9.7.18

Segunda edición de "La vida ha de seguir"



¡Una segunda edición! ¡Gran noticia! No, no es una gran noticia. No es que la gente se haya peleado por conseguir la primera y la hayan agotado en nada de tiempo. En octubre de 2016 salieron a la luz los cien ejemplares (¡cien ejemplares!) de La vida ha de seguir, publicados por Playa de Ákaba. Yo me encargué de distribuir bastantes de ellos (sobre todo entre familiares, amigos y conocidos) y el resto, supongo, se fueron vendiendo poco a poco. Muy poco a poco. El pasado mes de mayo, no me preguntéis por qué -más que nada porque no podría responderos-, me hice con todo lo que quedaba de aquella tirada inicial, que, a decir verdad, tampoco era mucho. Así que ya no es posible conseguir el libro editado por Playa de Ákaba. Esta benemérita editorial, a la que debo la salida a la luz de mis primeros textos de ficción, parece haber desaparecido, por desgracia (probad a entrar en el enlace que os acabo de poner). Espero que no sea más que un paréntesis y que pronto vuelva a la carga, con Noemí Trujillo al frente.

Dicho esto, es evidente que quiero que mi novela siga disponible, aunque no mucha gente se interese por ella. Lo quiero porque según la crítica más implacable que conozco, mi chica, es lo mejor que he escrito. Me gustaría que mucha gente pudiera leer estas memorias de Clara Ruiz, en las que he intentado repasar un periodo interesantísimo de nuestra historia a través de las vivencias de una persona que se tuvo que abrir camino sorteando muchas dificultades. Por eso, y gracias a la generosidad de Playa de Ákaba, que no se reserva ningún derecho sobre los textos que publica -salvo, claro está, en lo referido a su edición-, saqué esta segunda edición autopublicada y disponible en Amazon (tanto en papel como en formato Kindle).

No voy añadir más a este preámbulo, pues quiero compartir aquí el prólogo -aunque lo llamé "proemio" para no confundirlo con el "prólogo" que viene inmediatamente después- que escribí para esta segunda edición (también podéis leerlo de forma gratuita en Amazon, junto con las primeras páginas de la novela). Aquí lo tenéis:

PROEMIO PARA LA SEGUNDA EDICIÓN  

Al decidirme a sacar por mi cuenta una segunda edición de esta novela, he creído conveniente escribir esta breve introducción para explicar los motivos que me han llevado a ello. Antes que nada, he de agradecer a la editorial Playa de Ákaba y a su alma, Noemí Trujillo, la oportunidad que dieron a estas memorias de ficción para que vieran la luz por primera vez en octubre de 2016. Sin embargo, mi proverbial precipitación me llevó a no revisar todo lo concienzudamente que hubiese debido el manuscrito, de modo que en la primera edición aparecen bastantes erratas y errores que es muy posible que pasen desapercibidos para una gran mayoría, pero que a mí me zahieren cada vez que caigo sobre uno de ellos. Así que me he puesto a la tarea de limpiar el texto para presentarlo exento de esas erratas y esos errores cuya responsabilidad, como he dicho antes, es solo mía. 

Quiero además indicar que casi todo lo que sigue en el texto es ficticio, incluida la autora del prólogo, Clara Aguilera. Digo esto porque en algún sitio he visto que hablan de ella como si hubiese existido en la realidad y hubiese firmado la introducción (y el epílogo) de mi novela. Por supuesto que tiene relación conmigo, pero es la del creador con su criatura, nada más. Tan producto de mi imaginación es esta Clara como la que es protagonista de la novela, a la que he utilizado para dar un repaso a una época de la historia de España que me fascina. Por cierto, he intentado ser lo más riguroso posible en la adecuación histórica de la narración, aunque me he tomado alguna pequeña licencia –sin gran transcendencia– que supongo detectarán quienes conozcan muy bien el devenir histórico de nuestro país. 

Nótese que en una frase anterior he dicho que «casi todo» lo que sigue es ficticio; es cierto, pero no puedo negar que los recuerdos de aquellos tiempos difíciles que tantas veces me contó mi abuela Asunción se han colado de una u otra manera entre las peripecias de Clara Ruiz de Segovia, sobre todo en los capítulos referidos a la guerra civil en Madrid. Además, alguno de los personajes y alguno de los escenarios tienen su inspiración real. Pero creo que esto no es importante para seguir esta historia. Solo espero que quien la lea disfrute al menos tanto como yo lo hice al escribirla.

Aunque ya lo he puesto antes, aquí tenéis el enlace por si tenéis interés en leer estas memorias de Clara Ruiz.

28.5.18

"Variaciones sobre tres nombres": una presentación virtual


Como ya me encargué machaconamente de recordar en este y otros lugares, el pasado jueves, 24 de mayo, estaba prevista una presentación de mi novela Variaciones sobre tres nombres en la Biblioteca Pública "Eugenio Trías", de Madrid. Esa biblioteca tiene una ubicación magnífica, en pleno parque del Retiro, donde antiguamente estaba la Casa de Fieras (que servidor llegó a conocer). Aquel día los hados meteorológicos se conjuraron para evitar el acontecimiento y el riesgo de tormentas con fuertes vientos provocó el cierre del parque y, con él, de la biblioteca. Así que mi pobre novela (tiene mala suerte) se quedó compuesta y sin presentación. Por eso voy a recurrir a este sitio virtual para, aprovechando las preguntas que amablemente me adelantó Jesús de Matías Batalla, periodista y escritor que iba a encargarse de la presentación, hablar de ella, siquiera brevemente, como tal vez lo hubiera hecho aquel día de haber podido. Vamos allá:

Pregunta: Variaciones sobre tres nombres es una novela histórica ambientada en el Madrid de comienzos de siglo y cuenta las tres historias relacionadas, entretejidas, de tres mujeres jóvenes y pioneras; Adriana, Rosalía y Josefa. Háblanos en primer lugar de cómo Madrid es una ciudad literaria en tu novela.

Respuesta: En casi todo lo que he escrito Madrid es protagonista o al menos así lo he intentado. Desde muy pequeñito me ha encantado la villa que me vio nacer, que me parece la más bonita del mundo (aunque sé que no lo es, en este caso no puedo ser objetivo). De hecho, tengo otro blog dedicado a los nombres de sus calles. Creo que no podría haber concebido la novela con una ubicación diferente. Incluso los apellidos, los títulos de algunos de los personajes, ciertos lugares (Valnegral, Alcubilla, Sotillo, Luján...) tienen mucho que ver con Madrid y su historia. Y hablando de historia, yo tampoco llamaría a Variaciones una novela histórica, yo diría que es una novela de amor situada en cierto contexto temporal, que podría haber sido otro cualquiera.

P.: Estas tres mujeres son pioneras, aunque no públicamente, por la reivindicación de la libertad de la mujer, Sobre todo de dos libertades: la de pensamiento por medio de la literatura y la cultura y de la sexual. En primer lugar, cuéntanos cuál es el papel de la literatura en la vida de estas mujeres.

R.: Para Adriana es una vía de escape, un modo de huir de sí misma, así que se puede tener una idea ambivalente de cómo la utiliza. Por un lado es su modo de acceder a la cultura, a crearse un pensamiento propio, lo cual, cree ella, la hará más libre, pero por otro es un parapeto tras el cual esconderse y de ese modo no enfrentarse a sus miedos, a su realidad, a lo que siente de verdad. Para Josefa, sin embargo, es su ventana al mundo, por la que se puede asomar desde el cerrado círculo en el que vive. Rosalía es un caso aparte, ella piensa en otras cosas y actúa de una manera del todo diferente.

P.: Madrid, España y el mundo entero siguen hipócritas en muchos sentidos. La libertad sexual, la intimidad sexual de las personas, sigue siendo un tabú enorme. Estados Unidos es al mismo tiempo el país más puritano y el que más pornografía crea. En Madrid, en esta época, ¿cómo es el ambiente sexual que retratas en Variaciones sobre tres nombres?

R.: En la novela se narra sobre todo la intimidad de las protagonistas, así que su vida sexual no se airea, aunque en algunos momentos quieran hacer un intento de mostrar sin tapujos sus sentimientos. En cualquier caso, si en la actualidad todavía hay que reivindicar que no se estigmatice o se agreda a la gente por mostrar en público lo que siente, cabe imaginar lo que ocurriría a finales del siglo XIX, cuando además esas cosas se consideraban "enfermedades". De todos modos, mis protagonistas son unas privilegiadas, están en la capa más alta de la sociedad, donde siempre es más fácil ser hipócrita...

P.: Cuéntanos lo que quieras sobre el libro Les chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs, y de su importancia en la trama.

R.: Sabía de la existencia de esos poemas desde hace mucho, ya que Claude Debussy puso música a tres de ellos (y también compuso algunas piezas para acompañar al recitado de otros), aunque no conocía a fondo su historia. En mi novela sirve para que las protagonistas despierten, de una manera u otra, y no piensen que lo que sienten es enfermizo o inmoral. En esos poemas se cuenta el amor sáfico por primera vez como algo puro, bello y no como una tragedia que siempre tiene que acabar con la muerte de la protagonista o su caída en la locura. Y fue, por desgracia, un caso aislado. No hace mucho vi Carol, la película basada en una novela de Patricia Highsmith de la que se dice precisamente lo mismo (¡pero ya en los años cincuenta del siglo XX!): por entonces había bastantes historias en las que se contaba el amor entre mujeres, pero siempre terminaban mal y The Price of Salt (la novela en la que se basa la película) fue una pionera excepción.

P.: Estos dos son los ejes principales de la novela. Pero también hay una parte de retrato social de la capital de España y la ciudad por antonomasia de veraneo de las clases pudientes españolas, como es Santander. ¿Cómo es la sociedad en la que se mueven Adriana, Rosalía y Josefa?

R.: Ellas viven, como he dicho un poco antes, en lo más alto de la sociedad. Son unas privilegiadas. Sus problemas son otros, no los que tenían la mayor parte de los madrileños y los españoles por entonces. En esta novela no hay crítica social, no siendo la de su hipocresía y su rigidez, algo que aún hoy perdura, tal vez de otro modo, pero ahí sigue.

Bueno, es todo. Poca cosa, pero como se suele decir, menos es nada; espero que os haya servido para saber algo más acerca de Variaciones sobre tres nombres.

8.5.18

"Un escritor en ciernes" y "La novena", dos nuevos casos de la inspectora Gutiérrez


Marta Nieto
(Foto CC BY-SA 3.0 Jerry Management)

¿Que por qué empiezo esta entrada con una foto de la actriz Marta Nieto? Muy sencillo. Es un regalo por aguantarme. Si os queréis imaginar el aspecto de la inspectora Susana Gutiérrez, pensad en ella. Si algún día hicieran una serie con mi inspectora de protagonista y si me dejasen elegir ella sería quien interpretase a una de mis criaturas favoritas... (Si la queréis ver más "en Susana", mirad aquí). 

Pero bueno, hemos comenzado desvariando un poco, ¿no? Sí, bastante. Aunque no os ha de extrañar demasiado, ya que las dos novelas de las que os voy a hablar hoy son, en cierto modo, fruto del desvarío, pues algo de locura hay en esto de que a uno le guste escribir y en ocasiones se desata...

Un escritor en ciernes


Hace unos veinte años escribí un cuento que se titulaba así, Un escritor en ciernes. El protagonista, un aprendiz de escritor, un aficionadillo con ciertas ínfulas, se enfrentaba al proceloso mundo de los premios literarios. La idea me vino de una noticia que vi en un telediario, relacionada con un certamen en el que el jurado tenía la deferencia de recibir a los participantes no premiados para explicar el motivo de que su magnífica obra no hubiese sido la elegida. Lo que vi y oí en ese reportaje se me quedó grabado, tanto como para incluir la escena en aquella historia que, dicho sea de paso, tenía mucho de sarcástica (y tal vez algo de mala baba...) Pasado el tiempo, metido yo mismo de uno un otro modo en ese mundillo de los aprendices de escritores, sentí la necesidad de reírme un poco de mis propias ínfulas, algo que nunca viene mal. (¿Que no tengo ínfulas? Releed el primer párrafo de este mensaje...) Por suerte para mí, mi chica, una de las personas más sensatas que conozco, me suele poner los pies en el suelo. En mis delirios, a veces la comparo con esos esclavos que en los triunfos de los generales romanos iban a su lado para decirles al oído "recuerda que eres mortal" y que así las muestras de admiración que veían no se les subieran a la cabeza. En mi caso no es que haya habido muchas muestras de esas, pero también necesitaba flagelarme un poquito. Y para ello me aproveché de mi querida inspectora Gutiérrez, a la que hice pelearse con aspirantes a escritores en esta historia, en la que nos la encontramos estupefacta en más de una ocasión a cuenta de lo que se encuentra. También saqué partido a aquel añejo cuento, alguna de cuyas frases -incluso algún párrafo- recuperé en esta breve novela que escribí entre octubre y diciembre del año pasado y de la que no hablé en el momento de sacarla a la luz porque estaba ocupado con otros asuntos, como bien sabréis quienes tengáis la tremenda amabilidad de frecuentar esta bitácora. Y, cómo no, me serví de mi experiencia personal en estos meses, muchas veces gratificante, otras no tanto.

La novena


Y, claro, Susana se tendría que vengar por utilizarla así... Mucha autoflagelación, sí, pero eso de creerse un diosecillo y hacer con tus personajes lo que te venga en gana... Llegó la novena novela protagonizada por ella, una historia que tenía que ser singular por cuanto el nueve es un número mágico para los amantes de la música, como lo soy yo y como lo es ella. Nueve sinfonías compuso Beethoven, al igual que otros grandes genios como Schubert, Bruckner, Dvořák, Mahler... Bueno, en realidad Schubert terminó siete y media, Bruckner compuso once, Mahler, supersticioso él, hizo una trampa para que la Novena fuese realmente la Décima... ¡Vale, vale! Me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Esto no es Modus mixolidius. Como iba diciendo antes de esta digresión musical, la novena historia protagonizada por Susana tenía que ser especial y he procurado que lo sea. Quien lea las primeras páginas -gratis en Amazon- no tardará en darse cuenta. Daré una pista: siempre me llamó la atención lo que hizo don Miguel de Unamuno en su "nivola" Niebla, o, para ser más exacto, lo que hace Augusto Pérez, uno de sus personajes. Una cita de esa "nivola" encabeza el "preludio" de este caso de la inspectora Gutiérrez. Si en Un escritor en ciernes yo saldaba de alguna manera cuentas conmigo mismo como aprendiz de escritor, en La novena es mi personaje más querido quien lo hace. Y aquí lo dejo. En la trama, un estudiante muerto en una biblioteca -otra obsesión del autor, ¿por qué será?- y una secta de chiflados buscando hacer una fechoría importante.

(Por cierto, he sabido que hay otra novela que se titula así, La Novena -en mayúsculas, ahora veréis por qué-, cuya autora es la escritora chilena Marcela Serrano. La suya va en mayúsculas porque se refiere a una finca -un fundo, como dicen por allí- donde vive su exilio interior el protagonista, durante la dictadura de Pinochet. La mía no es más que un humilde ordinal...)

¿Dónde consigo estas dos nuevas historias?

Muy sencillo, en Amazon las tenéis tanto en papel como en formato Kindle. Os pongo los enlaces para que tardéis menos:



Epílogo

Y no os olvidéis de que el 24 de mayo se presenta Variaciones sobre tres nombres. Es en la Biblioteca "Eugenio Trías", en pleno Retiro. No faltéis.





9.3.18

Por fin salió "Variaciones sobre tres nombres"


Ya está a la venta en Espacio Ulises. Variaciones sobre tres nombres, una novela de la que estoy hablando mucho en las últimas entradas, de la que ya hablé en su momento en esta bitácora cuando la autopubliqué en Amazon. Ahora sale, por fin, en una editorial, en la benemérita Playa de Ákaba, cuya alma es la incansable Noemí Trujillo, a quien expreso desde aquí mi agradecimiento por acordarse de mí y que ya ha tenido la osadía de editar dos libros más de este aprendiz de escritor.

En la entrada de este bitácora que os enlazo ya describí Variaciones como una novela de amor, que no erótica (aunque haya escenas de cama), el amor que se crea, se transforma y se destruye entre las tres protagonistas. Pero no solo de ese amor, también creo haber reflejado en sus páginas la pasión por los libros y la literatura. Los libros son protagonistas también, al igual que lo es la biblioteca de Adriana, lugar de descubrimiento por excelencia, lo es Les chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs, hilo conductor de la historia. En mi osadía, he hecho aparecer incluso a uno de mis ídolos literarios, don Benito Pérez Galdós, como personaje en mi historia. Os voy a reproducir aquí el pasaje en el que aparece el genio canario, acaso el escritor que mejor supo reflejar la villa de Madrid y a sus gentes en sus escritos. Así podréis catar la novela y tal vez os animéis a haceros con un ejemplar (o tal vez no). Allá va:

      No tardamos, tras dejar atrás la calle de Espoz y Mina, en llegar a la Puerta del Sol. Una vez en ella, Adriana tiró de la manga de mi vestido para que me fijase en un caballero que venía paseando desde la calle de la Montera y se dirigía a la Carrera de San Jerónimo. Era alto y delgado, estaba  enfundado en un severo traje de color azul marino y tenía un gran mostacho algo canoso que casi escondía, al igual que su sombrero hongo, su rostro, en el que centelleaban unos ojillos nerviosos.


      –Qué extraño, es Galdós –me dijo Adriana, lo cual me dejó en suspenso–. En los últimos tiempos es muy caro de ver. Nada más que se dedica a su trabajo. Seguro que viene de la calle de Hortaleza, donde tiene su nueva casa editorial, o bien del paseo de Areneros, donde se acaba de marchar a vivir, y ahora acaso vaya al café de la Iberia para la tertulia, aunque ya se deja caer poco por allí. Vamos a saludarle. 
      Me quedé atónita. ¡Iba a conocer a don Benito Pérez Galdós! ¡A mi dios literario! Adriana, con una actitud que me pareció un poco descarada, salió al paso del escritor, que parecía despistado –o se lo hacía– y dijo:
      –¡Don Benito! ¡Dichosos los ojos!
      –¡Querida Adriana! –dijo don Benito, un tanto apurado– ¡Eso debiera decir yo, dado el tiempo que hace que no viene a saludarme!
      –Tiene razón, don Benito, pero ya sabe que, como a usted, me gusta poco salir si no es para algo útil, aunque hoy me vea por aquí. La verdad es que se lo debo a mi querida amiga doña Josefa Sanabria, baronesa de Guaymón, que tengo el gusto de presentarle.
      Don Benito, que, al saludar a Adriana se había quitado, nervioso, el sombrero y había besado su mano, hizo ahora lo mismo conmigo.
      –¿Guaymón? –me preguntó–. Me suena a Puerto Rico, ¿no es así?
      Yo estaba paralizada por la emoción, así que solo pude asentir.
      –¡Tiene gracia! –prosiguió él–. ¿Sabía usted que yo fui diputado por Guayama en el ochenta y seis? ¿Conoce usted ese pueblito?
      –No, señor, vine de la isla con dos años –dije a duras penas, como una colegiala a la que pregunta una visita ilustre en una escuela de aldea.
      –Pues entonces igual que yo, que ni he pisado por allí –dijo riendo don Benito, que cortó en seco la conversación, saludó y siguió su camino. A mí el corazón se me salía por la boca. Adriana se dio cuenta y se echó a reír de buena gana, risa que me contagió con rapidez. Añadió que tenía que estar contenta, ya que don Benito era muy reservado, muy tímido con las personas que no conocía, pero que tal vez al ser yo una dama joven y guapa…
      Luego, mientras proseguíamos con nuestro paseo, me contó que se decía que don Benito y doña Emilia Pardo Bazán habían sido amantes. Ella se casó muy joven, pero su marido la había abandonado, horrorizado por algunas de las cosas que escribía. Eso causó nuevas risas y, en mí, ganas, casi ansias de leer aquello tan escandaloso que incluso llegó a provocar el fracaso de un matrimonio. Adriana me aclaró que en realidad eran una serie de artículos que había titulado La cuestión palpitante y que trataban sobre literatura francesa, con lo cual, de momento, no fui capaz de entender la causa de tanto escándalo. También me dijo Adriana que, por otra parte, doña Emilia trabajaba mucho por las mujeres, por su educación y por su libertad, algo que le había acarreado numerosas críticas y sarcasmos; incluso había intentado entrar dos veces en la Real Academia Española y en ambas ocasiones había sido rechaza da casi entre burlas solo por pertenecer al sexo femenino. Yo jamás había pensado en esas cosas, pero esto que me contaba Adriana me provocó bastante enojo, como siempre que me enfrentaba a algo que consideraba injusto. 
      Pero, volviendo a su relación con don Benito, ahora ya no estaban juntos. Él se había encaprichado de una tal Concha Morell, una aspirante a actriz que estaba medio loca –acababa de convertirse nada menos que a la religión israelita– y es muy posible que su cambio de domicilio –hasta hacía muy poco había tenido su residencia en la plaza de Colón, no demasiado lejos de nuestra casa– se debiera a que la Morell tenía por allí cerca su morada. No dejó de asombrarme que una persona como Adriana, que había vivido casi enclaustrada, estuviese tan al tanto de la vida y milagros de otras personas, pero luego caí en la cuenta de que su correspondencia –tanto enviada como recibida– no era escasa y entre ella habría muchas cartas de gente que la tendría bien informada de estos devaneos y de otras cosas más o menos frívolas.

Bueno, si esta muestra os ha gustado, ya sabéis dónde conseguir la novela. ¡Ah! Y recordad que el 24 de mayo se presenta en la biblioteca "Eugenio Trías" de Madrid (aunque ya os lo recordaré a medida que se acerque el evento).



28.2.18

Acaba febrero y llegan marzo y "Variaciones sobre tres nombres"


(Pulsa en la imagen para conseguir el libro en Espacio Ulises)

Ya llega marzo. Y con él, la publicación de Variaciones sobre tres nombres en Playa de Ákaba. Sale a la venta el día 5, pero aún podéis pedirla en preventa y obtener un descuento. Por fin la primera novela que conseguí concluir tendrá una buena edición, mil veces revisada y pulida. Y lo mejor no es eso, sino que además voy a poder hablar de ella. El próximo día 24 de mayo se presentará en la Biblioteca "Eugenio Trías", en pleno Parque del Retiro. Lugar inmejorable para una historia en la que Madrid es una de las protagonistas, junto a las tres mujeres cuyos nombres le dan el título. Animaos a conseguirla y a venir a la presentación. Estaré encantado de hablar sobre ella.



15.12.17

15 de diciembre: "Día de Garabitas"

El cerro de Garabitas

Abro un pequeño paréntesis en estos días que tanto estoy hablando de Variaciones sobre tres nombres, mi primera novela (os recuerdo que está en preventa en Espacio Ulises), para referirme a la segunda, El cerro de Garabitas. Segunda novela que fui capaz de completar pero primera que me atreví a mandar a una editorial (Libros.com) y que fue aceptada para su publicación. He tenido la humorada (y la gran osadía) de declarar el 15 de diciembre como "Día de Garabitas", al igual que el 16 de junio es el Bloomsday. En el Ulises de James Joyce es en esa fecha cuando transcurren todas las peripecias que protagonizan Leopold Bloom y quienes lo rodean, en El cerro de Garabitas es el día en que Ángel se encuentra, en plena vorágine navideña, a una joven desorientada inmersa en una extraña búsqueda. Bloom recorría Dublín, Ángel y su acompañante el Madrid navideño, tanto su centro como los alrededores: la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, las callejuelas cercanas por las que se puede escapar de la turbamulta... Pero también el Puente de Vallecas, Zarzaquemada (en Leganés), Santa Eugenia, La Prosperidad, Tetuán de las Victorias, Getafe, el cementerio de San Isidro, el paseo de Rosales... Sin olvidar la plaza de Oriente y sus aledaños (la plaza de Ramales, la calle de la Cruzada...), donde transcurre la otra trama de esta novela. Y, por supuesto, el Cerro de Garabitas, que da nombre a la historia.

Me perdí la mayoría de las clases del curso de mercadotecnia para torpes, así que no sé si habré sido capaz de convenceros de acompañarme en este paseo por Madrid que se inició un 15 de diciembre. Pero si es así, podéis conseguir El cerro de Garabitas en la página Web de la editorial Libros.com, tanto en formato papel como libro electrónico. En tal caso, vaya por delante mi agradecimiento y ojalá disfrutéis con esos paseos navideños por Madrid.

Termino con el fragmento del capítulo 5 de la novela que justifica estas cosas (raras) que digo:

-No me entiendes o no me escuchas; hace más de un siglo que no piso esta plaza... 
-Claro, un siglo, una forma de hablar... -dijo Ángel, con un gesto guasón. 
-No, no es una forma de hablar -contestó ella, muy seria. 
-No te entiendo. 
-¿Qué día es hoy? 
-15 de diciembre. 
-¿De qué año? 
-Oye, creo que tú no estás muy bien... -Ángel empezaba a pensar si no había topado con una desequilibrada. 
-Por favor, dime de qué año... 
-15 de diciembre de 2015

3.12.17

Una nueva oportunidad para "Variaciones sobre tres nombres"


En el verano de 2016 ya hablé por aquí de Variaciones sobre tres nombres, la primera novela que fui capaz de terminar y por la cual, como es lógico, siento un cariño especial. No quiero repetir lo que dije en aquella entrada y a ella os remito. Sin embargo, he de reafirmarme en que es, aunque esté feo que lo diga yo, una novela muy bonita, con unos personajes femeninos que están entre mis criaturas más preciadas -de hecho me he resistido a "dejarlas atrás" una vez terminé con esta novela y han aparecido en otras de las que he escrito desde entonces- que protagonizan una serie de historias de amor enmarcadas en el Madrid de los últimos años del siglo XIX. Se trata de una ubicación -la villa que me vio nacer- y una época -la Restauración- que me fascinan, por lo que intenté esmerarme lo más posible al escribirla, buscando por ahí viejos periódicos y otros documentos para que lo que en ella se dijese estuviera lo más cercano posible a la realidad. Es un acto de amor por la lectura, además, pues su hilo conductor es otro libro, el poemario Las chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs y algunas de sus protagonistas no tienen reparos en confesar que sus libros son su mayor tesoro o su refugio.

Autopubliqué esta novela por esa época, más o menos, en el verano de 2016. Ahora, la editorial Playa de Ákaba me ha dado la oportunidad de que aparezca de nuevo, esta vez manejada por profesionales de la edición. La han puesto en preventa en Espacio Ulises y allí espero que quienes no la tengáis la pidáis. Aparecerá en papel en marzo del año que viene, si las cosas se dan bien. Por entonces espero poder presentarla en sociedad como se merece. ¡Ojalá sea así!

19.11.17

El 19 de noviembre de 1933, según Clara Ruiz


Clara Campoamor, tocaya de mi protagonista, 
defensora del voto femenino en las Cortes Constituyentes de la Segunda República

Tal día como hoy, hace ochenta y cuatro años, las mujeres pudieron votar por primera vez en unas elecciones en España. Mejor dicho, aquel día ejercieron por primera vez un derecho que les correspondía y que había sido negado hasta que en octubre de 1931 se instauró el verdadero sufragio universal en nuestro país. Hay que agradecérselo sobre todo a Clara Campoamor, cuya firme defensa en las Cortes permitió que saliese adelante la iniciativa pese a la sorprendente oposición de gran parte de la izquierda (pensaban que las mujeres, supuestamente dominadas por sus confesores, entregarían la República a las derechas). Quiero traeros aquí unos párrafos de mi novela La vida ha de seguir, en los que su protagonista, Clara Ruiz de Segovia, nos cuenta qué sintió aquel domingo de noviembre de 1933:

Agotado el Gobierno que había institucionalizado el nuevo Régimen, dimitido el señor Azaña y con Lerroux en la presidencia del Consejo, al final se acabaron convocando elecciones anticipadas. Las Cortes Constituyentes habrían de dar paso a la primera legislatura ordinaria. Para mí fue un acontecimiento importantísimo, ya que aquel domingo, 19 de noviembre de 1933, fue la primera vez que las mujeres pudimos votar en España. Mal que les pesase a muchos, que incluso ya aprobado el voto femenino quisieron introducir enmiendas que lo retrasasen por tal o cual motivo, se iba a aplicar ese artículo 36 que tanto miedo daba a ciertos sectores de la izquierda y se comprobaría si era cierto o no aquello de que la mayoría de las españolas estaban dominadas por sus confesores y directores espirituales e iban a votar lo que ellos quisieran y no lo que su conciencia les dictase. 

A mi todo eso me dio igual. Acudí temprano a mi colegio electoral, acompañada por Juan. Una sensación que difícilmente puedo describir me invadió cuando tomé la papeleta y me acerqué a la urna de cristal para depositar mi voto. Recordé entonces la euforia en el Lyceum, las felicitaciones a las más veteranas, a las que más tiempo habían luchado porque llegase ese momento. Se me olvidaron todas las necedades que había tenido que oír durante aquellos agrios debates y las que se escucharon después. Por fin estaba ejerciendo un derecho que se nos había negado desde hacía tanto tiempo. Una extraña inquietud me atenazaba el estómago, inquietud que desapareció al instante cuando, con mi papeleta dentro de la urna, salí a la calle y noté la fría brisilla que se enseñoreaba de las calles en aquella mañana del otoño tardío. 

Quise dar un paseo; Juan prefirió volver a casa. El día era frío y gris, pero al menos no llovía. Bajé por la calle Barquillo hasta Alcalá, sus aceras repletas de paseantes y su calzada ocupada por automóviles y tranvías que iban y venían como cualquier mañana de domingo. En principio pretendí vagar sin un rumbo fijo, pero luego recordé que un poco más hacia abajo, cerca de la Academia de la Lengua, tenían su casa Rosalía y Josefa, así que hacia allá me encaminé por si podía verlas y compartir con ella mis sentimientos y emociones en un día tan señalado. 

Tuve suerte; las encontré en la cola de su colegio electoral. Allí estaban, en su postura habitual, la una al lado de la otra, Rosalía cogida del brazo de su amiga. Les hice una seña desde la acera contraria de la calle; crucé la calzada y, al llegar a su lado, ninguna de las tres pudimos articular palabra. Nos miramos, sonreímos y nos pusimos a llorar como tres Magdalenas, pero de alegría, una alegría que muchos de quienes nos rodeaban no acertaban a entender. En sus miradas pude ver que para ellas ese día era la culminación de muchos años de lucha, peticiones, manifestaciones, burlas, desconsideraciones. Un triunfo que no solo era de las mujeres, sino de todos los españoles, que desde ese momento pasaban a formar una sociedad mejor aunque muchos de sus miembros, yo diría que la mayor parte, ni siquiera se hubiesen dado cuenta. 

Todavía les quedaba un buen rato hasta que se pudieran poner ante su mesa electoral, así que, como seguíamos incapaces de decir nada, me despedí de ellas apretándoles con fuerza las manos y volví a casa, enjugándome las lágrimas con una risilla nerviosa. 

(Por cierto, el resultado de las elecciones, con la inapelable victoria de las derechas, pareció dar la razón a quienes preferían aplazar el voto femenino. Yo no creo que fuese esa la causa y pocos años después se podría comprobar en el muy distinto resultado de las siguientes elecciones; mi tío Germán no tuvo motivo de queja: volvió a obtener su escaño por Valladolid, otra vez como representante del Partido Agrario).

¿Os ha gustado? Pues si aún no tenéis la novela y os interesa, la podéis conseguir aquí o aquí.

16.10.17

No solo novela... "Vida de Ludwig van Beethoven"


Hace ya unos años, antes de la "efusión" literaria que comenzó a finales de 2014, tuve una época en la que me dediqué a traducir del inglés al español algunos importantes libros relacionados con Ludwig van Beethoven. Se trata de mi compositor favorito y es un personaje más que interesante. A mediados de los años ochenta me hice con la primera de sus biografías que leí, la de Maynard Solomon. Luego vinieron la de Jean y Brigitte Massin y la de Joseph Kerman y Alan Tyson (traducción del correspondiente artículo del New Grove). Por último, adquirí la monumental obra de Alexander Wheelock Thayer, en la edición definitiva de Elliot Forbes, que nunca se ha traducido al español. Nunca, hasta que yo me puse con ello. Tras un trabajo de dos años y pico, conseguí culminar el trabajo y me imprimí y encuaderné un único ejemplar de sus dos volúmenes. Entonces se me ocurrió que tal vez podría ser interesante que apareciera publicada y me dirigí a Princeton University Press, la propietaria de los derechos de la edición en inglés. Me contestaron con suma amabilidad y muy deprisa, pero lo que me dijeron es que solo trataban con editoriales, nunca con autores. Así que ahí quedó una posible versión en español de la biografía canónica de Beethoven, en el limbo... Lejos de desanimarme, continué y también traduje la biografía de Anton Schindler, las Biographische Notizen de Franz Wegeler y Ferdinand Ries y los recuerdos de Gerhard von Breuning, los únicos tres libros biográficos escritos por personas que conocieron a Beethoven. Sin embargo, di menos valor a estas traducciones porque lo fueron de sus versiones inglesas, que a su vez están traducidas de los originales alemanes...

Pero me estoy yendo por las ramas. Con todo este trabajo, me dio la vena de escribir mi propia vida de Beethoven -no la llamo "biografía" por unos motivos que doy en su introducción- y con la autoridad de todas esas obras y unas cuantas más que poco a poco fui atesorando sobre el genio de Bonn escribí hace unos cuatro años el libro que os presento en esta entrada. Nunca se me había ocurrido publicarlo, fue más bien un entretenimiento que encuaderné para mí. Sin embargo, ahora, con las posibilidades que dan plataformas como CreateSpace, me he decidido a revisar aquella primera versión y a sacarla a la luz. No hay que buscar en ella nada fuera de lo común; como digo fue un divertimento y su misión principal, de tener alguna, sería que quien sienta curiosidad sepa algo más sobre una de las figuras más importantes de la historia de la música. ¿Estás tú entre esa gente? Aquí lo puedes conseguir.

14.9.17

Nuevo caso de la inspectora Gutiérrez: "La mafia blanca"


En la anterior entrada, escrita hace demasiado tiempo, os hablaba de que ya andaba por ahí el germen de la séptima de mis novelas que tiene como protagonista a la inspectora Susana Gutiérrez (en realidad entonces llevaba ya casi un mes "peleándome" con ella) y aquí la tenéis, calentita. La he titulado La mafia blanca; voy a explicar, sin destripar la historia, el porqué de este título.

Yo nací en una maternidad que se llamaba "La Casa de la Madre". El edificio aún existe, pero desde hace treinta años (o más) es una residencia de ancianos que pertenece a la Comunidad de Madrid. Se encuentra en la esquina de las calles de Goya y del Doctor Esquerdo, en el que fue segundo emplazamiento de la institución; el primero estuvo en la calle de Serrano. 

La Casa de la Madre, regentada por Auxilio Social -es decir, por la Falange- y destinada, por tanto, a mujeres sin recursos, se trasladó de Serrano a Goya en 1959 y desde 1964 admitió también a trabajadoras que se pagaban el llamado Seguro Obligatorio de Enfermedad. Pero bueno, lo importante para nuestra historia es que fue uno de los lugares donde se produjeron casos de "niños robados", durante el franquismo y casi hasta su desaparición, a mediados de los años ochenta. Mientras me documentaba encontré unos artículos que aparecieron en la prensa hacia 1980, donde se hablaba con total desahogo de ese tráfico de bebés, orquestado por monjas, médicos, policías, empleados de los juzgados, a los que se llamaba "mafia blanca". Digo que hablaban con desahogo porque poco menos que daban carácter benéfico a esta mafia, cuya existencia casi justificaban por la incapacidad de la administración competente, por entonces la extinta Diputación Provincial de Madrid, para gestionar de manera eficaz las adopciones legales.

Este es el punto de partida de la historia, donde la dolorosa cuestión de los robos de bebés institucionalizados desempeña su papel. Una novela en la que se las he hecho pasar canutas a la pobre Susana. Espero que me perdone, porque sabe que la quiero mucho, es mi ojito derecho. Como siempre, os reproduzco lo que aparece en la contra del libro para que os hagáis una idea de lo que podréis encontrar en él:

La inspectora Susana Gutiérrez y su compañero, el subinspector Carlos Mena, han de investigar el asesinato de un célebre abogado que representaba a una asociación de niños robados en busca de sus verdaderas madres. Lo que no imaginaba la inspectora Gutiérrez era que la aparente obra de un sicario acabaría por convertirse en algo muy distinto que la afectará personalmente de diferentes maneras y la llevará a una situación límite. ¡Ah! Y hay una boda...
Hoy mismo lo he publicado en Amazon. Aquí tenéis el enlace, por si os interesa.

10.5.17

"Los papeles de Juana", sexta novela de la serie de la inspectora Gutiérrez


Los papeles de Juana es el título de la sexta y, de momento, última de las novelas protagonizadas por la inspectora Susana Gutiérrez, su compañero, el subinspector Carlos Mena, su jefa, la comisaria Victoria Menéndez y el resto de policías que trabajan en la comisaría de Chamberí, en el corazón de Madrid.

En este sexto caso he aprovechado unos textos que escribí hace tiempo para un proyecto que no tuvo continuidad. Quise escribir una especie de novela nostálgico-costumbrista centrada en la vida de Juana, una joven del barrio de San Blas, en el que viví los primeros treinta y un años de mi existencia. Un homenaje a mi barrio de toda la vida y a sus gentes que al final no pasó de sus primeras etapas, de sus primeras páginas. Pero me habían quedado algunos textos que, cosa rara en mí, no me parecía que estuviesen mal, así que "reciclé" algunos de ellos para hacer de Juana un personaje principal de esta novela.

Una historia en la que se mezclan, como es habitual, las vidas privada y personal de Susana, esta vez, con el trasfondo de las fiestas navideñas, la primera visita de los peculiares padres de su pareja, un reto casi tan imponente como el caso que ha de resolver. Pero mejor os reproduzco la contracubierta del libro, de cuyo contenido ya os he desvelado algunas cosas:

En plenas fiestas navideñas, la inspectora Susana Gutiérrez se enfrenta a dos desafíos: el asesinato de uno de los agraciados con el premio gordo de la Lotería y la primera visita de los padres de su pareja, Asís.
La aparición sobre el cadáver de una hoja mecanografiada con una vieja máquina de escribir que cuenta la historia de una joven desconocida del barrio de San Blas se convertirá luego en el nexo con otros dos asesinatos ¿Logrará descubrir Susana al asesino en serie? ¿Será capaz de superar con éxito la visita de sus futuros suegros?
Una historia, en definitiva, en la que visito algunos de los lugares con los que estoy ligado física o sentimentalmente y en la que, como es habitual, suelto por boca de mis personajes lo que me apetece sobre lo que me apetece. Si tenéis curiosidad, la podéis adquirir en Amazon en formato papel o electrónico por un precio módico, al igual que sus otras cinco hermanas y alguna cosa más.

(Por cierto, ya estoy con el germen de la séptima aventura de la inspectora Gutiérrez; esta tardará un poquito más en aparecer, pero lo hará...)
 

28.4.17

Concluye una estupenda Semana del Libro


Estupenda para mí. Durante toda esta semana se ha prolongado en la universidad en que trabajo, la UC3M, la celebración del Día del Libro, que este año ha caído en domingo. Y digo estupenda para mí porque he tenido la oportunidad de participar en dos actos en calidad de aprendiz de escritor. Quiero dejar una pequeña reseña escrita de ello.

En Colmenarejo: Mesa redonda "Cómo escribir y publicar tu primer libro"



De izquierda a derecha: Paz Martín-Pozuelo, servidor, M. H. Martín y Honorio Penadés
(Foto birlada del blog Aquí Biblioteca)

El martes 25 de abril volví, después de tres años y medio, a la Biblioteca de Colmenarejo de la UC3M, donde trabajé entre 2005 y 2013. Y qué mejor motivo para hacerlo que hablar de por qué escribo y cómo me "busqué la vida" para que alguna de mis criaturas apareciese publicada. Compartí la mesa, además de con mi compañero Honorio Penadés, su moderador, con Paz Martín-Pozuelo, profesora del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la UC3M y Marisol Herrera, que firma sus libros como M. H. Martín, también compañera de la Biblioteca de Colmenarejo. Allí, más que referirnos a una obra concreta, compartimos los diferentes motivos que nos llevan a escribir y qué pasos dimos para que se publicasen nuestras obras. Yo hablé de mi campaña de micromecenazgo que culminó con la aparición de El cerro de Garabitas, Paz nos contó cómo una feliz casualidad quiso que entrase en contacto con Lorenzo Silva por medio de las redes sociales, lo cual fue el detonante para que Playa de Ákaba, la editorial independiente que regenta su esposa, Noemí Trujillo, acabase publicando El más hermoso de los milagros y otras historias de mujeres. Marisol, por su parte, tras hablar de sus esfuerzos para que le hiciesen caso las editoriales "de toda la vida" (algo que nos ha de sonar a todos los que nos hemos embarcado en estas cosas) decidió al fin presentarse a un certamen cuyo premio era la publicación de la obra. Y así tenemos su novela Último verano en Las Nubes.

Lo cierto es que fue un evento más que agradable, con un público un poquito reacio a la interacción con los oradores, pero que creo que al menos pudo sacar alguna conclusión que espero fuese positiva. En nuestro blog Aquí biblioteca se publicó una reseña del acto.

En Getafe: "Hablar de mi libro"


Cartel de David López González

Ya el año pasado me hice eco por aquí de este evento, que llevamos celebrando en la Biblioteca de Humanidades de la UC3M desde 2015. Fue en aquella primera y multitudinaria edición donde se me encendió una tenue lucecilla. Estaba yo en plena efervescencia escritora, una efervescencia que había empezado unos cuatro meses antes. Había sido capaz de terminar dos novelas y no se me había pasado por la imaginación la posibilidad de publicarlas hasta que aquel 21 de abril de 2015 una joven alumna de la Universidad, Gema López, presentó su proyecto -y nunca mejor dicho, porque aún no se había publicado-, titulado Cuentos para despertar, y me hizo conocer la editorial Libros.com. Aquel día nació la ilusión de que, si el acto se repetía, pudiera yo presentar en él alguna de mis novelas, lo cual significaría que se habría publicado. Una utopía me pareció entonces, un sueño inalcanzable. Un sueño que este año se ha hecho realidad.


Ahí me tenéis, todo ufano, hablando de El cerro de Garabitas
junto a Lola Santonja, directora de la Biblioteca de Humanidades
(La foto es de Mar Bujalance)

Fue el del jueves 27 de abril un acto muy bonito, no multitudinario, interesante como siempre por las propuestas de quienes allí intervinieron. Voy a intentar siquiera una crónica somera de sus intervenciones.

Paz Martín-Pozuelo repitió, como yo, y en este caso nos vino a hablar de su primera novela, Una vida más tarde, obra en la que, tras un denodado esfuerzo creador que le ha llevado cuatro años, cuenta la historia de una mujer excepcional que conoció durante su infancia en un pueblo de La Mancha, una historia que creyó inventar pero que luego con asombro pudo comprobar que había sucedido en la vida real.

Daniel Marías, profesor del Departamento de Humanidades, presentó con su entusiasmo habitual no un libro, toda una colección (Modelos para armar) de la que no es autor, sino coordinador e impulsor. Una tarea que nace con la loable intención de hacer asequibles obras de ensayo para un público amplio, tanto por la forma en la que se dicen las cosas, como por el tamaño y diseño de los libros.

Luego me tocó a mí, que intenté hacer partícipe a toda la audiencia de la gran ilusión que sentí al estar allí. De eso ya he hablado y, por tanto, no voy a insistir. Solo pondré un atajillo por si os interesa haceros con un ejemplar de El cerro de Garabitas.

Gema López Sánchez, alumna de la Facultad, creo que nos dejó a todos pasmados por su iniciativa. Ganadora de numerosos premios literarios, su segundo libro publicado, Mekronos, se ha convertido en uno de los más vendidos en su género (la ciencia-ficción) en Amazon; Gema, por tanto, ha tenido la fortuna de cruzar la línea que existe entre quienes dan toquecitos en la puerta de las editoriales y quienes reciben llamadas de ellas, aunque también ha tenido que sufrir comentarios y recomendaciones bastante sexistas ("¿por qué no escribes novela romántica?"). Además, nos presentó un invento muy curioso, que es una tarjeta con un código QR que te lleva a conseguir un libro electrónico, de modo que aunque el formato sea digital y, por tanto, "incorpóreo", siempre tienes algo material relacionado con ese libro, un algo que puedes guardar y coleccionar.

Noemí Trujillo fue quien cerró el acto. Poco puedo decir de ella que no se sepa, tal vez que es alumna del Grado en Humanidades de nuestra universidad. Escritora, poeta, editora, es una mujer incansable a la que he de agradecer que haya hecho aparecer un par de libros de este humilde aprendiz en su editorial, Playa de Ákaba. Nos presentó su poemario Decir un "Te quiero", porque, aun cuando ha publicado novelas y relatos juveniles es en la poesía, según nos dijo ella misma, donde se siente más a gusto.

Hay que mencionar también a los presentadores del acto, Carlos Manuel, vicedecano de Humanidades y primer vicedecano de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación, y Lola Santonja, directora de la Biblioteca de Humanidades. Y a mi compañera y amiga Mar Bujalance, organizadora y fotógrafa oficial.



(Montaje de fotos de Mar Bujalance hecho por la propia Mar)

En conclusión, una semana maravillosa, una buena carga de moral para seguir juntando letras. ¡Vivan el libro y la lectura!


14.4.17

El 14 de abril, según Clara Ruiz


Hoy, 14 de abril, cuando se cumplen 86 años de la proclamación de la II República, os traigo un fragmento de mi novela La vida ha de seguir (memorias de Clara Ruiz) que viene del todo a cuento. (Por cierto, si queréis, podéis conseguirla aquí).

      El martes 14 de abril decidí salir, después de comer, con Ernesto y Juan Luis para caminar por los jardines de Recoletos y llegar a Cibeles. Había mucha animación en la calle; yo imaginaba que era por lo que estaba sucediendo, aunque no podía sospechar lo que iba a ocurrir en esa tarde memorable. 
      Fue mucho más de lo que me hubiese podido figurar. Era tal el tumulto que pedí a Ramona, que nos acompañaba, que se fuese con los niños a casa. 
      –¡Pero mamá, yo quiero ir a la fiesta…! –me dijo Ernesto lloriqueando. 
      –No, hijo. Hay demasiada gente y me da miedo que os despistéis o que os atropellen. 
      Insistí a Ramona para que se los llevase; la verdad, ella parecía igual de decepcionada que mi hijo por perderse la «fiesta»… 
      Una vez marcharon, me dirigí hacia la multitud que iba por la calle de Alcalá hacía la Puerta del Sol. En ese momento estaba en Recoletos, junto a la verja del Palacio de Buenavista, es decir, del Ministerio de la Guerra, en el que no noté movimiento alguno. Cuando llegué a Cibeles pude ver que en el Palacio de Correos ondeaba una gran bandera tricolor, igual que la que portaban muchos de los que, cantando y gritando consignas, ocupaban toda la plaza y rodeaban casi por completo la fuente desde la que la diosa Cibeles, impasible en su carro, les observaba. Los automóviles y tranvías ya casi no podían andar, tal era la cantidad de gente que había, pues a todos los que ya colmaban las calles se iban uniendo quienes salían de los cafés y otros establecimientos de la calle de Alcalá, entre ellos muchas mujeres. Vi camiones llenos de hombres y mujeres que ondeaban banderines rojos, cantaban y bailaban. Unos tarareaban la Marsellesa con sonidos casi guturales al no conocer su letra, otros la entonaban con un texto traducido, imagino que de forma improvisada por algún estudiante aventajado: 


Adelante, hijos de la Patria, 
el día de gloria ya llegó… 

      En el guirigay se mezclaban también las notas del himno de Riego y de la Internacional, del mismo modo tarareados antes que cantados por esa confusión de obreros, estudiantes, modistillas y simples paseantes que sobre la marcha se unían a la marea humana. 
      Aquello parecía un festejo popular, una verbena, antes que una manifestación política. Poco a poco me fui contagiando del enorme entusiasmo que me rodeaba, tanto que me impidió apreciar peligro alguno en esa situación, encontrándome sola en medio de unas turbas que no parecían estar controladas o dirigidas por nadie, con solo una idea: cantar, dar vivas a la República y dirigirse a la Puerta del Sol, en donde estaba el Ministerio de la Gobernación, el «centro de mando» para muchos, donde era presumible que estuviese el corazón de toda la cuestión y donde se resolvería de una u otra manera la situación causada por el terremoto electoral. 
      A duras penas conseguí avanzar por la calle de Alcalá. Al llegar ante la iglesia de San José tuve la grata sorpresa de encontrarme con Josefa y Rosalía. Venían desde el Lyceum, donde habían seguido los acontecimientos por la radio. 
      –¡Clara! ¡Qué alegría verte! –dijo Rosalía–. ¿Vas hacia Sol? 
      –Lo intento al menos –contesté–. ¿Vosotras también? 
      –Sí, y te acompañamos con gusto. 
      –¿Y Dory? 
      –Hoy tenía guardia y no ha podido venir… 
      En ese momento eché de menos a mis amigas. Tampoco estaban allí Violeta y Nancy, que se encontraban en Barcelona no recuerdo si presentando una exposición o el último poemario. A Carmen, por razones obvias, no cabía esperarla por allí. 
      Cruzamos como pudimos la Gran Vía y volvimos a Alcalá. La muchedumbre se apretaba más y más, cada dos por tres tropezábamos o nos chocábamos con alguien, cuando no dábamos algún pisotón, pero aquel día nadie se ofendía por ello, siempre se devolvía una sonrisa y una frase amable, que acababa con un espontáneo viva a la República. 
      Supusimos que, dados los resultados electorales, algún cambio político importante se habría de producir. Tal vez un gobierno de transición, en el que participasen algunos de los miembros más destacados de los partidos que habían triunfado, tal vez alguna otra fórmula. Lo que no sabíamos era que, como dijo algún esclarecido miembro del antiguo régimen, España se había acostado monárquica y se había despertado republicana, sin posible vuelta atrás. 
      Tras ímprobos esfuerzos, logramos llegar a la Puerta del Sol, que hervía en un jubiloso fervor ciudadano. Miles de personas daban vivas a la República, cantaban, gritaban consignas, subidas en los techos de los tranvías, enarbolando banderas tricolores. En medio de todo ese gentío, muy cerca del templete del metropolitano, acertamos a ver a Anselmo, que se intentaba abrir paso justo en el sentido contrario al que llevábamos nosotras. 
      –¡Anselmo! –le grité–. ¡Anselmo, aquí! 
      Anselmo miró hacia varios sitios hasta que nos localizó a las tres y, con una enorme sonrisa, se acercó a nosotras y nos abrazó y nos besó, creo que sin saber muy bien lo que hacía, exultante, embriagado. 
      –¡Han visto que maravilla! ¡Llegó la República! ¡Y en paz, sin pegar un tiro! 
      –¿Y cómo ha sido? –preguntó Josefa–. ¿No ha habido resistencia? 
      –No –contestó él–. Ha sido increíble lo que ha ocurrido. Se ha presentado en la puerta del Ministerio de la Gobernación Miguel Maura, uno de los miembros del Comité Revolucionario que ahora se va a convertir en Gobierno provisional. Los guardias civiles que había allí no sabían muy bien qué hacer, pero Maura, decidido, se ha plantado ante ellos y les ha gritado «¡Paso al Gobierno de la República!» y entonces se han cuadrado y le han hecho un pasillo de honor. Luego ha subido a los despachos, ha cogido el teléfono y, como le he oído decir a alguno de sus colaboradores, ha ido proclamado la República territorio a territorio, gobierno civil a gobierno civil… 
      –¿Entonces, la Guardia Civil no se ha opuesto? –preguntó Rosalía. 
      –No. Sanjurjo, su jefe, desde el principio se ha puesto a las órdenes del Gobierno Provisional. ¡Hemos ganado…! 
      Se veía eufórico a Anselmo. Se despidió de nosotras, ya que tenía que ir de inmediato al no muy lejano edificio del Ministerio de la Guerra, del cual se iba a hacer cargo su jefe político, el señor Azaña. Era de esperar que ocupase algún cargo de confianza en la nueva jerarquía de un ministerio tan importante para el país. Así que le dejamos marchar. Nosotras nos miramos, sonrientes, y desatamos también nuestro júbilo. Nos abrazamos, saltamos, cantamos, repetimos las consignas que coreaba la muchedumbre que nos rodeaba. Éramos conscientes de estar viviendo un momento histórico, único. Un pueblo había decidido en unas elecciones cambiar de régimen y dar un viraje decisivo a su devenir. Después de un rato largo en la Puerta del Sol, compartiendo la alegría de cuantos nos rodeaban, quisimos volver al club para comentarlo con las compañeras que allí estuviesen. Con las mismas dificultades que a la ida, atravesamos la Puerta del Sol y subimos por la calle Montera hacia la Red de San Luis. Luego cruzamos Conde de Peñalver y entramos en la calle de Fuencarral, por la que anduvimos, siempre esquivando a los numerosos grupos que seguían dirigiéndose al corazón de la capital, hasta que torcimos a la derecha hacia la calle de San Marcos para llegar a la sede del Lyceum. La verdad es que lo encontramos medio desierto, ya que, como es lógico, la mayoría de nuestras compañeras también había salido a la calle para celebrar el gran acontecimiento. Por tanto, me despedí de mis amigas y regresé a casa para ver cómo habían vuelto y cómo estaban los niños y para permitir a Ramona que se uniese al jolgorio si así lo deseaba. Salió tan deprisa como si la estuviese persiguiendo el diablo…

5.4.17

"La Amada Mortal": quinta entrega de los casos de la inspectora Gutiérrez


No es en absoluto casual la presencia de Beethoven en la cubierta de La Amada Mortal (sí, todo en mayúsculas), quinta novela de las que he dedicado a Susana Gutiérrez, inspectora de Homicidios de la Comisaría de Chamberí. Quienes además conozcáis algo de la biografía del gran genio de los genios habréis notado el juego de palabras que hay en el título de la novela. El de la "Amada Inmortal" es uno de los grandes -y más absurdos- enigmas de la vida del músico. A principios de julio de 1812 escribió una apasionada carta de amor a una mujer desconocida, el descubrimiento de cuya identidad ha sido un hito ineludible para cualquiera que haya querido escribir una biografía de Beethoven. Unos documentos que supuestamente podrían arrojar luz sobre este asunto son unos de los protagonistas de esta historia.

Tampoco es casual que la figura de Beethoven aparezca en un sello de la antigua Unión Soviética (para mi gusto los más bellos del mundo después de los españoles. Sí, también coleccioné sellos de joven, uno es persona de muchos vicios...), ya que la mafia rusa andará implicada en las fechorías que tiene que investigar Susana. Como suelo hacer en estas entradas, os reproduzco lo que se puede leer en la contracubierta:

Con la comisaría revolucionada ante la celebración en Madrid de una importante cumbre internacional, la inspectora Susana Gutiérrez investiga un sádico asesinato que se ha producido en el hotel donde va a tener lugar el encuentro de dirigentes mundiales.
De la habitación en la que se encontró el cadáver han desaparecido además unos documentos muy importantes que podían arrojar luz sobre un oscuro episodio de la vida de Ludwig van Beethoven y por los que parece estar muy interesada la mafia rusa. ¿Cómo saldrá de este laberinto la inspectora Gutiérrez?
Al igual que en las otras novelas, he procurado dejar mis pildoritas irónicas (dedicadas al Gobierno, a la universidad, a la prensa y sus prebostes...), que serán detectadas con facilidad por quien lea con atención. La novela, como sus hermanas, está disponible en Amazon por poquito dinero. Animaos y haceos con ella, en formato papel o Kindle y me contáis.

28.3.17

"Sin tiempo": cuarta novela dedicada a la inspectora Gutiérrez


Para la cuarta novela de las que he dedicado a Susana Gutiérrez, he hecho una laxa interpretación del artículo 497 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala un plazo de 72 horas para que un juez mande a prisión o ponga en libertad a un detenido que se le haya entregado. Aquí, licencia literaria mediante, lo que ocurrirá es que a las setenta y dos horas el detenido -a la sazón, pareja de Susana- será puesto en manos de la juez, que no será otra que la temible Alicia Salguero, con lo cual irremediablemente irá a la cárcel si no hay pruebas irrefutables que lo eviten.

Hecho este descargo jurídico (me gusta no meter demasiado la pata cuando escribo y procuro informarme antes) aprovecho lo de las 72 horas para señalar el rasgo más significativo de este nuevo caso: que la historia dura exactamente eso, 3 días con sus noches. Es la primera vez que me ajusto así a un horario determinado; mientras escribía esta novela tuve muy en mente la mítica película de Fred Zinnemann High Noon (más conocida por estos pagos como Solo ante el peligro), en la que aparecen relojes por doquier para recordar tanto al protagonista como a los espectadores que el tiempo pasa y cada vez queda menos para la llegada del tren donde viaja el villano que se va a enfrentar al sheriff tras ponerse al mando de su banda.

Susana también verá por todas partes relojes que le marcan un paso del tiempo que se le hace frenético, unas escasas 72 horas en las que tendrá que demostrar, fuera de los cauces habituales, la inocencia de una persona que es muy importante para ella, una persona que puede ir a la cárcel por algo que no ha hecho. Esto es lo que se puede leer en la contracubierta:

Cuando cumplen un año de relación, la inspectora Susana Gutiérrez y su pareja, el inspector Asís Lozano, se enfrentan a un gran desafío, que no es la posibilidad de empezar a vivir juntos: Asís ha sido acusado de un asesinato que no ha cometido.
La inspectora Gutiérrez, ayudada por su compañero, el subinspector Carlos Mena y otros policías de la comisaría de Chamberí, se lanza a una carrera contra el reloj para encontrar al verdadero culpable antes de que acabe el periodo de setenta y dos horas después del cual Asís tendrá que ser enviado a la cárcel. 
Como siempre, os animo a leer esta novela, ya sea en formato Kindle o en papel. La podéis conseguir en Amazon. No solo es bienvenida su adquisición, también cualquier comentario que me queráis hacer. Y asimismo podréis divertiros buscando las pullitas que siempre dejo caer sobre este o cualquier asunto de la actualidad o de la vida cotidiana. Al fin y al cabo, uno siempre habla por medio de sus personajes...

(Aquí os dejo una especie de resumen de High Noon, con su mítica canción de fondo):

20.3.17

"El violín Mondrago": tercera entrega de los casos de la inspectora Gutiérrez


Os quiero presentar la tercera de las novelas que he dedicado a la inspectora Susana Gutiérrez, El violín Mondrago. Es la primera que escribí luego de aprovechar ideas antiguas en los dos casos anteriores, esto es, El cuaderno de Chamberí y El monte sagrado. Aquí partí de cero, no había material previo que quisiera emplear, todo es nuevo. Hablemos sobre su germen; para ello he de remontarme casi un cuarto de siglo.

Sin falsa modestia, me he de considerar un pionero de Internet en España. Tengo correo electrónico desde 1993 -cuando aún no habían nacido muchos de los que hoy en día creen que la Red ha existido desde siempre- y mis primeros pasos en la World Wide Web los di con Lynx, un navegador que aún no utilizaba gráficos.

Cuando todavía quedaban unos cuantos años para la llegada de las redes sociales, allá por 2002, hice mis primeros pinitos en un modelo de Web más participativa, el origen de eso que se dio en llamar Web 2.0: los foros. Siempre he sido un gran aficionado a la música llamada clásica y nunca he tenido a mi alrededor a nadie que compartiese esos gustos. Por eso, encontrar entonces los foros de Internet en los que se hablaba de este tipo de música fue para mi todo un descubrimiento. Por fin podría intercambiar opiniones e ideas con gente con la que podría hablar sin que se riesen en mi cara o me hiciesen saber de una u otra manera que lo que estaba hablando no interesaba... Todo fue de maravilla hasta que a alguien se le ocurrió por primera vez comentar una interpretación de las Variaciones Goldberg de Bach por Glenn Gould... en un piano.

Se abrió la caja de los truenos. Los partidarios de una interpretación historicista, esto es, de que se utilizasen instrumentos y técnicas que hubiesen existido en la época en la que se compuso la obra (y, en el caso que nos ocupa, los pianos no se inventaron hasta mucho después), decían de todo a quienes defendían -y disfrutaban- la peculiar forma de entender esta obra del excéntrico pianista canadiense. Pero el problema no era que el debate fuese apasionado, sino que se llegaba al insulto más soez e incluso a la amenaza. Más adelante supe que alguna pelea en foros de este tipo había terminado en los juzgados. También sufrí en mis propias carnes las iras de algunos contertulios en una época en la que tuve la humorada de ofrecerme como moderador de uno de ellos... Yo, desde luego, no me esperaba actitudes de este tipo en unas ágoras que imaginaba plácidas, cultas, con gente hablando de una manera muy tranquila y elevada sobre música y músicos...

Por ahí me vino la idea para esta novela, que una disputa de este tipo -esta vez con las extraordinarias Sonatas del Rosario de H. I. F. von Biber como protagonistas- pudiera acabar en un asunto que tuviera que investigar Susana. En esta ocasión hago intervenir a su padre, Cristóbal, que se dedicaba a la música como profesional, organizado y gestionando conciertos y otros eventos. Será él quien pida a su hija que se implique en el caso. Primero habrá un robo, luego... Ya lo veréis si leéis la novela. Como siempre, os reproduzco aquí lo que está puesto en la contracubierta, que da alguna que otra pista sobre lo que contiene el libro:

Ante la ausencia de homicidios en su jurisdicción, la inspectora Susana Gutiérrez se hace cargo de un caso muy especial, pues se trata de un favor que le pide su padre. A una joven y caprichosa diva le han robado el magnífico violín que le había fabricado el prestigioso lutier Pierre Mondrago y que pensaba estrenar en su presentación en Madrid con las Sonatas del Rosario de Biber.
Un caso en apariencia sencillo se complicará a causa de las increíbles rencillas que existen entre algunos aficionados a la música antigua y el resto por no aceptar que se interprete una obra barroca con criterios modernos. ¿Podrían llegar a la extorsión y hasta el asesinato por defender sus gustos?

En definitiva, una obra en la que saco a relucir otro de mis (muchos, tal vez demasiados) vicios: la música, y en la que, además de intriga, he pretendido que el humor esté siempre presente. Ya me diréis si lo he conseguido. Podéis haceros con la novela, tanto en formato papel como para Kindle, en Amazon. Aquí tenéis el enlace.

(Como curiosidad, os diré que en esta novela he introducido un personaje que se convertirá en alguien muy importante para Susana. Yo no tenía intención de hacer tal cosa, fue a sugerencia de mi mujer y mi hija, una sugerencia a la que hice caso...)

12.3.17

Patricia (cuento)


Ya he comentado por aquí que en Fanny y otros relatos he incluido, además de Fanny, una novela corta, casi todos los relatos que han ido apareciendo en diferentes antologías de la editorial Playa de Ákaba. Sin embargo, hubo uno que no pude añadir por cuestiones de tiempo y que me gusta bastante (cosa rara en mí, pues soy el más feroz y ácido de mis críticos). Se titula Patricia y es un homenaje a Virginia Woolf (por eso una foto suya encabeza esta entrada) y a su forma de entender la literatura y la vida, pues ese fue el hilo conductor de la séptima entrega de Generación Subway, donde apareció. Se me ha ocurrido publicarlo aquí para que quienes seáis tan amables de haceros con un ejemplar del libro podáis completar la lectura de estos relatos y también para que quienes aún no habéis tenido la suerte o la desgracia de leer algo mío sepáis cómo las gasto. Aquí tenéis a Patricia:

PATRICIA 

Entonces, dar muerte al Ángel de la Casa 
 formaba parte del trabajo de las escritoras. 
VIRGINIA WOOLF Profesiones para la mujer 

    «Si preguntas, Patricia, corres el riesgo de que te respondan y la respuesta no siempre te gustará».
    Tienes razón; no debería haberlo hecho y por eso te ruego que me disculpes.
    «¡No! ¡No pidas disculpas! ¿Por qué? ¿Qué pecado has cometido? Aunque no sé de qué me asombro, supongo que es lo que te han enseñado. A no molestar y, si crees que has molestado, a pedir perdón con recato y resignada».
    ¿Y qué tiene eso de malo? Así ha sido siempre. A mi madre también se lo enseñaron y antes a mis abuelas y a sus madres y así hasta donde queramos llegar…
    «Os han enseñado a obedecer, a no estorbar. Sois como el mobiliario, que está para ser útil, para servir a sus dueños y, claro, también para adornar; pero no para estorbar. Cuando un mueble molesta, hay que retirarlo, que no se vea. Sin embargo, una cosa os diferencia de los aparadores y las alacenas y es que vuestra tarea fundamental es trabajar para los demás, no ser un mero almacén pasivo que aunque se llame “mueble” es inmóvil».
    Tampoco veo qué hay de malo en eso…
    «Que no tienes elección. Desde que te casaste, te convertiste en un mueble y en una fiel servidora –que no dueña y señora– de tu casa…»
    Te equivocas. En las cuestiones domésticas yo ordeno y mando.
    «¿Y de qué te sirve? ¿Acaso te deja eso siquiera un minuto para ti misma? Recapacita. ¿Qué haces que no sea “ordenar y mandar” en el hogar?»
    «¿Ahora no dices nada? ¿Por qué entonces me preguntas qué podrías hacer para plasmar en el papel esas ideas tan buenas que dices tener en la cabeza? ¿Acaso te lo va a permitir tu “reinado” sobre el hogar?»
    Tampoco es cierto todo eso que me dices. En este momento estoy contigo…
    «Sí, pero ¿qué has tenido que hacer para ello? Has aprovechado que él se ha ausentado, que está tardando un poco más de lo habitual en volver y que ya has terminado con todas esas obligaciones que se te han impuesto solo por ser quien eres, una mujer, el “ángel de la casa”. Hoy has sido capaz de arañar unos pocos minutos al reloj. ¿Cuándo vas a repetir? Pero eso me preocupa menos que otra cosa. Si de nuevo me visitas, ¿no te sentirás culpable como te estás sintiendo ahora mismo?»
    No me siento culpable, es que…
    «A mí no me engañas. Sé demasiado del mundo y de ti y no me puedes engañar. Estás haciendo algo que deseas pero a la vez consideras que no debes, que no es lícito. Has de quitarte esa idea de la cabeza. Eres libre, libre naciste y así deberías haber seguido. Tus esclavitudes te las han impuesto, pero tú las has aceptado sin rechistar, al menos hasta que me has empezado a hacer preguntas».
    No es verdad, no me han impuesto nada…
    «Mientes muy mal, Patricia. Y hay algo peor que mentir mal, que es mentirse a una misma. Sabes de sobra que todo lo que está pasando ahora en tu vida está predestinado desde el día en que tus padres decidieron cómo sería tu educación, a qué estaría encaminada, a qué tendrías que aspirar. Y el punto culminante llegó el día que eligieron con quién habrías de casarte».
    Pero él es un buen hombre, me trata como a una reina, su reina…
    «Di más bien que te trata como a una princesa encerrada en una torre. Sí, te tratará bien, igual de bien que a cualquiera otra de sus posesiones. Y, no te engañes, eso es así porque él considera que estás muy a gusto en esta ínfima parcela en la que te tiene confinada, de la que nunca has tenido intención de salir, al menos hasta ahora».
    Pero yo me siento libre, voy donde quiero…
    «No te confundas, Patricia. No me refiero a eso. Ya sé que a veces te deja acompañarle en sus viajes a la ciudad e incluso que haces algo de vida social, siempre y cuando actúes como lo que se espera que seas, una fiel, recatada y pura esposa. Y no salgas de ahí. ¿Te parece un espacio muy amplio ese? Más bien es para agobiarse, más parece una tumba que otra cosa».
    Creo que exageras.
    «¿Exagero? ¿Por qué entonces tienes tanto miedo a decirle que querrías escribir, tener un pequeño espacio, que esta vez sí sería físico, para ti sola, donde poder dar rienda suelta a tu deseo? ¿Qué temes? ¿Que te diga que eso no lo hace una mujer decente, que lo vas a deshonrar…? Vuelves a callar y a bajar la vista… He de insistir: si se hacen preguntas, pueden llegar respuestas que no nos gusten».
    ¿Y qué debería hacer entonces?
    «El editor al que escribiste en secreto te ofrece una bonita cantidad si le vendes los cuentos de los que le has mandado una muestra. ¡Deja de esconderte! ¡Acepta! ¡Márchate de aquí! ¡Empieza a vivir tu propia vida! Tú vales mucho más de lo que te dan a entender quienes te rodean, tu familia, tu esposo, la sociedad… ¡Busca tu propio espacio y gana tu propio dinero! ¡No tengas miedo a la libertad! ¡Sé libre!»
    Pero, ¿cómo voy a dejar atrás todo…?
    «Vas a dejar atrás tu celda; a nadie le debería amargar abandonar la opresión, la meta es la libertad. No lo olvides, ni tampoco que por encima de la niebla siempre está el sol…»
    Patricia cerró el libro. Aún estuvo un largo rato meditando.
    Miró por la ventana y comprobó que, en efecto, una vez disipada la niebla el sol brillaba espléndido. Él aún no había vuelto, así que tuvo tiempo de recoger lo único que consideraba suyo de verdad –la carpeta con las cuartillas en las que había borrajeado esas historias que necesitaba escribir– y, sin ser vista por nadie –como era habitual– tomar con paso firme el camino de la estación…

Getafe, noviembre de 2016