14.9.17

Nuevo caso de la inspectora Gutiérrez: "La mafia blanca"


En la anterior entrada, escrita hace demasiado tiempo, os hablaba de que ya andaba por ahí el germen de la séptima de mis novelas que tiene como protagonista a la inspectora Susana Gutiérrez (en realidad entonces llevaba ya casi un mes "peleándome" con ella) y aquí la tenéis, calentita. La he titulado La mafia blanca; voy a explicar, sin destripar la historia, el porqué de este título.

Yo nací en una maternidad que se llamaba "La Casa de la Madre". El edificio aún existe, pero desde hace treinta años (o más) es una residencia de ancianos que pertenece a la Comunidad de Madrid. Se encuentra en la esquina de las calles de Goya y del Doctor Esquerdo, en el que fue segundo emplazamiento de la institución; el primero estuvo en la calle de Serrano. 

La Casa de la Madre, regentada por Auxilio Social -es decir, por la Falange- y destinada, por tanto, a mujeres sin recursos, se trasladó de Serrano a Goya en 1959 y desde 1964 admitió también a trabajadoras que se pagaban el llamado Seguro Obligatorio de Enfermedad. Pero bueno, lo importante para nuestra historia es que fue uno de los lugares donde se produjeron casos de "niños robados", durante el franquismo y casi hasta su desaparición, a mediados de los años ochenta. Mientras me documentaba encontré unos artículos que aparecieron en la prensa hacia 1980, donde se hablaba con total desahogo de ese tráfico de bebés, orquestado por monjas, médicos, policías, empleados de los juzgados, a los que se llamaba "mafia blanca". Digo que hablaban con desahogo porque poco menos que daban carácter benéfico a esta mafia, cuya existencia casi justificaban por la incapacidad de la administración competente, por entonces la extinta Diputación Provincial de Madrid, para gestionar de manera eficaz las adopciones legales.

Este es el punto de partida de la historia, donde la dolorosa cuestión de los robos de bebés institucionalizados desempeña su papel. Una novela en la que se las he hecho pasar canutas a la pobre Susana. Espero que me perdone, porque sabe que la quiero mucho, es mi ojito derecho. Como siempre, os reproduzco lo que aparece en la contra del libro para que os hagáis una idea de lo que podréis encontrar en él:

La inspectora Susana Gutiérrez y su compañero, el subinspector Carlos Mena, han de investigar el asesinato de un célebre abogado que representaba a una asociación de niños robados en busca de sus verdaderas madres. Lo que no imaginaba la inspectora Gutiérrez era que la aparente obra de un sicario acabaría por convertirse en algo muy distinto que la afectará personalmente de diferentes maneras y la llevará a una situación límite. ¡Ah! Y hay una boda...
Hoy mismo lo he publicado en Amazon. Aquí tenéis el enlace, por si os interesa.

10.5.17

"Los papeles de Juana", sexta novela de la serie de la inspectora Gutiérrez


Los papeles de Juana es el título de la sexta y, de momento, última de las novelas protagonizadas por la inspectora Susana Gutiérrez, su compañero, el subinspector Carlos Mena, su jefa, la comisaria Victoria Menéndez y el resto de policías que trabajan en la comisaría de Chamberí, en el corazón de Madrid.

En este sexto caso he aprovechado unos textos que escribí hace tiempo para un proyecto que no tuvo continuidad. Quise escribir una especie de novela nostálgico-costumbrista centrada en la vida de Juana, una joven del barrio de San Blas, en el que viví los primeros treinta y un años de mi existencia. Un homenaje a mi barrio de toda la vida y a sus gentes que al final no pasó de sus primeras etapas, de sus primeras páginas. Pero me habían quedado algunos textos que, cosa rara en mí, no me parecía que estuviesen mal, así que "reciclé" algunos de ellos para hacer de Juana un personaje principal de esta novela.

Una historia en la que se mezclan, como es habitual, las vidas privada y personal de Susana, esta vez, con el trasfondo de las fiestas navideñas, la primera visita de los peculiares padres de su pareja, un reto casi tan imponente como el caso que ha de resolver. Pero mejor os reproduzco la contracubierta del libro, de cuyo contenido ya os he desvelado algunas cosas:

En plenas fiestas navideñas, la inspectora Susana Gutiérrez se enfrenta a dos desafíos: el asesinato de uno de los agraciados con el premio gordo de la Lotería y la primera visita de los padres de su pareja, Asís.
La aparición sobre el cadáver de una hoja mecanografiada con una vieja máquina de escribir que cuenta la historia de una joven desconocida del barrio de San Blas se convertirá luego en el nexo con otros dos asesinatos ¿Logrará descubrir Susana al asesino en serie? ¿Será capaz de superar con éxito la visita de sus futuros suegros?
Una historia, en definitiva, en la que visito algunos de los lugares con los que estoy ligado física o sentimentalmente y en la que, como es habitual, suelto por boca de mis personajes lo que me apetece sobre lo que me apetece. Si tenéis curiosidad, la podéis adquirir en Amazon en formato papel o electrónico por un precio módico, al igual que sus otras cinco hermanas y alguna cosa más.

(Por cierto, ya estoy con el germen de la séptima aventura de la inspectora Gutiérrez; esta tardará un poquito más en aparecer, pero lo hará...)
 

28.4.17

Concluye una estupenda Semana del Libro


Estupenda para mí. Durante toda esta semana se ha prolongado en la universidad en que trabajo, la UC3M, la celebración del Día del Libro, que este año ha caído en domingo. Y digo estupenda para mí porque he tenido la oportunidad de participar en dos actos en calidad de aprendiz de escritor. Quiero dejar una pequeña reseña escrita de ello.

En Colmenarejo: Mesa redonda "Cómo escribir y publicar tu primer libro"



De izquierda a derecha: Paz Martín-Pozuelo, servidor, M. H. Martín y Honorio Penadés
(Foto birlada del blog Aquí Biblioteca)

El martes 25 de abril volví, después de tres años y medio, a la Biblioteca de Colmenarejo de la UC3M, donde trabajé entre 2005 y 2013. Y qué mejor motivo para hacerlo que hablar de por qué escribo y cómo me "busqué la vida" para que alguna de mis criaturas apareciese publicada. Compartí la mesa, además de con mi compañero Honorio Penadés, su moderador, con Paz Martín-Pozuelo, profesora del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la UC3M y Marisol Herrera, que firma sus libros como M. H. Martín, también compañera de la Biblioteca de Colmenarejo. Allí, más que referirnos a una obra concreta, compartimos los diferentes motivos que nos llevan a escribir y qué pasos dimos para que se publicasen nuestras obras. Yo hablé de mi campaña de micromecenazgo que culminó con la aparición de El cerro de Garabitas, Paz nos contó cómo una feliz casualidad quiso que entrase en contacto con Lorenzo Silva por medio de las redes sociales, lo cual fue el detonante para que Playa de Ákaba, la editorial independiente que regenta su esposa, Noemí Trujillo, acabase publicando El más hermoso de los milagros y otras historias de mujeres. Marisol, por su parte, tras hablar de sus esfuerzos para que le hiciesen caso las editoriales "de toda la vida" (algo que nos ha de sonar a todos los que nos hemos embarcado en estas cosas) decidió al fin presentarse a un certamen cuyo premio era la publicación de la obra. Y así tenemos su novela Último verano en Las Nubes.

Lo cierto es que fue un evento más que agradable, con un público un poquito reacio a la interacción con los oradores, pero que creo que al menos pudo sacar alguna conclusión que espero fuese positiva. En nuestro blog Aquí biblioteca se publicó una reseña del acto.

En Getafe: "Hablar de mi libro"


Cartel de David López González

Ya el año pasado me hice eco por aquí de este evento, que llevamos celebrando en la Biblioteca de Humanidades de la UC3M desde 2015. Fue en aquella primera y multitudinaria edición donde se me encendió una tenue lucecilla. Estaba yo en plena efervescencia escritora, una efervescencia que había empezado unos cuatro meses antes. Había sido capaz de terminar dos novelas y no se me había pasado por la imaginación la posibilidad de publicarlas hasta que aquel 21 de abril de 2015 una joven alumna de la Universidad, Gema López, presentó su proyecto -y nunca mejor dicho, porque aún no se había publicado-, titulado Cuentos para despertar, y me hizo conocer la editorial Libros.com. Aquel día nació la ilusión de que, si el acto se repetía, pudiera yo presentar en él alguna de mis novelas, lo cual significaría que se habría publicado. Una utopía me pareció entonces, un sueño inalcanzable. Un sueño que este año se ha hecho realidad.


Ahí me tenéis, todo ufano, hablando de El cerro de Garabitas
junto a Lola Santonja, directora de la Biblioteca de Humanidades
(La foto es de Mar Bujalance)

Fue el del jueves 27 de abril un acto muy bonito, no multitudinario, interesante como siempre por las propuestas de quienes allí intervinieron. Voy a intentar siquiera una crónica somera de sus intervenciones.

Paz Martín-Pozuelo repitió, como yo, y en este caso nos vino a hablar de su primera novela, Una vida más tarde, obra en la que, tras un denodado esfuerzo creador que le ha llevado cuatro años, cuenta la historia de una mujer excepcional que conoció durante su infancia en un pueblo de La Mancha, una historia que creyó inventar pero que luego con asombro pudo comprobar que había sucedido en la vida real.

Daniel Marías, profesor del Departamento de Humanidades, presentó con su entusiasmo habitual no un libro, toda una colección (Modelos para armar) de la que no es autor, sino coordinador e impulsor. Una tarea que nace con la loable intención de hacer asequibles obras de ensayo para un público amplio, tanto por la forma en la que se dicen las cosas, como por el tamaño y diseño de los libros.

Luego me tocó a mí, que intenté hacer partícipe a toda la audiencia de la gran ilusión que sentí al estar allí. De eso ya he hablado y, por tanto, no voy a insistir. Solo pondré un atajillo por si os interesa haceros con un ejemplar de El cerro de Garabitas.

Gema López Sánchez, alumna de la Facultad, creo que nos dejó a todos pasmados por su iniciativa. Ganadora de numerosos premios literarios, su segundo libro publicado, Mekronos, se ha convertido en uno de los más vendidos en su género (la ciencia-ficción) en Amazon; Gema, por tanto, ha tenido la fortuna de cruzar la línea que existe entre quienes dan toquecitos en la puerta de las editoriales y quienes reciben llamadas de ellas, aunque también ha tenido que sufrir comentarios y recomendaciones bastante sexistas ("¿por qué no escribes novela romántica?"). Además, nos presentó un invento muy curioso, que es una tarjeta con un código QR que te lleva a conseguir un libro electrónico, de modo que aunque el formato sea digital y, por tanto, "incorpóreo", siempre tienes algo material relacionado con ese libro, un algo que puedes guardar y coleccionar.

Noemí Trujillo fue quien cerró el acto. Poco puedo decir de ella que no se sepa, tal vez que es alumna del Grado en Humanidades de nuestra universidad. Escritora, poeta, editora, es una mujer incansable a la que he de agradecer que haya hecho aparecer un par de libros de este humilde aprendiz en su editorial, Playa de Ákaba. Nos presentó su poemario Decir un "Te quiero", porque, aun cuando ha publicado novelas y relatos juveniles es en la poesía, según nos dijo ella misma, donde se siente más a gusto.

Hay que mencionar también a los presentadores del acto, Carlos Manuel, vicedecano de Humanidades y primer vicedecano de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación, y Lola Santonja, directora de la Biblioteca de Humanidades. Y a mi compañera y amiga Mar Bujalance, organizadora y fotógrafa oficial.


video

(Montaje de fotos de Mar Bujalance hecho por la propia Mar)

En conclusión, una semana maravillosa, una buena carga de moral para seguir juntando letras. ¡Vivan el libro y la lectura!


14.4.17

El 14 de abril, según Clara Ruiz


Hoy, 14 de abril, cuando se cumplen 86 años de la proclamación de la II República, os traigo un fragmento de mi novela La vida ha de seguir (memorias de Clara Ruiz) que viene del todo a cuento. (Por cierto, si queréis, podéis conseguirla aquí).

      El martes 14 de abril decidí salir, después de comer, con Ernesto y Juan Luis para caminar por los jardines de Recoletos y llegar a Cibeles. Había mucha animación en la calle; yo imaginaba que era por lo que estaba sucediendo, aunque no podía sospechar lo que iba a ocurrir en esa tarde memorable. 
      Fue mucho más de lo que me hubiese podido figurar. Era tal el tumulto que pedí a Ramona, que nos acompañaba, que se fuese con los niños a casa. 
      –¡Pero mamá, yo quiero ir a la fiesta…! –me dijo Ernesto lloriqueando. 
      –No, hijo. Hay demasiada gente y me da miedo que os despistéis o que os atropellen. 
      Insistí a Ramona para que se los llevase; la verdad, ella parecía igual de decepcionada que mi hijo por perderse la «fiesta»… 
      Una vez marcharon, me dirigí hacia la multitud que iba por la calle de Alcalá hacía la Puerta del Sol. En ese momento estaba en Recoletos, junto a la verja del Palacio de Buenavista, es decir, del Ministerio de la Guerra, en el que no noté movimiento alguno. Cuando llegué a Cibeles pude ver que en el Palacio de Correos ondeaba una gran bandera tricolor, igual que la que portaban muchos de los que, cantando y gritando consignas, ocupaban toda la plaza y rodeaban casi por completo la fuente desde la que la diosa Cibeles, impasible en su carro, les observaba. Los automóviles y tranvías ya casi no podían andar, tal era la cantidad de gente que había, pues a todos los que ya colmaban las calles se iban uniendo quienes salían de los cafés y otros establecimientos de la calle de Alcalá, entre ellos muchas mujeres. Vi camiones llenos de hombres y mujeres que ondeaban banderines rojos, cantaban y bailaban. Unos tarareaban la Marsellesa con sonidos casi guturales al no conocer su letra, otros la entonaban con un texto traducido, imagino que de forma improvisada por algún estudiante aventajado: 


Adelante, hijos de la Patria, 
el día de gloria ya llegó… 

      En el guirigay se mezclaban también las notas del himno de Riego y de la Internacional, del mismo modo tarareados antes que cantados por esa confusión de obreros, estudiantes, modistillas y simples paseantes que sobre la marcha se unían a la marea humana. 
      Aquello parecía un festejo popular, una verbena, antes que una manifestación política. Poco a poco me fui contagiando del enorme entusiasmo que me rodeaba, tanto que me impidió apreciar peligro alguno en esa situación, encontrándome sola en medio de unas turbas que no parecían estar controladas o dirigidas por nadie, con solo una idea: cantar, dar vivas a la República y dirigirse a la Puerta del Sol, en donde estaba el Ministerio de la Gobernación, el «centro de mando» para muchos, donde era presumible que estuviese el corazón de toda la cuestión y donde se resolvería de una u otra manera la situación causada por el terremoto electoral. 
      A duras penas conseguí avanzar por la calle de Alcalá. Al llegar ante la iglesia de San José tuve la grata sorpresa de encontrarme con Josefa y Rosalía. Venían desde el Lyceum, donde habían seguido los acontecimientos por la radio. 
      –¡Clara! ¡Qué alegría verte! –dijo Rosalía–. ¿Vas hacia Sol? 
      –Lo intento al menos –contesté–. ¿Vosotras también? 
      –Sí, y te acompañamos con gusto. 
      –¿Y Dory? 
      –Hoy tenía guardia y no ha podido venir… 
      En ese momento eché de menos a mis amigas. Tampoco estaban allí Violeta y Nancy, que se encontraban en Barcelona no recuerdo si presentando una exposición o el último poemario. A Carmen, por razones obvias, no cabía esperarla por allí. 
      Cruzamos como pudimos la Gran Vía y volvimos a Alcalá. La muchedumbre se apretaba más y más, cada dos por tres tropezábamos o nos chocábamos con alguien, cuando no dábamos algún pisotón, pero aquel día nadie se ofendía por ello, siempre se devolvía una sonrisa y una frase amable, que acababa con un espontáneo viva a la República. 
      Supusimos que, dados los resultados electorales, algún cambio político importante se habría de producir. Tal vez un gobierno de transición, en el que participasen algunos de los miembros más destacados de los partidos que habían triunfado, tal vez alguna otra fórmula. Lo que no sabíamos era que, como dijo algún esclarecido miembro del antiguo régimen, España se había acostado monárquica y se había despertado republicana, sin posible vuelta atrás. 
      Tras ímprobos esfuerzos, logramos llegar a la Puerta del Sol, que hervía en un jubiloso fervor ciudadano. Miles de personas daban vivas a la República, cantaban, gritaban consignas, subidas en los techos de los tranvías, enarbolando banderas tricolores. En medio de todo ese gentío, muy cerca del templete del metropolitano, acertamos a ver a Anselmo, que se intentaba abrir paso justo en el sentido contrario al que llevábamos nosotras. 
      –¡Anselmo! –le grité–. ¡Anselmo, aquí! 
      Anselmo miró hacia varios sitios hasta que nos localizó a las tres y, con una enorme sonrisa, se acercó a nosotras y nos abrazó y nos besó, creo que sin saber muy bien lo que hacía, exultante, embriagado. 
      –¡Han visto que maravilla! ¡Llegó la República! ¡Y en paz, sin pegar un tiro! 
      –¿Y cómo ha sido? –preguntó Josefa–. ¿No ha habido resistencia? 
      –No –contestó él–. Ha sido increíble lo que ha ocurrido. Se ha presentado en la puerta del Ministerio de la Gobernación Miguel Maura, uno de los miembros del Comité Revolucionario que ahora se va a convertir en Gobierno provisional. Los guardias civiles que había allí no sabían muy bien qué hacer, pero Maura, decidido, se ha plantado ante ellos y les ha gritado «¡Paso al Gobierno de la República!» y entonces se han cuadrado y le han hecho un pasillo de honor. Luego ha subido a los despachos, ha cogido el teléfono y, como le he oído decir a alguno de sus colaboradores, ha ido proclamado la República territorio a territorio, gobierno civil a gobierno civil… 
      –¿Entonces, la Guardia Civil no se ha opuesto? –preguntó Rosalía. 
      –No. Sanjurjo, su jefe, desde el principio se ha puesto a las órdenes del Gobierno Provisional. ¡Hemos ganado…! 
      Se veía eufórico a Anselmo. Se despidió de nosotras, ya que tenía que ir de inmediato al no muy lejano edificio del Ministerio de la Guerra, del cual se iba a hacer cargo su jefe político, el señor Azaña. Era de esperar que ocupase algún cargo de confianza en la nueva jerarquía de un ministerio tan importante para el país. Así que le dejamos marchar. Nosotras nos miramos, sonrientes, y desatamos también nuestro júbilo. Nos abrazamos, saltamos, cantamos, repetimos las consignas que coreaba la muchedumbre que nos rodeaba. Éramos conscientes de estar viviendo un momento histórico, único. Un pueblo había decidido en unas elecciones cambiar de régimen y dar un viraje decisivo a su devenir. Después de un rato largo en la Puerta del Sol, compartiendo la alegría de cuantos nos rodeaban, quisimos volver al club para comentarlo con las compañeras que allí estuviesen. Con las mismas dificultades que a la ida, atravesamos la Puerta del Sol y subimos por la calle Montera hacia la Red de San Luis. Luego cruzamos Conde de Peñalver y entramos en la calle de Fuencarral, por la que anduvimos, siempre esquivando a los numerosos grupos que seguían dirigiéndose al corazón de la capital, hasta que torcimos a la derecha hacia la calle de San Marcos para llegar a la sede del Lyceum. La verdad es que lo encontramos medio desierto, ya que, como es lógico, la mayoría de nuestras compañeras también había salido a la calle para celebrar el gran acontecimiento. Por tanto, me despedí de mis amigas y regresé a casa para ver cómo habían vuelto y cómo estaban los niños y para permitir a Ramona que se uniese al jolgorio si así lo deseaba. Salió tan deprisa como si la estuviese persiguiendo el diablo…

5.4.17

"La Amada Mortal": quinta entrega de los casos de la inspectora Gutiérrez


No es en absoluto casual la presencia de Beethoven en la cubierta de La Amada Mortal (sí, todo en mayúsculas), quinta novela de las que he dedicado a Susana Gutiérrez, inspectora de Homicidios de la Comisaría de Chamberí. Quienes además conozcáis algo de la biografía del gran genio de los genios habréis notado el juego de palabras que hay en el título de la novela. El de la "Amada Inmortal" es uno de los grandes -y más absurdos- enigmas de la vida del músico. A principios de julio de 1812 escribió una apasionada carta de amor a una mujer desconocida, el descubrimiento de cuya identidad ha sido un hito ineludible para cualquiera que haya querido escribir una biografía de Beethoven. Unos documentos que supuestamente podrían arrojar luz sobre este asunto son unos de los protagonistas de esta historia.

Tampoco es casual que la figura de Beethoven aparezca en un sello de la antigua Unión Soviética (para mi gusto los más bellos del mundo después de los españoles. Sí, también coleccioné sellos de joven, uno es persona de muchos vicios...), ya que la mafia rusa andará implicada en las fechorías que tiene que investigar Susana. Como suelo hacer en estas entradas, os reproduzco lo que se puede leer en la contracubierta:

Con la comisaría revolucionada ante la celebración en Madrid de una importante cumbre internacional, la inspectora Susana Gutiérrez investiga un sádico asesinato que se ha producido en el hotel donde va a tener lugar el encuentro de dirigentes mundiales.
De la habitación en la que se encontró el cadáver han desaparecido además unos documentos muy importantes que podían arrojar luz sobre un oscuro episodio de la vida de Ludwig van Beethoven y por los que parece estar muy interesada la mafia rusa. ¿Cómo saldrá de este laberinto la inspectora Gutiérrez?
Al igual que en las otras novelas, he procurado dejar mis pildoritas irónicas (dedicadas al Gobierno, a la universidad, a la prensa y sus prebostes...), que serán detectadas con facilidad por quien lea con atención. La novela, como sus hermanas, está disponible en Amazon por poquito dinero. Animaos y haceos con ella, en formato papel o Kindle y me contáis.

28.3.17

"Sin tiempo": cuarta novela dedicada a la inspectora Gutiérrez


Para la cuarta novela de las que he dedicado a Susana Gutiérrez, he hecho una laxa interpretación del artículo 497 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala un plazo de 72 horas para que un juez mande a prisión o ponga en libertad a un detenido que se le haya entregado. Aquí, licencia literaria mediante, lo que ocurrirá es que a las setenta y dos horas el detenido -a la sazón, pareja de Susana- será puesto en manos de la juez, que no será otra que la temible Alicia Salguero, con lo cual irremediablemente irá a la cárcel si no hay pruebas irrefutables que lo eviten.

Hecho este descargo jurídico (me gusta no meter demasiado la pata cuando escribo y procuro informarme antes) aprovecho lo de las 72 horas para señalar el rasgo más significativo de este nuevo caso: que la historia dura exactamente eso, 3 días con sus noches. Es la primera vez que me ajusto así a un horario determinado; mientras escribía esta novela tuve muy en mente la mítica película de Fred Zinnemann High Noon (más conocida por estos pagos como Solo ante el peligro), en la que aparecen relojes por doquier para recordar tanto al protagonista como a los espectadores que el tiempo pasa y cada vez queda menos para la llegada del tren donde viaja el villano que se va a enfrentar al sheriff tras ponerse al mando de su banda.

Susana también verá por todas partes relojes que le marcan un paso del tiempo que se le hace frenético, unas escasas 72 horas en las que tendrá que demostrar, fuera de los cauces habituales, la inocencia de una persona que es muy importante para ella, una persona que puede ir a la cárcel por algo que no ha hecho. Esto es lo que se puede leer en la contracubierta:

Cuando cumplen un año de relación, la inspectora Susana Gutiérrez y su pareja, el inspector Asís Lozano, se enfrentan a un gran desafío, que no es la posibilidad de empezar a vivir juntos: Asís ha sido acusado de un asesinato que no ha cometido.
La inspectora Gutiérrez, ayudada por su compañero, el subinspector Carlos Mena y otros policías de la comisaría de Chamberí, se lanza a una carrera contra el reloj para encontrar al verdadero culpable antes de que acabe el periodo de setenta y dos horas después del cual Asís tendrá que ser enviado a la cárcel. 
Como siempre, os animo a leer esta novela, ya sea en formato Kindle o en papel. La podéis conseguir en Amazon. No solo es bienvenida su adquisición, también cualquier comentario que me queráis hacer. Y asimismo podréis divertiros buscando las pullitas que siempre dejo caer sobre este o cualquier asunto de la actualidad o de la vida cotidiana. Al fin y al cabo, uno siempre habla por medio de sus personajes...

(Aquí os dejo una especie de resumen de High Noon, con su mítica canción de fondo):

20.3.17

"El violín Mondrago": tercera entrega de los casos de la inspectora Gutiérrez


Os quiero presentar la tercera de las novelas que he dedicado a la inspectora Susana Gutiérrez, El violín Mondrago. Es la primera que escribí luego de aprovechar ideas antiguas en los dos casos anteriores, esto es, El cuaderno de Chamberí y El monte sagrado. Aquí partí de cero, no había material previo que quisiera emplear, todo es nuevo. Hablemos sobre su germen; para ello he de remontarme casi un cuarto de siglo.

Sin falsa modestia, me he de considerar un pionero de Internet en España. Tengo correo electrónico desde 1993 -cuando aún no habían nacido muchos de los que hoy en día creen que la Red ha existido desde siempre- y mis primeros pasos en la World Wide Web los di con Lynx, un navegador que aún no utilizaba gráficos.

Cuando todavía quedaban unos cuantos años para la llegada de las redes sociales, allá por 2002, hice mis primeros pinitos en un modelo de Web más participativa, el origen de eso que se dio en llamar Web 2.0: los foros. Siempre he sido un gran aficionado a la música llamada clásica y nunca he tenido a mi alrededor a nadie que compartiese esos gustos. Por eso, encontrar entonces los foros de Internet en los que se hablaba de este tipo de música fue para mi todo un descubrimiento. Por fin podría intercambiar opiniones e ideas con gente con la que podría hablar sin que se riesen en mi cara o me hiciesen saber de una u otra manera que lo que estaba hablando no interesaba... Todo fue de maravilla hasta que a alguien se le ocurrió por primera vez comentar una interpretación de las Variaciones Goldberg de Bach por Glenn Gould... en un piano.

Se abrió la caja de los truenos. Los partidarios de una interpretación historicista, esto es, de que se utilizasen instrumentos y técnicas que hubiesen existido en la época en la que se compuso la obra (y, en el caso que nos ocupa, los pianos no se inventaron hasta mucho después), decían de todo a quienes defendían -y disfrutaban- la peculiar forma de entender esta obra del excéntrico pianista canadiense. Pero el problema no era que el debate fuese apasionado, sino que se llegaba al insulto más soez e incluso a la amenaza. Más adelante supe que alguna pelea en foros de este tipo había terminado en los juzgados. También sufrí en mis propias carnes las iras de algunos contertulios en una época en la que tuve la humorada de ofrecerme como moderador de uno de ellos... Yo, desde luego, no me esperaba actitudes de este tipo en unas ágoras que imaginaba plácidas, cultas, con gente hablando de una manera muy tranquila y elevada sobre música y músicos...

Por ahí me vino la idea para esta novela, que una disputa de este tipo -esta vez con las extraordinarias Sonatas del Rosario de H. I. F. von Biber como protagonistas- pudiera acabar en un asunto que tuviera que investigar Susana. En esta ocasión hago intervenir a su padre, Cristóbal, que se dedicaba a la música como profesional, organizado y gestionando conciertos y otros eventos. Será él quien pida a su hija que se implique en el caso. Primero habrá un robo, luego... Ya lo veréis si leéis la novela. Como siempre, os reproduzco aquí lo que está puesto en la contracubierta, que da alguna que otra pista sobre lo que contiene el libro:

Ante la ausencia de homicidios en su jurisdicción, la inspectora Susana Gutiérrez se hace cargo de un caso muy especial, pues se trata de un favor que le pide su padre. A una joven y caprichosa diva le han robado el magnífico violín que le había fabricado el prestigioso lutier Pierre Mondrago y que pensaba estrenar en su presentación en Madrid con las Sonatas del Rosario de Biber.
Un caso en apariencia sencillo se complicará a causa de las increíbles rencillas que existen entre algunos aficionados a la música antigua y el resto por no aceptar que se interprete una obra barroca con criterios modernos. ¿Podrían llegar a la extorsión y hasta el asesinato por defender sus gustos?

En definitiva, una obra en la que saco a relucir otro de mis (muchos, tal vez demasiados) vicios: la música, y en la que, además de intriga, he pretendido que el humor esté siempre presente. Ya me diréis si lo he conseguido. Podéis haceros con la novela, tanto en formato papel como para Kindle, en Amazon. Aquí tenéis el enlace.

(Como curiosidad, os diré que en esta novela he introducido un personaje que se convertirá en alguien muy importante para Susana. Yo no tenía intención de hacer tal cosa, fue a sugerencia de mi mujer y mi hija, una sugerencia a la que hice caso...)

12.3.17

Patricia (cuento)


Ya he comentado por aquí que en Fanny y otros relatos he incluido, además de Fanny, una novela corta, casi todos los relatos que han ido apareciendo en diferentes antologías de la editorial Playa de Ákaba. Sin embargo, hubo uno que no pude añadir por cuestiones de tiempo y que me gusta bastante (cosa rara en mí, pues soy el más feroz y ácido de mis críticos). Se titula Patricia y es un homenaje a Virginia Woolf (por eso una foto suya encabeza esta entrada) y a su forma de entender la literatura y la vida, pues ese fue el hilo conductor de la séptima entrega de Generación Subway, donde apareció. Se me ha ocurrido publicarlo aquí para que quienes seáis tan amables de haceros con un ejemplar del libro podáis completar la lectura de estos relatos y también para que quienes aún no habéis tenido la suerte o la desgracia de leer algo mío sepáis cómo las gasto. Aquí tenéis a Patricia:

PATRICIA 

Entonces, dar muerte al Ángel de la Casa 
 formaba parte del trabajo de las escritoras. 
VIRGINIA WOOLF Profesiones para la mujer 

    «Si preguntas, Patricia, corres el riesgo de que te respondan y la respuesta no siempre te gustará».
    Tienes razón; no debería haberlo hecho y por eso te ruego que me disculpes.
    «¡No! ¡No pidas disculpas! ¿Por qué? ¿Qué pecado has cometido? Aunque no sé de qué me asombro, supongo que es lo que te han enseñado. A no molestar y, si crees que has molestado, a pedir perdón con recato y resignada».
    ¿Y qué tiene eso de malo? Así ha sido siempre. A mi madre también se lo enseñaron y antes a mis abuelas y a sus madres y así hasta donde queramos llegar…
    «Os han enseñado a obedecer, a no estorbar. Sois como el mobiliario, que está para ser útil, para servir a sus dueños y, claro, también para adornar; pero no para estorbar. Cuando un mueble molesta, hay que retirarlo, que no se vea. Sin embargo, una cosa os diferencia de los aparadores y las alacenas y es que vuestra tarea fundamental es trabajar para los demás, no ser un mero almacén pasivo que aunque se llame “mueble” es inmóvil».
    Tampoco veo qué hay de malo en eso…
    «Que no tienes elección. Desde que te casaste, te convertiste en un mueble y en una fiel servidora –que no dueña y señora– de tu casa…»
    Te equivocas. En las cuestiones domésticas yo ordeno y mando.
    «¿Y de qué te sirve? ¿Acaso te deja eso siquiera un minuto para ti misma? Recapacita. ¿Qué haces que no sea “ordenar y mandar” en el hogar?»
    «¿Ahora no dices nada? ¿Por qué entonces me preguntas qué podrías hacer para plasmar en el papel esas ideas tan buenas que dices tener en la cabeza? ¿Acaso te lo va a permitir tu “reinado” sobre el hogar?»
    Tampoco es cierto todo eso que me dices. En este momento estoy contigo…
    «Sí, pero ¿qué has tenido que hacer para ello? Has aprovechado que él se ha ausentado, que está tardando un poco más de lo habitual en volver y que ya has terminado con todas esas obligaciones que se te han impuesto solo por ser quien eres, una mujer, el “ángel de la casa”. Hoy has sido capaz de arañar unos pocos minutos al reloj. ¿Cuándo vas a repetir? Pero eso me preocupa menos que otra cosa. Si de nuevo me visitas, ¿no te sentirás culpable como te estás sintiendo ahora mismo?»
    No me siento culpable, es que…
    «A mí no me engañas. Sé demasiado del mundo y de ti y no me puedes engañar. Estás haciendo algo que deseas pero a la vez consideras que no debes, que no es lícito. Has de quitarte esa idea de la cabeza. Eres libre, libre naciste y así deberías haber seguido. Tus esclavitudes te las han impuesto, pero tú las has aceptado sin rechistar, al menos hasta que me has empezado a hacer preguntas».
    No es verdad, no me han impuesto nada…
    «Mientes muy mal, Patricia. Y hay algo peor que mentir mal, que es mentirse a una misma. Sabes de sobra que todo lo que está pasando ahora en tu vida está predestinado desde el día en que tus padres decidieron cómo sería tu educación, a qué estaría encaminada, a qué tendrías que aspirar. Y el punto culminante llegó el día que eligieron con quién habrías de casarte».
    Pero él es un buen hombre, me trata como a una reina, su reina…
    «Di más bien que te trata como a una princesa encerrada en una torre. Sí, te tratará bien, igual de bien que a cualquiera otra de sus posesiones. Y, no te engañes, eso es así porque él considera que estás muy a gusto en esta ínfima parcela en la que te tiene confinada, de la que nunca has tenido intención de salir, al menos hasta ahora».
    Pero yo me siento libre, voy donde quiero…
    «No te confundas, Patricia. No me refiero a eso. Ya sé que a veces te deja acompañarle en sus viajes a la ciudad e incluso que haces algo de vida social, siempre y cuando actúes como lo que se espera que seas, una fiel, recatada y pura esposa. Y no salgas de ahí. ¿Te parece un espacio muy amplio ese? Más bien es para agobiarse, más parece una tumba que otra cosa».
    Creo que exageras.
    «¿Exagero? ¿Por qué entonces tienes tanto miedo a decirle que querrías escribir, tener un pequeño espacio, que esta vez sí sería físico, para ti sola, donde poder dar rienda suelta a tu deseo? ¿Qué temes? ¿Que te diga que eso no lo hace una mujer decente, que lo vas a deshonrar…? Vuelves a callar y a bajar la vista… He de insistir: si se hacen preguntas, pueden llegar respuestas que no nos gusten».
    ¿Y qué debería hacer entonces?
    «El editor al que escribiste en secreto te ofrece una bonita cantidad si le vendes los cuentos de los que le has mandado una muestra. ¡Deja de esconderte! ¡Acepta! ¡Márchate de aquí! ¡Empieza a vivir tu propia vida! Tú vales mucho más de lo que te dan a entender quienes te rodean, tu familia, tu esposo, la sociedad… ¡Busca tu propio espacio y gana tu propio dinero! ¡No tengas miedo a la libertad! ¡Sé libre!»
    Pero, ¿cómo voy a dejar atrás todo…?
    «Vas a dejar atrás tu celda; a nadie le debería amargar abandonar la opresión, la meta es la libertad. No lo olvides, ni tampoco que por encima de la niebla siempre está el sol…»
    Patricia cerró el libro. Aún estuvo un largo rato meditando.
    Miró por la ventana y comprobó que, en efecto, una vez disipada la niebla el sol brillaba espléndido. Él aún no había vuelto, así que tuvo tiempo de recoger lo único que consideraba suyo de verdad –la carpeta con las cuartillas en las que había borrajeado esas historias que necesitaba escribir– y, sin ser vista por nadie –como era habitual– tomar con paso firme el camino de la estación…

Getafe, noviembre de 2016

6.3.17

Presentación de "Fanny y otros relatos"


(Foto hecha por mi hijo Guillermo)

El sábado pasado se presentó mi libro Fanny y otros relatos en la librería Lé, de Madrid. Fue un acto más que agradable y divertido (aunque tal vez no por los motivos que cabría esperar, y ahí lo dejo), con bastante asistencia de público y que tuve el placer de compartir con Blanca del Cerro -quien presentó su novela Un sendero de claveles- y Fabián Vasquez -autor de El caporal. Fue conducido con su habitual y estupenda exhaustividad por el escritor y periodista Jesús de Matías Batalla.

Yo hablé en primer lugar, conté la historia de la verdadera Fanny Giannatasio y expliqué por qué la había trasladado al Madrid del siglo XX. Ya lo he dicho, casi desmenuzado, por aquí, así que no me voy a extender para no pecar de repetitivo. Lo que sí que voy a señalar es la curiosa circunstancia de que el lugar donde sitúo los hechos en mi novela corta está a pocos cientos de metros de donde se halla ubicada la librería. He aquí cómo empieza Fanny:

Desde hace ya algunos años mi familia vive en una pequeña pero preciosa finca de la Cuesta del Zarzal, muy cerca del bello hotel que fue residencia del eminente filólogo don Ramón Menéndez-Pidal. Estamos rodeados de algunos olivos, pero también de descampados en un paraje que aún se puede decir solitario, pero que en algunos años, sin duda, será devorado por la ciudad, que se acerca inexorable.

Al final firmé cinco o seis ejemplares, que son cinco o seis más de lo que esperaba (siempre soy muy optimista con mis veleidades literarias, como podéis comprobar). Como creo que ya he dicho en alguna otra ocasión, quienes estáis cerca y os interese podéis poneros en contacto conmigo para conseguir el libro. Para quienes no tengáis la suerte o la desgracia de verme a menudo en persona. está la opción de comprarlo en Espacio Ulises. Sea como sea, que lo disfrutéis... si queréis.

28.2.17

"El monte sagrado": segunda de mis novelas dedicada a la inspectora Susana Gutiérrez


Mi vena literaria -aunque suena un poco pretencioso decirlo- se "desató" tras volver de un magnífico e inspirador viaje a Turquía en el verano de 1992. Ya llevaba tiempo con ganas de escribir una novela y, después de haber narrado mis peripecias turcas en un largo texto que titulé Breve diario de un largo viaje por Turquía (acaso me anime a publicarlo en un futuro) me sentí con fuerzas para lanzarme a la aventura. Aquel diario, que apenas circuló entre los amigos con quienes compartí el viaje, me hizo ver que era capaz de escribir algo que tuviese más de 200 páginas, o al menos eso creí. Así que empecé con una novela de trama inverosímil, que sucedía a caballo entre Madrid y los impresionantes lugares que acababa de visitar en Turquía (Estambul, la Capadocia, Pamukkale, Antalya, Éfeso...) Creé unos personajes a los que intenté dar vida, pero sin éxito. Muchas veces arranqué y otras tantas me paré; me hubiese gustado conservar todos esos ensayos, cuyo paradero ahora ignoro. Pasados los años, lo volví a intentar y en 2003 conseguí escribir unas quince o veinte páginas que tampoco acabaron satisfaciéndome.

Pero hete aquí que llega el año de mi fiebre creadora, 2015, y, tras conseguir acabar dos novelas como Variaciones sobre tres nombres y El cerro de Garabitas me pongo a escribir sobre mi querida inspectora Susana Gutiérrez. En su primera aventura, El cuaderno de Chamberí, ya utilicé algo de aquel remoto proyecto, pero el grueso de lo que me quedó en el tintero lo he aprovechado en esta segunda, El monte sagrado. Las dos detectives que ideé en 1992, Isolda Ríos y Nines del Campo aparecen aquí, aunque el protagonismo se lo cedo a mi flamante inspectora. Al igual que me sucedió con El cerro de Garabitas (un proyecto que databa de 1994), terminar esta novela supuso cerrar una página que estaba abierta desde hace mucho tiempo. Tal vez, aunque el planteamiento es casi el mismo, no es fiel a la idea original -por suerte, porque repito que aquello que se me ocurrió hace un cuarto de siglo rozaba el disparate-, pero me ha servido para sentir que ese proyecto fundacional no cayó en saco roto.

Os reproduzco lo que he escrito en la contra del libro para daros una idea de qué va la cosa:

Recién ascendida a inspectora, Susana Gutiérrez se encuentra en sus obligadas vacaciones veraniegas con Isolda Ríos, una amiga de la infancia, ahora detective privada, que requiere su ayuda para una desaparición que está investigando.
Un caso que se complica hasta hacer intervenir a los servicios secretos españoles y norteamericanos, ya que lo que descubran Susana y su amiga Isolda podría subvertir el orden económico mundial

Si os ha picado la curiosidad, podéis conseguir el libro en Amazon, tanto en formato papel como para Kindle. Que lo disfrutéis.
 
 

15.2.17

"Fanny y otros relatos", mi nuevo libro


Como anuncié en su momento por aquí, está a punto de aparecer el libro cuya cubierta encabeza esta entrada (donde destaca un precioso dibujo hecho por mi hija Inés). En él se incluyen mi novela corta Fanny y casi todos los cuentos que me han ido publicando en la editorial Playa de Ákaba (a la que agradezco esta nueva oportunidad; personifico mi agradecimiento en Noemí Trujillo, editora, poeta, novelista, siempre tan atenta y amable) y unos cuantos más. Fanny es una novelita que escribí en homenaje a Fanny Giannatasio, un personaje por el que siempre he sentido una especial simpatía y a quien los biógrafos de Beethoven tratan con cierta superioridad condescendiente. Sin embargo, ha habido quien ha leído el manuscrito y ha notado un fuerte contraste con alguna de mis otras heroínas, como Clara Ruiz de Segovia, protagonista de La vida ha de seguir. ¡Vaya un "homenaje"...! En mi descargo diré que la Fanny de carne y hueso distó mucho de ser una heroína, pero no se puede olvidar que fue hija de su tiempo, de un tiempo especialmente mojigato como la era Biedermeier, y tal vez en la época actual hay grandes dificultades para situar las cosas en su contexto, en su momento histórico. En estos tiempos de Twitter, de lectura de titulares y predominio de lo superficial, muchas veces parece que la historia hubiese comenzado hace diez años -tirando de largo- y que antes no pasó nada, que todo ha sido siempre igual y los valores que se defienden en la sociedad de hoy han sido siempre los mismos.

A la hora de escribir sobre Fanny, primero pensé en hacer el esfuerzo de situar la acción en su tiempo y lugar, la Viena del primer tercio del siglo XIX, pero luego recordé algo que de niño vi en la televisión, en concreto una entrevista a Agustín de Figueroa, marqués de Santo Floro -escritor, periodista, padre de Natalia Figueroa-, en la que le pidieron que contase una anécdota de su padre, el conde de Romanones. Lo que vino a narrar fue lo siguiente: "siendo muy joven escribí una novela cuya acción transcurría en Bretaña, un lugar en el que nunca había estado. Cuando pedí a mi padre que me diese una opinión sobre mi texto, lo único que me dijo fue: 'No escribas sobre cosas que no sabes'". Me apliqué a mí mismo el cuento (solo conozco Viena por una rápida visita de tres días hecha en 1998), y por eso mi Fanny, aunque sigue con bastante fidelidad lo que escribió la Fanny vienesa en su diario, es una madrileña de 1964, una época también bastante mojigata y reprimida por motivos que no es necesario explicar, pero lo suficientemente cercana en el espacio y en el tiempo como para atreverme a abordarla.

Completan el libro quince cuentos que, como ya he dicho, han aparecido en su mayoría en diversas antologías de Playa de Ákaba. Hay uno inédito (Viaje astral por Getafe), dedicado a la ciudad en la que vivo desde hace casi dos décadas y, sobre todo, a sus habitantes y también una primera versión de otro, La residencia, allí puesta para que se vea la evolución de este humilde aprendiz de escritor en los catorce años transcurridos hasta la versión definitiva.

Volveré a anunciarlo cuando se acerque la fecha, pero ya puedo decir que el libro se presentará el sábado 4 de marzo, seguramente en Madrid.

Si os interesa, quienes me tenéis más cerca os podéis poner en contacto conmigo para conseguir un ejemplar. Quienes estéis más lejos o no me conozcáis en persona lo encontraréis en Espacio Ulises, ya en preventa.

25.1.17

"El cuaderno de Chamberí": el primer caso de Susana Gutiérrez


¡Por fin me ha llegado mi ejemplar, me ha gustado como ha quedado y puedo hablar de esta, mi cuarta novela, que ya estaba deseando hacerlo! Sobre todo, porque es la primera en la que es protagonista uno de los personajes más queridos para mí, la subinspectora Susana Gutiérrez.

Quienes hayáis tenido la bondad de leer El cerro de Garabitas (y si no lo habéis hecho ya, ¿a qué esperáis?) tal vez recordéis que en un breve "interludio policíaco" aparecían tanto Susana como su compañero, el subinspector Carlos Mena, y su inefable jefa, la comisaria Victoria Menéndez, todos pertenecientes a la comisaría de Chamberí, uno de los barrios más conocidos de la villa que me vio nacer y que siempre es protagonista en todo lo que escribo, Madrid. Ya he dicho varias veces que me encariño mucho con mis personajes y Susana es mi ojito derecho, de modo que la he dedicado varias novelas que voy a ir dando a conocer poco a poco (a la vez que las pulo y corrijo). De momento aquí tenéis la primera, El cuaderno de Chamberí, disponible en Amazon; voy a reproducir el texto que se puede ver en la contracubierta:

Relegada a realizar tareas rutinarias por sus fallos en casos antiguos, la subinspectora Susana Gutiérrez recibe por fin el encargo de investigar, junto a su compañero, el subinspector Carlos Mena, el suicidio de Calixto Pacheco, concejal presidente del Distrito de Chamberí.

Un caso en apariencia sencillo se complicará a causa de la posible existencia de valiosas obras de arte ocultas, la clave de cuyo paradero podría encontrarse en un misterioso cuaderno de tapas azules que estaba en poder del concejal Pacheco y que desapareció tras su muerte. El primer caso de la subinspectora Susana Gutiérrez.

No es novela negra, es más bien una historia con su dosis de intriga que tiene bastantes toques de humor; al menos eso es lo que he intentado.

Espero, en primer lugar, que os animéis a leerla (en papel o en formato electrónico) y, si lo hacéis, además de agradecéroslo desearía que disfrutaseis al menos tanto como yo lo hice al escribirla, corregirla, volverla a corregir, prepararla para su publicación...


30.11.16

Os presento a Susana Gutiérrez y a Fanny


Edificio de la Junta de Distrito de Chamberí,
uno de los escenarios del primer caso de Susana Gutiérrez.
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Ya he dicho más veces por aquí que escribir es una especie de vicio y que cuando se para hay síndrome de abstinencia, al menos en mi caso. Por eso no me he podido parar en los últimos meses y voy a añadir más títulos a la pequeña familia de mis novelas. Os quiero presentar, por tanto, a las protagonistas de las próximas que van a aparecer (ya el año que viene).

La subinspectora Susana Gutiérrez

¿Qué escritor que se precie no ha creado a su investigador, investigadora en mi caso? Poe tiene a su Dupin, Conan Doyle a su Holmes, Agatha Christie a su Poirot, Alicia Giménez Bartlett a su Petra Delicado... Bueno, vale, me paro, que creo que me estoy pasando... Yo no voy a ser menos y tengo a mi subinspectora Gutiérrez. No va a ser la primera vez que aparezca en mis novelas, pues quien haya tenido la bondad y la paciencia de leer El cerro de Garabitas, sabrá que ya la presenté allí, junto con su compañero el subinspector Carlos Mena y su jefa, la comisaria Victoria Menéndez. Ya he dicho muchas veces que me cuesta bastante desprenderme de mis personajes (y menos de Susana, a la que tengo un especial cariño) y por eso, cuando decidí escribir algo parecido a una novela policíaca (que no negra) recurrí a ellos. He dicho que no será la primera vez que salga en mis novelas ni será la última, pues ya han surgido varias de mi calenturienta imaginación, que poco a poco voy a ir haciendo aparecer, a medida que las revise y considere que son, por fin, medianamente legibles. La primera de ellas se titula El cuaderno de Chamberí y tiene uno de sus escenarios importantes en el edificio decimonónico que es sede de la Junta de aquel Distrito, en cuya comisaría trabaja mi subinspectora. Es más que probable que una vez pasadas las fiestas navideñas esté disponible en Amazon, donde la voy a autoeditar. Ya insistiré, no os preocupéis...

Fanny


Viena a finales del siglo XVIII
(Grabado de Carl Schütz)

Y también el año que viene, esta vez editada por Playa de Ákaba, aparecerá mi novela corta Fanny, en un volumen que incluirá asimismo la mayor parte de los cuentos que esta editorial ha tenido a bien publicarme en varias de sus antologías. ¿Quién es Fanny? Fanny es una joven que vive en el Madrid de mediados de los años 60 y se enamora de alguien que no la merece y que ni siquiera será capaz de darse cuenta de lo que ella siente. Pero esa es mi traducción literaria de unos hechos reales que sucedieron en la Viena de principios del siglo XIX. Fanny Giannatasio es un nombre que sonará a toda persona que haya leído una biografía de mi ídolo, Ludwig van Beethoven. El padre de esta joven regentaba en Viena un internado en el que estuvo Karl, el sobrino de Beethoven que tantos quebraderos de cabeza le causó. Fanny, admiradora incondicional del genio, llegó a sentir mucho más que devoción por él, pero su recato y timidez le impidieron exteriorizar tales sentimientos y la llevaron a refugiarse en su diario. Este documento ha sido utilizado, dado su gran valor biográfico, por casi todos los estudiosos de la vida y obra del genio, que muchas veces han tratado a Fanny como una pobrecilla e insignificante muchachita ingenua. Siempre me ha dado mucho coraje que ocurra esto, pues para mí es un personaje encantador que se merece mucha más consideración y por eso decidí utilizar los fragmentos de su diario (que llevó desde 1812  hasta 1824) que se refieren a Beethoven (y que publicó Ludwig Nohl, estudioso de la obra beethoveniana, en 1876) para que fuesen el guion de esta breve novela, en la que he intentado mostrar lo que sintió Fanny desde su propio punto de vista, el que vertió en la intimidad de su diario. Como no me sentía capaz de recrear la Viena de 1815-20, trasladé la acción al Madrid de 1964 y convertí a Beethoven en un célebre literato valenciano llamado Luis Benavent, pero no creo que ello haya afectado al espíritu de la historia. Amenazo con varias presentaciones de esta obrita, de las que ya informaré en su momento.

18.11.16

Una opinión sobre "La vida ha de seguir"


El pasado día 22 de octubre se presentó mi novela La vida ha de seguir en "La libre de barrio", de Leganés. Entre el público que asistió se encontraba Miguel Hernández García, autor de la "Generación Subway", que tuvo la amabilidad de no sólo comprar un ejemplar de la novela y pedirme que se lo firmase, sino que me prometió que la leería y me daría su opinión. Ya me la ha enviado y la voy a copiar aquí con su autorización. Hay que tener en cuenta que apenas nos conocemos, por lo cual le doy mucho más valor a lo que sigue:

¡Buenas! Te pedí unas semanas de margen para terminarme el libro y he cumplido, jeje. Debo decir que me ha gustado mucho. Tras la presentación me "temía" un libro más político y "alineado", pero debo decir que quizá sea precisamente el no encontrarme nada de eso lo mejor del libro. Quizá me haya gustado más la segunda parte, la de la guerra en sí, que la primera, entre otras cosas porque tengo más conocimiento de esos acontecimientos, por estudios y también por lo que me contaron mis abuelos en su momento, que también la vivieron.

Es cierto que el tono de escritura desde el personaje de mujer es fluido y ayuda mucho. Sobre todo me ha llegado mucho esa idea de que al final la gente de ambos bandos se ayudaba, y también que putadas hubo en los dos lados, aun cuando quedaba claro quiénes habían provocado el conflicto, etc... Ojalá pueda llegar a mucha gente porque se echan en falta visiones ecuánimes, que demuestren la locura que fue todo aquello, para que no se olvide y para que no se utilicen tan a la ligera términos como "fascista", "rojo", "nazi", etc... y la gente conozca el horror personal que supuso todo aquello.

Lo dicho, mucho ánimo con la promoción y la venta. Un abrazo enorme.

Otro para ti y muchísimas gracias.

5.10.16

"La vida ha de seguir (Memorias de Clara Ruiz)", novela

 La fuente de Cibeles, en su búnker, 
como estuvo entre junio de 1937 y abril de 1939.
Clara Ruiz fue testigo de su construcción.

Una de las cosas de las que me he dado cuenta al intentar escribir ficción y, por lo tanto, al crear personajes, es que se les acaba tomando mucho cariño. No a todos, por supuesto, pero sí a algunos que, cuando se llega a los últimos párrafos del cuento o la novela, se empieza a echar de menos como si uno de tus hijos se marchase a un largo viaje del que tardará mucho en regresar.

Quizá sea por eso por lo que muchas veces hago aparecer personajes de unas de mis historias en otras. De ese modo quedan todas enlazadas de alguna manera y no me tengo que despedir de una forma tan traumática de esas criaturas del todo desvalidas, sobre las que tienes, como escritor -aprendiz de escritor en mi caso- un poder absoluto.

Eso es, entre otras cosas, lo que me llevó a escribir esta novela, La vida ha de seguir (Memorias de Clara Ruiz), que ya está en la imprenta y se presentará el próximo día 22 de octubre en La Libre de Barrio, de Leganés, dentro del ciclo "Hablar de libros es bueno", organizado por la editorial Playa de Ákaba, que ha tenido a bien publicarla. Su protagonista, Clara Ruiz de Segovia, aparece, si bien de una forma bastante etérea, aunque importante, en El cerro de Garabitas. De hecho, es bisabuela de uno de los personajes principales de aquella novela. De ella se dicen allí algunas cosas que he intentado desarrollar en esta otra. En realidad me he servido de este personaje para adentrarme siquiera un poco en varios asuntos que me interesaban muchísimo: los primeros años de las mujeres en la universidad española y las dificultades que se encontraron sobre todo en carreras que no se consideraban "adecuadas" para ellas, el benemérito Lyceum Club, que tan breve trayectoria tuvo y tan importante fue para el progreso de las mujeres en una sociedad del todo hostil para ellas cuando pretendían salir de la exigua parcela que se las tenía -y, en muchos casos, aún se las tiene- adjudicada, la gran esperanza y la gran frustración que supuso la República, la vida cotidiana en Madrid durante la guerra civil, las actividades clandestinas que allí tuvieron lugar...

(Pero no sólo me he traído aquí a Clara, también Rosalía de Carvajal y Josefa Sanabria, personajes de Variaciones sobre tres nombres, otra de mis novelas que está disponible para quien quiera leerla, desempeñan un papel importante en el transcurrir de la vida de mi heroína).

Así que en estas memorias ficticias, que abarcan desde el último año de bachillerato de la protagonista (1918) hasta los primeros momentos de la posguerra civil, he contado cosas sobre esos asuntos que he enumerado antes. Algunas las he sacado de libros, artículos, y otras fuentes, pero otras provienen directamente de personas que vivieron aquellos hechos; durante muchos años escuché cómo me narraban una y otra vez algunos episodios que he trasladado a la vida de Clara, mezclados con hechos históricos y otros del todo inventados. Ojalá quien la lea disfrute con ella.

24.9.16

Medio siglo


El abajo -o arriba- firmante nació un jueves, 22 de septiembre de 1966. Eso quiere decir que otro jueves, el pasado 22 de septiembre, le cayó el medio siglo encima. Y pesó, pesó mucho. Intentó esconderse por todos los medios, borrar la huella del día de su nacimiento en las redes sociales para que nadie se acordase de él y casi tuvo éxito. Sin embargo, fecha tan redonda -qué manía esa de las personas de conmemorar los números redondos- tampoco ha de quedar olvidada del todo por mucho que su protagonista quiera quedar en la sombra. Aprovechará, pues, el yo escritor que cada vez con más intensidad va surgiendo de ese cuerpo hipertenso y con sobrepeso para dar siquiera unas pinceladas de estos cincuenta años de vida, por medio de algunas fechas importantes.

Si bien los primeros recuerdos del caballero están en su operación de tonsilitis -vulgo anginas-, allá por septiembre del 69, la primera frase célebre que se le puede atribuir la espetó hacia el 4 de mayo de 1971, cuando nació su hermano pequeño y soltó aquello de "otro gamberro como yo", sin duda para alegrar el día a sus padres.

Fue otro 4 de mayo, el de 1975, cuando se sintió protagonista por primera vez -algo que con el tiempo fue detestando más y más-, el día de su primera comunión, un día en el que no sólo se celebró eso, sino el cuarto cumpleaños del niño pequeño y el Día de la Madre -por entonces las comuniones no eran bodas en pequeño, como ahora, y se hacían en domingo, no en sábado para que la fiesta sea completa.

También quedó en su memoria el 15 de diciembre de 1976, no tanto porque se celebrase el referéndum en el que se suicidaba el régimen franquista, sino por la maratón de dibujos animados que se ofreció a todos los chavales del país, sin duda para que participaran de la euforia de sus padres, protagonistas de un cambio histórico.

Saltemos unos años y lleguemos a los primeros días de julio de 1984, en los que el caballero hizo la selectividad y no le dio la nota para hacer Medicina, como él quería. Al final acabó en Farmacia y este hecho marcó el resto de su vida, como veremos más adelante.

Tras la carrera y la mili, el 27 de noviembre de 1991 consiguió su primer trabajo, en una farmacia sita en el madrileño-vallecano barrio de Palomeras, de donde sacó grandes amistades -de las que ya no se acuerda- y buenas relaciones con las parroquianas, además de la certeza de que aquello no era lo suyo.

Así que se dedicó a otras cosas y se puso a estudiar, tanto que aprobó unas oposiciones y el 13 de septiembre de 1993 empezó a trabajar en la biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid, donde aún sigue dando guerra,

Pero nos hemos saltado una fecha importante: un día de noviembre de 1991 acudió al teatro Nuevo Apolo, en la plaza de Tirso de Molina, a ver el espectáculo Terrific, del Tricicle. Allí conoció a una chica flacucha, vestida de negro, que respondía al nombre de Raquel. No se hicieron mucho caso de momento. Hay que decir que este encuentro se debió a la torpeza de su amigo Alvarito, que tardó años y años en sacarse la carrera (aunque ahora él tiene una farmacia, así que tampoco le fue tan mal) y de ese modo conoció -y algo más- a otra dama a la que los estudios se le atravesaron, doña Pili, amiga íntima de la tal Raquel.

Da la casualidad que esa Raquel a la que conoció en el teatro también es bibliotecaria y, por tanto, algo tenían en común -no el peso ni la figura, desde luego- y unas cosas llevaron a las otras, la tontería, la bobada... Y el 15 de marzo de 1996 se hicieron novios en un pub en el que dejaron a deber 500 pesetas que aún no han pagado.

No pasó mucho tiempo hasta el 28 de febrero de 1998, cuando se casaron para regocijo general y fiesta multitudinaria. Los retoños no tardaron en llegar, el 12 de enero de 2000 el cabezón y el 3 de octubre de 2002 la cabezona.

Y estas son las grandes fechas de este caballero. Quizá se podían añadir algunas de los últimos 22 meses, en los que le ha dado por escribir como un fiera y le han publicado una docena de cuentos y tres novelas -una ya, las otras dos a puntito-. Pero de eso ya hablaremos con más detenimiento cuando toque.

8.8.16

"Variaciones sobre tres nombres": una novela de amor en el Madrid de 1898


La Puerta del Sol, hacia 1900
Este aspecto, más o menos, tenía la plaza cuando 
pasearon por ella las protagonistas de esta historia.

El verano pasado ya hablé por aquí de mi novela El cerro de Garabitas, que por entonces fue aceptada por la editorial Libros.com pero con la condición de culminar una campaña de micromecenazgo en la que debería conseguir más de 100 apoyos. Aquello se logró y la novela se publicará espero que muy pronto, ya que acabo de dar el visto bueno a los archivos que se van a enviar a la imprenta.

El cerro de Garabitas no es, sin embargo, la primera novela que escribí, aunque sus orígenes se remonten a más de veinte años. La que en realidad acabé antes es Variaciones sobre tres nombres, el primer producto de la efusión creadora que me ha llevado a estar estos últimos veinte meses escribiendo sin parar y que ha tenido como fruto no sólo la próxima aparición de Garabitas, sino la publicación, en el último año, de varios de mis relatos breves en diferentes antologías de la editorial Playa de Ákaba (antologías como Generación Subway, Cuentos de Navidad, Madrid en feria o Ángel de nieve) y alguna otra cosa de la que espero poder hablar pronto por aquí.

Cuando envié Garabitas a Libros.com, pues, ya había terminado una versión preliminar de Variaciones sobre tres nombres, con la que estuve ocupado desde las postrimerías de 2014 hasta que empezó la primavera de 2015 y que luego he revisado bastante -nunca estoy conforme con los resultados-, casi hasta hace unos días, cuando la mandé a Amazon para su publicación. ¿Por qué no envié ésta a la editorial? Porque pensé que acaso su temática (se trata de amores sáficos y hay alguna escena "subidita de tono") podía indigestársele a más de uno... Pero, leída sin prejuicios cavernícolas, creo que es una bonita novela de amor, que no romántica, en la que además la villa de Madrid, sus jardines, sus teatros, sus librerías, adquieren bastante protagonismo, junto a cierto poemario francés, Les chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs, que conocí porque Debussy puso música a tres de sus piezas y que es una especie de hilo conductor de la trama. Y ahí me quedo: no se me va a ocurrir hacer una suerte de crítica de la novela, eso no me corresponde a mí...

El título, tan musical, se refiere a las relaciones que se crean (y se destruyen) entre las tres jóvenes protagonistas: Adriana, encerrada y parapetada en su biblioteca por miedo a sí misma, Rosalía, con su regalada doble vida y Josefa, aún saliendo del cascarón. Esos son los tres nombres, los de Adriana, Rosalía y Josefa. Unos personajes a los que tomé un gran cariño, tanto que dos de ellas aparecen en otro de mis textos. Pero eso es otra historia y ya llegará el momento de hablar de ello.

Variaciones no tuvo tanta suerte como Garabitas. Envié el manuscrito a dos sitios y, muchos meses después, aún estoy esperando la respuesta -ni siquiera me han mandado una negativa. Así que me he decidido por la autopublicación. De las diversas opciones, Create Space de Amazon me ha parecido la más sencilla y asequible, así que si tenéis curiosidad u os apetece sumergiros en esta historia, no tenéis más que buscar su título allí. La podéis obtener tanto en papel como en versión electrónica para Kindle. Yo, de todos modos, os dejo aquí un atajo por si queréis llegar antes.

Y si al final os hacéis con ella -gracias por adelantado- y la leéis, me encantaría que llegasen vuestros comentarios, ya sean positivos o negativos, que de todos ellos se aprende. 

30.7.16

Lo zafio y lo heroico


Así lució la luna llena de julio sobre la costa de Taramay, cerca de Almuñécar.
(Foto del autor)

Hace ya algunos años dediqué varios espacios de esta bitácora a narrar mis peripecias en diferentes hoteles de Canarias y la Península en régimen de "todo incluido", a describir los especímenes que por allí circulaban -circulábamos-, a comparar las rarezas de los alemanes y otros foráneos con nuestras bonitas costumbres patrias... Pues bien, acabo de volver de unas merecidísimas vacaciones en la Costa Tropical granadina, no en régimen de todo incluido pero sí en un hotel en el que he convivido con muchas personas que, como nosotros, disfrutaban de sus también merecidísimas vacaciones.

Lo que me ha decidido a realizar de nuevo una crónica de este breve descanso no ha sido la zafiedad que han lucido muchos de quienes han compartido conmigo y con mi familia aquellas instalaciones, esas familias que sueltan a sus hijos como bestezuelas salvajes en medio del bufé, unas bestezuelas que, con la sonriente bendición de sus progenitores, atropellan, plato en mano, a todo aquél que se le ponga por delante en su camino hacia los zumos del desayuno, las patatas fritas, el jamón braseado, los helados o las cucharillas que tan necesarias son para tomarlos. Unas bestezuelas que eran capaces de birlarte una mesa en los concurridísmos desayunos cuando a tu bolsa le faltaban apenas milímetros para posarse en ella y luego te miraban con cara de inocencia, en crudo contraste con la de oler un alpechín de su mami o de progenitor de Peppa Pig de su papi, orgullosos con la hazaña de la nena. O que pululaban felices en torno a la mesa en la que sus padres comían tranquilamente sin hacer el menor caso, con un mínimo e inestable plato que contenía algún elemento comestible cuya característica principal era que podía manchar terriblemente cualquier prenda que tocase. Las de los ocupantes de la mesa de al lado, quiero decir.

Ya no tan responsables eran esas bestezuelas, sino sus despreocupados progenitores, de que las papeleras estuviesen medio vacías mientras había vasos de plástico y otras inmundicias por el suelo -los pobres gorriones no daban abasto. Ni de que, a pesar de las advertencias, a primera hora de la mañana ya estuviesen muchas hamacas de la piscina reservadas con toallas -¡pero si estábamos a cincuenta metros de la playa! Y ya que he mencionado las playas y para no centrarme sólo en los huéspedes de mi hotel, qué se puede decir de los domingueros de nevera y dosel, que ocupan sus buenos metros cuadrados de arena para después, al marcharse, dejar como recuerdo bolsas de patatas fritas vacías, envases de plástico y cristal y otras porquerías, amén de miles de colillas...

Como digo, no son estas miserias y zafiedades las que me han llevado a escribir esto. Han sido dos ejemplos que a mí me han parecido heroicos y que me han hecho olvidar toda esa vulgaridad. Dos ejemplos, cómo no, protagonizados por mujeres.

Una estaba en mi hotel y la otra no. Empezaré por la segunda. Coincidíamos en la playa de Velilla, ancha, larga, un tanto pedregosa, de aguas casi siempre limpias, de profundo escalón. De hecho, en ella y a causa de ese escalón aprendí a nadar, hace ya cuarenta años. Pero eso es otra historia de la que me ocuparé en la siguiente entrada, voy al grano. Allí pudimos ver a una mujer joven que bajaba todos los días con otra mujer que es probable que fuese su madre y con una niña pequeña que es probable que fuese su hija. Hasta aquí todo normal, porque la chica llegaba, ayudaba a colocar la sombrilla, las toallas, se metía en la playa a bañarse, incluso un día la vi bucear. Además, tomaba el frasco del protector solar y se lo untaba a la niña. ¿Qué tiene todo esto de especial? Que la joven no tenía brazos. Le faltaban desde el hombro. Todo lo hacía con los pies y de qué forma... En esos momentos es cuando uno se da cuenta de que la mayor parte de las veces se queja de vicio, que querer es poder y que si alguien se lo propone puede afrontar no se si todos, pero sí muchos problemas que pueden incluso parecer infranqueables.

El otro ejemplo estaba en mi hotel y, por tanto, contrastaba más con la zafiedad que abundaba por doquier. Otra mujer joven, esta vez en silla de ruedas. No estaba confinada del todo a ella, pues se podía levantar y mantenerse en pie -y entrar en la piscina a nadar-, pero no podía andar. Lo que me llegó no fue sólo su actitud, sino también la de su pareja, un hombre que estaba pendiente en todo momento tanto de ella como de su hija y que, por la forma en que se reían, bailaban, se besaban, acariciaban, ayudaba en grado sumo a la felicidad que siempre mostraba ella, que en realidad mostraban los tres. Sin duda, ver a esta familia borraba en gran medida lo vulgar que pudiera estar rodeándola, rodeándonos a casi todos.

Han sido dos breves ejemplos de lo que he vivido en estas vacaciones, que han sido especiales por otro motivo. Pero, como he sugerido antes, me lo guardo para otra entrada.