11.12.06

Formación de usuarios: mercadotecnia pedestre


Aunque hoy en día utilizamos más la cuarta acepción de "pedestre" (esto es, "llano, vulgar, inculto, bajo"), yo rescato la primera y la segunda ("que anda a pie", "que se hace a pie") para referime a la forma de promocionar un tipo de formación de usuarios que me parece la que más futuro tiene (la llamada "formación a la carta") que tuvimos mi compañero Julio Macías y yo hace algunos años.

Fue concretamente en 2001, cuando yo trabajaba en la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III de Madrid, en Leganés. Por entonces ya nos planteamos alguna forma de potenciar la formación de usuarios especializada, siempre tan alicaída. Mi compañero Julio, que de formación de usuarios (y de todo tipo de formación) sabe bastante, tuvo la idea de ofrecer a los directores de doctorado un guión básico que ellos se encargarían de rellenar con los contenidos que fuesen los más adecuados para los alumnos de esos programas. Para ello se envió a todos los directores un correo ofreciendo el curso y pidiendo una cita personal para explicarlo de una manera más cercana.

No todos contestaron a la primera. Algunos, tras nuestra insistencia, dieron señales de vida. Otros no se dignaron contestarnos, ni siquiera para llamarnos "pesados". Tras esta primera fase "electrónica" llegó la fase "pedestre" y hete aquí a los dos coordinadores de Atención a Usuarios, cual vendedores de enciclopedias, acudiendo a los despachos de estos profesores a "vender su producto".

En algún caso el profesor mostró interés y nos agradeció el esfuerzo, pero el programa tenía tan pocos alumnos que no merecía la pena (pero al menos pudimos probar un excelente licor de café casero elaborado por la madre de nuestro amigo el profesor y que amablemente nos ofreció). Otros aceptaron, sin más y el curso se realizó posteriormente, pero hubo uno que se lo tomó tan en serio que nos pidió que expidiésemos un certificado de asistencia a los alumnos que él luego les iba a exigir para matricularse en el doctorado. (Nihil novus sub sole).

Fue una experiencia buena, para mí una muestra clara de que no es necesario cambiar nombres ni hacer llamamientos dramáticos o declaraciones grandilocuentes, sino saber promocionar bien la formación, aunque sea de forma "pedestre".

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