos al café y, como el mensaje ya es demasiado largo, dejaré la segunda parte de la jornada para otro.

(Continuará)

4.2.14

Los MOOC y la "doctrina del 'shock'"



Para quienes no conozcan la obra de Naomi Klein (La doctrina del shock), su tesis es que para imponer las ideas ultraliberales de Milton Friedman y su escuela de Chicago, algunos países tuvieron que recurrir, con la inestimable ayuda de los Estados Unidos, a tratamientos de "shock", por ejemplo a golpes de estado que anularon la democracia y, por lo tanto, la capacidad de protestar y rebelarse del pueblo. Tal fue el caso de Chile, donde el gobierno de Allende, entre otras medidas, estaba poniendo en marcha una sanidad y una educación públicas admirables que fueron desmanteladas y privatizadas tras la llegada de Pinochet al poder. Aunque tampoco hacía falta una convulsión política: la devastación del Katrina fue también aprovechada para dinamitar las escuelas públicas de Nueva Orléans, por ejemplo, y sustituirlas por los miltonianos cheques escolares (que, por cierto, en España defiende ese partido que tiene la palabra "progreso" en su nombre).

Algo semejante ha pasado últimamente en España y Europa: continuamente se nos ha machacado con aquello de que estábamos al borde del abismo y con esa excusa se han aplicado intolerables recortes en sanidad, educación, dependencia y otros servicios, siempre en detrimento de los ciudadanos pero a favor del poder económico, que al no poder sacar tajada ya del ladrillo, ha de "diversificarse".

¿A qué viene todo esto? ¿Y qué tiene que ver con los MOOC? La idea que tenemos del "shock" es siempre la de algo traumático, negativo. Pero también puede provocar un "shock" una noticia positiva: que nos toque la lotería, por ejemplo. Y eso debieron de pensar algunos dirigentes políticos cuando surgieron los MOOC, cuando causaron ese "shock" positivo: ¿Cursos ofrecidos por profesores de Stanford, Harvard o el MIT, gratuitos y al alcance de cualquiera? ¡Eureka!

Y si no, que se lo pregunten a los responsables políticos de California, que vieron en los cursos en línea una magnífica oportunidad para reducir costes en su sistema público universitario. Es de imaginar que en los sueños húmedos de los ultraliberales sería fabuloso sustituir ese foco de gastos que es la universidad pública por un estupendo repositorio de cursos en línea realizados por prestigiosos profesores y comprados a compañías que se dedicarían a comercializarlos. ¿Para qué pagar a profesores, que encima suelen ser contestatarios y conflictivos? ¿Para qué mantener esos costosos campus, esas instalaciones, para qué las becas? ¡Si por dos reales conseguimos esos cursos en línea, de alta calidad y a buen precio! Y el "shock" en que vivía el mundillo con esa iniciativa impediría ver lo que realmente se pretendía. Finalmente, nos podríamos encontrar con un grupito de empresas que gestionase el material con más prestigio, un oligopolio que se dedicaría a vender cursos a diestro y siniestro y con unas universidades que no serían más que el agente comercial de esas empresas...

¡Buf! Menos mal que esto no son más que imaginaciones mías. Desde lo anterior, los MOOC han seguido otros derroteros. Ayer mismo, unos compañeros se preguntaban en Twitter si se había pinchado ya la "burbuja MOOC", a la vez que se asombraban al ver que el país de la Unión Europea que más cursos de este tipo está ofreciendo es España.Yo no lo creo así; me parece que lo que va a ocurrir va a ser una especie de mezcla de todo el batiburrillo que está incluido en este mensaje aparentemente caótico. Hemos mostrado la zanahoria de los MOOC, que están muy bien pero cuestan mucho tiempo y dinero que hay que recuperar. Una vez abierto el tarro de la miel y mojados los labios en ella, pasamos al plan B. Convertimos los MOOC en SPOC ("Small Private Online Courses", pequeños cursos privados en línea), aprovechamos lo aprendido de la técnica para elaborarlos y la aplicamos en pequeños cursos que sólo ofreceremos a nuestros alumnos, que, por supuesto, pagarán por ellos. Reducimos costes, recuperamos lo invertido, etc., etc., etc.

Y, por cierto, el defecto que le veo yo a esto no es nada de lo anterior (me parece bien que la Universidad quiera recuperar lo invertido de alguna forma), sino que esta revolución tecnológica no viene acompañada de una revolución pedagógica. Si pensamos que un MOOC no es más que una clase grabada seguida de un cuestionario, poco -o nada- habremos avanzado.

17.1.14

Cinco cosas que no me gustan en Twitter


Son casi ya cinco años usando esta herramienta, que se ha convertido en mi favorita. Me sirve para estar al día en lo mío y también en general. Pero también hay algunas cosas que no me gustan; no se trata de "malas prácticas" ni comportamientos que se puedan censurar ni nada por el estilo. Son simplemente cosas que no me gustan particularmente a mí (y en las que yo mismo he caído algunas veces, desde luego). Helas aquí:

1. El autobombo: El rico refranero castellano no deja lugar a dudas: Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Si lo que uno hace es tan interesante, no hará falta que uno mismo lo proclame a los cuatro vientos, ya habrá alguien que lo haga. Si tienes la necesidad de estar continuamente diciendo "yo he hecho esto, yo he hecho lo otro..." mal asunto.

2. Saludos sin fin: No me gustan esos tuits de gente que simplemente dice "buenos días" y agrega una retahíla de cuentas. Además, se suelen repetir varias veces. ¿Qué aporta eso? Pero claro, es que yo busco tuits que me aporten algo; si quiero saluditos y demás está el WhatsApp. ¿O no?

3. Etiquetas que no son etiquetas: Sí, esas de #Estoyhastalasnarices #Vivalapepa y demás que en ocasiones ponemos en nuestros tuits como para hacer una gracieta. No niego que en ocasiones la tengan, pero no me gusta su abuso.

4. Tuits que son solo enlaces: Algo hay que elaborar, ¿no? Y, sobre todo, si el enlace ni siquiera es el original (que alguna pista puede dar), sino que proviene de un acortador. Cuando veo eso, me empieza a oler a cuenta "hackeada" y para esas cosas -como para muchas otras- soy muy cobardón.

5. Ls k kren k stan skrbndo 1 SMS: Reconozco que 140 caracteres no suelen dar para mucho, pero hay que tener muy claro que un tuit no es un mensaje SMS. Cada cosa en su sitio.

Estas cinco cosas se resumen en una: lo que de verdad no me gusta son los mensajes de blogs del tipo "Cinco cosas que no me gustan de..." o "Diez cosas que habrá que tener en cuenta para..." En la variedad está el gusto y lo repetitivo acaba cansando.

29.11.13

La teoría y la práctica

Hace ya más de diez años escribí un artículo que titulé “La ‘crisis de identidad’ de los profesionales de la información”, en el que hablaba de que tras siglos de apacible existencia detrás de los muros de nuestros edificios, los bibliotecarios empezábamos a sentirnos “sacudidos” por la revolución tecnológica y también por el neoliberalismo triunfante para el cual somos un gasto y no una inversión y, en consecuencia, prescindibles o, al menos, recortables. Años después, creo que sigue vigente, por desgracia, y seguimos sintiendo ese vértigo ante la tecnología e, inmersos en la Gran Recesión, luchamos porque se nos considere necesarios, no como algo meramente oneroso en una época en la que todo o casi todo es considerado un gasto superfluo.

Hemos querido dejar atrás el tópico de la vetusta bibliotecaria con moño y gafas de pasta, malhumorada, cuya misión en la vida parece ser mandar callar y que los libros estén siempre colocaditos; en la época de mi artículo parecíamos quererlo hacer poniéndonos rimbombantes nombres en inglés, como “knowledge manager” y sus variantes. En la era de las redes sociales, la cosa parece haber cambiado poco: hoy salen por todos lados conceptos como “community manager” o “content curator”, sobre los que se teoriza mucho pero de los que lo único que parece claro es que si no se nombran en inglés directamente no son. (Me refiero, por supuesto, al contexto de las bibliotecas y, más en concreto, las universitarias.)

A donde quiero ir con este largo preámbulo es al desequilibrio entre teoría y práctica que percibo en estas operaciones que hacemos desde las bibliotecas para intentar ponernos al día y demostrar que somos imprescindibles para la sociedad (para demostrárselo a los políticos que [mal]manejan los dineros, claro está, porque una sociedad medianamente sana ha de tener clarísimo que las bibliotecas son uno de sus pilares esenciales…)

Hace años se suscitó un vivo debate sobre lo que se ha dado en llamar “alfabetización en información” (sé que se conoce de otra forma, pero escribirlo me produciría sarpullido en la yema de los dedos). Una mayoría lo veía muy bien, pero también tenía sus detractores. En mi caso, la pega que le veía entonces, y que aún le sigo viendo, es un exceso de teoría. Sí, se ha escrito mucho sobre esto, se han sentado importantes bases, se han redactado recomendaciones, se han creado comisiones de alto nivel… Pero, ¿realmente se ha puesto en práctica todo eso? No lo sé... Mi experiencia me dice que, después de todo, lo que se está haciendo es la formación de usuarios de toda la vida y no tengo muy claro que esas nobles ideas del “espíritu crítico” o del “aprendizaje a lo largo de la vida” hayan pasado de los escritos teóricos o de las reuniones profesionales a la cruda realidad.

Con las redes sociales, otro de nuestros nuevos nichos de trabajo, me parece que está ocurriendo exactamente lo contrario. En muchas ocasiones, la presencia de las bibliotecas en esos medios se ha debido a la iniciativa de algunos entusiastas que se “tiraron a la piscina”. Es decir, que se fue directamente a lo práctico sin muchas veces plantearse previamente qué es lo que se quería hacer. Ahora, muchos años después, es cuando hay quienes están empezando a teorizar sobre el asunto. Y no digo que esté mal, pero es que me da la sensación de que estas teorías no tienen el mejor de los orígenes. Por un lado, si analizamos la “rentabilidad”, sea en el término que sea, de lo que estamos haciendo en las redes sociales, está claro que de lo que se trata es de “justificar”. Y en nuestros tiempos ya sabemos lo que eso significa: esta era neoliberal considera por defecto “superfluo” todo gasto –aunque solo sea de horas de trabajo- que no sea imprescindible y cada vez hay menos cosas que se consideren imprescindibles. Por otro lado, el fenómeno del “gurú”, que siempre ha existido, se ha exacerbado en este mundo hiperconectado y seguro que hay quien quiere pasar a la historia por ello. Y el mero hecho de que a alguien se le considere un “gurú” no le exime de decir disparates, con el agravante de que muchos los verán como una especie de evangelio y se señalará con el dedo al discrepante. Por tanto, mi impresión es que esos intentos de teorizar llevarán a pocas conclusiones útiles.

Sí que es necesario planificar y racionalizar; la época de la anarquía pasó a la historia y, aunque creo que no se debe prescindir totalmente de ese elemento anárquico que es uno de los principales atractivos del mundo 2.0, ha de haber cierto control. Estimo que el modelo de gestor de comunidades único no es el más adecuado en centros como las bibliotecas, en las que todos y cada uno de sus trabajadores tiene como misión manejar información y ponerla a disposición de los usuarios. Todos en la biblioteca hemos de ser gestores de comunidades y por ello ha de haber unas pautas de uso y unos criterios que indiquen de qué se compondrá el flujo informativo en esas herramientas. Pero sin pasarse, sin interminables y poco operativas comisiones de trabajo y teorizando lo justo, no sea que esto se convierta en algo parecido al célebre partido Alemania – Grecia de los Monty Python, en el que, de tanto pensar, el balón no se mueve hasta que alguien se decide a correr.



11.10.13

Hasta siempre, Colmenarejo. Hola, Humanidades.


Tras un periplo de ocho años, ocho meses y cuatro días, hoy es el último en que trabajo en la Biblioteca del campus de Colmenarejo de la UC3M. Ocho años, ocho meses y cuatro días que han dado para mucho, sin duda. Cuando llegué aquí, en febrero de 2005, apenas sabía lo que era una bitácora y ni siquiera había oído hablar de redes sociales o algo que se le pareciera. Eso no quiere decir que por entonces no me considerase un bibliotecario del siglo XXI, nunca me he identificado con esa parte digamos conservadora de la profesión que tiene como libro sagrado las Reglas de Catalogación. Lo que ocurre es que entonces esas cosas que he mencionado apenas se conocían. Y es que, aunque la sensación sea otra, es mucho, mucho tiempo.

Pocos meses después de llegar, en julio de 2005, empecé a escribir este blog. Hasta entonces lo más parecido al "espíritu 2.0" que había conocido en la Red habían sido foros de diferente tipo y fue precisamente mi desencanto con esos medios lo que me llevó a escribir mi propia bitácora. Muy poco antes se había puesto en marcha la primera experiencia de ese tipo en nuestra biblioteca, 365 días de libros, que fue el intento más temprano de utilizar herramientas dinámicas, que permitiesen la participación activa de los usuarios. Después vendrían más, Facebook, Twitter, primero siempre de forma particular, por probar, y más tarde para la Biblioteca. Fue desde aquí, desde Colmenarejo, donde se dio el mayor impulso a la participación de nuestra institución en las redes sociales, algo que ahora mismo se ve como normal pero que entonces, allá por 2009, parecía cosa de "friquis".

Aquí también se llevó a cabo la experiencia con Second Life, una experiencia fallida pero que en su momento me dio muchas satisfacciones y que sigue viva, al menos en lo que se refiere al modelo, ya que muchas instituciones en el mundo aplican mundos virtuales (no Second Life, precisamente, que en ese sentido lleva bastante tiempo en regresión) a muchos aspectos de la educación en diferentes niveles. Unas experiencias que no gozan de la (excesiva) atención en los medios que tuvo Second Life allá por 2008, pero que en los campos en que se han aplicado han obtenido resultados más que interesantes. Esto lo pude comprobar por mí mismo hace ya algunos años, cuando asistí a uno de los iED Summits.

Desde el lunes trabajaré en la nueva Biblioteca de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación. Los alicientes: primero, estaré más cerca de mi casa y, segundo y sobre todo, me enfrentaré a nuevos retos. Materias que nunca he tratado, diferentes usuarios, diferente forma de encarar el trabajo... Renovarse o morir, se suele decir, y creo que es verdad. Llego allí igual que si fuese el primer día que trabajé en esta casa, a pesar de que no me voy a encontrar precisamente en un ambiente extraño. A varias compañeras de las que voy a tener allí las conozco desde hace 20 años y otras han trabajado conmigo aquí en Colmenarejo. Así que voy a estar como en casa, pero con esa sensación de novedad que refresca y hasta rejuvenece. En Colmenarejo he pasado momentos que difícilmente olvidaré y dejo aquí a gente a la que aprecio muchísimo y a la que voy a echar mucho de menos. Pero, como he repetido varias veces estos días, tampoco me voy al otro lado del mundo. Seguiremos en contacto...


17.9.13

Veinte años no son nada...


Así era yo hacia 1995 o 1996

El pasado viernes, 13 de septiembre, se cumplieron 20 años del inicio de mi andadura como bibliotecario en la Universidad Carlos III de Madrid, un trabajo al que llegué casi por casualidad. Es mucho tiempo; me ha dado lugar a ver muchas cosas y, mirando hacia atrás, puedo contemplar los enormes cambios que ha sufrido este mundo (como todos los mundos), un cambio primero tecnológico, con un progreso constante, y ahora un cambio económico, con una crisis que no deja nada sano por muy importante que sea para el desarrollo de una sociedad.

Aquel 13 de septiembre, la entonces directora de la biblioteca, Margarita Taladriz, nos llevó a mí y a mi compañera Maite Rodríguez-Monteverde a la Escuela Politécnica Superior de Leganés, que ocupaba uno de los edificios "normalizados" que tanto abundan en la zona metropolitana Sur de Madrid para albergar institutos de enseñanza secundaria. Allí nos recibió la añorada Paloma Crego, que estaba al frente de algo que con mucho optimismo se llamaba biblioteca, ya que no era más que un aula, que hacía las veces de sala de lectura, aneja a un cruce de pasillos que había sido cerrado con paneles provisionales, donde estaba la hemeroteca y el mostrador de préstamo e información. Poco más allá, en un pequeño despacho, teníamos un ordenador donde consultar algunas bases de datos (Inspec y Mathsci, en CD-ROM; el Current Contents aún nos llegaba en disquetes de 3 y medio y había que pasárselo a los profesores de Informática para que los instalaran en una red Novell).

Todo esto ahora suena a chufla, pero entonces era muy avanzado: yo no llegué a conocer catálogos de fichas ni préstamo manual. Y es que en nuestra biblioteca siempre se procuró estar a la última. Los terminales "tontos" de acceso al OPAC eran un lujo asiático. Yo entré allí teniendo ya buzón de correo electrónico, en una época en que apenas era conocido (recuerdo el primer correo que recibí, una notificación de error del sistema, que me hizo tanta ilusión que la guardé durante meses). También conocí allí la Web, muy poco después de su invención (mi primer curso sobre ella se hizo sobre el navegador Lynx, es decir, aún sin interfaz gráfica) y las hoy vetustas torres de CD para consulta de bases de datos. Todo a la última.

De aquel instituto reconvertido pasamos al campus actual, al edificio Agustín de Betancourt, donde ocupamos un emplazamiento provisional durante cuatro años (aún se pueden ver por allí las rosetas de lo que fue nuestra primera "aula" informática") y luego nos trasladamos al actual edificio de la biblioteca, el Rey Pastor, otra maravilla que desde el principio contó con lo mejorcito que nos proporcionaba la tecnología, además de intentar ofrecer a profesores y alumnos un espacio cómodo y agradable para trabajar.

Casi doce años me pasé en Leganés, hasta que en febrero de 2005 vine a trabajar a Colmenarejo. Aquí fue donde entré en contacto con lo que conocemos como Web social, primero como entretenimiento (me di de alta en Facebook con la única intención de buscar a compañeros de promoción de la carrera) y luego como apuesta por un mejor flujo de comunicación con nuestros usuarios. Aquí también conocí Second Life y fui capaz  de conseguir que la biblioteca se implicase en un proyecto ambicioso pero arriesgado que finalmente, y por desgracia, no salió bien, pero que me dio bastantes satisfacciones.

Y luego llegó la crisis, que todo lo ha cuestionado. Mucho tiempo se llevaba hablando de la justificación del gasto, de la necesidad de aplicar criterios de gestión privada a instituciones como la nuestra, de hablar de "clientes", "productos", "competencia"... Una jerga que nunca me gustó pero que durante mucho tiempo no fue más que eso, jerga. Sin embargo, ahora se ha traducido en unos presupuestos cada vez más exiguos, una penitencia que estamos pagando por algo de lo que no somos responsables: el enorme despilfarro, propio de nuevos ricos, que una economía basada en el dinero fácil del ladrillo inculcó en nuestros políticos y cuyas nefastas consecuencias estamos padeciendo ahora: parece que la culpa de todo la tiene el sector público y por lo tanto hay que recortar, aunque tales tijeretazos indiscriminados y salvajes se escondan, con bastante poca sutileza y mucho cinismo, detrás de la palabra "reforma".

Y ahora me enfrento a un nuevo cambio: el 15 de octubre empezaré a trabajar en la nueva Biblioteca de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación: una preciosidad. Más cerca de mi casa, nuevas materias, nuevos profesores y alumnos, compañeros que no son nuevos ya que algunas de ellas entraron conmigo aquel ya un tanto lejano 1993... Renovarse o morir dice el refrán. Biblioteca nueva, biblioteca renovada, Paco, el boticario metido a bibliotecario renovado también veinte años después.



Aquí también (ya lo hice en Facebook el mismo día) quiero nombrar a las diez personas que entraron conmigo en aquella primera promoción de Técnicos Auxiliares de Biblioteca de la UC3M:

  • Juanan Espinosa
  • Concha García Pino
  • Luz González Regato
  • Cruz Hermida
  • Ana Matellano
  • Belén Mosquera
  • Inma Muro
  • Honorio Penadés
  • Maite Rodríguez-Monteverde
  • Toni Urbano
Hoy todos, salvo Cruz, que se fue pronto a la Complutense, y Toni, que está en la empresa privada, siguen en la UC3M, como yo. Ya falta menos para las bodas de plata...