28.4.17

Concluye una estupenda Semana del Libro


Estupenda para mí. Durante toda esta semana se ha prolongado en la universidad en que trabajo, la UC3M, la celebración del Día del Libro, que este año ha caído en domingo. Y digo estupenda para mí porque he tenido la oportunidad de participar en dos actos en calidad de aprendiz de escritor. Quiero dejar una pequeña reseña escrita de ello.

En Colmenarejo: Mesa redonda "Cómo escribir y publicar tu primer libro"



De izquierda a derecha: Paz Martín-Pozuelo, servidor, M. H. Martín y Honorio Penadés
(Foto birlada del blog Aquí Biblioteca)

El martes 25 de abril volví, después de tres años y medio, a la Biblioteca de Colmenarejo de la UC3M, donde trabajé entre 2005 y 2013. Y qué mejor motivo para hacerlo que hablar de por qué escribo y cómo me "busqué la vida" para que alguna de mis criaturas apareciese publicada. Compartí la mesa, además de con mi compañero Honorio Penadés, su moderador, con Paz Martín-Pozuelo, profesora del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la UC3M y Marisol Herrera, que firma sus libros como M. H. Martín, también compañera de la Biblioteca de Colmenarejo. Allí, más que referirnos a una obra concreta, compartimos los diferentes motivos que nos llevan a escribir y qué pasos dimos para que se publicasen nuestras obras. Yo hablé de mi campaña de micromecenazgo que culminó con la aparición de El cerro de Garabitas, Paz nos contó cómo una feliz casualidad quiso que entrase en contacto con Lorenzo Silva por medio de las redes sociales, lo cual fue el detonante para que Playa de Ákaba, la editorial independiente que regenta su esposa, Noemí Trujillo, acabase publicando El más hermoso de los milagros y otras historias de mujeres. Marisol, por su parte, tras hablar de sus esfuerzos para que le hiciesen caso las editoriales "de toda la vida" (algo que nos ha de sonar a todos los que nos hemos embarcado en estas cosas) decidió al fin presentarse a un certamen cuyo premio era la publicación de la obra. Y así tenemos su novela Último verano en Las Nubes.

Lo cierto es que fue un evento más que agradable, con un público un poquito reacio a la interacción con los oradores, pero que creo que al menos pudo sacar alguna conclusión que espero fuese positiva. En nuestro blog Aquí biblioteca se publicó una reseña del acto.

En Getafe: "Hablar de mi libro"


Cartel de David López González

Ya el año pasado me hice eco por aquí de este evento, que llevamos celebrando en la Biblioteca de Humanidades de la UC3M desde 2015. Fue en aquella primera y multitudinaria edición donde se me encendió una tenue lucecilla. Estaba yo en plena efervescencia escritora, una efervescencia que había empezado unos cuatro meses antes. Había sido capaz de terminar dos novelas y no se me había pasado por la imaginación la posibilidad de publicarlas hasta que aquel 21 de abril de 2015 una joven alumna de la Universidad, Gema López, presentó su proyecto -y nunca mejor dicho, porque aún no se había publicado-, titulado Cuentos para despertar, y me hizo conocer la editorial Libros.com. Aquel día nació la ilusión de que, si el acto se repetía, pudiera yo presentar en él alguna de mis novelas, lo cual significaría que se habría publicado. Una utopía me pareció entonces, un sueño inalcanzable. Un sueño que este año se ha hecho realidad.


Ahí me tenéis, todo ufano, hablando de El cerro de Garabitas
junto a Lola Santonja, directora de la Biblioteca de Humanidades
(La foto es de Mar Bujalance)

Fue el del jueves 27 de abril un acto muy bonito, no multitudinario, interesante como siempre por las propuestas de quienes allí intervinieron. Voy a intentar siquiera una crónica somera de sus intervenciones.

Paz Martín-Pozuelo repitió, como yo, y en este caso nos vino a hablar de su primera novela, Una vida más tarde, obra en la que, tras un denodado esfuerzo creador que le ha llevado cuatro años, cuenta la historia de una mujer excepcional que conoció durante su infancia en un pueblo de La Mancha, una historia que creyó inventar pero que luego con asombro pudo comprobar que había sucedido en la vida real.

Daniel Marías, profesor del Departamento de Humanidades, presentó con su entusiasmo habitual no un libro, toda una colección (Modelos para armar) de la que no es autor, sino coordinador e impulsor. Una tarea que nace con la loable intención de hacer asequibles obras de ensayo para un público amplio, tanto por la forma en la que se dicen las cosas, como por el tamaño y diseño de los libros.

Luego me tocó a mí, que intenté hacer partícipe a toda la audiencia de la gran ilusión que sentí al estar allí. De eso ya he hablado y, por tanto, no voy a insistir. Solo pondré un atajillo por si os interesa haceros con un ejemplar de El cerro de Garabitas.

Gema López Sánchez, alumna de la Facultad, creo que nos dejó a todos pasmados por su iniciativa. Ganadora de numerosos premios literarios, su segundo libro publicado, Mekronos, se ha convertido en uno de los más vendidos en su género (la ciencia-ficción) en Amazon; Gema, por tanto, ha tenido la fortuna de cruzar la línea que existe entre quienes dan toquecitos en la puerta de las editoriales y quienes reciben llamadas de ellas, aunque también ha tenido que sufrir comentarios y recomendaciones bastante sexistas ("¿por qué no escribes novela romántica?"). Además, nos presentó un invento muy curioso, que es una tarjeta con un código QR que te lleva a conseguir un libro electrónico, de modo que aunque el formato sea digital y, por tanto, "incorpóreo", siempre tienes algo material relacionado con ese libro, un algo que puedes guardar y coleccionar.

Noemí Trujillo fue quien cerró el acto. Poco puedo decir de ella que no se sepa, tal vez que es alumna del Grado en Humanidades de nuestra universidad. Escritora, poeta, editora, es una mujer incansable a la que he de agradecer que haya hecho aparecer un par de libros de este humilde aprendiz en su editorial, Playa de Ákaba. Nos presentó su poemario Decir un "Te quiero", porque, aun cuando ha publicado novelas y relatos juveniles es en la poesía, según nos dijo ella misma, donde se siente más a gusto.

Hay que mencionar también a los presentadores del acto, Carlos Manuel, vicedecano de Humanidades y primer vicedecano de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación, y Lola Santonja, directora de la Biblioteca de Humanidades. Y a mi compañera y amiga Mar Bujalance, organizadora y fotógrafa oficial.


video

(Montaje de fotos de Mar Bujalance hecho por la propia Mar)

En conclusión, una semana maravillosa, una buena carga de moral para seguir juntando letras. ¡Vivan el libro y la lectura!


14.4.17

El 14 de abril, según Clara Ruiz


Hoy, 14 de abril, cuando se cumplen 86 años de la proclamación de la II República, os traigo un fragmento de mi novela La vida ha de seguir (memorias de Clara Ruiz) que viene del todo a cuento. (Por cierto, si queréis, podéis conseguirla aquí).

      El martes 14 de abril decidí salir, después de comer, con Ernesto y Juan Luis para caminar por los jardines de Recoletos y llegar a Cibeles. Había mucha animación en la calle; yo imaginaba que era por lo que estaba sucediendo, aunque no podía sospechar lo que iba a ocurrir en esa tarde memorable. 
      Fue mucho más de lo que me hubiese podido figurar. Era tal el tumulto que pedí a Ramona, que nos acompañaba, que se fuese con los niños a casa. 
      –¡Pero mamá, yo quiero ir a la fiesta…! –me dijo Ernesto lloriqueando. 
      –No, hijo. Hay demasiada gente y me da miedo que os despistéis o que os atropellen. 
      Insistí a Ramona para que se los llevase; la verdad, ella parecía igual de decepcionada que mi hijo por perderse la «fiesta»… 
      Una vez marcharon, me dirigí hacia la multitud que iba por la calle de Alcalá hacía la Puerta del Sol. En ese momento estaba en Recoletos, junto a la verja del Palacio de Buenavista, es decir, del Ministerio de la Guerra, en el que no noté movimiento alguno. Cuando llegué a Cibeles pude ver que en el Palacio de Correos ondeaba una gran bandera tricolor, igual que la que portaban muchos de los que, cantando y gritando consignas, ocupaban toda la plaza y rodeaban casi por completo la fuente desde la que la diosa Cibeles, impasible en su carro, les observaba. Los automóviles y tranvías ya casi no podían andar, tal era la cantidad de gente que había, pues a todos los que ya colmaban las calles se iban uniendo quienes salían de los cafés y otros establecimientos de la calle de Alcalá, entre ellos muchas mujeres. Vi camiones llenos de hombres y mujeres que ondeaban banderines rojos, cantaban y bailaban. Unos tarareaban la Marsellesa con sonidos casi guturales al no conocer su letra, otros la entonaban con un texto traducido, imagino que de forma improvisada por algún estudiante aventajado: 


Adelante, hijos de la Patria, 
el día de gloria ya llegó… 

      En el guirigay se mezclaban también las notas del himno de Riego y de la Internacional, del mismo modo tarareados antes que cantados por esa confusión de obreros, estudiantes, modistillas y simples paseantes que sobre la marcha se unían a la marea humana. 
      Aquello parecía un festejo popular, una verbena, antes que una manifestación política. Poco a poco me fui contagiando del enorme entusiasmo que me rodeaba, tanto que me impidió apreciar peligro alguno en esa situación, encontrándome sola en medio de unas turbas que no parecían estar controladas o dirigidas por nadie, con solo una idea: cantar, dar vivas a la República y dirigirse a la Puerta del Sol, en donde estaba el Ministerio de la Gobernación, el «centro de mando» para muchos, donde era presumible que estuviese el corazón de toda la cuestión y donde se resolvería de una u otra manera la situación causada por el terremoto electoral. 
      A duras penas conseguí avanzar por la calle de Alcalá. Al llegar ante la iglesia de San José tuve la grata sorpresa de encontrarme con Josefa y Rosalía. Venían desde el Lyceum, donde habían seguido los acontecimientos por la radio. 
      –¡Clara! ¡Qué alegría verte! –dijo Rosalía–. ¿Vas hacia Sol? 
      –Lo intento al menos –contesté–. ¿Vosotras también? 
      –Sí, y te acompañamos con gusto. 
      –¿Y Dory? 
      –Hoy tenía guardia y no ha podido venir… 
      En ese momento eché de menos a mis amigas. Tampoco estaban allí Violeta y Nancy, que se encontraban en Barcelona no recuerdo si presentando una exposición o el último poemario. A Carmen, por razones obvias, no cabía esperarla por allí. 
      Cruzamos como pudimos la Gran Vía y volvimos a Alcalá. La muchedumbre se apretaba más y más, cada dos por tres tropezábamos o nos chocábamos con alguien, cuando no dábamos algún pisotón, pero aquel día nadie se ofendía por ello, siempre se devolvía una sonrisa y una frase amable, que acababa con un espontáneo viva a la República. 
      Supusimos que, dados los resultados electorales, algún cambio político importante se habría de producir. Tal vez un gobierno de transición, en el que participasen algunos de los miembros más destacados de los partidos que habían triunfado, tal vez alguna otra fórmula. Lo que no sabíamos era que, como dijo algún esclarecido miembro del antiguo régimen, España se había acostado monárquica y se había despertado republicana, sin posible vuelta atrás. 
      Tras ímprobos esfuerzos, logramos llegar a la Puerta del Sol, que hervía en un jubiloso fervor ciudadano. Miles de personas daban vivas a la República, cantaban, gritaban consignas, subidas en los techos de los tranvías, enarbolando banderas tricolores. En medio de todo ese gentío, muy cerca del templete del metropolitano, acertamos a ver a Anselmo, que se intentaba abrir paso justo en el sentido contrario al que llevábamos nosotras. 
      –¡Anselmo! –le grité–. ¡Anselmo, aquí! 
      Anselmo miró hacia varios sitios hasta que nos localizó a las tres y, con una enorme sonrisa, se acercó a nosotras y nos abrazó y nos besó, creo que sin saber muy bien lo que hacía, exultante, embriagado. 
      –¡Han visto que maravilla! ¡Llegó la República! ¡Y en paz, sin pegar un tiro! 
      –¿Y cómo ha sido? –preguntó Josefa–. ¿No ha habido resistencia? 
      –No –contestó él–. Ha sido increíble lo que ha ocurrido. Se ha presentado en la puerta del Ministerio de la Gobernación Miguel Maura, uno de los miembros del Comité Revolucionario que ahora se va a convertir en Gobierno provisional. Los guardias civiles que había allí no sabían muy bien qué hacer, pero Maura, decidido, se ha plantado ante ellos y les ha gritado «¡Paso al Gobierno de la República!» y entonces se han cuadrado y le han hecho un pasillo de honor. Luego ha subido a los despachos, ha cogido el teléfono y, como le he oído decir a alguno de sus colaboradores, ha ido proclamado la República territorio a territorio, gobierno civil a gobierno civil… 
      –¿Entonces, la Guardia Civil no se ha opuesto? –preguntó Rosalía. 
      –No. Sanjurjo, su jefe, desde el principio se ha puesto a las órdenes del Gobierno Provisional. ¡Hemos ganado…! 
      Se veía eufórico a Anselmo. Se despidió de nosotras, ya que tenía que ir de inmediato al no muy lejano edificio del Ministerio de la Guerra, del cual se iba a hacer cargo su jefe político, el señor Azaña. Era de esperar que ocupase algún cargo de confianza en la nueva jerarquía de un ministerio tan importante para el país. Así que le dejamos marchar. Nosotras nos miramos, sonrientes, y desatamos también nuestro júbilo. Nos abrazamos, saltamos, cantamos, repetimos las consignas que coreaba la muchedumbre que nos rodeaba. Éramos conscientes de estar viviendo un momento histórico, único. Un pueblo había decidido en unas elecciones cambiar de régimen y dar un viraje decisivo a su devenir. Después de un rato largo en la Puerta del Sol, compartiendo la alegría de cuantos nos rodeaban, quisimos volver al club para comentarlo con las compañeras que allí estuviesen. Con las mismas dificultades que a la ida, atravesamos la Puerta del Sol y subimos por la calle Montera hacia la Red de San Luis. Luego cruzamos Conde de Peñalver y entramos en la calle de Fuencarral, por la que anduvimos, siempre esquivando a los numerosos grupos que seguían dirigiéndose al corazón de la capital, hasta que torcimos a la derecha hacia la calle de San Marcos para llegar a la sede del Lyceum. La verdad es que lo encontramos medio desierto, ya que, como es lógico, la mayoría de nuestras compañeras también había salido a la calle para celebrar el gran acontecimiento. Por tanto, me despedí de mis amigas y regresé a casa para ver cómo habían vuelto y cómo estaban los niños y para permitir a Ramona que se uniese al jolgorio si así lo deseaba. Salió tan deprisa como si la estuviese persiguiendo el diablo…

5.4.17

"La Amada Mortal": quinta entrega de los casos de la inspectora Gutiérrez


No es en absoluto casual la presencia de Beethoven en la cubierta de La Amada Mortal (sí, todo en mayúsculas), quinta novela de las que he dedicado a Susana Gutiérrez, inspectora de Homicidios de la Comisaría de Chamberí. Quienes además conozcáis algo de la biografía del gran genio de los genios habréis notado el juego de palabras que hay en el título de la novela. El de la "Amada Inmortal" es uno de los grandes -y más absurdos- enigmas de la vida del músico. A principios de julio de 1812 escribió una apasionada carta de amor a una mujer desconocida, el descubrimiento de cuya identidad ha sido un hito ineludible para cualquiera que haya querido escribir una biografía de Beethoven. Unos documentos que supuestamente podrían arrojar luz sobre este asunto son unos de los protagonistas de esta historia.

Tampoco es casual que la figura de Beethoven aparezca en un sello de la antigua Unión Soviética (para mi gusto los más bellos del mundo después de los españoles. Sí, también coleccioné sellos de joven, uno es persona de muchos vicios...), ya que la mafia rusa andará implicada en las fechorías que tiene que investigar Susana. Como suelo hacer en estas entradas, os reproduzco lo que se puede leer en la contracubierta:

Con la comisaría revolucionada ante la celebración en Madrid de una importante cumbre internacional, la inspectora Susana Gutiérrez investiga un sádico asesinato que se ha producido en el hotel donde va a tener lugar el encuentro de dirigentes mundiales.
De la habitación en la que se encontró el cadáver han desaparecido además unos documentos muy importantes que podían arrojar luz sobre un oscuro episodio de la vida de Ludwig van Beethoven y por los que parece estar muy interesada la mafia rusa. ¿Cómo saldrá de este laberinto la inspectora Gutiérrez?
Al igual que en las otras novelas, he procurado dejar mis pildoritas irónicas (dedicadas al Gobierno, a la universidad, a la prensa y sus prebostes...), que serán detectadas con facilidad por quien lea con atención. La novela, como sus hermanas, está disponible en Amazon por poquito dinero. Animaos y haceos con ella, en formato papel o Kindle y me contáis.