27.5.13

XI Jornadas CRAI: Mis reflexiones


Un espectro recorre Europa: el espectro de Milton Friedman

Acabo de asistir a las XI Jornadas CRAI, que han tenido lugar en Madrid los días 23 y 24 de mayo y que, por cierto, han organizado magníficamente mis compañeros de la Biblioteca de Colmenarejo de la UC3M. Cuando uno va a este tipo de eventos suele volver con buen sabor de boca, porque se presentan avances, ideas innovadoras, incluso rompedoras, que animan a seguir esos caminos mostrados de forma que el servicio que prestamos sea cada vez mejor. Sin embargo, he de decir que en este caso no ha sido así...

El asunto de las Jornadas era la "superconvergencia" de servicios en la enseñanza superior del Reino Unido, algo que, a decir de una de las ponentes, "suena igual de estúpido en inglés que en castellano". No entro en eso; lo cierto es que lo que nos contaron que habían hecho en sus universidades más me preocupó que me entusiasmó.

Las tres ponentes dejaron muy claro que lo que allí contaban no tenía por qué ser extrapolable a otros países, ni siquiera a otras instituciones, ya que cada una de ellas lo había hecho en función de sus características peculiares. El primer hecho que me llamó la atención fue la distinción que, al parecer, se hace en el Reino Unido entre "universidades de docencia" y "universidades de investigación". Lo que nos contaban era aplicable al primer tipo, mientras que los centros encuadrados en el segundo (las grandes universidades, tipo Oxford o Cambridge) ni se habían planteado hacer converger sus servicios. Sin embargo, en España no existen esas distinciones y no se puede entender una universidad sin investigación, o al menos eso me parece...

Y es que de lo que se trata es de "fundir" servicios, agrupar en un solo organismo "convergente" la biblioteca, los servicios informáticos, la gestión académica, la conserjería, la orientación profesional y otros servicios no tan habituales en España como la asesoría psicológica, de imagen e incluso asistencia religiosa. ¿Cuáles son las ventajas de esto? Obtener un servicio mucho más centrado en el estudiante y, claro esta, el ahorro, especialmente en personal. Hicieron bastante hincapié en que no habían despedido a nadie, pero sí había habido gente que se marchó al no querer adaptarse a los cambios propuestos.

Lo de que los servicios estén totalmente volcados en el bienestar del estudiante no suena mal, evidentemente, y parece que es lógico en esas universidades "de docencia". Pero tiene detrás un trasfondo que no se puede separar de la terrible crisis que padece toda Europa. Una crisis que parece que sólo se puede solucionar mediante recortes y restricciones presupuestarias.

El Reino Unido, por mucho que no padezca el euro, no está al margen de estos problemas y menos siendo uno de los laboratorios en los que se experimentó ese modo de entender la economía que idearon Reagan y Thatcher y ahora parece ser el único que se puede plantear. Sin embargo, hasta hace poco los estudiantes de las universidades públicas no debían de pagar tasas. Nos hablaron de su introducción como algo relativamente reciente y, además, las tasas son tales que ríase usted de las que ha metido aquí el ministro Wert. El resultado es que, al pagar tanto, hay que considerar al alumno como un "cliente", como un "socio" y hay que mimarle.

Aquí ya habría materia de debate. A mí jamás me han gustado este tipo de denominaciones cuando nos referimos a servicios públicos, dada la connotación de intercambio comercial que tienen. Yo no estoy aquí para vender nada a nadie, por lo cual no tengo clientes, sino usuarios. Pero bueno, concedamos que si yo tengo que pagar 9.000 libras esterlinas por un curso universitario, al menos tengo derecho a exigir servicios de calidad. Nada que objetar. Sin embargo, eso de que el cliente siempre tiene razón habría que tomarlo con cuidado. Todos somos clientes de algo, pero hemos de tener claro que si voy a un taller de coches no puedo pedir que me vendan un kilo de peras, y que si voy a la frutería no puedo pedir que me cambien el aceite del coche. 

Sin embargo, en estas universidades no parecen tener eso tan claro. Hay que decir que en los tres casos, se trata de universidades no muy grandes que hasta no hace mucho tiempo ni siquiera se consideraban como tales. Eran una especie de escuelas politécnicas que llegado un momento se convirtieron en universidades. Un caso muy particular, pues. Hay una feroz competencia por atraer y, sobre todo, conservar a los alumnos. Cabe suponer que las restricciones presupuestarias son tales que hay que justificar hasta la última libra que un gobierno rácano entrega a estas instituciones. Nos dieron un dato terrible: la pérdida de 100 alumnos (que decidan sobre la marcha dejar la carrera) les suponía un recorte presupuestario de 3 millones de libras (3,5 millones de euros). Es lógico pues, que los intenten mantener a toda costa.

Por todo esto, en ocasiones la sensación que tuve es que más que un progreso, una idea rompedora, nos estaban mostrando una solución (casi desesperada) para una grave situación de crisis, algo que no podría existir sin la crisis...

(Dado que ya me estoy extendiendo demasiado, dejo para otro mensaje lo referido a los alumnos como "clientes" o "socios" y su forma de relacionarse con ellos.)

1 comentario :

Amaia G dijo...

Espero con ganas esa segunda parte, amigo Paco.¡Pena que me pillara en exámenes!